EL CONQUISTADOR - Capítulo 182
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Capítulo 182: 180 GARY THORNE
Al final del día, Elira eligió especializarse en mecánica, mientras que Maelis escogió la rama de astronomía, así la vida cotidiana de las amigas cambió radicalmente, ahora pasaban la mayor parte de su tiempo estudiando en la torre de observación.
Elira se tomó muy en serio las palabras de Antonio, y lo siguió a todas partes, mientras le hacía un sin número de preguntas, lo que le causó un pequeño dolor de cabeza a este último, para poder responder todas las dudas que Elira le planteaba, en serio tuvo que estudiar mecánica con Roger.
Los días pasaron y la relación de los dos parecía estrecharse, lo que le causaba un dolor de cabeza al sexto príncipe, quien ahora no tenía poder sobre Elira, entonces temía que Elira concretara su relación con Antonio, y que esto no le propiciara ningún beneficio.
Podría intentar por la fuerza lograr que Elira se retirara de la NASA, pero esto solo le traería problemas, había oído de familias enteras de nobles que se desaparecieron solo porque ofendieron a la NASA, demasiado a fondo.
Hasta que llegó un día, el equipo que mandó a investigar a Antonio le trajo una gran noticia: Antonio es un miembro principal de la casa Valerius, del imperio Liberty, a sus manos le llegó una carta que probaba la relación directa de Abel Valerius, cabeza de la casa Valerius.
Según esta carta, Antonio es sobrino de uno de los hombres más importantes del mundo, y no solo eso, es el único hijo de su hermano menor muerto en un accidente, entonces en su mente, no es de extrañar que Antonio ocupe un puesto tan importante en la torre de observación a tan corta edad, debió entrar por influencia y fue enviado a Green City para calmar un poco la controversia. Este era el monólogo interno del sexto príncipe.
Entonces, en ese momento se le había presentado una oportunidad sin precedentes. Si conseguía la ayuda de la Casa Valerius, ocupar el trono real sería mucho más sencillo.
Sin más demora, el sexto príncipe se dirigió a la torre de observación. Al llegar, solicitó una reunión con Antonio y finalmente lo encontró en una sala privada.
Antonio no se sorprendió por la visita.
Era exactamente el tipo de movimiento que había estado esperando.
Con total naturalidad, adoptó una actitud educada.
—Encantado de conocerlo, Su Alteza Gary Thorne, sexto príncipe del Reino Antares. ¿Se podría saber el motivo de su visita?
—Es un gusto conocerte, Antonio —Gary asintió con expresión seria, cuidando no mostrarse servil pese a la naturaleza de su visita.
—Sentémonos y hablemos. Esta es una nueva bebida llamada cerveza; empezó a popularizarse en Liberty City. Hace poco me enviaron algunos barriles. Pruébela, estoy seguro de que le agradará.
Antonio sirvió un vaso y lo deslizó suavemente hacia él.
Gary lo tomó sin dejar de pensar en cómo abordar el tema. Bebió un sorbo… y, por un instante, no pudo ocultar su sorpresa.
Antonio notó el cambio en su expresión y sonrió levemente.
—Si le gusta, puedo enviarle un barril a su residencia.
—Entonces no seré descortés y lo aceptaré —respondió Gary con calma.
Dio otro sorbo, esta vez más pausado. Sabía que no podía seguir posponiéndolo.
—El motivo de mi visita… tiene que ver con ciertos rumores sobre mi hermana menor. Como su hermano, no puedo ignorarlos.
Antonio alzó ligeramente las cejas, mostrando una sorpresa medida.
—¿Rumores sobre Elira?… —hizo una breve pausa—. ¿Sobre la princesa Elira?
—He escuchado que mantiene una relación… inusual con alguien de esta torre.
Gary fijó la mirada en él.
—Específicamente, con usted, señor Antonio.
—Prefiero no basarme en rumores infundados. Por eso he venido a confirmarlo personalmente.
—Si Su Alteza ha venido en persona, imagino que la princesa es alguien muy importante para usted.
Su postura relajada cambió sutilmente. Esta vez sostuvo la mirada de Gary sin titubear.
—En cuanto a los rumores… puedo decirle que siento una sincera admiración por la princesa Elira.
Hizo una breve pausa.
—Y, por lo que he podido notar, ella también me tiene en alta estima.
—Sin embargo, nuestra relación no va más allá de la de profesor y aprendiz.
Sus palabras eran tranquilas… pero firmes.
Esta vez, no había mentira en ellas.
En los días anteriores, Antonio había llegado a admirar a Elira.
La claridad en su mirada, la forma directa en que cuestionaba todo…
Poco a poco, había descubierto a una joven de corazón puro y voluntad inquebrantable.
Precisamente por eso… se había contenido.
Podría haber acortado la distancia entre ellos mucho más.
Pero sabía que lo que estaba por hacer… sería mucho más cruel si ella se acercaba demasiado.
La cercanía actual… era suficiente.
Más que suficiente para cumplir su misión.
Al escuchar las palabras de Antonio, Gary se regocijó secretamente.
Al hacer que Antonio admita lo que siente, se ubicó en el lado ganador de esta conversación, pero todavía no debería mostrarse muy feliz, llegó la hora de presionar de verdad.
—Sepa usted que admiro mucho a todos aquellos miembros de la NASA. Todos son personas muy inteligentes y están haciendo un bien para este mundo, pero…
Gary hizo una pausa para que la tensión suba un poco.
—Mi pequeña Elira es el tesoro de esta nación, tal vez suene duro lo que diré, pero es la verdad. La persona que se case con Elira no puede ser una persona normal, aunque usted ostenta un importante cargo en la NASA, pero le digo, no puede darle la vida que ella se merece.
Antonio actuó en consecuencia a las palabras de Gary, frunciendo el ceño, miró a este último con “enojo” en su rostro.
—¿Está usted diciendo que no soy lo suficientemente bueno para Elira? —Antonio sabía que Gary lo estaba forzando a revelar su identidad, pero esa también era su meta, por lo que le siguió el juego.
—Es exactamente lo que quiero decir, para serle sincero, hace unas semanas llegó una propuesta de matrimonio por parte del duque de Silverpine, quiere que casemos a Elira con su nieto y heredero, para serle sincero estoy pensando seriamente en aceptar esa propuesta de matrimonio.
Antonio está seguro de que dicha propuesta no existe, pero le dio una excusa perfecta para mostrar un defecto, por lo tanto su rostro se tornó pálido y preguntó en un tono algo inseguro:
—¿Y si yo tuviera un estatus no menor al del nieto de dicho duque?
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