El Demonio más Poderoso de la Zona Este - Capítulo 24
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Capítulo 24: El Trato II
Yaal escuchó los gritos de sorpresa que venían de afuera de la caverna.
Así que, desapareciendo en un rayo de luz en tan solo unos segundos bajo las narices del mesero, decidió hacerse cargo de lo que pasaba, especialmente desde que su sistema le envió severas advertencias y porque sentía una fluctuación anormal de maná. Quería encontrar al causante de que su sistema está en alerta y de esa intención asesina intimidante.
Reapareció en un rayo de luz en el instante en que Rej, el joven de pelo rizado, quien estaba junto al temblante dueño del lugar, se había acercado a un cuerpo ensangrentado tirado en el piso.
La mano derecha de Rej se acercó con el objetivo de ayudar al cuerpo de la mujer herida que apareció de la nada. Pero Yaal podia sentir y ver cosas que los demas no podian, al ser un Cazador, podia observar la anormal fluctuación de mana que flotaba agresivamente alrededor del cuerpo de la mujer de negro, que fluia agresivamente. Alertado por el estado del cuerpo extraño, Yaal grito.
“¡No la toques!” Y en un parpadeo, con su velocidad cubierta de rayos azules estáticos, tomó el cuerpo de la mujer en brazos y decidió alejarse rápidamente del lugar.
Sí Rej la tocaba o si ambos civiles pasarán más tiempo cerca del cuerpo de la mujer, podrían entrar en un estado de contaminación de maná severo, lo cual, para la gente normal, era peor que una enfermedad mortal.
Corriendo con el cuerpo en sus brazos, a una velocidad casi invisible para muchos, causando olas de viento inesperadas de un lado a otro, Yaal observó el rostro dolorido y ensangrentado de la mujer, era una Elfa Oscura, y bajo los ojos experimentados de Yaal, la sangre con la que estaba cubierta, parecía, en su mayoría, no pertenecer a la mujer.
“Extraño… Entonces, ¿la intención asesina y la fluctuación de maná anormal vinieron de ella? ¿Quién es exactamente?” Se preguntó.
Yaal logró alejarse lo suficiente de las personas, llegando a un pequeño prado aislado de cualquier rastro de personas cerca. Pero por precaución, ya que no sabía el pasado de la persona problemática que traía, decidió permanecer oculto detrás de algunos árboles.
Ahora que los civiles estaban alejados del problema, él tenía que resolverlo.
Teniendo experiencia previa tratando con personas con maná inestable, colocó su mano en el pecho de la mujer, utilizando su mano como conducto para que su maná llegue desde su corazón hasta las venas de maná de la elfa. Su maná se transportaba como un río agresivo en sus venas de maná, calmando a la fuerza la fluctuación de maná que flotaba con locura.
Ella estaba muy cerca de pasar por una contaminación de maná causada por su propio maná, de no ser porque Yaal transmitía su propio maná desde su núcleo hacia las venas de maná de la elfa, el destino de ella había sido fatídico.
Al fin lograr estabilizar el maná de la elfa, Yaal suspiro, cayó en una rodilla y se sostuvo del árbol para poder pararse.
Tiene un maná fuerte, ¿Que tan poderosa es?
Dio un vistazo hacia la mujer inconsciente en un estado miserable y cubierta de sangre seca, su apariencia causó que Yaal suelte un suspiro, seguido de un quejido de dolor.
Realmente quería irme, pero… Ya empecé a ayudarla, así que, tengo que terminar.
Poniéndose de pie con dificultad, la volvió a tomar en brazos, tambaleándose un poco en el proceso, y otra vez desapareció en un rayo de luz.
Utilizando la última gota de maná que le quedaba, con las manos apoyados sobre sus temblantes rodillas y con el rostro pálido, casi moribundo, Yaal extendió una bolsa llena de monedas al dueño de una posada, quien con un rostro lleno de preocupación, ofreció de inmediato dos llaves para las habitaciones de los dos de forma gratuita.
…
El calor del sol impregnado en su rostro iba aumentando, mientras los pequeños rayos de luz atravesaban sus largas pestañas y una ligera brisa sin claro origen hacía revolotear los pequeños mechones de cabello de su frente.
Entonces, sin previo aviso, sus cejas blancas fruncieron el ceño, pues los recuerdos de un ataque anterior, de hombres que utilizaron un veneno extraño, pasaban fragmentados pero molestos en su mente.
