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El camino Del último primordial - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - 27 El peso de no haber elegido el fin
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27: El peso de no haber elegido el fin 27: El peso de no haber elegido el fin El golpe no vino del odio.

Vino de la frustración.

Aethernox sintió cómo el espacio se doblaba sobre sí mismo antes de ser lanzado lejos, atravesando capas de realidad como si fueran agua mal contenida.

Cuando logró estabilizarse, el plano ya estaba sellado.

Y frente a él, de pie, con los ojos encendidos por algo mucho más peligroso que la rabia, estaba Elyndor.

—Así que aquí es donde te escondes —dijo, con una voz quebrada por el resentimiento—.

Mientras el mundo sigue adelante… tú te permites descansar.

Aethernox se incorporó despacio.

No había urgencia en sus movimientos.

—No me escondo —respondió—.

Me aparté.

Eso fue suficiente para desatarlo.

Elyndor avanzó y el primer impacto cayó como una sentencia.

No fue una técnica perfecta ni un despliegue refinado de poder; fue un golpe cargado de obsesión, de años enteros viviendo para un solo objetivo.

Aethernox retrocedió.

No levantó barreras.

No anuló la causalidad.

Aceptó el golpe.

—¡MÍRAME CUANDO TE ATACO!

—exigió Elyndor—.

¡SIEMPRE ESTUVISTE POR ENCIMA DE MÍ!

Otro impacto.

Luego otro.

El plano comenzó a resquebrajarse, no por la fuerza de Elyndor, sino por la decisión de Aethernox de no defenderse.

—Todo esto —continuó Elyndor entre golpes— ¡mis planes, mis juegos, mi paciencia!

¡Todo era para verte reaccionar!

Aethernox cayó de rodillas.

Sangre dorada se filtró entre sus dedos.

—Y tú… —la voz de Elyndor tembló— te fuiste.

Me quitaste incluso eso.

—Dímelo —dijo, deteniéndose al fin—.

Si siempre pudiste detenerme… ¿por qué no lo hiciste?

El silencio se volvió espeso.

Aethernox alzó la mirada.

No había desprecio en sus ojos.

Solo cansancio.

—Porque si morías —dijo con calma— ella también desaparecería.

Elyndor frunció el ceño.

—¿Qué…?

—Dentro de ti —continuó— habitan dos autoridades que nunca te pertenecieron del todo.

Orden… y Creación.

Se apoyó para ponerse de pie, tambaleante.

—Tu existencia sostenía este mundo.

Eliminarte habría sido condenar a todo lo que ella ama.

Elyndor rió.

Una risa rota.

—Entonces soy necesario.

—No —corrigió Aethernox—.

Solo eras una carga que decidí soportar.

Eso fue peor que cualquier golpe.

Elyndor atacó de nuevo, con una furia más desesperada que violenta.

—¡ENTONCES DEFIÉNDETE!

¡DEMUESTRA QUE TODO ESTO VALIÓ LA PENA!

Aethernox no retrocedió.

Alzó una mano… pero no hacia el cuerpo de Elyndor.

La extendió hacia su interior.

—Esta es la última vez que intervengo —dijo—.

Y lo hago para cerrar algo que nunca debió existir así.

El mundo se quedó inmóvil.

Dos presencias antiguas despertaron dentro de Elyndor, arrancadas de su núcleo como raíces demasiado profundas.

Una irradiaba perfección absoluta.

La otra, posibilidad infinita.

Orden.

Creación.

Elyndor cayó de rodillas, sintiendo por primera vez algo peor que el dolor: vacío.

Aethernox absorbió las autoridades.

El peso lo atravesó de inmediato.

No fue poder lo que sintió… fue responsabilidad.

El plano entero se inclinó ante él, pero su cuerpo tembló.

Elyndor levantó la vista, derrotado, reducido a lo que siempre había sido sin esas fuerzas.

—Entonces… —susurró— ¿por qué sigo vivo?

Aethernox lo miró largamente.

—Porque alguien me enseñó —dijo— que destruir no siempre es justicia.

Se dio la vuelta.

—Y porque ahora… ya no eres el centro de nada.

Mientras se alejaba, una grieta invisible se abrió en su interior.

Absorber esas autoridades tenía un costo.

Uno que el mundo aún no entendía.

Muy lejos de allí, Seraphyne se llevó la mano al pecho, con el corazón acelerado.

—Aethernox… —susurró— ¿qué hiciste esta vez?

El cielo permaneció quieto.

Pero el equilibrio del mundo acababa de cambiar para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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