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EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 La Torre de Piedra Negra
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6: La Torre de Piedra Negra 6: La Torre de Piedra Negra Capítulo 6: La Torre de Piedra Negra Bren, Lira y Finn llevaron a Kasel y su grupo por un sendero secreto que serpenteaba por las faldas de la montaña, evitando los puestos de guardia de Naga.

El camino pasaba por cuevas ocultas donde los antiguos dragones habían dejado marcas de su paso —huellas gigantes y paredes cubiertas de símbolos que resonaban con la magia de Eira.

“Las marcas que ves son de los dragones protectores que ayudaron a sellar a Naga hace siglos”, explicó Finn, el joven mago, señalando unas inscripciones brillantes en la roca.

“Lyra es descendiente de esa raza —su sangre es la única que puede reforzar el sello o…

romperlo”.

Eira sintió cómo el amuleto vibraba con más intensidad a medida que se acercaban a la torre.

Las palabras de Kael seguían rondando en su mente: “Lyra no es quien crees”.

Al atardecer, alcanzaron la base de la Torre de Piedra Negra.

Se alzaba imponente sobre una plataforma rocosa, con ventanas estrechas como ojos vigilantes y un techo puntiagudo que parecía tocar las nubes.

Un campo de energía oscura envolvía sus muros, haciendo brillar los símbolos mágicos de protección que los rodeaban.

“Ese campo está alimentado por el poder de Naga”, dijo Lira, la arquera, observándolo con sus ojos agudos.

“No podremos atravesarlo con fuerza bruta.

Necesitaremos usar la magia del amuleto de Eira para crear una brecha”.

Mientras preparaban el plan, el hada revoloteó cerca de la torre y regresó con noticias: “Dentro hay pocos soldados —Naga se ha concentrado en la cima, donde Lyra está retenida.

Pero el campo de energía no es el único peligro: las propias paredes de la torre están encantadas para confundir a quienes entren”.

Eira se acercó al campo de energía y colocó su mano sobre él, sosteniendo el amuleto con la otra.

Cerró los ojos y canalizó la magia que había adquirido en el Claro de los Ancestros, mezclándola con el poder de sus ancestros que residía en el amuleto.

Una luz dorada emanó de su mano, creando una abertura en el campo oscuro.

“¡Ahora!”, gritó Kasel, y el grupo entró en la torre.

Dentro, los pasillos se bifurcaban en múltiples direcciones, y las paredes parecían moverse constantemente.

Finn sacó su bastón y lo tocó en el suelo —una luz suave iluminó el camino, mostrando el sendero correcto hacia la cima.

A medida que subían las escaleras de piedra, escucharon una voz profunda y resonante que llenaba todo el espacio: “Bienvenida, Elegida.

He estado esperando tu llegada”.

Eran las palabras de Naga.

Al llegar a la cima, encontraron una sala circular con un techo abierto al cielo estrellado.

En el centro, una plataforma elevada sostenía a una joven de cabello plateado y ojos de color ámbar —Lyra—, atada con cadenas de metal negro que brillaban con magia oscura.

A su lado, de pie frente a una piedra runica gigante, estaba Naga: una figura alta envuelta en una túnica negra, con rostro parcialmente oculto por una capucha.

“Lyra”, dijo Eira, avanzando con cautela.

“Hemos venido a liberarte”.

Pero Lyra movió la cabeza lentamente, y en sus ojos había una mezcla de tristeza y determinación.

“No puedes liberarme, Eira.

Yo soy la llave —pero también soy la prisionera.

Kael tenía razón: no soy quien crees”.

Naga dio un paso adelante, y su rostro se reveló —no era un monstruo, sino un hombre con rasgos nobles marcados por la angustia.

“Yo fui el último protector de Long Quốc antes que tú, Elegida.

Cuando vi cómo los pueblos se peleaban entre sí, cómo la magia se desvanecía, creí que solo un poder absoluto podía mantener el orden.

Pero mi ambición corrompió el sello que mantenía a raya la oscuridad primordial…

y ahora solo Lyra puede ayudar a controlarla”.

El grupo se quedó en silencio.

Todo lo que habían creído sobre el enemigo se venía abajo.

“Entonces ¿qué tenemos que hacer?”, preguntó Kasel, sosteniendo su espada pero sin apuntarla.

Eira se acercó a la plataforma donde estaba Lyra.

“No importa quiénes eran antes —lo que importa es lo que hacemos ahora.

Juntos, podemos equilibrar la luz y la oscuridad, como hicieron nuestros ancestros”.

Lyra sonrió débilmente y cerró los ojos.

“La piedra runica en el centro es el corazón del sello.

Necesitaremos unir nuestras fuerzas —la tuya como Elegida, la mía como descendiente de dragones, y la de todos los que crean en Long Quốc”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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