El diario de samantha - Capítulo 58
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Capítulo 58: El diario de samantha
Capítulo – 58: Maritza – parte 04
Viernes – 13 de noviembre del 1998
Querida Aylin
10:27 de la noche
De repente hubo un silencio. Mientras yo mantenía la cabeza apoyada en el hombro de christopher, pude observar que lucía más relajado que al inicio de la conversación. Cuando comenzó a hablar de su pasado con maritza, se notaba un cambio: parecía haberse liberado del dolor que lo había mantenido prisionero por años. De repente, el aire de la sala ya no se sentía tan pesado como antes. Entonces christopher comenzó a hablar de nuevo.
— Tenía mucho miedo de ser padre, samantha. el miedo era a quedarme solo, sin la mujer que amaba locamente. me atormentaba pensar que maritza iba a fallecer tarde o temprano —dijo christopher
— No me puedo imaginar estar en tu lugar, christopher. debió ser terrible—respondí
— De verdad, creo que eres una persona perfecta para ser madre. has cuidado de sarahí muy bien, y aunque llevan poco tiempo juntas, la niña te ve como una figura maternal. no puedo estar más agradecido de ti, samantha—dijo christopher
— Quizás tengas razón… pero fuiste tú quien me dio la fuerza que me faltaba y la motivación para seguir adelante. no me atrevo a pensar qué pasaría conmigo si hubiera tenido que ser madre a tu misma edad—le dije
Al escuchar las palabras que me había dicho christopher. Provocaron que en mis mejillas, rodaran unas cuantas lágrimas. Jamás hubiera pensado que alguien me diría palabras así. Empecé a secármelas con la mano, pero él me observó en silencio y con su dedo limpió las que aún quedaban en mi rostro. Me quedé sonriendo y, poco a poco, los dos terminamos riendo.
:Flashback – miércoles 25 de enero del 1984:”
— Maritza, no entiendes la gravedad de la situación. podrías morir antes de tiempo si no comprendes esto.—dijo emma
— Sí, lo sé. espero que me comprendas: la decisión que voy a tomar es definitiva. quiero tener a mi bebé; quiero dejar un legado aquí en la tierra. —dijo maritza
— Pero hija, por favor, reacciona de una maldita vez.—dijo emma
— Perdóname, mamá. esta es mi decisión, sin importar qué. decidiera abortar, mi destino no cambiaría en absoluto: estoy condenada a morir. no tiene sentido interrumpir el embarazo; sería solo añadir otra muerte innecesaria.—dijo maritza
Dos meses después – Sábado 17 de marzo de 1984
Con el paso de los días, la salud de maritza se deterioraba de forma gradual. Al verla en ese estado, me generaba una profunda culpa. Había llegado a pensar que, por mi culpa, maritza estaba muriendo: por haberla embarazado. Sin embargo, maritza había tomado su propia decisión de convertirse en madre. Aun así, la tristeza me invadía al verla; cada día parecía estar peleando por su vida. Mientras se mantenía con vida… maritza me habló con una voz muy cansada.
— Christopher, si llegara a morir en el parto, necesito que me hagas una promesa: no quiero que conserves ninguna fotografía mía hasta que nuestro bebé alcance la mayoría de edad. quiero que cumplas mi última voluntad. no te preocupes; dejaré una carta explicando el motivo, pero deseo que cumplas con ello, christopher —dijo maritza
— Maritza, no puedo consentir esa condición. nuestro hijo o hija tiene el derecho de conocer quién fue su madre, así como su historia familiar; no puedo aceptar algo así, maritza —dijo christopher
Pero al final acepté la propuesta de maritza. No quería exponerla a ningún tipo de estrés, así que por el momento puse mis dudas de lado. Sin embargo, en lo más hondo de mi ser estaba seguro de que estaba tomando una gran decisión equivocada. También era consciente de que esta elección respondía a una necesidad mía, una que aún no estaba dispuesta a admitir. En ese instante, le formulé a maritza una pregunta más; mi voz, entrecortada y rota, reflejaba la emoción que se acumulaba en mi pecho. Por ella pero al final acepté la propuesta de maritza. No quería
Exponerla a ningún tipo de estrés, así que por el momento puse mis dudas de lado. Sin embargo, en lo más hondo de mi ser estaba seguro de que estaba tomando una gran decisión equivocada. También era consciente de que estaba tomando una elección, que no me correspondía, entonces respondía a una necesidad mía, una que aún no estaba dispuesta a admitir. En ese instante, le formulé a Maritza una pregunta más; mi voz, entrecortada y rota, reflejaba la emoción que se acumulaba en mi pecho.
