El camino Del último primordial - Capítulo 5
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5: Lo que no debería existir 5: Lo que no debería existir El camino se volvió estrecho al salir del pueblo.
Árboles altos, raíces visibles, silencio espeso.
El tipo de sendero donde las palabras sobran… hasta que alguien decide decir la verdad.
Caminaron un buen rato sin hablar.
Lyra iba delante, bastón al hombro, tarareando algo sin melodía clara.
Kaelis cerraba la marcha, atento a cualquier ruido.
Seraphyne caminaba junto a Aethernox, con pasos más firmes que días atrás, aunque su aura seguía pulsando con suavidad.
Fue Aethernox quien rompió el silencio.
—Debería aclarar algo.
Lyra se detuvo en seco.
—Uh.
Esa frase nunca trae cosas buenas.
Kaelis frunció el ceño.
—¿Aclarar qué?
Aethernox no se detuvo.
Habló mientras caminaba, como si lo que fuera a decir no tuviera peso alguno.
—Lo que soy.
Seraphyne levantó la vista de inmediato.
—¿Ahora…?
—murmuró, nerviosa.
—Ahora es óptimo —respondió él—.
Antes de que sus suposiciones interfieran con sus decisiones.
Lyra giró sobre sus talones.
—Vale, entidad misteriosa.
Ilumínanos.
Aethernox se detuvo por fin y los miró a ambos.
—No soy humano.
No soy dios.
No soy demonio.
Kaelis apretó la empuñadura de su espada, sin desenvainarla.
—Entonces… ¿qué?
—Un primordial.
El aire pareció detenerse.
Lyra parpadeó una vez.
Dos.
—No —dijo—.
No, no, no.
Eso no es gracioso.
—No era un intento de humor.
Kaelis tragó saliva.
—Los primordiales… —murmuró—.
Eso es… mito fundacional.
Conceptos.
Fuerzas.
Cosas que dejaron de existir antes de que el mundo tuviera nombre.
—Correcto —asintió Aethernox—.
Dejaron de existir.
Lyra lo miró fijamente.
—¿Y tú…?
—Soy el último.
El silencio cayó como un golpe seco.
Seraphyne sintió cómo el pecho se le apretaba.
Sabía que él era algo más… pero escuchar esa palabra, con todo su peso histórico, la hizo sentir pequeña de repente.
Lyra soltó una risa nerviosa.
—Ajá.
Claro.
Entonces déjame adivinar… ¿eres la encarnación del caos?
¿Del vacío?
¿Del fin?
—No —respondió él—.
Eso eran interpretaciones humanas.
Kaelis dio un paso al frente.
—Si eres lo que dices… —dijo con voz baja—.
¿Por qué sigues aquí?
¿Por qué no… dominas todo?
Aethernox lo observó.
—Porque no tengo propósito.
Esa respuesta los descolocó más que cualquier amenaza.
—Los otros tres lo tenían —continuó—.
Orden.
Cambio.
Disolución.
Yo era… permanencia.
Lyra sintió un escalofrío.
—Eres un ancla —susurró—.
Algo que impide que el mundo avance… o colapse.
—Fui —corrigió—.
Ahora solo existo.
Kaelis bajó lentamente la mano de la espada.
—Y… —miró a Seraphyne—.
¿Ella lo sabe?
Seraphyne asintió.
—Desde el principio.
Lyra la observó con nueva mirada.
—¿No te da miedo?
Seraphyne dudó.
—Me daría más miedo estar sola.
Aethernox frunció el ceño, apenas.
—No pretendo ponerlos en peligro —dijo—.
Si continúan conmigo, serán observados.
Cazados.
Manipulados.
Lyra chasqueó la lengua.
—Genial.
Justo lo que necesitaba.
Existencias antiguas y conspiraciones cósmicas.
Kaelis respiró hondo.
—Si eres lo que dices… —dijo—.
¿Por qué nos lo cuentas ahora?
Aethernox los miró uno por uno.
—Porque no tolero mentiras prolongadas.
Y porque ella —miró a Seraphyne— no debe cargar con el peso de mi existencia sola.
Seraphyne sintió que algo cálido le subía al pecho.
Lyra suspiró y se pasó una mano por el cabello.
—Esto cambia las cosas.
—Sí —dijo Kaelis—.
Pero no cambia lo que vemos.
Miró a Aethernox directamente.
—No actúas como un monstruo.
Luego miró a Seraphyne.
—Y tú no eres una amenaza.
Aethernox inclinó la cabeza.
—Entonces, ¿se irán?
Lyra sonrió, ladeada.
—¿Y perdernos esto?
Ni loca.
Kaelis asintió.
—Si el mundo va a temblar… prefiero estar del lado correcto.
Seraphyne soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.
El camino continuó.
Pero ahora, cada paso tenía un peso distinto.
Porque no todos los días uno camina junto a lo que no debería existir… y decide quedarse.
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