EL DESPERTAR DEL HÉROE EN LA OSCURIDAD - Capítulo 40
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Capítulo 40: CAPÍTULO 40: EL MANUSCRITO DE PLATA Y SANGRE
📖 CAPÍTULO 40: EL MANUSCRITO DE PLATA Y SANGRE
La noche cayó sobre el páramo con un peso antinatural. Dentro de la nueva guarida —una catedral abandonada que Hiroto había “reeditado” para que fuera invisible—, el silencio solo era roto por el sonido metálico de la pluma de plata chocando contra el reposabrazos del trono.
Hiroto estaba peor que nunca. Su ojo derecho estaba completamente blanco, nublado por la sobrecarga de datos, y su brazo izquierdo colgaba inerte, como una rama seca. Pero en su mano derecha, la pluma de Julian brillaba con un fulgor asesino.
—[ADVERTENCIA: La sincronización con un objeto de autor externo puede corromper tu estilo original] —advirtió Ciel—. [Tu cuerpo físico no aguantará una sesión de escritura de más de cinco minutos.]
“Cinco minutos son suficientes para cambiar el destino de un reino”, pensó Hiroto, con una frialdad que asustaría al mismo Valerius.
—Kanashi, acérquese —ordenó Hiroto. Su voz era un susurro rasposo, pero cargado de una autoridad que hacía vibrar las paredes de la catedral.
La sombra se arrodilló. Estaba llena de cortes y su armadura era un desastre. Hiroto levantó la pluma de plata. No necesitaba papel. Empezó a escribir directamente sobre el aire, frente al pecho de Kanashi.
—Habilidad de Autor #22: Ilustración de Personaje (Revisión Final) —dictó Hiroto.
La pluma dejó un rastro de tinta plateada que se incrustó en el corazón de Kanashi. Los gritos de la joven resonaron en toda la catedral mientras su cuerpo era “redibujado”. Sus músculos se tensaron, sus heridas se cerraron con costuras de luz y su daga se fusionó con su antebrazo, convirtiéndose en una hoja de obsidiana que podía cortar el espacio-tiempo.
—Ya no eres una sombra —dijo Hiroto, mientras su propio rostro se contraía por el dolor del esfuerzo—. Ahora eres mi Punto Aparte. Donde tú llegues, la historia de mis enemigos termina.
Pero el precio fue inmediato. Hiroto vomitó una sustancia negra, similar a la tinta, y sus pulmones colapsaron por un segundo. Hikary tuvo que sostenerlo para que no cayera del trono.
—¡Amo, deténgase! ¡Se está borrando a sí mismo para mejorarnos! —suplicó Hikary con lágrimas en los ojos.
Hiroto levantó la mirada, y por un instante, su ojo sano brilló con la misma intensidad que la imagen del Jefe Final. Se llevó el dedo índice a los labios, manchado de esa sangre-tinta.
—Shhh… —susurró—. Escuchen… ya vienen.
No eran soldados. Eran los “Críticos del Reino”, una unidad de asesinos que Valerius había creado específicamente para encontrar errores en las defensas de Hiroto. Eran seres sin rostro, vestidos con túnicas hechas de páginas arrancadas de libros antiguos.
Entraron por las vidrieras de la catedral, flotando como espectros.
—Hiroto Kenzaki… —dijeron al unísono, sus voces sonando como papel rasgándose—. Tu gramática es débil. Tu estructura se desmorona. Tu final ha sido rechazado por el Rey.
Hiroto sonrió, una mueca sangrienta y llena de odio.
—Mi historia no es para que ustedes la lean… es para que la sufran.
Con un movimiento magistral de la pluma de plata, Hiroto escribió una sola palabra en el suelo de la catedral: [REEDICIÓN].
De repente, la arquitectura de la catedral cambió. Las columnas se convirtieron en lanzas, el suelo se volvió un pantano de tinta ácida y el aire se volvió tan denso que los “Críticos” quedaron atrapados en sus propias túnicas.
—Kanashi… —murmuró Hiroto, sintiendo cómo su conciencia se desvanecía—. Pon el Punto Final.
La nueva Kanashi se movió. No fue un ataque, fue un parpadeo. En un segundo, las cabezas de los cinco Críticos rodaron por el suelo, pero no brotó sangre, sino que sus cuerpos se deshicieron en letras desordenadas que fueron absorbidas por la pluma de Hiroto.
[NOTIFICACIÓN: Has recolectado 500 palabras de esencia. Integridad del cuerpo al 0.5%. Iniciando hibernación forzada.]
La pluma de plata cayó al suelo. El cuerpo de Hiroto se desplomó hacia un lado, totalmente sin vida en apariencia. Sus nenas corrieron hacia él, pero antes de que pudieran tocarlo, un aura dorada y negra —exactamente como la de la imagen— rodeó el trono, creando una barrera impenetrable.
Hiroto Kenzaki había entrado en su estado de “Reposo del Autor”. Estaba más débil que nunca, pero por primera vez, el mundo entero sabía que el niño lisiado no era una víctima… era el que sostenía la pluma que iba a escribir el funeral de Valerius.
