El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 55
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Capítulo 55: Henry Jackman – Parte 4
La casa de Kara estaba demasiado ordenada para una noche como esa.
Todo en su lugar. Todo limpio. Todo… normal.
Y sin embargo, el mundo afuera se estaba quebrando en silencio.
Kara estaba sentada en el sofá, inclinada hacia adelante, los codos sobre las rodillas, las manos entrelazadas. Sus ojos no estaban quietos. Iban del suelo al televisor, del televisor a la ventana, y de la ventana a sus propios pensamientos.
Sus padres estaban frente a ella.
Su madre, de pie, con los brazos cruzados, intentando mantener la calma con una sonrisa que no terminaba de formarse.Su padre, sentado, más rígido, más analítico… pero igual de tenso.
—Cuéntanos otra vez —dijo él, con voz controlada—. Desde el inicio.
Kara suspiró.
—Estábamos en el dormitorio… con Henry… jugando algo —dijo, restándole importancia—. Después escuchamos un ruido raro. Como… un zumbido. Y luego… boom.
Hizo un gesto con las manos.
—Todo tembló. Pensé que era un terremoto. Salimos corriendo.
Su madre frunció el ceño.
—¿Sentiste algo más?
Kara dudó.
Sí.Pero no sabía cómo explicarlo.
—Fue… raro —admitió—. Como si el aire… vibrara distinto.
Su padre asintió, rápido.
—Estrés.
Mentira cómoda.
La madre de Kara caminó hasta el televisor y lo encendió.
La presentadora apareció, impecable, como si nada pudiera tocarla.
—…autoridades confirman que el evento ocurrido esta tarde ha sido clasificado como un fenómeno natural de alta intensidad…
Kara alzó la mirada.
—…lo que inicialmente se percibió como un rayo masivo ha sido vinculado a actividad sísmica anómala en la región de Washington…
Su padre asintió.
—¿Ves?
Kara no respondió.
—…unidades de TRUMAN COMPANY han sido desplegadas para asegurar las zonas afectadas y mantener el orden público…
La pantalla cambió.
La voz de la presentadora se volvió más formal.
—A continuación, presentamos un reporte preliminar de heridos y fallecidos confirmados hasta el momento.
Primero apareció la lista de heridos.
Era larga.
Demasiado larga.
Heridos:
— Daniel Carter— Emily Rodriguez— Marcus Hill— Jonathan Park— Lisa Nguyen— Kevin Brooks— Andrew Miller— Sophia Bennett— Tyler Woods— Chloe Simmons— Victor Alvarez— Nathan Cole— Isabella Reyes— Thomas Green— Olivia Turner— Brandon Scott— Lucas Park— Ethan Morales— Jessica Hale— Aaron Whitmore
La lista seguía desplazándose.
Kara tragó saliva.
Demasiados nombres.
Demasiadas vidas rotas para algo que llamaban “natural”.
Luego la pantalla cambió otra vez.
Más oscura.
Más pesada.
Fallecidos confirmados:
— Diana Woods— Alex Stone— Margaret Liu— Ethan Caldwell— Samuel Ortiz— Rachel Kim
Silencio.
La madre de Kara se llevó la mano al pecho.
—Dios mío…
Su padre negó con la cabeza, en voz baja.
—Qué desastre…
Kara no dijo nada.
Sus ojos seguían en la pantalla.
No conocía a ninguno.
No directamente.
Pero algo en esos nombres… en cómo aparecieron… en cómo fueron dichos…
No se sentía como una tragedia común.
Se sentía como un resultado.
La transmisión continuó:
—Las autoridades recomiendan permanecer en sus hogares y respetar el toque de queda. Más información será proporcionada en las próximas horas…
La casa verde seguía en pie, intacta, silenciosa… pero por dentro se estaba rompiendo algo que no hacía ruido.
En la sala, Miranda Voss no estaba de pie esta vez.
Estaba sentada… pero no de forma firme. Su cuerpo parecía no sostenerse del todo, como si algo esencial se le hubiese ido y lo demás apenas intentara mantenerse unido.
Tenía las manos entrelazadas, apretadas con fuerza, los nudillos pálidos.
