El camino Del último primordial - Capítulo 28
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28: Lo que duele aunque no se vea 28: Lo que duele aunque no se vea Seraphyne despertó con un nudo en el pecho.
No fue una pesadilla.
Fue peor.
Era la sensación de que algo ya había ocurrido… y no podía deshacerse.
Se sentó en la cama, respirando hondo, con la mano apretando la tela a la altura del corazón.
—No… —susurró—.
Esto no es miedo.
Era peso.
Desde que Aethernox se fue, el mundo se sentía más ligero.
Demasiado.
Los días pasaban con normalidad: risas pequeñas, discusiones tontas, silencios cómodos.
Pero esa mañana… algo estaba desalineado.
Seraphyne cerró los ojos.
Y lo sintió.
No como una voz.
No como una imagen.
Como una presión antigua, ordenada, perfecta… y al mismo tiempo, caótica.
—Orden… —murmuró— y Creación… Abrió los ojos de golpe.
—No —dijo, poniéndose de pie—.
No hiciste eso.
Aethernox estaba de rodillas.
No en un campo de batalla.
No frente a un enemigo.
Solo.
El plano donde existía ahora se reconstruía sin cesar: estructuras que nacían perfectas… y se deshacían al instante, incapaces de sostenerse.
—Esto… —murmuró, respirando con dificultad— no debería ser así.
Orden exigía estabilidad absoluta.
Creación pedía expansión constante.
Ambas autoridades tiraban de él en direcciones opuestas.
Aethernox apretó los dientes.
—Cálmense —ordenó.
El plano respondió… demasiado.
Todo se congeló.
Perfecto.
Inmóvil.
Y entonces, sin aviso, colapsó.
Aethernox cayó hacia adelante, apoyándose con una mano.
—Así que este es el precio… No estaba perdiendo poder.
Estaba perdiendo control.
De vuelta con el grupo, Seraphyne salió al aire libre.
Lyra la observó con atención.
—Tienes esa cara otra vez —dijo—.
La de “algo va mal pero no sé cómo explicarlo”.
Seraphyne sonrió débilmente.
—Él está sufriendo.
Kaelis levantó una ceja.
—¿El universo andante?
—El hombre —corrigió ella—.
No el Primordial.
Apretó los puños.
—Tomó algo que no debía… por mi culpa.
Lyra se quedó en silencio.
Por una vez, no bromeó.
—Entonces —dijo despacio— no lo dejó todo atrás.
Seraphyne negó.
—Nunca lo hizo.
Aethernox intentó estabilizarse de nuevo.
Esta vez, el plano respondió con una distorsión más violenta.
No destrucción.
Contradicción.
Creación intentaba generar nuevos mundos.
Orden los sellaba antes de nacer.
—No puedo sostenerlas así… —admitió.
Por primera vez desde que existía, sintió algo parecido al agotamiento real.
Y entonces… algo más.
Un hilo.
Fino.
Familiar.
—Seraphyne… No era un llamado.
Era una consecuencia.
Su existencia seguía conectada a la de ella.
—Si esto continúa —murmuró— el mundo empezará a notarlo.
Seraphyne levantó la vista al cielo esa noche.
No temblaba.
No ardía.
Pero ya no se sentía igual.
—Espérame —susurró—.
No te atrevas a romperte solo.
A lo lejos, en un plano que no debía escuchar plegarias, Aethernox abrió los ojos.
—Siempre fuiste mala siguiendo instrucciones —dijo con una sonrisa cansada.
El equilibrio seguía en pie.
Por ahora.
Pero ambos lo sabían: algo tendría que ceder.
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