El camino Del último primordial - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Lo que se recuerda para poder seguir
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18: Lo que se recuerda para poder seguir 18: Lo que se recuerda para poder seguir La noche estaba tranquila.
Demasiado.
Seraphyne no podía dormir.
El miedo no era nuevo… pero esta vez no gritaba.
Susurraba.
No me necesita.
Soy prescindible.
Si desaparezco, el mundo sigue.
Se levantó sin hacer ruido y caminó hasta el borde del claro.
Aethernox la sintió de inmediato.
—No deberías estar sola —dijo, apareciendo a su lado.
Ella no se sobresaltó.
—Justo por eso vine —respondió—.
Para estarlo.
Él no insistió.
Eso ya era un cambio.
—Tengo miedo —dijo Seraphyne al fin—.
No a Elyndor.
No al mundo.
Aethernox la miró con atención total.
—¿A qué?
Ella respiró hondo.
—A que un día despiertes… y recuerdes quién eres en realidad.
Él no respondió.
—A que recuerdes que eres eterno —continuó—.
Y yo… solo alguien que pasa.
Sus manos temblaban.
—Tengo miedo de ser una etapa.
Un error bonito.
Algo que aprendes… y luego superas.
El silencio fue profundo.
No incómodo.
Honesto.
—Hay algo que nunca les dije —dijo Aethernox.
Seraphyne levantó la mirada.
—Antes de esta era… antes incluso de la Guerra del Origen… yo también sentí apego.
Ella parpadeó.
—¿Qué?
—No hacia personas —aclaró—.
Sino hacia un concepto.
El cielo pareció oscurecerse apenas.
—Yo era el Primordial del Fin —dijo—.
Pero también… del Retorno.
Seraphyne frunció el ceño.
—¿Retorno?
—Todo lo que terminaba… regresaba a mí.
Y yo decidía si merecía comenzar de nuevo.
Ella sintió un escalofrío.
—¿Y qué pasó?
Aethernox cerró los ojos.
—Elegí mal.
La palabra cayó pesada.
—Me aferré a una realidad defectuosa —continuó—.
La protegí más de lo debido.
Retrasé su final.
—¿Y eso causó la guerra…?
—susurró ella.
—Sí.
Abrió los ojos.
—Los otros Primordiales se fragmentaron para corregir mi error.
Orden y Creación se sacrificaron para estabilizar lo que yo no solté.
Seraphyne entendió.
—Y por eso… —murmuró— Elyndor… —Es el recipiente de una culpa que no es suya —dijo Aethernox—.
Ni de ellos.
Ella lo miró con algo nuevo en los ojos.
No miedo.
Comprensión.
—Entonces no soy la primera cosa a la que te aferras —dijo Seraphyne.
Aethernox negó.
—Eres la primera que elijo… sabiendo lo que cuesta.
Ella dio un paso al frente.
—Yo también tengo que elegir, entonces.
Él la miró.
—¿Qué eliges?
Seraphyne apretó los puños, pero no retrocedió.
—Elegir quedarme… aunque un día duela.
Aunque no dure para siempre.
Se le quebró la voz, pero siguió.
—Porque si huyo solo para no perder… entonces nunca estuve viva.
Aethernox sintió algo romperse.
No el mundo.
Algo más pequeño.
Más humano.
—No te prometo eternidad —dijo—.
Ni protección absoluta.
—No la quiero —respondió ella—.
Quiero que estés… no que me salves de todo.
Él extendió la mano.
No como deidad.
No como guardián.
Como alguien que pedía permiso.
Ella la tomó.
Desde lejos, Elyndor sintió un leve cambio.
No en su poder.
No en su mente.
En el flujo mismo de la realidad.
—Qué curioso… —murmuró—.
El mundo debería estar debilitándose.
Sonrió, intrigado.
—Y sin embargo… se siente más estable.
No sabía que, por primera vez desde la Guerra del Origen, el Primordial del Fin había dejado de aferrarse… y había empezado a soltar.
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