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El camino Del último primordial - Capítulo 6

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6: Lo que cambia cuando saben 6: Lo que cambia cuando saben La noche llegó distinta.

No más oscura.

No más fría.

Solo… más consciente.

El grupo acampó cerca de un río angosto.

El agua corría suave, pero Seraphyne tenía la sensación incómoda de que incluso el murmullo sabía demasiado.

Como si el mundo, ahora informado, los mirara con otros ojos.

Lyra estaba sentada sobre una roca, revisando símbolos en su bastón con más concentración de la habitual.

Kaelis afilaba su espada en silencio, pero lo hacía más por costumbre que por necesidad.

Sus miradas se cruzaban menos que antes.

Aethernox permanecía de pie, mirando el cielo.

Seraphyne lo notó todo.

Y eso fue lo que más le dolió.

Se acercó al fuego y se sentó con cuidado, abrazándose las rodillas.

Su aura se agitó apenas, como una sombra inquieta.

—Oye —dijo Lyra sin mirarla—.

¿Te pasa algo?

Seraphyne dudó.

—No —respondió rápido.

Demasiado rápido—.

Estoy bien.

Kaelis levantó la vista.

—Eso fue una mentira educada —dijo—.

No una convincente.

Ella sonrió, pero no le llegó a los ojos.

—Solo estoy cansada.

Aethernox giró la cabeza.

La observó.

No vio heridas.

No vio amenazas.

Pero algo estaba… desalineado.

—Estás tensa —dijo—.

Más que antes.

Seraphyne apretó los labios.

—Es normal —respondió—.

Después de lo que dijiste.

Lyra cerró el libro de símbolos con un golpe seco.

—Ey —dijo, más suave—.

Nadie está pensando en largarse, si eso es lo que te preocupa.

Seraphyne alzó la mirada, sorprendida.

—¿No?

Kaelis negó con la cabeza.

—Si hubiéramos querido irnos, lo habríamos hecho de día.

Ella soltó una pequeña risa nerviosa.

—Lo sé.

Solo… —calló—.

Solo pensé que ahora que saben quién es él… Miró a Aethernox de reojo.

—Tal vez me verían diferente también.

Lyra suspiró.

—Mira, chica carmesí.

El mundo ya te juzgaba antes.

La diferencia es que ahora tienes testigos.

Kaelis asintió.

—Y uno de ellos es yo.

Seraphyne bajó la cabeza.

—Siempre he sido el “riesgo” —susurró—.

La razón por la que la gente se aleja.

No quiero que eso les pase a ustedes… por mi culpa.

El silencio cayó.

Aethernox dio un paso al frente.

—No eres la causa —dijo—.

Eres la variable.

Ella frunció el ceño.

—Eso no suena mejor.

—Lo es —respondió—.

Las causas son inevitables.

Las variables… pueden cambiar el resultado.

Seraphyne parpadeó.

No entendía del todo… pero le reconfortó igual.

Lyra sonrió de lado.

—Tiene razón, aunque lo diga como si estuviera explicando clima.

Kaelis se levantó y se acercó al borde del campamento.

—Además —añadió—.

Si alguien viene por nosotros… no será por ti.

Aethernox levantó la vista.

—Ya vienen.

El aire se tensó.

—¿Qué?

—preguntó Lyra, incorporándose.

—No físicamente —aclaró—.

Aún.

Seraphyne sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Entonces…?

—Sueños —dijo Aethernox—.

Observación.

Evaluación.

Lyra chasqueó la lengua.

—Odio cuando dices palabras que significan problemas.

Esa noche, nadie durmió bien.

Seraphyne soñó con el altar otra vez.

Con las antorchas.

Con el cuchillo descendiendo.

Pero esta vez, cuando miraba hacia donde Aethernox debería estar… el espacio estaba vacío.

Se despertó jadeando.

—No —susurró—.

No, no… Aethernox estaba allí, sentado frente al fuego casi apagado.

—Estoy aquí.

Ella se llevó una mano al pecho, intentando calmar el temblor.

—Soñé que… —calló—.

Que ya no me necesitabas.

Aethernox frunció el ceño.

—Esa idea no es lógica.

—Lo sé —respondió ella, con una sonrisa triste—.

Los miedos rara vez lo son.

Él guardó silencio.

No sabía qué hacer con eso.

No sabía cómo protegerla de sí misma.

Eso… lo irritó.

—No puedo perder —dijo de pronto.

Seraphyne lo miró.

—¿Perder qué?

—Nada —respondió—.

Nunca he perdido nada.

Ella entendió.

Y eso la asustó un poco.

—Entonces —dijo con suavidad—.

Supongo que te enseñaré también eso.

Aethernox la observó.

Por primera vez, la idea de “perder” dejó de ser abstracta.

Al amanecer, Lyra despertó con un dolor de cabeza punzante.

—Soñé con una torre —gruñó—.

Y alguien que sonreía demasiado.

Kaelis apretó los dientes.

—Yo también.

Aethernox levantó la vista hacia el horizonte.

Muy lejos, algo había confirmado su existencia.

Y el mundo, poco a poco… Empezaba a mover fichas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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