El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 56
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Capítulo 56: Orcas.
Magnus se detuvo frente a ellos… pero no frente al grupo.
Frente a Angel.
Sus ojos bajaron apenas, lo suficiente para notar un detalle que no encajaba.
—No te arrodillaste —dijo, seco.
No fue una orden.No fue una amenaza.
Fue una observación… que pesaba como ambas.
El aire se tensó un poco más.
Vlad giró levemente la cabeza hacia Angel, como esperando ver si reaccionaba.
Woods no dijo nada, pero su postura cambió apenas.
Angel no bajó la mirada.
—Tenemos un herido —respondió, directo—. Está perdiendo sangre. Hice lo que pude.
No hubo disculpa en su voz.
Magnus lo observó un segundo más… y luego, simplemente, avanzó.
La espada arrastrándose detrás de él dejó un sonido pesado, metálico, constante. No raspaba como algo afilado. Era más… denso. Como si cada centímetro de ese metal tuviera historia acumulada.
Pasó al lado de Angel sin tocarlo.
Se agachó frente a Alex.
Silencio.
Sus ojos recorrieron la pierna, el plástico, el ajuste, la presión… todo en cuestión de segundos.
—Mal —dijo.
Así.
Sin suavizar.
Angel no reaccionó de inmediato.
Magnus alzó una mano y, con dos dedos, presionó el torniquete improvisado.
Alex soltó un quejido ahogado.
—Presión irregular —continuó Magnus—. No detiene lo suficiente… pero tampoco es completamente inútil.
Vlad frunció el ceño.
—Oye, él—
Magnus levantó ligeramente la mano, sin mirarlo.
Suficiente para callarlo.
Se puso de pie lentamente.
Y entonces miró la mano de Angel.
La nudillera improvisada seguía ahí.
Deformada.
Irregular.
Pero funcional.
Magnus ladeó apenas la cabeza.
—Eso —dijo.
Angel bajó la vista un segundo.
—Un tubo —respondió—. Estaba caliente.
Magnus dio un paso más cerca.
Demasiado cerca.
La diferencia de altura se hizo evidente. Angel tenía que alzar un poco la mirada para sostenerle los ojos.
Magnus no parpadeó.
—No solo lo doblaste —dijo—. Lo moldeaste.
Sus ojos bajaron a la pieza de metal otra vez.
—Ajustado a tu mano. Reforzado en los puntos de impacto. —hizo una pausa—. No fue casualidad.
Angel no respondió.
Magnus estiró la mano… pero no tocó la nudillera.
No la necesitaba.
—Antes era un tubo recto —continuó—. Industrial. Hueco. Estándar.
Vlad parpadeó.
—¿Cómo mierda…?
—Deformación térmica controlada —dijo Magnus, ignorándolo—. Presión aplicada con intención.
Volvió a mirar a Angel.
—Lo hiciste tú.
No era pregunta.
Angel sostuvo la mirada.
—Sí.
Silencio.
Magnus enderezó la espalda.
—Y aún así —añadió— hiciste esto.
Señaló la pierna de Alex.
—Con plástico.
El golpe fue directo.
Angel apretó la mandíbula.
Magnus giró apenas la cabeza, señalando alrededor.
Había tubos.
Varios.
Rotas las paredes, expuestas las estructuras internas… metal por todas partes.
—Material adecuado —continuó—. Rigidez suficiente. Aplicación directa. Mejor distribución de presión.
Volvió a mirarlo.
—Había opciones.
Cada palabra caía como una corrección.
No agresiva.
Pero implacable.
Angel bajó la mirada un segundo… y luego la volvió a subir.
—Hice lo primero que encontré —dijo—. No tenía tiempo para pensar en perfecto.
Magnus lo sostuvo.
—No se trata de perfecto —respondió—. Se trata de ver.
Silencio.
El sonido del viento colándose entre los escombros llenó el espacio.
—Reaccionas bien bajo presión —continuó Magnus—. Pero piensas corto.
Eso sí dolió un poco más.
Woods intervino, firme.
—Basta. Sigue vivo gracias a él.
Magnus no lo contradijo.
—Correcto —dijo—. Sigue vivo.
Pausa.
—Podría estar mejor.
Vlad exhaló fuerte por la nariz, conteniéndose.
Angel miró su propia mano.
La nudillera.
El metal imperfecto… pero suyo.
Luego miró los tubos a su alrededor.
Y por primera vez… no como escombros.
