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El Circo entomológico delirante - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 desastre de gusanos
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25: desastre de gusanos 25: desastre de gusanos Tras un rato la pequeña dejó de escuchar gritos del anfitrión tratando de contar su verdad.

—¡Es mentira!

No se lo que ocurre arriba, solo lo que ocurre en el pozo.

¡No tuvimos nada que ver!

Este gritaba desesperado a alguien que se negaba a escuchar otra verdad que la verdad que había comprendido.

El rato de ambos juntos resultó en un forcejeo extenso pero habitual en el pozo y sobre todo en el circo.

—Da igual lo que digas que es verdad y lo que es mentira.

Si no puedes hacer que tu verdad sea la verdad para todos, eso demuestra que no eres un buen anfitrión.

Vociferó agotado Silas a la delgada figura temblorosa, fue entonces que Silas volteo el rostro para ver a la niña que observaba que habían terminado de hacer sus cosas.

—¿Aún estás aquí?

Preguntó Silas avanzando a donde estaba la pequeña.

—¿Qué piensas que podría hacer?

Respondió la pequeña con una pregunta.

A lo que Silas solo pudo apoyándose sobre los restos de un tocador con el espejo roto.

Este suspiro agotado del esfuerzo.

—Estaba comiendo.

¿Quieres?

Respondió la pequeña, a lo que sacó un trozo de pan mohoso.

—No he comido nada bueno hace rato… Dijo Silas levantando el pan con un leve gesto de agradecimiento.

Este dejó caer su cuerpo como un costal de papas junto a la niña.

—¿Está muerto?

Preguntó la niña a Silas.

—El anfitrión debería haber muerto hace rato, solo que nadie le dijo… muerto como el resto.

Respondió Silas en un tono seco.

—Ya veo.

Entonces vendrá alguien más a usar su lugar.

¿No?

Comentó la pequeña aceptando lo que ocurría siempre que alguien moría.

Mientras Silas se daba cuenta que no podía comer por la boca, ya que está no tenía para introducir nada.

Este maldijo la ironía de las cosas, comenzando a secretar líquido en su mano para disolver el pan mohoso.

—Es asqueroso.

Comentó la niña mirando a Silas.

—Pequeña, cuando tengas mi edad comprenderás que el mundo se rige en ese orden.

Cuando alguien muere es reemplazado, y así sucesivamente.

Nunca nada queda… en nada.

¿Entiendes?

La niña frunció sus ojos sin comprender a Silas en su divagación filosófica.

—Es asqueroso cómo comes, además huele a vomito.

Soy una niña grande, sé cómo funcionan las cosas.

Reprochó la pequeña, a lo que Silas miró el pan burbujeante en su palma.

—Bueno, no sabe a vómito pero nunca me he detenido a oler como huele esto.

De hecho tampoco sé como puedo olfatear o comer….

O incluso hablar.

Silas dudó un momento en lo que trataba de comprender cómo funcionaba cada cosa de su cuerpo y las cosas que le faltaban al ser ahora un gusano.

Desde atrás un gruñido húmedo acompañado de carne siendo masticada resonó.

Ambos se voltearon para ver qué desde la sombra algo se formaba, arrastrándose recogió el cuerpo tembloroso del anfitrión.

—Los payasos querían ocultarte de ellos, pero creo que ya sabían de ti desde mucho antes.

Dijo Silas viendo la amalgama de carne y huesos, recoger el resto que le faltaba.

—Ojalá cuando estén completos le digan que deje de ser un cabeza de pez luna.

Silas alzó la voz, deteniendo al Tullugal que parecía haber entendido lo que decía Silas.

Esto incómodo un poco a la pequeña pero depositó su fe en el último integrante del circo que quedaba.

—…¿Quién eres tú?…

Preguntó una multitud de sonidos que trataban de sonar como humanas.

—Soy Silas… digo.

¡El gusano!

Fenómeno payaso, que estará aquí listo para realizar su próximo acto que desafía toda lógica.

—…El espectáculo continuará… el acuerdo con los Hernández sigue en pie… pronto comenzará el próximo acto… Múltiples voces hicieron eco como una grotesca cacofonía, mientras la masa se arrastraba de regreso a la oscuridad.

—¡Desde luego!

Exclamó Silas, este se levantó para saltar sobre el tocador.

— No pareces… Hermano de Azai… Lástima que no estés en su lugar… Hablo con un poco más de coherencia, lo cual le causó gracia a Silas por la desdicha que Azai, el peor de sus hermanos fuera quien estuviera en el poder, mientras otros indicados y enseñados bajo la tutela de su abuelo terminaron como Yusuf.

Pero Silas pareció no importarle, encontrándose un poco para expresarse ante el Tullugal.

—¡Damas y caballeros!

Bienvenidos a este espectáculo, nosotros los fenómenos estamos listos para traerles una experiencia inolvidable.

¡Desearían nunca irse!

Hizo una reverencia teatral, despidiéndose.

La pequeña lo observaba, su comportamiento era raro.

Probablemente porque había perdido el juicio, pero al no tener nada, era mejor seguir a un loco.

—¡Desearan nunca haber entrado!

Añadió la pequeña con júbilo, provocando la risa de Silas con su máscara, el dúo estaba listo para preparar a los fenómenos para los próximos espectáculos que les aguardaba por el resto de sus vidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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