EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 35
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35: El Ritual del Guardian de la Memoria 35: El Ritual del Guardian de la Memoria Capítulo 37: El Ritual del Guardian de la Memoria Los preparativos para el ritual duraron tres días.
Finn y los sacerdotes de la Ciudad de las Estrellas trabajaron juntos para crear un círculo sagrado que conectara todos los puntos de poder del reino, permitiendo que la memoria de Long Quốc fluyera hacia Theo en un solo flujo.
Mientras tanto, el grupo se dedicó a recolectar objetos que representaran cada época del reino: una semilla del árbol de la vida que había crecido en la prueba de Bren, una botella con aguas del Lago Cristalino, una pluma de ave que había volado sobre la Ciudad de las Estrellas, una brasa del Fuego Sagrado y el amuleto de Eira, que contenía los recuerdos de su abuela y las antiguas guardianas.
La noche del ritual, toda Long Quốc se reunió en el Valle de los Primeros Nacidos.
Aldeanos, seres mágicos, guardianes y soldados se colocaron en círculo alrededor del altar central, cada uno llevando un objeto que representara su propia historia dentro del reino.
Aria se dirigió a la multitud con una voz que resonaba en el alma de todos: “Hoy damos gracias a Theo, que ha decidido cargar con la memoria de nuestro reino para protegernos del Vacío.
Que sus días estén llenos de la luz de nuestros recuerdos, y que nunca olvidemos el sacrificio que hace por nosotros”.
El ritual comenzó cuando Finn abrió el Libro de los Ancestros y comenzó a leer los antiguos encantamientos.
Las luces de los cinco puntos de poder se unieron en el cielo, formando una esfera de luz que descendió hasta el altar donde Theo esperaba, sentado en medio del círculo sagrado.
Uno por uno, los objetos recolectados se colocaron alrededor suyo.
La semilla del árbol de la vida comenzó a germinar, enviando raíces de luz hacia el suelo; la botella de agua se abrió sola, y sus aguas formaron un río dorado que rodeaba al círculo; la pluma de ave comenzó a volar por el aire, dibujando símbolos en el cielo; la brasa del Fuego Sagrado se convirtió en una llama que no consumía nada, solo calentaba el ambiente; y el amuleto de Eira brilló con una luz tan intensa que todos tuvieron que cerrar los ojos.
Cuando abrieron los ojos, vieron a Theo envuelto en una capa de luz dorada, con los ojos cerrados y una expresión serena en el rostro.
Los objetos alrededor suyo habían desaparecido, absorbidos por su alma, y en el aire se escuchaban susurros —las voces de todos los que habían formado parte de Long Quốc, desde los Primeros Nacidos hasta la generación actual.
“La memoria está segura”, anunció Aria, con lágrimas en los ojos.
“El Vacío no podrá borrar lo que ahora vive en el corazón de Theo”.
Pero en ese instante, el cielo se oscureció.
La estrella negra que habían visto antes apareció de nuevo, pero esta vez era más grande, y del centro de ella comenzaron a salir figuras sombrías que no tenían forma definida —las manifestaciones del Vacío, que ahora sabían que no podían borrar la memoria, pero que intentarían destruir lo que quedaba del reino.
“¡Aquí es donde luchamos!”, gritó Kasel, empuñando su espada.
Los guardianes se colocaron en formación defensiva alrededor del altar, mientras Lyra, Bren y Rian preparaban sus poderes elementales para enfrentar la amenaza.
Eira se colocó junto a Kasel, con el amuleto brillando con toda su fuerza: “No permitirán que todo lo que hemos construido se destruya.
La memoria vive en nosotros también —en cada historia que contamos, en cada hogar que construimos, en cada semilla que plantamos”.
Las figuras sombrías se abalanzaron sobre el grupo, pero esta vez no pudieron usar las ilusiones del pasado.
Los guardianes luchaban con la certeza de que su causa era justa, con la memoria de todos los que habían venido antes de ellos dándoles fuerza.
Lyra usó el Fuego Sagrado para crear una muralla de llamas que protegía al altar, mientras Bren hacía que la tierra se moviera bajo los pies de las sombras, atrapándolas.
Rian controlaba el viento para llevar los ataques de los guardianes con precisión, y Finn usaba su conocimiento de las antiguas escrituras para crear barreras mágicas que repelían al Vacío.
Mientras la batalla se extendía por el valle, Theo abrió los ojos.
Su mirada era profunda como el océano, y en ella se reflejaban todos los momentos de Long Quốc.
Extendió sus manos, y una ola de luz dorada salió de él, envolviendo a las figuras sombrías.
“No tenéis que ser el vacío”, dijo Theo con una voz que parecía la de miles de personas hablando al mismo tiempo.
“Podéis ser parte de la memoria también —podéis formar parte de lo que es Long Quốc”.
Las figuras sombrías se detuvieron, y poco a poco comenzaron a tomar forma: antiguos enemigos, seres olvidados, incluso partes del Vacío que nunca habían conocido la calidez de la creación.
Uno por uno, se unieron a la luz de la memoria, convirtiéndose en parte del tejido de Long Quốc en lugar de intentar destruirlo.
Cuando la última sombra desapareció, el cielo volvió a aclararse, y la estrella negra se convirtió en una estrella brillante como las demás.
El Vacío había sido derrotado, no con la fuerza, sino con la aceptación —con la comprensión de que incluso lo que parecía vacío podía tener un lugar en el reino.
Después de la batalla, Theo se convierte en el Guardián de la Memoria, viviendo en un santuario creado especialmente para él en el centro del Bosque de los Susurros.
Pero comienza a tener visiones de un futuro donde nuevas amenazas buscan desafiar el equilibrio, y se da cuenta de que su labor no solo es guardar la memoria, sino también preparar a las próximas generaciones para lo que vendrá.
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