Después, unos recuerdos más viejos, de la figura de un hombre alto con el cabello claro comenzaron a aparecer de forma casi traslúcida. El tono de voz del hombre sonó enojado y poderoso.
Mientras ella solo tenía visión de su ancha espalda, se sentía furiosa, observando y oyendo las palabras olvidadas llenas de furia que el hombre alto decía a su padre, pero no podía hacer nada, porque pronto la imagen desapareció.
Pero la ira permaneció al mismo tiempo que oía los gritos de fantasmas vociferando su nombre, esfumándose lentamente en la oscuridad de su memoria.
“… nes… anges… Agnes… ¡AGNES!”
Entonces, se despertó. La agitación en su corazón movió un miedo olvidado en sus venas, su respiración se volvió rápida y sudor frío corría por su frente y espalda.
Después de mucho tiempo sin haber soñado algo así, su mente se volvió un campo de confusión y miedo. Pero a medida que iba olvidándose de las sensaciones vividas de su sueño, comenzó a observar su entorno con cuidado.
Sus ojos recorrieron la habitación y su estado, junto a su ropa completamente nueva, un pijama. Al analizar con cuidado el lugar, concluyó que estaba en la habitación de una posada.
Pero no sabía cómo llegó ni quien la había puesto ahí. Así que, completamente despierta, se levantó rápidamente de su lugar, pero al hacerlo, sus piernas le jugaron en contra y se desplomó en el suelo, soltando un quejido silencioso.
Está bien, analicemos la situación, pensó.
Primero, estoy en este lugar, en este estado, después de que los idiotas de anoche me atacaran con un veneno extraño solo porque perseguí a su señor. Teniendo en cuenta todo eso, alguien debió ayudarme en mi huida, y… detuvo mi colapsó por una contaminación de maná autoinfligida con su propio poder.
¿Quién en el mundo haría eso? Con la cantidad de maná que es necesaria para estabilizar ese estado…
De pronto, se escuchó un sonido proveniente de la puerta. Alguien giraba una llave por el cerrojo con lentitud, luego comenzó a mover la perilla y la puerta se empezó a abrir con un chirrido momentáneo.
Moviéndose por sus instintos, Agnes ignoró la debilidad de sus piernas, y se colocó atrás de la puerta en un instante, tomando un peine de madera fino que estaba en un tocador para romperlo en silencio, armándose en segundos.
Mientras tanto, el espacio entre la pared y la puerta se hacía cada vez más grande, alumbrando más la habitación cuya tenue iluminación provenía de la ventana.
El cansado Yaal, y la atenta Agnes, cada uno por su propio lado de la puerta, detectaron la sombra de una persona del lado contrario, y como si una pequeña alarma se activará, movidos por sus instintos, ambos decidieron atacar.
Ambos no tenían maná suficiente en sus cuerpos. Cansados pero atentos, se movieron con la mayor agilidad posible y en tan solo unos segundos Agnes había derribado a Yaal.
Yaal estaba más débil que Agnes, pues dreno casi la última gota de maná que le quedaba para estabilizar su estado. Así que, cuando Yaal quiso atacar con un golpe movido por su instinto, Agnes respondió tomando su brazo y haciendo una llave con este hasta dejarlo en el piso, donde se subió arriba suyo y clavó una esquina del lado afilado del peine roto al cuello de Yaal.
Sus respiraciones se agitaron por sus acciones. Sudor cayó de la frente del Yaal, que al esforzarse como pudo, terminó en el piso, sintiendo como algo afilado aplicaba más fuerza a su cuello, al mismo tiempo que la persona sobre él lo retenía.
Sus pechos subían y bajaban con ansiedad. Al recuperar sus sentidos, Yaal observó atentamente a la persona arriba suyo, que lo miraba con ojos feroces y precavidos.
“Eres tú… Veo que despertaste. ¿Cómo te sientes?” Decidió decir eso al ver el estado de su situación.
En respuesta, Agnes se mostró más precavida, apretando más el peine en una vena vital de Yaal hasta que unas gotas de sangre comenzaron a deslizarse por su cuello, cayendo al piso.
“¿Quién eres tú?” Preguntó Agnes con un tono furioso.
Yaal no podía hablar, pues su cuello era cada vez más presionado. Un movimiento de su mandíbula, y el filo atravesaría su garganta.
