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El chisme ajeno que terminó siendo mío - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 Es don o maldición
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7: Es don o maldición 7: Es don o maldición Una vez quiso jugar al héroe, fue cuando descubrió que tenía una maldición y no un Don, recordaba perfectamente en como su padre miraba con una expresión suave a su maestra de infancia, fue cuando se le ocurrió una idea loca, la más loca de todas, la que lo hizo descubrir que jugar al héroe nunca termina bien.

Pero no fue como pensaba, el golpe seco de su madre hacia su padre mas su voz inocente e infantil donde mencionaba los encuentros y conversaciones con su maestra de parvulario provoco una crisis difícil de reparar.

Al poco tiempo la familia que consideraba estable se desmorono y antes de darse cuanta su abuela lo abrazaba consolándolo a una situación que jamás comprendió.

Nuevamente frente a la puerta de su casa como un cadáver viviente se preguntaba una y otra vez si esta bien Rebecca.

—Muy bien Marco, abandonaste a una chica que te salvo el pellejo.

Sus pies se movieron solos avanzando lentamente, la puerta principal se abrió y una luz lo cegó, era su abuela con un rostro preocupante y una mirada llena de angustia, lo abrazó con fuerza y fue cuando recordó ese momento, ese donde su padre y su madre lo abandonaron por meter las narices donde no lo llaman.

Su don era lo que le tenía en alerta y por primera vez en su vida nadie le recrimino por eso, escuchaba los sonidos a distancia, el ladrido de los perros, los ronquidos de su vecino, los sonidos que una persona normal no escucharía nunca a varios kilómetros de distancia.

—Mi niño — susurro su abuela  —Abuela  Paso dentro y la calidez lo invadió, aun estaba asustado, pero su cabeza solo pensaba en una cosa o mas bien una persona.

Rebecca.

Su nombre le pesaba en el pecho como algo que no debía sentir.

No la conocía.

No sabía de dónde venía.

No sabía quién era realmente.

Solo sabía que sin dudarlo ni un momento ella confió.

Y aun así, fue un cobarde y la había dejado ir sola.

Al terminar de explicarle una mentira totalmente convincente a su abuela por la hora de su llegada se retiro a su habitación, el sonido imperceptible de su celular lo hizo tomar al apuro el aparato con la esperanza de un mensaje suyo aunque la decepción fue evidente y la preocupación instantánea.

Número desconocido.

“Sigue vivo.

Eso es bueno.

Las sorpresas nunca terminan” El corazón casi se le sale del cuerpo.

Marco soltó una risa temblorosa, de esas que salen cuando el miedo ya no cabe en el cuerpo.

—Claro —susurró—.

Las sorpresas aun están por delante.

Mientras tanto, a varias calles de distancia, Rebecca caminaba junto a la sombra como si no tuviera opción.

Se detuvieron frente a una luz tenue, una que apenas iluminaba sus rostros.

—Te volviste descuidada —dijo la voz—.

Nunca antes dejabas testigos con vida… ni te involucrabas de esta manera, deberías agradecerme por ir a verte.

—Él no es un testigo común —respondió ella, sin mirarlo.

—Exacto —la sombra sonrió—.

Por eso sigue respirando… por ahora.

—Que planean  —Nada por ahora, solo saber que tanto sabe —Es una presa complicada  —Sabemos perfectamente que sabes algo que nosotros pasamos por alto.

—Por supuesto, descubrí que este chico no es alguien ordinario.

—¿Desde cuándo dudas, Rebecca?

Ella apretó los puños.

Lo miró con desprecio.

—Desde que entendí que no todo lo que me enseñaron estaba bien.

Desde que descubrí que existe algo mas peligroso que meter tus narices donde no te llaman.

La sombra rió despacio.

—Ese chico te está debilitando.

Rebecca levantó la mirada.

Fría.

Letal.

Una mirada capaz de matar y poner nervioso a cualquiera.

—Y tú lo estás subestimando.

Ya te lo dije, no será fácil atrapar a este chico.

No respondió de inmediato.

—¿Qué ocultas Rebecca?

Marco se sentó en el suelo, la espalda contra la cama, el celular apretado entre las manos.

Su mente iba a mil.

Chismes.

Pistas.

Sonidos.

Conexiones.

Prometió no volver hacerlo, no usarla, solo escuchar chismes para satisfacer su necesidad de saber la vida ajena pero esta vez las circunstancias lo obligaban.

Se sentó con las piernas cruzadas en una posición cómoda, con sus manos sobre sus rodillas relajando cada parte de sus músculos.

Entonces lo entendió.

—No me quieren muerto —susurró—.

Me quieren cerca.

Sus oídos tomaron partido, escuchaba cada rincón que le permitía, cada sonido por muy lejos que este, su Don no era algo simple era un arma, un arma que prometió no volver a usar.

Afuera, en algún lugar de la ciudad, alguien observaba una pantalla con su nombre.

Una fotografía que solo indicaba ser alguien común y corriente.

Sin comprender del todo la gravedad del asunto, un chico común con un Don que puede llegar a ser una bendición y maldición a la vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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