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El chisme ajeno que terminó siendo mío - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 Doble filo
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4: Doble filo 4: Doble filo Clemencia era lo único que pedía, atado como un animal con los ojos suplicantes ante tales presencias.

Un hombre sentado en un escritorio camuflado por la oscuridad de la habitación y una luz tenue que iluminaba al hombre arrodillado y atado, una sonrisa desquiciada aparecía en su rostro mientras que dos presencias más solo miraban con lastima.

—Pobre diablo — dijo el hombre alzando directamente a su cabeza un arma, el hombre no hizo mas que suplicar y gritar mientras algunas de sus extremidades estaban rotas con sangre abajo de el.

—Despídete de este mundo —el sonido del disparo provoco que Rebecca sintiera una punzada en la cabeza.

La sangre mancho por completo el piso y el hombre solo pudo reír al ver su rostro lleno de angustia, le fascinaba las escenas finales donde los cuerpos ya no respiraban y sus miradas eran puro miedo.

—Rebecca querida, limpia ese desastre  —Estas mal de la cabeza si piensas que tocare ese cadáver repugnante El hombre mostro sus dientes como un verdadero loco, Rebecca no se inmuto ante su mirada.

—Agresiva como siempre, alguna noticia nueva  —Aparte de matar con un testigo vivo, claro que no hay nada nuevo  La persona a su lado sonrió a carcajadas, Rebecca nunca fue de pocas palabras y el sarcasmo siempre fue una manera defensiva de responder.

—Es por eso que te encargaras de ese pequeño error Rebecca torció los ojos  —Por cierto Diego…

limpia este desastre  La sonrisa antes divertida de Diego se desvaneció por completo y vio el cadáver con total repulsión pero ni siquiera el quería tocar ese cuerpo, se limito a esperar que se fuera de la habitación para llamar a la servidumbre y se encargue de todo ese desastre mientras que Rebecca se retiro a su habitación.

Rebecca nunca conseguía dormir bien, no por las típicas pesadillas, mas bien por el recuerdo, las cosas que han pasado ya eran lo suficientemente inquietante.

Entrenada para escuchar, observar, obedecer y atacar.

Criada por personas que se movían en las sombras, entre secretos como monedas de doble cara, personas que no tenían ni el mas mínimo remordimiento.

Ella había aprendido rápido.

Demasiado rápido.

Pero ahora, sentada frente al espejo, se veía distinta.

La Rebecca adolescente que engañaba a todos con una fachada de estudiante era otra versión, un disfraz cuidadosamente tejido para mezclarse con los demás.

Excepto con él.

Marco era un libro abierto que en momentos ha logrado que conociera la diversión.

Algo que no creía ni en ella mismo  El entrenamiento de su infancia: “Nunca te encariñes con los objetivos.

Nunca.” Marco era justo eso: un objetivo.

Un testigo.

Una pieza clave en un rompecabezas más grande, uno que ella no podía volver a tocar sin mancharse otra vez.

Las sombras del pasado no tardaron en reaparecer.

En su celular un recordatorio:  “Tu misión no ha terminado.

Mantente cerca del chico.” Rebecca sintió el estómago hundirse.

Era una orden.Una advertencia.

Una cadena que volvía a cerrarse alrededor de su cuello.

Respiro hondo dejando su teléfono encima de la mesa, un nuevo ciclo había comenzado y su primera orden resulto ser por culpa de un chico que no podía tener sus narices fuera de los problemas.

En medio de su pensamiento fue interrumpida por un toque en la puerta, un golpe seco, uno solo que le erizo la piel, era un mensajero, un hombre vestido de negro con gafas de sol en pasillos oscuros.

—Señorita Rebecca —dijo con voz neutral—.

Traigo un mensaje directo.

Ella no contestó.

Sólo extendió la mano.

El hombre le entregó un sobre sellado con cera.

Un sello que ella conocía demasiado bien.

Su pecho se apretó.

Jamás imagino ver ese sello tan pronto.

—¿Algo más?

—preguntó Rebecca sin levantar la mirada.

—Sí.

—El hombre inclinó ligeramente la cabeza—.

“Si fallas, él pagará”.

Rebecca levantó la vista de golpe.

Miro incrédula ante tales palabras directas.

—¿Quién dijo eso?

—La voz que tú obedeces —respondió él sin emoción—.

Me dijeron que lo entenderías.

Y se fue.

La puerta se cerró.

El silencio fue peor que cualquier amenaza.

Rebecca abrió el sobre con manos inquietas y nerviosa.

Dentro había una sola hoja.

Una foto.

Marco, agarrándose la mochila corriendo de forma desesperada a quien sabe donde, completamente ajeno a lo que significaba estar en esa imagen.

Y debajo, una frase escrita a mano: “Asegúrate de que siga callado.

A cualquier costo.” Rebecca sintió un latigazo en la nuca.

Las noticias corrían tan rápido que al aparecer no quieren que abra la boca, talvez su talento para meterse donde no lo llaman era un problema.

Se dejó caer en la silla agotada, esa fotografía le saco una sonrisa discreta, le pareció gracioso su expresión y pose, corría por su vida.

Marco era una molestia, una torpeza andante, un desastre emocional con patas.

Pero… La idea de verlo envuelto en ese mundo que ella había escapado —o intentado escapar— le revolvía el estómago.

Y lo peor: ella misma lo había metido más cerca, sin quererlo.

Porque al salvarlo… lo volvió visible.

Rebecca cerró los ojos.

—¿Qué estás haciendo conmigo, Marco?

—susurró.

Se recostó en su cama rompiendo la fotografía en miles de pedazos.

Pero no hubo tiempo de pensar más.

Su celular vibró otra vez.

Un número desconocido con un número al final que conocía muy bien.

Cuando abrió el mensaje, sintió frío en la espalda.

“Ya no eres la única siguiéndolo.” Rebecca se levantó tan rápido que la silla chocó contra el piso.

—Oh no… —murmuró.

Aquello no era bueno.

No era un miembro de su organización.

Ella conocía sus estilos, su manera de moverse.

Esto era distinto.

Un enemigo nuevo.

Quería creer que no….

Uno que no estaba bajo sus órdenes.

Uno que no estaba de su lado.

Uno que quería algo… o a alguien.

Y Rebecca entendió una cosa con absoluta claridad: Marco era un blanco de cualquiera que supiera que fue lo que vio ese día.

Rebecca apretó los dientes.

—Tendré que romper las reglas… otra vez.

—Apretó los dientes y mordio su labio inferior.

Y mientras apagaba la luz para salir sin ser vista, una última vibración llegó al celular.

Otro número desconocido.

Un nuevo mensaje.

Corto y frío.

“Él ya no está donde tú lo dejaste.” No hagas nada de lo que te puedes arrepentir después.

Marco había desaparecido, lo había deducido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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