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El chisme ajeno que terminó siendo mío - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 No escuches
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8: No escuches 8: No escuches Hace mucho se había hecho una promesa, pero ahora esa promesa ya no existía, Marco era el arma.

Rebecca esta afuera, se marchó sin decir nada, preocupado no tuvo muchas opciones, esta vez no se trataba de saber un chisme que siempre le sacaba alegría a su curiosidad.

El mundo fue un completo ruido, detestaba esa sensación de sonidos en su cabeza, siempre conseguían fundirle el cerebro.

Primer plano, un tic, tac, un reloj que hace mucho ruido, seguramente el reloj viejo del vecino que vivía a cuatro calles de su casa, se concentro mejor, más y más lejos, su objetivo era claro.

Continuaron sonidos insignificantes, motores, sirenas, risas, charlas y entonces una voz que lo desconcertó.

—Acaso Rebecca sabe lo que hace  ¿Quién?, Marco no sabía…

—Sabes que es la mejor del clan, no podemos simplemente dejarla ir.

—El jefe la consiente demasiado.

—Que esperabas idiota….

es su hija.

Marco abrió los ojos.

Impactado.

Asombrado.

No era imaginación.

No era paranoia.

No creía lo que escuchó y ajustó su concentración.

—Rebecca está dudando —dijo otra voz masculina, más grave, una voz que le provoco escalofrió—.

Y eso la vuelve un riesgo.

—Rebecca no tiene miedo a nada ni nadie, ni siquiera sabemos si esta de nuestro lado, esa mujer es capaz de todo.

El corazón le dio un golpe seco contra el pecho.

Se hizo la misma pregunta de siempre, Rebecca ¿Quién eres?

—Lo peor de todo es que el chico es ingenuo, nadie sabe lo que piensa Rebecca.

—Porque el jefe cometería un error tan estúpido como ese.

—Lo investigamos, no es mas que un mortal común y corriente, su padre y su madre le han abandonado a su suerte con una anciana, es su abuela.

Marco dejó de respirar.

Su madre….

su padre…

le han investigado  El aire se volvió pesado.

—Su madre es tan parecida a su hijo, una mujer que no pudo proteger a su pequeño y termino abandonándolo como una cobarde, ese chico me da pena.

Marco rompió la concentración de golpe, la posición en la que estaba se desmorono de inmediato.

Su madre y su padre lo abandonaron pero porque hablaron de su madre con tanta familiaridad, como si conocieran una historia que el desconocía.

Se sentó en el borde de la cama pensando en lo poco que había escuchado, en la aventura tan drástica que apenas logro escapar, una aventura de fases y apenas iba en la número uno.

—Eso es… raro.

Mientras tanto, Rebecca estaba sentada en el borde de un edificio, con la ciudad extendiéndose bajo sus pies como un tablero de ajedrez.

Como si fuera un héroe custodiando la ciudad en la oscuridad de la noche, no era un héroe, era una chica cuyo propósito no esta planteado.

Había revisado los registros otra vez.

Algo no estaba bien.

El asesinato.

Un hombre sin importancia que traiciono al jefe y se encargo personalmente de matarlo pero entonces porque tomarse tantas molestias en un simple testigo.

El testigo.

Marco.

Demasiada atención a un muchacho que solamente vio algo…

Entonces recordó algo que no le dio importancia en el momento.

Rebecca apretó la mandíbula.

Marco no era el problema.

Era el testigo que complico todo, un testigo incapaz de ser eliminado de inmediato.

—Como si se tratara de una ecuación, se estudia para llevar al limite.

Su teléfono vibró.

No olvides que esto apenas comienza.

Aun no sabían que Marco tenía ese Don, una habilidad desconocida aun sin saber si es capaz de llegar mas lejos o su único propósito es escuchar.

Al día siguiente, Marco intentó actuar normal.

Como si una persecución no estaría atrás de el.

Desayunó con su abuela.

Una cálida mañana donde el desayuno siempre era su comida favorita del día.

Sonrió.

Hizo un comentario absurdo sobre que las tostadas estaban “sospechosamente crujientes”.

Pero por dentro… Todo vibraba.

Su mundo lleno de sonidos como siempre que lo marcaban a continuar con investigación privada de sonidos sospechosos.

Se despidió de su abuela con un beso y un te quiero, escucho sobre sus padres pero nunca le ha preguntado nada a su abuela, solo recuerda vagamente que el destino lo guio a una persona que jamás imagino conocer, una chica nueva que nada mas saber que era nueva se encamino como loco a descubrir quien era.

Era ella Rebecca.

La vio con una expresión relajada y las manos en los bolsillos de su chaqueta del uniforme.

—¿Vienes a confirmar que sigo respirando?—dijo con burla.

Ella lo miró.

—¿Has notado algo raro desde anoche?

Marco levantó una ceja.

—¿Además de casi morir por una bala perdida y desarrollar traumas nocturnos?

No mucho.

Rebecca no sonrió.

—Concéntrate.

Eso lo hizo callar.

Rebecca estaba seria, muy seria, no se reía de sus malos chistes ni parecía divertirse sobre el caso.

Dudó un segundo.

No pensaba contarle lo que escucho anoche pero si quería respuestas talvez ella…

Recordó cómo ella reaccionó sin dudar.

Recordó que, aunque no la entendía, nunca le había mentido directamente.

—Siento algo —admitió en voz baja— Voces ocultas a unas cuadras de aquí.

Rebecca se quedó inmóvil.

Marco la miró fijamente.

—Solo voces  —No logro entender que dices pero te mencionan.

Silencio.

Rebecca sostuvo su mirada unos segundos más de lo normal.

—Rebecca —dijo despacio—.

¿Qué soy?— volvió a decir  —Que cosas preguntas, yo que voy a saber sobre tus dudas existenciales.

—Desde siempre he tenido este Don, pero últimamente parece que mi don a escogido el bando, es una maldición.

La pregunta quedó suspendida entre ambos.

—Rebecca quiero que sepas que eres una desconocida que ha confiado en mi y eso me alegra pero…

quisiera saber mas sobre ti, es como si no dejara de pensar en una aventura lunática a tu lado.

—No te expreses de esa forma.

—El punto es….

que no puedo hacer nada siempre estas tu de frente, me confundes, me proteges y no se porque.

El silencio fue profundo.

—Rebecca, si esta persecución acaba quiero continuar con mi vida chismosa y que tu estés dentro de ella, porque no hay nada mas que desearía en estos momentos.

Rebecca sonrió sutilmente, esa oscuridad en los ojos de Marco le indicaban que algo que cambio, el confía y ella solo sigue ordenes per recordó algo importante, ella no tiene miedo a nada ni a nadie.

La escuela estaba cerca, las campanas dieron aviso al ingreso y Marco solo sonreía como un idiota entrando y saludando a todos como siempre, ahí enterándose de que como siempre el profesor de matematica ocultaba sus problemas maritales, que sus compañeras cuchichean de chismes sin sentido y que Rebecca tan silenciosa como siempre solo lo miraba como si su secreto estuviera a punto de revelarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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