Algo en los ojos de Agnes pareció hacerla cambiar de opinión, al ver el estado del hombre bajo suyo, volvió a repasar sus palabras en su cabeza. Parecía que no estaba totalmente bien tras despertar, no solo estaba débil, también aturdida. Pero para ella, era una suerte que conservará sus instintos incluso después de casi quedarse sin maná.
Apartó el peine roto y se levantó, no sin mantener una distancia segura del hombre. Yaal se levantó lentamente, llevó su mano a su cuello y lo sobo con un rostro adolorido.
“¿Quien eres?” Volvió a preguntar Agnes. “Tú… ¿me salvaste?”
Yaal tosio con su mano aun en su cuello. “Sí.” Dijo con la voz ronca, mientras se levantaba lentamente y se aguantaba otra tos.
“¿Por qué?” Preguntó Agnes, viéndolo con la mirada desorbitada.
“¿Preguntas por qué? ¿Por qué… no lo haría? Estabas asi y- ¡Coagh! “ Volvió a toser.
Agnes quedó callada, luego observó su cuello, la herida sangrienta se había extendido y las gotas pasaron del cuello de la camisa de Yaal hasta su hombro.
“Lo siento… “
“Por lo menos lo sientes. Conozco a alguien que no se disculparía por esta clase de cosas… “ Volvió a pararse adecuadamente, extendiendo su mano derecha a Agnes. “Soy Yaal. De nada por salvarte. Me lo debes, ¿eh?”
Quiso bromear, pero los ojos de Agnes se pusieron rojos, y antes de que el preocupado Yaal pudiera decir algo, Agnes se arrodillo en el suelo, llevando su cabeza a la altura de sus rodillas y extendiendo sus palmas hasta quedar frente a su cabeza gacha.
“Eh, ¿qué haces?”
“Lo siento mucho. Le hice daño a mi salvador. Yo, Agnes Moonchild, de la tribu de Elfos Oscuros del Clan de la Luna Azul, te debo mi vida.”
Los ojos de Yaal se abrieron como nunca, completamente confundido, quiso levantar a Agnes del suelo.
“Espera, espera. ¿Deberme tú vida? ¿No es eso exagerado? Levántate por favor.”
Sin embargo, Agnes forcejeo y bajó más en su reverencia.
“Por favor, eres mi salvador. Me salvaste de la muerte, usando tu propia maná.”
“Bueno solo era una fluctuación de maná anormal, no te causaría la muerte, era una elfa, si fueras civil- “
“Casi paso por una contaminación de maná autoinflingida que dañaría gravemente mis venas de maná. Para los seres mágicos, eso es considerado tan grave como la muerte. Eres mi salvador.”
Un silencio incómodo quedó en la habitación. Yaal no sabia que decir, se rasco el cuello y en un intento de calmar el estado dramático de Agnes, hablo.
“Entonces… ¿Por qué estabas asi ayer? De no ser porque sentí tu intención asesina cerca ese día, que por cierto era enorme, a qué te dedicas, ¿eres asesina?” Cambio de tema al final.
Agnes levantó la cabeza rápidamente, miró a Yaal, que también se sorprendió, con los ojos abiertos.
“Yo… Fui atacada ese día.”
“Ya veo. Pero a juzgar por la sangre que llevabas, ganaste, ¿no?”
Agnes asintió, pero luego, echó un vistazo a su ropa y levantó la cabeza hacia Yaal.
“Tú… “
Como entendiendo, Yaal se apresuró. “La esposa del casero te baño y cambio, ¡no me mires así!” Agnes suspiro, y para tranquilizarla más, agregó. “También le page para que no diga nada por la sangre, no te preocupes, eh… ¿todo resuelto?”
Agnes asintió. El silencio incómodo volvió.
“Puedes sentarte, ¿sabe? Levántate.”
“Sí… “ Se levantó, no sin antes hacer otra reverencia.
Agnes se sentó en la cama y Yaal arrastró una silla para sentarse frente a ella.
“Entonces, dime. ¿Qué pasó realmente?”
Agnes levantó la mirada, observó al hombre con ojos verdes claros, que brillaron al estar en contacto con la luz del sol que venía de la ventana junto a ella. Los ojos de Yaal lucian cansados, la sangre de su cuello ya se habia secado, y su ceballo negro brillo castaño con luz mientras mostraba una sonrisa amable.