Como herramientas.
Magnus dio medio paso atrás.
—Aprende eso —dijo—. O el siguiente no respira.
No levantó la voz.
No necesitó hacerlo.
Luego giró, arrastrando la espada otra vez, como si la conversación ya no tuviera más valor.
Pero antes de alejarse del todo, añadió:
—Y deja de aferrarte a lo primero que te funciona.
Una pausa mínima.
—Eso también te va a matar.
Magnus no pidió permiso.Simplemente actuó.
Se inclinó frente a Alex y, sin aviso, retiró el plástico improvisado de un tirón seco.
—¡AAAAAHHH—!
El grito de Alex llenó el espacio, crudo, imposible de ignorar. El dolor volvió de golpe, como si el cuerpo recordara todo lo que había estado evitando sentir. Su respiración se rompió en fragmentos irregulares.
Magnus ni se inmutó.
Extendió la mano.
Y el aire… respondió.
No hubo luces ni espectáculo, pero algo comenzó a formarse entre sus dedos. Una sustancia oscura, uniforme, con apariencia de goma… demasiado perfecta para serlo realmente. La sostuvo apenas un segundo antes de llevarla a la pierna de Alex.
La colocó con precisión.
La sustancia se ajustó al contacto, como si entendiera su propósito. Se amoldó al muslo, cubriendo la zona con una presión constante, firme.
—¡Para—! ¡Para—! —jadeaba Alex, retorciéndose.
Magnus apretó.
Más.
Y más.
Sin suavidad.
—¡AAAAAAAAHHHH—!
El grito se quebró a la mitad.
Y entonces… se detuvo.
El cambio fue inmediato. Lo que antes se descontrolaba, ahora quedaba contenido. La herida seguía ahí, pero ya no avanzaba. El cuerpo de Alex temblaba, atrapado entre el dolor y el alivio.
Respiraba rápido.
—Frío… —murmuró, débil—… está frío…
Magnus aflojó la presión lo justo.
—Sellado temporal —dijo, poniéndose de pie—. No lo pierdan.
No hubo orgullo en su voz.
Solo certeza.
—Ufff… qué desastre tan poco estético.
La voz llegó como si no perteneciera al lugar.
Suave. Arrastrada. Casi juguetona… pero con filo.
Angel giró la cabeza.
La figura estaba ahí.
A primera vista, una mujer.
La postura, la forma de moverse, el cuidado en cada detalle… todo encajaba. Elegante. Demasiado limpia para un lugar así. Demasiado intacta.
Y aun así…
algo no terminaba de cuadrar.
No era visible. No era lógico.
Era sensación.
Magnus habló sin girarse del todo.
—Llegas tarde, Love.
La figura avanzó entre los escombros con ligereza, como si el caos no la tocara.
—Ay, Magnus… siempre tan intenso —respondió, con una media sonrisa—. Si no hago una entrada bonita, ¿entonces para qué vine?
Se acercó, observándolo de arriba abajo.
—Y mírate… estás hecho un desastre —añadió, inclinándose apenas—. Ese tono no te favorece, cariño.
Vlad frunció el ceño.
—¿Quién mierda es ahora…?
No hubo respuesta para él.
Love ya estaba frente a Alex.
Se agachó con una elegancia despreocupada, como si aquello no fuera una escena de emergencia, sino algo cotidiano.
Lo observó con atención.
Pero no como Magnus.
Había curiosidad ahí. Detalle. Interés.
—Mmm… —murmuró—. Bastante bien para alguien que debería estar fuera de combate.
Sus ojos bajaron al material oscuro que rodeaba la pierna.
—Oh… hiciste esto tú.
Alzó la mirada hacia Magnus.
—Qué sorpresa.
Magnus no respondió.
Love sonrió apenas.
—Pensé que hoy venías solo a romper cosas.
Volvió a Alex.
—Hola, cariño —dijo con tono suave—. Respira más despacio… así no te apagas antes de tiempo.
Alex la miró, confundido, todavía atrapado en el dolor y la adrenalina.
Love acercó la mano… pero sin tocar.
—Tranquilo… no voy a hacer nada raro —añadió—. Bueno… nada que no sea necesario.
Vlad rodó los ojos.
—Perfecto… otro problema más.
Woods seguía en silencio.
Observando.
Midiendo.
Angel también.
Pero no a Alex.
A Love.
Había algo en ella… algo que no encajaba del todo. No en su apariencia. No en su voz.