— Maritza, ¿cómo te encuentras? —preguntó christopher
— Un poco mejor. estos días he sufrido náuseas con frecuencia, he tenido antojos en exceso y ya he percibido las pataditas del bebé… dime, christopher: ¿prefieres que sea niña o niño? a mí me gustaría que fuera una niña, —dijo maritza
— Prométemelo: si muero, quiero que cuides a nuestro bebé con mucho amor… también deseo que vuelvas a tener una vida plena, pero que sea con una mujer que te quiera de verdad, tal como yo te he querido—expresó maritza
De repente, noté que maritza se acariciaba el abdomen con movimientos lentos, pausados, como si estuviera siguiendo el contorno del bebé dentro de ella. Su mirada, antes dirigida hacia la esquina de la habitación, se desvió hasta mí, clavándose en los míos con una serenidad qué contrastaba cona la tensión que flotaba en el aire. Me quedé inmóvil, por su mirada clavada hacia mi no quería mostrar mis lágrimas delante de maritza, pero mis lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas. Maritza se incorporó con precaución de la cama, se dirigió hacia mí y me envolvió
En un fuerte abrazo cálido, usando sus pulgares para limpiarme mis lágrimas. No podía aceptar la posibilidad de que maritza tuviera que morir. No comprendía por qué tenía que morir. Me sentía enojado hacia la vida, sin poder aceptar la idea de perderla. Experimentaba sensaciones intensas: depresión, ira, negación. ¿Cómo podía suceder que una chica de quince años muriera?
— Maritza, cásate conmigo; quiero que seas mi mujer. —dijo christopher
—¿En serio te quieres casar conmigo? ¿es verdad que deseas que sea tu mujer? —preguntó maritza
:Viernes, 23 de marzo de 1984 el día de la ceremonia de la boda:”
— Estamos reunidos el día de hoy en este hermoso lugar para celebrar el amor entre maritza sarahí frantz atkinson y christopher later miller, un amor que ha florecido y que hoy se consagra ante dios y ante todos nosotros. maritza, ¿es tu voluntad tomar a este varón como tu esposo, amarlo y respetarlo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y serle fiel todos los días de tu vida? —dijo el cura
— Sí, acepto.—dijo maritza
— Christopher, ¿es tu voluntad tomar a maritza como tu esposa, amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y serle fiel todos los días de tu vida? —dijo el cura
— Sí, acepto.—dijo christopher
— Maritza, ¿quieres compartir tus votos con christopher? —dijo el cura
— Christopher, hoy, frente a todos los seres que amamos, elijo compartir cada instante que me quede a tu lado… prometo amarte profundamente y sin reservas, atesorando cada momento como si fuera el último… día de mi vida prometo apoyarte en tus sueños, aún cuando no pueda percibir cómo se cumplirán contigo. te prometo cuidarte dondequiera que estés, tratarte con paciencia y ofrecerte lo único que puedo darte completamente: mi amor, el cual trascenderá el tiempo… y la distancia. aunque mi tiempo en este mundo sea corto, mi amor por ti será eterno… hoy y siempre: eres mi amor, mi amigo, mi familia, mi todo.—dijo maritza
— Christopher, ¿quieres compartir tus votos con maritza? —preguntó el cura
— Maritza, desde el día en que cruzaste mi camino, supe que mi vida no volvería a ser la misma. hoy, al estrechar tu mano, prometo amarte con cada fibra de mi ser. prometo ser tu apoyo incondicional, tu confidente más cercano y tu eterno enamorado. prometo honrarte, respetarte y admirarte en cada amanecer de nuestras vidas… te prometo construir un hogar lleno de amor, alegría y mutua comprensión. hoy y siempre: eres mi corazón, mi alma, mi todo.—dijo christopher
De repente, maritza empezó a toser; se trataba de un ataque violento. La vi cubrirse la boca con ambas manos, pero cuando las apartó, noté que estaban manchadas de sangre. Me vi obligado a desviar la mirada y comencé a llorar en silencio. Me partía el corazón verla así, pero supe que debía mantener la compostura para brindarle un poco de fortaleza a maritza. Una vez que maritza se había recuperado un poco, el cura mostraba en su semblante una nota de tristeza al verla en esa condición.Tras un breve instante de silencio, continuó con el desarrollo de la ceremonia.
— En señal de su amor y compromiso, pueden intercambiar sus anillos.—dijo el cura
— Por el poder que me ha sido conferido, yo los declaro marido y mujer. pueden besar a la novia.—dijo el cura
Al terminar la ceremonia, la tomé en mis brazos para llevarla a la habitación. En ese momento, algo me llamó poderosamente la atención: a pesar de su embarazo, su peso era notablemente menor de lo que cabría esperar de una mujer en esa situación. No dije nada al respecto, pero al ver su rostro tan pálido como un lienzo blanco y que ya se había adormecido en mis brazos, la trasladé con extrema precaución y la recosté cuidadosamente sobre la cama. Al recostarla en la cama, maritza despertó momentáneamente. Al notar que mis ojos reflejaban mi angustia, respondió con unas palabras:
— Christopher, no soporto verte así preocupado… te lo ruego, estoy bien; no debes angustiarte por mí. quiero que sepas que valoro profundamente el día en que te conocí en aquel parque. me has regalado momentos de… felicidad. a través de ti, descubrí qué es el amor y una alegría que jamás había sentido. desde entonces, me siento verdaderamente feliz.—dijo maritza
Al escuchar esas palabras de maritza, sentía un nudo en la garganta. A pesar de que su organismo ya no respondía como antes y se encontraba en sus últimas horas, ella aún no dejaba de preocuparse por mi bienestar. Si pudiera tomar su lugar, lo haría sin pensarlo, pero me sentía tan frustrado al ver a la mujer que amaba consumirse lentamente por la enfermedad que la aquejaba.