—No tengo a nadie… —murmuró, sin mirar a Caleb—. ¿Lo entiendes?… ya no tengo a nadie.
Su voz no era fuerte. Era peor.
Era hueca.
—Mis padres… —tragó saliva— se fueron hace años… y ahora Alex…
Su respiración se cortó un segundo.
—Él era lo único que me quedaba de… de antes… —su voz tembló más—. De cuando todo era… normal…
Caleb se inclinó hacia ella, sosteniéndole los hombros con firmeza.
—Miranda, mírame.
Ella negó levemente.
—No… no puedo…
—Mírame —repitió, más suave, pero firme.
Miranda alzó la vista.
Ahí fue cuando se rompió de verdad.
—Está muerto, Caleb… —susurró, como si decirlo lo hiciera más real—. Está muerto y yo… yo no estaba ahí…
Las lágrimas empezaron a caer sin control.
No era llanto escandaloso.
Era constante.
Imparable.
—Siempre estuve para él… siempre… —dijo entre respiraciones irregulares—. Y hoy… hoy no…
Caleb la abrazó fuerte, esta vez sin cuidado, como si intentara evitar que se desmoronara del todo.
—Ey… ey… estoy aquí —murmuró—. No estás sola.
—Sí lo estoy… —respondió ella, aferrándose a su ropa—. Sí lo estoy…
Caleb cerró los ojos un segundo.
No tenía una respuesta perfecta.
Solo la sostuvo.
—No mientras yo respire —dijo finalmente, bajo—. ¿Entiendes? No mientras yo esté aquí.
Miranda no respondió.
Solo se aferró más fuerte.
Arriba, en la segunda planta, la atmósfera era distinta… pero no tranquila.
El celular de Angel vibraba sin parar.
Mensajes. Audios. Notificaciones una tras otra.
El chat estaba explotando.
Mylo:
—BRO ¿ESTÁS VIVO?
Sebastian:
—RESPONDE CÑ
Angel desbloqueó el teléfono.
Angel:
—Sí, estoy bien.
No pasaron ni dos segundos.
Mylo:
—¿CÓMO QUE BIEN? ESA MIERDA SE CAYÓ ENCIMA DE NOSOTROS
Sebastian:
—Casi me quedo ahí loco, te lo juro
Un audio entró. Angel lo reprodujo.
La voz de Sebastian salía agitada, entre ruido de fondo.
—Mano, eso no fue un terremoto, eso no fue un maldito terremoto, eso… eso bajó del cielo, ¿tú lo viste? dime que tú lo viste porque yo no estoy loco—
Otro audio, ahora de Mylo.
—Nosotros salimos corriendo, la mesa se fue al carajo, el techo empezó a caer, había gente gritando, loco gente GRITANDO de verdad, no como en películas… yo pensé que me moría ahí mismo…
Angel miró la pantalla sin cambiar mucho la expresión… pero sus dedos se quedaron quietos.
Sebastian:
—Había algo arriba, bro… algo raro… no sé explicarlo
Mylo:
—Sí, sí, como una luz… pero no era solo luz
Sebastian:
—Como si algo estuviera… ahí
Pausa.
Tres puntos.
Mylo:
—Tú estabas más cerca que nosotros
Sebastian:
—Dime la verdad
Mylo:
—¿Tú viste algo?
Angel respiró despacio.
Sus ojos se levantaron hacia el techo.
Un segundo.
Dos.
Volvió a mirar el celular.
Escribió.
—No.
El mensaje enviado se sintió más pesado de lo que parecía.
El chat explotó otra vez.
Sebastian:
—No te creo
Mylo:
—Ni yo
Otro audio.
—Hermano, eso no fue normal, yo sentí como si… como si alguien estuviera mirando, loco, no sé cómo explicarlo—
Angel dejó de escuchar.
Bloqueó el celular.
Lo dejó caer a un lado.
El ruido de los mensajes seguía vibrando en la mesa… pero él ya no respondió.
Abajo, Miranda seguía llorando en silencio.
Arriba, Angel miraba el techo.
Y en medio de esa casa, en dos pisos distintos, había dos verdades que no se tocaban:
Una mujer que lo perdió todo.
Y un chico que… quizás ya había visto demasiado.
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