En su presencia.
Como si no estuviera completamente fija en el mundo. Como si una parte de ella… no perteneciera a ese lugar.
Love movió los dedos cerca de la pierna, como si leyera algo invisible en el aire.
—Presión correcta… flujo detenido… —murmuró—. Brutal… pero efectivo.
Se puso de pie con suavidad.
—Va a vivir —dijo—. Siempre y cuando no hagan algo estúpido en los próximos minutos.
Entonces miró a Angel.
Directo.
Sin rodeos.
Una sonrisa leve.
Curiosa.
—Y tú…
Pausa.
—Eres interesante.
El silencio volvió.
Pero esta vez no era tensión.
Era atención.
Magnus no pidió permiso.Simplemente actuó.
Se inclinó frente a Alex y, sin aviso, retiró el plástico improvisado de un tirón seco.
—¡AAAAAHHH—!
El grito de Alex llenó el espacio, crudo, imposible de ignorar. El dolor volvió de golpe y así la sangre, salpicando todo en la armadura de Magnus manchando todo lo que tocaba en un color carmesí oscuro, como si el cuerpo recordara todo lo que había estado evitando sentir. Su respiración se rompió en fragmentos irregulares.
Magnus ni se inmutó.
Extendió la mano.
Y el aire… respondió.
No hubo luces ni espectáculo, pero algo comenzó a formarse entre sus dedos. Una sustancia oscura, uniforme, con apariencia de goma… demasiado perfecta para serlo realmente. La sostuvo apenas un segundo antes de llevarla a la pierna de Alex.
La colocó con precisión.
La sustancia se ajustó al contacto, como si entendiera su propósito. Se amoldó al muslo, cubriendo la zona con una presión constante, firme.
—¡Para—! ¡Para—! —jadeaba Alex, retorciéndose.
Magnus apretó.
Más.
Y más.
Sin suavidad.
—¡AAAAAAAAHHHH—!
El grito se quebró a la mitad.
Y entonces… se detuvo.
El cambio fue inmediato. Lo que antes se descontrolaba, ahora quedaba contenido. La herida seguía ahí, pero ya no avanzaba. El cuerpo de Alex temblaba, atrapado entre el dolor y el alivio.
Respiraba rápido.
—Frío… —murmuró, débil—… está frío…
Magnus aflojó la presión lo justo.
—Sellado temporal —dijo, poniéndose de pie—. No lo pierdan.
No hubo orgullo en su voz.
Solo certeza.
—Ufff… qué desastre tan poco estético.
La voz llegó como si no perteneciera al lugar.
Suave. Arrastrada. Casi juguetona… pero con filo.
Angel giró la cabeza.
La figura estaba ahí.
A primera vista, una mujer.
La postura, la forma de moverse, el cuidado en cada detalle… todo encajaba. Elegante. Demasiado limpia para un lugar así. Demasiado intacta.
Y aun así…
algo no terminaba de cuadrar.
No era visible. No era lógico.
Era sensación.
Magnus habló sin girarse del todo.
—Llegas tarde, Love.
La figura avanzó entre los escombros con ligereza, como si el caos no la tocara.
—Ay, Magnus… siempre tan intenso —respondió, con una media sonrisa—. Si no hago una entrada bonita, ¿entonces para qué vine?
Se acercó, observándolo de arriba abajo.
—Y mírate… estás hecho un desastre —añadió, inclinándose apenas—. Ese tono no te favorece, cariño.
Vlad frunció el ceño.
—¿Quién mierda es ahora…?
No hubo respuesta para él.
Love ya estaba frente a Alex.
Se agachó con una elegancia despreocupada, como si aquello no fuera una escena de emergencia, sino algo cotidiano.
Lo observó con atención.
Pero no como Magnus.
Había curiosidad ahí. Detalle. Interés.
—Mmm… —murmuró—. Bastante bien para alguien que debería estar fuera de combate.
Sus ojos bajaron al material oscuro que rodeaba la pierna.
—Oh… hiciste esto tú.
Alzó la mirada hacia Magnus.
—Qué sorpresa.
Magnus no respondió.
Love sonrió apenas.
—Pensé que hoy venías solo a romper cosas.
Volvió a Alex.
—Hola, cariño —dijo con tono suave—. Respira más despacio… así no te apagas antes de tiempo.
Alex la miró, confundido, todavía atrapado en el dolor y la adrenalina.