— No, maritza, soy yo quien debe estar agradecido por haber tenido la suerte de conocerte —dijo christopher
— Te amo, christopher —dijo maritza
Al escuchar esas palabras y verla llorar, tomé sus manos entre las mías; luego la besé suavemente en la frente. Sentía que maritza se estaba despidiendo de manera silenciosa, con cada latido débil de su corazón. Una parte de mí no quería aceptar esa realidad, pero otra parte ya deseaba que llegara ese momento, porque tan solo verla en esa condición era suficiente para entender que sufría día a día, sin alivio posible.
— No hagas eso, no te despidas aún, maritza. aún no te necesito, maritza… aún no por favor, maritza —dijo christopher
De repente, maritza volvió a toser con tanta fuerza que su cuerpo se contrajo sobre la cama, y escupió una gran cantidad de sangre que manchó su pañuelo blanco y los bordes de sus labios. Sin darme cuenta, comencé a golpear la pared con el puño cerrado; en ese momento, me invadió una rabia profunda hacia dios, porque no comprendía por qué permitía que una persona sufriera por qué le hacía pasar por tanto a la persona que más quería en el mundo. Al escuchar la voz débil de maritza pidiéndome que me detuviera, que no me hiciera daño a mí mismo, reaccioné de golpe y me acerqué a ella. La abracé con cuidado, pero con fuerza, como si así pudiera evitar que se fuera, y maritza me sonrió con ternura, a pesar de la palidez de su rostro.
:En el presente:”
Al escuchar la historia de christopher, no pude evitar derramar unas lágrimas. Entonces, christopher me miró fijamente a los ojos, extendió su mano derecha y me limpió las lágrimas que bajaban por mis mejillas con el dorso de su dedo índice. Pero cuando iba a hablar, su voz se le volvió a entrecortar por la tristeza que aún persistía en su rostro.
— Dime, christopher, ¿y luego qué sucedió? —le pregunté.
— Después de que pasaran varios meses, había llegado la fecha en que sarahí debía nacer. el parto tuvo lugar el doce de noviembre. maritza, sin embargo, tenía la sensación de que moriría ese mismo día, por lo que se despidió de mí con anticipación —dijo christopher
:Flashback lunes 12 de noviembre del 1984:”
Mientras la sostenía en mis brazos para llevarla al hospital, antes de cruzar el umbral de nuestra casa, maritza habló con su voz entrecortada y débil. Me miró directamente a los ojos y me hizo prometer que no conservaría ninguna fotografía suya hasta que nuestro bebé alcanzara la mayoría de edad.
— Te amo, christopher. no lo olvides nunca: te amo. quiero que encuentres otra vez la felicidad, que te vuelvas a casar, que rehagas tu vida completa. no te quedes solo. por favor, prométemelo —dijo maritza
— No digas eso, maritza. por favor, aún no es hora de despedirnos. te necesito aquí, a mi lado; necesito que no te rindas, que sigas luchando —dijo christopher
— Escúchame bien, christopher. cuando salgas del hospital con nuestra bebé, tienes que cuidar y amar tanto como yo lo haría. cúmpleme este último deseo: ya no podré estar a su lado. mi legado es ella, mi prueba más grande de amor hacia ti. es mi último regalo para ti, mi amor. —dijo maritza
— Te amo, maritza. te amo con toda mi alma —dijo christopher
Al llegar al hospital, nos quedamos en la sala de espera. Pasaron horas interminables antes de que el médico apareciera por la puerta; su expresión era seria y reflejaba una profunda tristeza. Nos acercamos a él de inmediato.
— Su hija ha nacido es una niña, pero presenta bajo peso. lamentablemente, maritza desarrolló una preeclampsia severa y no pudo resistir. —dijo el doctor
Las palabras flotaron en el aire mientras los padres de Maritza rompían a llorar a mi lado; yo solo permanecía inmóvil, sin poder asimilar lo que escuchaba.
—Siento profundamente su pérdida. ahora, es necesario que nos indiquen el nombre de la bebé para sus documentos —dijo el médico
— Maritza sarahí —dijo christopher
Con
Cariño
Samantha
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