El Circo entomológico deliranteII - Capítulo 33
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33: Payasos castigados 33: Payasos castigados Silas miraba el piso, nunca pensó que lo que había apostado el idiota del carroñero con el anfitrión había sido más pesado de lo que podría haber implicado.
Le hacía pensar, fue un orgullo arcano que desbordaba en aquellas cabezas huecas o fue solo que su corazón opaco aquellas mentes y le decía que el gusano no le había traicionado.
Que solo debía esperar un poco más, que aquella desgracia de hombre y fracaso de monstruo se había perdido y caído en sueños luego de haber perdido el juicio como la conciencia por tanto tiempo.
El gusano alzó su mirada, la luz iluminaba su máscara, ésta pesaba al igual que todo su cuerpo pero por sobre todo su corazón que había sido desgarrado ante la pérdida, alzó su brazo con fuerza, moviéndolo con gracia, seguido del siguiente.
Se agachó como un títere roto, sobre él pasaron cadenas llameantes, escuchando de fondo el sonido amortiguado de una emoción sin valor alguno.
Dobló su cuerpo para esquivar la siguiente tanda de golpes frontales consecutivos que lanzaban chispas como un tornado que fascinaba a todos.
Por su parte no entendía el sentido de aquella emoción.
Un nuevo movimiento se produjo en su cuerpo, esta vez la cadena pasó de forma transversal, hiriendo a un payaso que corrió por el escenario en llamas, dando alivio cómico al público dentro del espectáculo de destreza de aquel bufón enmascarado.
Tres cadenas cayeron desde lo alto y cuatro más rodaron en su dirección, por lo que corrió hacia estás logrando evitar la última para impulsarse y llegar hasta el otro extremo antes que la cadenas impidieran que su paso estuviera bloqueado.
—Maravilloso… Maravilloso… Dijo el maestre fumando un puro ante la demostración de habilidad que le permitía consumir más vida.
—¿Desde cuándo lo amas?
Además no entiendo la necesidad de andar diciendo que yo hago apuestas para matar insectos.
Sabes que no me interesan.
Crítico el anfitrión, este mostraba su rostro consumido por la furia al ver a aquella plaga recuperar la gloria que se había olvidado luego de aquellos años.
—Debes entender que es para dar mejores resultados, solo mira lo destruido que está.
Exclamó el maestre señalando al gusano para luego reírse de él.
—Además somos el mismo ser, esa basura ya se fue pensando que nos debía.
Pero nunca volverá, en cambio tenemos al gusano que hace más y sufre más.
¿No es hermoso?
Respondió el maestre, conservando su puro.
Pero su expresión sonriente se torció a una mueca de desaprueba notoria.
—¿Y qué hay de mi?
¿Acaso no importa lo que sienta o que ese gusano sea una molestia para mí?
Gruñó preguntando el anfitrión, esto hizo que el maestre diera un resoplido arrojándose el humo del puro en la cara.
—Escucha bien.
Tu idea no funcionó, mi idea de destruir paso a paso a estas alimañas nos ha dado más que trabajar con la plaga de afuera… Además si no era él el que sufriera.
¿Acaso yo podría haberte hecho que tú usarás ese lugar?
El maestre dijo amenazante, el anfitrión sabía muy bien, el Tullugal había sufrido por su ineptitud y lo que hacía el maestre era recuperarse.
Si el no coopera a su ser, podría ser el siguiente en desaparecer.
O ser restringido de manera tan terrible.
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