Love acercó la mano… pero sin tocar.
—Tranquilo… no voy a hacer nada raro —añadió—. Bueno… nada que no sea necesario.
Vlad rodó los ojos.
—Perfecto… otro problema más.
Woods seguía en silencio.
Observando.
Midiendo.
Angel también.
Pero no a Alex.
A Love.
Había algo en ella… algo que no encajaba del todo. No en su apariencia. No en su voz.
En su presencia.
Como si no estuviera completamente fija en el mundo. Como si una parte de ella… no perteneciera a ese lugar.
Love movió los dedos cerca de la pierna, como si leyera algo invisible en el aire.
—Presión correcta… flujo detenido… —murmuró—. Brutal… pero efectivo.
Se puso de pie con suavidad.
—Va a vivir —dijo—. Siempre y cuando no hagan algo estúpido en los próximos minutos.
Entonces miró a Angel.
Directo.
Sin rodeos.
Una sonrisa leve.
Curiosa.
—Y tú…
Pausa.
—Eres interesante.
El silencio volvió.
Pero esta vez no era tensión.
Era atención.
Woods fue el primero en incorporarse del todo.
Se apoyó en un bloque de concreto, respiró hondo y se sacudió el polvo de encima como pudo. Su mirada fue directo a Magnus… pero Magnus ya no estaba “con ellos”.
Caminaba.
Sin rumbo aparente.
Lento.
Observando.
Su espada gigantesca se arrastraba detrás, raspando el suelo con un sonido grave que no paraba. Cada paso dejaba pequeñas rupturas, fragmentos nuevos cayendo, como si el entorno no soportara su peso del todo.
Vlad también se puso de pie, tronándose el cuello.
—Genial… uno que rompe todo y otra que habla raro —murmuró.
Love sonrió sin mirarlo.
—Ay, qué rudo… pero te falta elegancia para que eso funcione.
Se giró apenas hacia ellos, pero su atención no estaba completamente ahí.
Estaba en Alex.
Sus manos se movían cerca de la pierna, sin tocar del todo. Como si manipulara algo invisible. Ajustando. Midiendo. Corrigiendo.
—Díganme algo —soltó, casi casual—. ¿De dónde salió ese chico?
Vlad frunció el ceño.
—¿Cuál?
Love levantó la mirada, directa hacia Angel.
—Ese.
Woods cruzó los brazos.
—No es asunto tuyo.
Love ladeó la cabeza, divertida.
—Oh, claro que lo es. Todo lo raro es asunto mío.
Volvió a Alex, ajustando un poco más el sellado.
—Además… no encaja —añadió—. Y lo que no encaja, me interesa.
Vlad suspiró.
—Apareció en medio del desastre, ayudó más que muchos y sigue de pie. ¿Qué más quieres?
Love sonrió apenas.
—Detalles.
Woods dudó un segundo.
—Es… complicado —dijo al final.
—Perfecto —respondió Love—. Me encantan las cosas complicadas.
Mientras hablaban, Alex empezó a calmarse. Su respiración se volvió más lenta. Más profunda.
Hasta que…
se apagó.
No de forma alarmante.
Simplemente… se durmió.
—Tranquilos —dijo Love sin que nadie preguntara—. El cuerpo no aguanta tanto sin desconectarse un rato.
Se levantó con suavidad.
—Sigue vivo. Bastante estable, de hecho.
—Es de Estados Unidos.
La voz de Angel cortó la conversación.
Todos lo miraron.
Él no dudó.
—Me trajeron a Rusia —continuó—. No en avión. No en transporte. Llegué por mi cuenta… caminando.
Vlad alzó una ceja.
—¿Caminando?
Angel ignoró la reacción.
—Los E.C.O… —hizo una pausa breve— tienen un efecto raro en mí.
Se subió ligeramente la manga.
Las marcas doradas estaban ahí.
No completamente activas.
Pero tampoco apagadas.
Como si respiraran bajo la piel.
Love se quedó completamente quieta.
Sus ojos se clavaron en los brazos de Angel.
Y luego…
en él.
Se acercó.
Un paso.
Luego otro.
Sin prisa.
—Mmm…
No tocó.
Pero observó.
Como si cada detalle le hablara.
—Reacción directa… pero no constante… —murmuró—. No es rechazo. Tampoco es afinidad pura.
Se inclinó apenas.
—Es… reconocimiento.
Angel no se movió.
