EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO - Capítulo 5
- Inicio
- EL DESPERTAR DEL DRAGÓN EL INICIO DEL LEGAGO
- Capítulo 5 - 5 El Comandante Kael y los Guardianes de la Montaña
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: El Comandante Kael y los Guardianes de la Montaña 5: El Comandante Kael y los Guardianes de la Montaña Capítulo 5: El Comandante Kael y los Guardianes de la Montaña A medida que se acercaban a las faldas de la Montaña de los Dragones, el aire se hizo más frío y el terreno se volvió escarpado.
Los senderos se estrechaban entre rocas gigantes y acantilados, dejando poco espacio para avanzar con sigilo.
De repente, un rugido ensordecedor resonó por los cerros, y una figura imponente apareció en lo alto de un risco: Kael, comandante de las fuerzas de Naga.
Vestía una armadura negra forjada con metal oscuro, y su espada doble brillaba con un brillo malévolo.
A sus espaldas, un grupo de soldados de élite formaba una línea impenetrable.
“¡Elegida!”, gritó Kael con voz ronca.
“Tu camino termina aquí.
Naga ha visto tu progreso y ha ordenado que te detengas antes de que llegues a la torre de Lyra”.
Kasel se colocó delante de Eira, empuñando su espada.
“Nunca dejaremos que dañes a nadie más.
Arden fue suficiente”.
“Un valiente pero ingenuo muchacho”, respondió Kael, bajando del risco con paso ligero a pesar de su armadura.
“La oscuridad es necesaria para mantener el orden.
Naga solo busca unificar Long Quốc bajo un solo mando —el único que puede evitar el caos”.
Mientras los soldados se preparaban para atacar, tres figuras saltaron desde las rocas circundantes: un guerrero en armadura de cuero con una lanza larga, una arquera con ojos agudos y un joven mago con un bastón de roble en la mano.
“¡No tocaréis a la Elegida!”, gritó la arquera, disparando una flecha que rozó la mejilla de Kael.
“Somos los Guardianes de la Montaña”, explicó el guerrero, colocándose junto a Kasel.
“Hemos estado vigilando estos caminos desde que Naga comenzó su avance.
Sabíamos que vendrías”.
El combate comenzó de inmediato.
El guerrero y Kasel se enfrentaron a los soldados de élite, su coordinación sorprendiendo a los enemigos.
La arquera no dejaba que ninguno se acercara a Eira, disparando flechas con precisión milimétrica.
El joven mago creaba barreras de hielo que detenían los ataques y lanzaba rayos de luz que desarmaban a los soldados.
Eira, por su parte, usaba sus nuevos poderes no solo para curar a sus aliados cuando eran heridos, sino también para crear campos de energía que debilitaban a las fuerzas de Naga.
El amuleto de su abuela brillaba con intensidad, canalizando la magia de la tierra y el aire para ayudar a su grupo.
Kael, enfurecido al ver cómo sus hombres iban siendo derrotados, se lanzó directamente contra Eira.
Kasel intervino en el último instante, y sus espadas chocaron con un estruendo ensordecedor.
El comandante era fuerte y experto, y Kasel luchaba por mantenerse a la par.
En un momento de descuido, Kael logró golpear a Kasel en el brazo, haciéndole soltar su espada.
Justo cuando iba a acabar con él, Eira se acercó y colocó sus manos sobre la herida de Kasel.
Una luz cálida envolvió el brazo, cerrando la herida y devolviéndole la fuerza.
“Tu magia no salvará a todos”, gruñó Kael, volviéndose hacia ella.
Pero entonces el joven mago gritó: “¡Ahora!”.
El guerrero y la arquera habían derrotado a los últimos soldados y se unieron a ellos.
Juntos, sus fuerzas combinadas hicieron retroceder a Kael.
“Esta no es la última vez que nos enfrentaremos”, dijo el comandante, retrocediendo hacia el risco.
“Naga estará esperándote, Elegida.
Y cuando llegues a la torre, descubrirás que Lyra no es quien crees”.
Con esas palabras, Kael desapareció entre las rocas.
Los Guardianes de la Montaña se acercaron a Kasel y Eira con sonrisas de victoria.
“Nos llamamos Bren, Lira y Finn”, dijo el guerrero Bren.
“Hemos estado esperando unirnos a la causa de la Elegida.
Sabemos el camino hacia la torre donde Lyra está retenida —pero debemos actuar rápido.
Kael avisará a Naga, y aumentarán la seguridad”.
Eira miró hacia la cima de la montaña, donde se veía una torre de piedra negra alzándose hacia el cielo.
El momento de la verdad se acercaba más que nunca.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com