El chisme ajeno que terminó siendo mío - Capítulo 3
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3: Descubrir quién fue 3: Descubrir quién fue Rebecca no tenía paciencia, ni mucho menos buen humor, tampoco tiempo, su misión era simple: Encontrar al supuesto testigo antes de que hablará, y según suposiciones era solo un estudiante, jamás imagino que fue tan fácil descubrir a un estudiante paranoico.
Un chico conocido como el mejor chismoso de la ciudad, un detective aficionado que metía sus narices donde no era bienvenido.
Rebecca suspiró cansada mientras miraba desde el segundo piso.
Es un pobre diablo, dijo el chico a su lado.
Es peculiar..
contesto ella Aunque la verdadera palabra era desesperante, no solo gritaba, saltaba como un verdadero desquiciado a punto de ser asesinado, incluso salto por el simple llamado de sus amigos, era de verdad un libro abierto.
Es una presa fácil, te lo dejo en tus manos.
Si te escabulles no me quedaré callada.
No fastidies.
Estamos juntos en esto.
Es solo un idiota.
Un idiota que es testigo.
Ni siquiera sabemos.
Rebecca frunció el cejo cuando lo vio irse como si nada importara dejándola a ella con un trabajo por terminar.
Pero de algo estaba segura, ese chico no era peligroso, solo estaba aterrorizado.
Rebecca lo miró a la distancia hasta que lo vio alejarse de todos para refugiarse en la soledad, Marco con el susto en el corazón seguía tocando su cabeza y repitiendo constantemente que nadie lo vio.
Rebecca casi se rio pero no debía, no cuando su trabajo no es reír.
Ella debía encontrar al testigo.
Suspiró.
No le gustaba hablar con testigos.
Y menos con testigos que parecían derrumbarse al primer soplido.
Pero debía hacerlo.
Se acercó.
Lo tocó en el hombro.
Y Marco gritó como si alguien hubiera activado una alarma antiincendios humana.
Cuando Marco se calmo, ella le escuchó, fue fácil, era él el testigo patético que se metió en un callejón.
Lo oyó decir: “Creo que vi un asesinato.” Pero había algo que ella no esperaba, Marco confiaba en ella, le conto todo, era ridículo, apenas era una estudiante de ingreso, una desconocida.
Un chico normal habría dudado de una desconocida.
Habría mentido, pero Marco no, era un libro abierto lleno de sorpresas.
Y eso lo hacía… Peligroso.
No porque supiera demasiado.
Sino porque podía soltar la lengua en cualquier momento, en cualquier lugar, a la primera persona que le ofreciera un pan con queso.
Cuando vieron al hombre detrás de la cerca, Rebecca sintió cómo todo su cuerpo se tensaba.
No por miedo, esa es una palabra desconocida para ella, mas bien porque ese hombre no debía estar ahí, eso solo significaba una cosa, desesperación o diversión, aquel hombre no debía…
Tomo a Marco del brazo y lo llevo lejos, pero este chico completamente paranoico, volvió a gritar en cuando vio al profesor de matemática.
Aun así lo tomó del brazo.
Aun así lo ayudó.
Aun así, por alguna razón que no quería analizar… no quería que lo mataran.
No todavía.
Pensó Fue cuando se le ocurrió la idea mas loca de todas, una idea peligrosa y desquiciada.
Te ayudaré a encontrar al asesino fueron sus palabras El mensaje lo cambio todo, era un juego, estaban en su juego y ella era una pieza, era una orden disfrazada, debía vigilarlo, seguirlo, porque ese chico no era un testigo cualquiera.
Era un caos.
Un caos con patas.
Hasta asegurarse de que no abriera la boca donde no debía.
Seguiría a su lado, o quizá hasta que decidan por su vida.
Pronto el descanso terminó, Rebecca lo vio irse, sus ojos se transformaron a unos calculadores.
“Estoy contigo… pero no por las razones que crees.” Estaré cerca, sí… muy cerca.
Más de lo que imaginas.
El juego había comenzado.
Y Marco, pobre Marco… ni siquiera sabía que ya era parte del tablero.
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