—Interesante…
Love caminó a su alrededor lentamente, como si lo rodeara en un análisis silencioso.
—Llegaste solo… sobreviviste a eso… interactúas con E.C.O… y sigues en pie.
Pausa.
—Sin romperte.
Se detuvo frente a él.
Sus ojos subieron hasta encontrarse con los de Angel.
Y ahí se quedó.
Un segundo.
Dos.
Más.
Había algo en ese cruce.
Los ojos de Angel… no eran normales.
Eran demasiado claros en intención.
Demasiado firmes.
Incluso cubierto de polvo, con el rostro marcado por el combate… no se veía fuera de lugar.
Se veía… correcto.
Como si todo eso le perteneciera.
Love sonrió apenas.
Pero no como antes.
Esto era distinto.
Más suave.
Más curioso.
—Qué cara tan… bien hecha —murmuró, casi para sí misma.
Vlad rodó los ojos.
—Ya empezamos…
Love no le prestó atención.
Seguía mirando a Angel.
—Tus ojos… —añadió—. No miran como alguien que apenas está sobreviviendo.
Se inclinó un poco más.
—Miran como alguien que ya decidió quedarse.
Silencio.
El polvo se movía con el viento.
Magnus, a lo lejos, seguía caminando, rompiendo pequeñas estructuras sin intención aparente.
Love no apartó la mirada.
—Dime algo… —dijo finalmente.
Pausa.
Una leve inclinación de cabeza.
—¿Tú eres el protagonista de tu propia historia… o solo estás atrapado en la de alguien más?
La pregunta no sonó como una broma.
Sonó como algo que realmente quería saber.
Lejos de Rusia, demasiado lejos como para oír el estruendo… pero no lo suficiente como para escapar de lo que significaba, la base de TRUMAN en Japón se sentía vacía de una forma inquietante. No era calma. Era ausencia. Pasillos largos sin pasos, luces encendidas sin propósito, pantallas activas sin nadie mirándolas.
Jackie ya estaba listo.
No hubo ritual, ni despedida, ni un segundo de duda visible. Ajustó lo poco que llevaba encima, comprobó que todo estuviera en su sitio y simplemente empezó a avanzar hacia la salida, como si quedarse fuera lo único verdaderamente peligroso.
—No salgas… —la voz de Sarah tembló, suave, cargada de una preocupación casi infantil—. Por favor… quédate. Quizás ya está controlado, quizás—
—No —la cortó Jackie, sin siquiera mirarla al principio.
Se detuvo un segundo, apenas lo suficiente para girar el rostro.
—Si Rusia está así… entonces nadie lo tiene controlado.
Sarah apretó los labios, dando un paso más cerca, como si pudiera detenerlo solo con presencia.
—Pero están todos allá… TRUMAN, los equipos, los—
—Y Angel —añadió Jackie, ahora sí mirándola.
Eso bastó para que el silencio cayera entre los dos. No fue una discusión. Fue un punto final.
Cristobal intervino, colocándose frente a Jackie con una mezcla de frustración y lógica desesperada.
—Oye, bájale un segundo —dijo, levantando las manos—. Esto no es una misión cualquiera. No sabes qué hay allá, no sabes qué causó eso.
Jackie lo miró fijo, sin agresividad, pero sin ceder.
—Exacto. Por eso voy.
Cristobal negó con la cabeza, soltando aire por la nariz.
—Estás pensando como alguien que quiere lanzarse al fuego, no como alguien que quiere salir vivo.
Jackie dejó escapar una risa breve, seca.
—Perfecto. Entonces voy bien.
El sonido metálico interrumpió el momento antes de que la tensión explotara.
Clank… clank…
El pequeño cuerpo mecánico apareció desde un pasillo lateral, moviéndose con esa mezcla incómoda de precisión y despreocupación. El perro robótico levantó la cabeza al verlos, sus ojos artificiales fijándose en Jackie con una chispa casi burlona.
Park Tae Hyun no tardó en hablar.
—Mira nada más… el niñito héroe —escupió, con ese tono áspero que parecía disfrutar cada palabra—. ¿Te vas a hacer el salvador ahora?
Jackie no cambió la expresión.
—No. Voy porque quiero.
Park ladeó la cabeza, observándolo como si evaluara una pieza defectuosa.
—Peor todavía.
Comenzó a rodearlo despacio, como un depredador curioso más que amenazante.