El capítulo 40 cierra con la imagen de la catedral en ruinas, protegida por un aura divina y aterradora, mientras en la capital, Valerius ve cómo su propio libro de leyes empieza a borrarse solo. El Jefe Final ha despertado su verdadera herramienta.
📖 CAPÍTULO 41: EL SÍNDROME DE LA HOJA EN BLANCO
En la capital de Ouroboros, el palacio real de Valerius ya no emanaba esa aura de orden perfecto. Las paredes de mármol, que antes ostentaban las leyes grabadas en oro, estaban sufriendo una metamorfosis aterradora. Las letras se escurrían por las paredes como si fueran sudor negro, borrándose antes de tocar el suelo.
Valerius, el falso Autor, caminaba por el salón del trono con una desesperación que intentaba ocultar bajo su capa carmesí. En su mano sostenía el Códice de la Realidad, pero el libro vibraba con una frecuencia violenta.
—¡Majestad! —entró un heraldo, tropezando con sus propios pies—. Los archivos del tesoro… han desaparecido. No es que los hayan robado, simplemente… ya no hay una entrada en el registro que diga que el oro existió.
Valerius apretó los dientes.
—Es él… —gruñó—. Incluso mientras duerme, ese mocoso lisiado está editando los cimientos de mi reino. ¡Está borrando los sustantivos!
Mientras tanto, a kilómetros de allí, en la catedral en ruinas, el cuerpo de Hiroto permanecía suspendido a unos centímetros de su trono. El aura dorada y negra —el Manto del Boss— crepitaba con una estática que quemaba el aire. Hiroto no se movía, pero su mente, conectada directamente al Procesador Ciel, estaba trabajando a una velocidad de teraflops.
—[ESTADO DE HIBERNACIÓN: 12% de recuperación] —informó Ciel—. [Ejecutando proceso de “Limpieza de Trama” en segundo plano. Se han eliminado 400 soldados enemigos de la base de datos de existencia.]
Kanashi, ahora con sus marcas plateadas brillando bajo la piel, custodiaba la entrada de la cámara. Se sentía diferente. La “Revisión Final” que Hiroto le hizo la había convertido en algo que ya no era humano. Podía sentir los hilos de la realidad; podía ver dónde terminaba un objeto y dónde empezaba el vacío.
—Vienen más —dijo Shiteru, sintiendo la vibración del suelo—. Pero esta vez no son soldados. Siento un vacío… como si el mismo aire estuviera muerto.
De la oscuridad del pasillo central de la catedral emergió una figura que hizo que incluso las sombras de Hiroto retrocedieran. Era un “Error Crítico”. Un ser amorfo, hecho de retazos de versiones anteriores del mundo, con múltiples brazos que terminaban en plumas de hueso. Valerius lo había soltado como último recurso: un virus diseñado para corromper el “Reposo del Autor”.
—B-o-r-r-a-r… —la voz del Error Crítico distorsionaba el sonido en la sala.
El monstruo se lanzó contra la barrera de Hiroto. Al chocar, el aura dorada soltó un estallido de energía que lanzó a Kanashi contra la pared. El Error no atacaba físicamente; estaba intentando sobreescribir el código de protección de Hiroto.
—¡No lo dejen tocar al amo! —gritó Hikary, lanzando ráfagas de viento, pero el monstruo simplemente las “comentaba” como texto irrelevante y las ignoraba.
El Error Crítico puso una de sus garras de hueso sobre el aura. Una mancha negra de corrupción empezó a extenderse por el escudo dorado. Dentro de su trance, Hiroto sintió el ataque. En el plano mental, el niño vio cómo un virus intentaba borrar su infancia, sus recuerdos, su dolor.
Hiroto, sin despertar del todo, forzó una sola palabra a través del vínculo mental con sus nenas:
—[CONTRADICCIÓN].
Al instante, el aura de la imagen del Jefe Final cambió de frecuencia. Ya no era un escudo; se convirtió en un espejo. El ataque de borrado del monstruo se reflejó sobre sí mismo. El Error Crítico empezó a borrarse a sí mismo, gritando en un lenguaje binario que hacía que las piedras de la catedral estallaran.
—Shhh… —el susurro de Hiroto volvió a resonar, pero esta vez fue más profundo, como si viniera del centro de la tierra.
El monstruo se desintegró en un vórtice de datos corruptos que fue succionado directamente hacia el ojo blanco de Hiroto. El niño absorbió el virus. No lo destruyó; lo asimiló.
[NOTIFICACIÓN: Has consumido un “Error Crítico”. Nueva Habilidad desbloqueada: #27 – Corrupción de Guion.]
[ADVERTENCIA: Tu cuerpo físico ha sufrido un micro-infarto por la sobrecarga. Tiempo de hibernación aumentado.]
El silencio volvió a la catedral. Hiroto cayó de nuevo en su letargo, pero ahora su brazo izquierdo, antes inerte, tenía unas finas líneas negras que parecían circuitos. Estaba mutando. Estaba dejando de ser un niño para convertirse en el arma definitiva.
El capítulo 41 cierra con Valerius en su palacio, viendo con horror cómo su propia corona empieza a perder el color, volviéndose transparente. El Autor lisiado está ganando la guerra desde su cama de muerte.
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