¿Cómo un hombre tan amable puede encontrarse a una persona tan horrible como yo?
Agnes quería hablar, pero las palabras se trancaron en su garganta. Pasó un tiempo, antes de que la primera oración pasara por su boca.
Yaal escuchó atentamente, volviéndose serio en segundos.
Agnes había contado, omitiendo algunos detalles, su travesía de los últimos años. Un monstruo eliminó a su familia, y desapareció como si nunca hubiera existido.
Narro el día, omitiendo lo más importante, pues no quería involucrar más a su salvador. Viene de una familia de asesinos, y ese día, antes de ir a una misión, escuchó y vio de lejos a un hombre que vino después de una misión de su padre, pero ella no se quedó más tiempo, se fue a su misión y cuando volvió, todo su tribu había sido pedazada.
Jurando venganza, vagó por años en distintos lugares para encontrar al hombre. Encontrando muchos con rasgos similares, pero nunca al correcto.
El día anterior, fue tras uno con una apariencia similar a la de su memoria, pero fue atacada por los guardaespaldas del mismo. Fue agarrada desprevenida con un veneno anormal que la convirtió en un desastre andante, pero no se fue sin antes encargarse de los hombres.
No pudo encargarse de su señor, pues mientras los guardaespaldas compraban tiempo, huyó. Pero por la poca interacción que tuvieron, estaba segura que no él.
Al escuchar, Yaal ofreció ayudar, dejando a Agnes más sorprendida.
Pero ella lo rechazó, y a pesar de su insistencia, no contó el resto de los detalles, ni cómo se veía el hombre. Al final, Agnes pidió ayuda.
Había usado el último de sus recursos, y no podía seguir robandolos, porque carteles con su rostro, con apariencia casi similar, ya empezaron a correr por los lugares que frecuentaba.
Los ojos de Yaal se iluminaron.
“¿Qué tal esto?” Pregunto. “Tú haces algo por mí y yo te ayudo. Dijiste me debes tu vida, así que, no te arrepientas después.”
Agnes estaba lista para luchar o poner en riesgo su vida con lo que sea que Yaal piedra, pero lo que pasó después la sorprendió.
“Tú ayudas a mi hermana y yo te ayudo a encontrar a ese tipo. Te ayudaré con todo lo que puedas. Te daré lo que quieras, movilizare al Gremio del que soy Vice Maestro para que te ayude si es necesario. Cuando llegue el momento, ¡dimelo y yo te ayudaré!”
Los ojos de Agnes se llenaron de lágrimas que pronto corrieron de sus mejillas hasta el suelo. ¿Cómo puede existir en el mundo alguien tan amable?
“Eres muy amable… “
“Hey, no llores. Y… no soy amable. Cálmate, ¿sí?”
No, nadie las haría. ¿Cómo puede existir alguien tan amable, que al mismo tiempo, no sepa que lo es?
Los días entonces pasaron. Agnes se había convertido en niñera. Al principio, no sabia que hacer, pues en lo más profundo de su interior, los niños le recordaban el desastre de su pasado.
Pero con el tiempo, mientras más tiempo pasaba con Aurora, más cálido su corazón se sentía. Los días con los hermanos y la pequeña, la llenaron de luz. Así que hizo un juramento. No involucraría a esa gente tan especial en su horrible vida, en su horrible venganza.
Agnes quería hacer lo peor, quería hacer sufrir al hombre que le quitó lo que más amaba. Pero un hombre amable le dio esperanzas, le ayudó a volver a sentir el amor, un amor que no debía sentir. Porque ella era un monstruo.
De esa forma, Agnes se la pasaba de aquí y allá para encontrar al objetivo de su venganza. Con poca información, pero con mucha ayuda de Yaal, iba todas las noches a lugares específicos para encontrar a personas que coincidieran con la persona en sus recuerdos. Y pese a que nada pasaba. Decidió cerrarse.
Su codicia le arrebató lo que más amaba en el pasado, no dejaría que la historia se repitiera. Entonces, decidió esperar, pero cuando más cerca estaba de rendirse, y vivir con la calidez de su corazón, el monstruo apareció.
La venganza era la respuesta. Para ella y para su salvador. Ambos sufrían por el monstruo. Entonces, había que ponerle bien.
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