—Allá afuera no hay estructura. No hay comando. No hay TRUMAN que te respalde —continuó—. Lo que pasó en Rusia no fue un incidente… fue una humillación.
Sarah bajó la mirada.
Park siguió, sin suavizar nada.
—Bases caídas. Protocolos inútiles. Nadie vio venir nada. —hizo una pausa breve—. ¿Y tú quieres meterte ahí por decisión propia?
Jackie no respondió.
—…Me gusta —añadió Park al final, con una risa corta—. Es estúpido. Pero me gusta.
Cristobal intervino otra vez, claramente irritado.
—¿Entonces lo vas a dejar ir así como así?
—¿Y qué quieres que haga? ¿Encerrarlo? —respondió Park sin mirarlo—. Si se quiere matar, que al menos lo haga con estilo.
Sarah negó de inmediato.
—No digas eso…
—Relájate —replicó Park—. No dije que va a morir.
Giró la cabeza hacia Jackie otra vez.
—Pero si vuelve… no va a ser el mismo.
Esa frase sí se quedó flotando.
Chaeun, que había permanecido callada todo ese tiempo, dio un paso al frente.
—Voy contigo.
Las miradas se movieron hacia ella.
Jackie la observó unos segundos.
—No tienes que hacerlo.
—No quiero hacerlo —respondió con calma—. Pero lo voy a hacer igual.
Se acercó un poco más.
—Si eso allá es tan grande como parece… uno solo no alcanza.
Cristobal dejó caer los brazos, frustrado.
—Esto ya se salió de control…
—Hace rato —dijo Chaeun.
Park soltó otro sonido mecánico, casi como una carcajada contenida.
—Qué lindo… equipo suicida.
Se giró, avanzando unos pasos como si estuviera aburrido, pero claramente escuchando todo.
—Aunque hay un pequeño detalle…
Nadie respondió, pero todos sabían que iba a hablar.
—¿Con qué se van a ir?
El silencio fue inmediato.
Park alzó ligeramente la cabeza, mirando el techo como si la respuesta estuviera escrita ahí.
—Porque, por si no lo han notado, esta base está vacía. No hay soldados. No hay transporte. No hay órdenes.
Sus ojos volvieron a ellos.
—Todos están en Rusia.
Jackie frunció el ceño apenas.
Park disfrutó ese pequeño cambio.
—Y no porque quieran ayudar —añadió—. Sino porque allá… todo se fue al carajo.
Nadie habló.
—Las bases en Rusia no “cayeron” —continuó—. Desaparecieron. No hay comunicación. No hay rastros claros. No hay nada que reorganizar.
Pausa.
—No hay nada.
Sarah se quedó completamente quieta.
Cristobal bajó la mirada.
Chaeun no reaccionó externamente.
Jackie respiró más lento.
Eso fue todo.
Park lo miró, atento a ese detalle mínimo.
—Así que… sin transporte, sin respaldo, sin plan —dijo—. ¿Cómo piensas cruzar medio mundo?
El silencio se alargó.
Y esta vez, Jackie no respondió de inmediato…
Pero cierta persona si.
Lejos de Rusia, demasiado lejos como para oír el estruendo… pero no lo suficiente como para escapar de lo que significaba, la base de TRUMAN en Japón se sentía vacía de una forma inquietante. No era calma. Era ausencia. Pasillos largos sin pasos, luces encendidas sin propósito, pantallas activas sin nadie mirándolas.
Jackie ya estaba listo.
No hubo ritual, ni despedida, ni un segundo de duda visible. Ajustó lo poco que llevaba encima, comprobó que todo estuviera en su sitio y simplemente empezó a avanzar hacia la salida, como si quedarse fuera lo único verdaderamente peligroso.
—No salgas… —la voz de Sarah tembló, suave, cargada de una preocupación casi infantil—. Por favor… quédate. Quizás ya está controlado, quizás—
—No —la cortó Jackie, sin siquiera mirarla al principio.
Se detuvo un segundo, apenas lo suficiente para girar el rostro.
—Si Rusia está así… entonces nadie lo tiene controlado.
Sarah apretó los labios, dando un paso más cerca, como si pudiera detenerlo solo con presencia.
—Pero están todos allá… TRUMAN, los equipos, los—
—Y Angel —añadió Jackie, ahora sí mirándola.
Eso bastó para que el silencio cayera entre los dos. No fue una discusión. Fue un punto final.
Cristobal intervino, colocándose frente a Jackie con una mezcla de frustración y lógica desesperada.
