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El desconocido detrás de mi orgasmo - Capítulo 89

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Capítulo 89: Espía interno

Abigail

Quinientos mil dólares.

Me froté los ojos de forma dramática, mirando la pantalla con la boca abierta, sin poder creerlo. Levanté la vista hacia Gina Wolfe y luego la volví a bajar a la pantalla. Ahora sí que estaba jodidamente segura de que era una trampa. Ni el diablo me sobornaría con tanto.

—¿Qué es esto, algún chanchullo de blanqueo de capitales?

La anciana resopló con fastidio, apretando los labios en una fina línea. —Lo único que necesito es que me mantengas informada de la agenda de mi hijo. Sus reuniones, sus planes de viaje. No te pido nada extraordinario. Una madre simplemente desea estar conectada con la vida de su hijo.

Mi cara se arrugó en una mueca de cínica confusión casi al instante. Esa tenía que ser la mayor sarta de gilipolleces que se había dicho jamás.

—Qué conmovedor —dije, con una sonrisa burlona en los labios—. Puedo sentir totalmente la preocupación maternal, es muy conmovedor.

Sus ojos verdes se entrecerraron hasta convertirse en dos rendijas y, joder, era una mierda lo mucho que se parecía a Finnegan. —Estoy dispuesta a ser generosa, si ese es el problema…

—Quinientos mil dólares es muy generoso —asentí amablemente—. Para una espía.

—¿Perdona?

—Quiere que informe de los movimientos de mi jefe a un tercero. —Ladeé la cabeza, echándome el pelo por detrás del hombro—. Eso es espiar, Sra. Wolfe. Lo ha adornado muy bien, pero, al pan, pan y al vino, vino.

—Soy su madre —espetó, dando unos pasos hacia delante hasta quedar a escasos centímetros de mí.

Había una vena en su frente que palpitaba con cada palabra que decía. Debía de ser por ese moño ridículamente apretado que se había hecho. —Tengo todo el derecho a…

—¿A qué? —pregunté, ahora con auténtica curiosidad, porque aquello no tenía sentido. Era su madre. Una mujer como Gina Wolfe no organizaba un extraño encuentro en un aparcamiento solo porque quisiera saber si su hijo tenía cita con el dentista el jueves.

Tenía su número. No necesitaba una espía para eso.

Necesitaba una espía para algo completamente distinto. Esto era una trampa de principiante y, después de haber salido por los pelos de una con Alicia —tenía los moratones que se me estaban formando en la cara como prueba—, no tenía tiempo para estas tonterías.

—Sra. Wolfe… —Arrugó la cara al oír mis palabras, pero no le di importancia—. Si quisiera saber las citas de su hijo, lo llamaría. Supongo que nunca ha tenido problemas para captar su atención. —Hice una pausa, inclinándome hacia delante, con una amplia sonrisa en los labios.

La mujer parecía que iba a desmayarse, ya fuera de rabia o por tenerme demasiado cerca. Menuda esnob. —¿Y qué es exactamente lo que necesita saber que no puede, simplemente, preguntárselo a él?

—Mi hijo es un hombre reservado.

—Exacto, señora —dije, devolviéndole el teléfono—. Lo que me hace preguntarme por qué su propia madre necesita pagarle a alguien para que lo vigile.

El Sr. Bigote Rizado arrastró los pies detrás de su jefa, mirando con nerviosismo por todo el aparcamiento. Los ojos de Gina se volvieron gélidos.

Su voz bajó a un tono gélido. —Le estoy ofreciendo una suma de dinero considerable por algo que requiere muy poco esfuerzo por su parte. Le sugiero encarecidamente que lo considere.

—Ni en un millón de años. Mi lealtad es para el Sr. Wolfe. —Recogí mi bolso del techo del coche, donde lo había dejado—. Él me paga el sueldo. Él me contrató. Si quiere saber la agenda de su hijo, coja ese telefonito y llámelo. —Desbloqueé el coche, abrí la puerta de un tirón y la miré por encima de esta—. Quizá quiera dar un paso atrás, Sra. Wolfe. Odiaría golpearla por accidente al salir.

Su boca se afinó hasta formar una línea tan recta que podría haber sido dibujada con una regla.

Sin decir una palabra más, se dio la vuelta para marcharse mientras su guardaespaldas, o novio, o lo que demonios fuera, la conducía a un elegante vehículo negro a pocos metros de distancia. Los vi alejarse y me apoyé en la puerta del coche, con el ceño fruncido por la confusión.

¿Por qué necesitaba Gina Wolfe una espía infiltrada para vigilar a su propio hijo? ¿Era algo que había empezado conmigo, o ya lo había estado espiando a través de sus anteriores asistentes?

No encontraba una respuesta y no creía que Finnegan fuera a creerme si le decía que su madre me había sobornado para que lo espiara.

Tras un largo viaje de vuelta, llegué a casa y me encontré a Annette jugando a un juego de baile en el salón. La música atronaba por los altavoces mientras ella saltaba y brincaba. Dejé el bolso en el sofá y me fui directa a la nevera a buscar una bolsa de hielo para la cara.

—¡Toma ya! —gritó ella cuando terminó el juego.

—Relájate un poco, Michaela Jackson —bromeé.

—Para ti soy Bruno Martha, tía… ¿QUÉ… TE HA PASADO… EN LA CARA? —Se quedó boquiabierta mientras corría alrededor del sofá para alcanzarme.

—Drake le ha pasado a mi cara —refunfuñé.

Los ojos de Annette centellearon de ira. Me agarró la barbilla y me giró la cara hacia la luz. —¿Pero qué coño? ¿Te ha pegado?

—Fue más bien un tortazo, la pared hizo la mayor parte del trabajo por él.

Oh, mierda. ¿Quizá era un poco pronto para hacer bromas al respecto? La cara de Annette se puso tan roja que pensé que iba a evolucionar en el puto pájaro de Angry Birds o algo así.

—¡Ese llorica capullo de mierda! —chilló Annie, dirigiéndome hacia la encimera de la cocina mientras me arrebataba la bolsa de hielo de las manos—. Siéntate. No te muevas. ¡Te juro por Dios que cuando acabe con él, deseará no haber nacido!

—Lo han detenido, Annie.

Dio un chillido de alegría. —¡A eso me refiero! ¿En serio?

—Sip… ¡Ay! ¡Ten cuidado con la bolsa de hielo!

—Es que estoy tan jodidamente feliz. Oh, ya sé —dijo, y chasqueó los dedos—. ¡Vamos a contárselo a sus millones de seguidores!

Silbó, yendo bailando hasta el dormitorio a por su portátil. Me eché a reír al verla, pero me detuve a medio camino cuando sonó mi teléfono. Saqué el aparato y fruncí el ceño al ver el identificador de llamada. Raymond Cole. ¡¿Habría encontrado algo sobre mis padres?!

—Abigail, tenemos que vernos, es urgente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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