—Oye, bájale un segundo —dijo, levantando las manos—. Esto no es una misión cualquiera. No sabes qué hay allá, no sabes qué causó eso.
Jackie lo miró fijo, sin agresividad, pero sin ceder.
—Exacto. Por eso voy.
Cristobal negó con la cabeza, soltando aire por la nariz.
—Estás pensando como alguien que quiere lanzarse al fuego, no como alguien que quiere salir vivo.
Jackie dejó escapar una risa breve, seca.
—Perfecto. Entonces voy bien.
El sonido metálico interrumpió el momento antes de que la tensión explotara.
Clank… clank…
El pequeño cuerpo mecánico apareció desde un pasillo lateral, moviéndose con esa mezcla incómoda de precisión y despreocupación. El perro robótico levantó la cabeza al verlos, sus ojos artificiales fijándose en Jackie con una chispa casi burlona.
Park Tae Hyun no tardó en hablar.
—Mira nada más… el niñito héroe —escupió, con ese tono áspero que parecía disfrutar cada palabra—. ¿Te vas a hacer el salvador ahora?
Jackie no cambió la expresión.
—No. Voy porque quiero.
Park ladeó la cabeza, observándolo como si evaluara una pieza defectuosa.
—Peor todavía.
Comenzó a rodearlo despacio, como un depredador curioso más que amenazante.
—Allá afuera no hay estructura. No hay comando. No hay TRUMAN que te respalde —continuó—. Lo que pasó en Rusia no fue un incidente… fue una humillación.
Sarah bajó la mirada.
Park siguió, sin suavizar nada.
—Bases caídas. Protocolos inútiles. Nadie vio venir nada. —hizo una pausa breve—. ¿Y tú quieres meterte ahí por decisión propia?
Jackie no respondió.
—…Me gusta —añadió Park al final, con una risa corta—. Es estúpido. Pero me gusta.
Cristobal intervino otra vez, claramente irritado.
—¿Entonces lo vas a dejar ir así como así?
—¿Y qué quieres que haga? ¿Encerrarlo? —respondió Park sin mirarlo—. Si se quiere matar, que al menos lo haga con estilo.
Sarah negó de inmediato.
—No digas eso…
—Relájate —replicó Park—. No dije que va a morir.
Giró la cabeza hacia Jackie otra vez.
—Pero si vuelve… no va a ser el mismo.
Esa frase sí se quedó flotando.
Chaeun, que había permanecido callada todo ese tiempo, dio un paso al frente.
—Voy contigo.
Las miradas se movieron hacia ella.
Jackie la observó unos segundos.
—No tienes que hacerlo.
—No quiero hacerlo —respondió con calma—. Pero lo voy a hacer igual.
Se acercó un poco más.
—Si eso allá es tan grande como parece… uno solo no alcanza.
Cristobal dejó caer los brazos, frustrado.
—Esto ya se salió de control…
—Hace rato —dijo Chaeun.
Park soltó otro sonido mecánico, casi como una carcajada contenida.
—Qué lindo… equipo suicida.
Se giró, avanzando unos pasos como si estuviera aburrido, pero claramente escuchando todo.
—Aunque hay un pequeño detalle…
Nadie respondió, pero todos sabían que iba a hablar.
—¿Con qué se van a ir?
El silencio fue inmediato.
Park alzó ligeramente la cabeza, mirando el techo como si la respuesta estuviera escrita ahí.
—Porque, por si no lo han notado, esta base está vacía. No hay soldados. No hay transporte. No hay órdenes.
Sus ojos volvieron a ellos.
—Todos están en Rusia.
Jackie frunció el ceño apenas.
Park disfrutó ese pequeño cambio.
—Y no porque quieran ayudar —añadió—. Sino porque allá… todo se fue al carajo.
Nadie habló.
—Las bases en Rusia no “cayeron” —continuó—. Desaparecieron. No hay comunicación. No hay rastros claros. No hay nada que reorganizar.
Pausa.
—No hay nada.
Sarah se quedó completamente quieta.
Cristobal bajó la mirada.
Chaeun no reaccionó externamente.
Jackie respiró más lento.
Eso fue todo.
Park lo miró, atento a ese detalle mínimo.
—Así que… sin transporte, sin respaldo, sin plan —dijo—. ¿Cómo piensas cruzar medio mundo?
El silencio se alargó.
Y esta vez, Jackie no respondió de inmediato.
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