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El diario de samantha - Capítulo 59

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Capítulo 59: El diario de samantha

Capítulo – 59: Maritza – parte 05

Viernes – 13 de noviembre del 1998

Querida Aylin

10: 49 de la noche

Al ver a christopher, su expresión se tornó de nuevo melancólica al evocar el instante en que su esposa se había despedido de él. Sus ojos permanecían clavados en el anillo de matrimonio que llevaba puesto; sus bordes lucían como si acabara de salir de la joyería, y en su superficie brillaba el pequeño grabado que lo identificaba: C. y M. Sin percatarme de mis movimientos, acerqué mi mano y la sostuve con la suya. Solo pronuncié una palabra en respuesta a su silencio. Una lágrima recorrió su rostro lentamente al oírla, dejando un rastro húmedo sobre su piel.

— Christopher, ¿estás bien? —le pregunté

Al preguntarle si estaba bien, christopher levantó la vista y me miró fijamente; su mirada era diferente ahora, más concentrada, como si estuviera tratando de procesar algo. Con los dedos de la mano libre, se secó las lágrimas restantes, pasándolos por los párpados y las mejillas. Le repetí la pregunta una vez más: ¿Estás bien? Al escucharla de nuevo, christopher comenzó hablar y me contestó, con su voz entrecortada por pequeños suspiros:

— Es extraño escuchar esa pregunta. nunca antes nadie me había preguntado si estaba bien, samantha… es así como se siente cuando alguien te lo dice —dijo christopher

— Christopher, ¿estás seguro de querer seguir contando tu historia? si prefieres detenerte, podemos hacerlo hasta aquí —le pregunté

— No, déjame seguir, samantha. cuando fui a registrar a mi hija, tuve que luchar para que llevara el apellido de su madre, pero finalmente lo conseguí; contaba con documentos que acreditaban que maritza había fallecido en el hospital durante el parto… después de su sepelio, caí en una profunda depresión. no tenía idea de qué camino tomar ni cómo seguir adelante, y sentía mucho miedo de ser padre soltero. todas las noches la veía en mis sueños… empecé a beber para tratar de olvidarla, el momento que me dijeron que maritza había fallecido me sentía culpable. sentía toda la responsabilidad en mí por la muerte de maritza. sabía que ella padecía lupus eritematoso sistémico, que la enfermedad estaba en etapa avanzada, y que con el embarazo las cosas se iban a complicar… aún en la actualidad siento esa responsabilidad —dijo christopher

— ¿Y por qué te culpas de algo al que no tuviste la culpa? ¿por qué sigues atormentándote, christopher? mírame directamente. conozco bien el peso de la culpa; lo digo por propia experiencia… cuando estuve involucrada en la prostitución, me sentía culpable todo el tiempo, creyendo que no tenía ningún valor. pero fuiste tú quien me enseñó que hay que seguir avanzando, a pesar del dolor que la vida nos ha infligido… tú no tenías la menor culpa. incluso si maritza hubiera optado por abortar, su destino estaba escrito. ella te dejó algo invaluable: tu hija sarahí. sé que eres un excelente padre, y ella te admira profundamente —le respondí

En ese momento, christopher empezó a llorar. Sus hombros temblaban con cada sollozo, y decía sentirse como un desperdicio al sentirse que había provocado la muerte de maritza. Incluso agregó, en un murmullo que casi no se escuchaba, me odio… me odio yo mismo por esa misma razón. No hice más que abrir mis brazos y estrecharlo con firmeza, luego tomarle el rostro entre mis dedos para que me viera a los ojos, y le comenté que si maritza estuviera presente y oyera esas cosas, seguramente no estaría contenta. De repente, christopher dejó de hablar y permaneció en silencio durante varios minutos, con la mirada perdida hacia el suelo mientras su llanto iba disminuyendo.

— Samantha, ¿tienes un cigarrillo? ¿me puedes regalar uno? —preguntó christopher

— Claro que si. pero lo tengo en mi habitación, aunque la verdad es que estoy tratando de dejar el hábito. voy por ellos —le dije

Después de entrar a mi habitación y sacar las cajetillas que guardaba debajo de la almohada ambas casi intactas, regresé a la sala. Al ver que christopher ya mostraba señales de calma, tomó las cajetillas, sacó dos cigarrillos, colocó uno entre sus labios, lo encendió y comenzó a fumar. Tras inhalar despacio y dejar escapar la humo en un suspiro largo, volvió a iniciar la conversación.

— Dejé mi trabajo y no me preocupaba por nada. casi no prestaba atención a la niña, que era aún una recién nacida. si no hubiera sido por maría, es probable que sarahí hubiera perdido la vida por alguna complicación —dijo christopher

— ¿Y cómo lograste salir de la depresión, christopher? ¿quién fue el que te hizo cambiar de rumbo? —le pregunté

— No lo sé con certeza… creo que simplemente toqué fondo a causa de la pérdida de maritza. no sabía cómo enfrentar este mundo que se me presentaba; apenas tenía dieciséis años, no tenía ni idea de cómo superar su partida ni de cómo criar a una bebé recién nacida… todo me parecía imposible. si no hubiera sido por maría, que se encargó de mi hija en los primeros meses, estoy seguro de que no habría podido. con esa responsabilidad menos cómo me encontraba. en esos momentos… pero estoy tan agradecido con maría no le correspondía hacerlo: era la esposa de mi padre, no era mi madre, pero estuvo ahí en cada paso para ayudarme. tal vez maduré después de la muerte de maritza, o quizás tuve que hacerlo a la fuerza para poder sacar adelante a mi niña. no sé bien… cómo sucedió, pero una noche desperté acurrucado junto a la lápida de maritza. había tenido un sueño con ella, pero para mí fue tan real como cualquier cosa: la pude sentir hasta sentir su tacto, la pude besar y escuché claramente su voz… ese día había bebido demasiado alcohol, pero lo que ella me dijo en aquella experiencia, ya no sé si fue sueño o realidad, me hizo entender un sin fin de cosas —dijo christopher

:Flashback sábado 24 de noviembre del 1984:”

— Christopher, debo hablarte… mírate bien mijo: eres demasiado joven para perderte así. sé que el dolor debe ser enorme, pero no puedes dejarte llevar hasta el punto de destruirte. a ti mismo tienes tienes una vida entera por construir y una hija que te necesita urgentemente… más que nunca. por favor, christopher, haz algo, no te quedes así —dijo maría

— No quiero seguir viviendo sin maritza. no logro aceptar que ya no esté aquí… ella era mi esposa, mi razón de ser. a veces deseo que hubiera muerto junto a ella —dijo christopher

— Lo sé, pero debes ser fuerte por sarahí. apenas es una recién nacida y ya tuvo que perder a su madre. si continúas así, terminará perdiendo también a su padre. ¿es realmente eso lo que deseas? que esa niña quede completamente huérfana… estás siendo egoísta —dijo maría

La voz de maría estaba entrecortada por las emociones, pero su tono seguía siendo firme. Cuando ya estaba a punto de girarse y salir, cerrando la puerta con un golpe suave que resonó en el silencio, se detuvo y volvió la mirada hacia mí. De verdad estoy tan decepcionada de ti. Eres tan cobarde. Cuando María se fue, me quedé solo en la habitación, con las palabras de ella resonando en mi cabeza. Sabía que tenía toda la razón, que no podía seguir hundiéndome así, pero la perspectiva de vivir un solo día más sin maritza me paralizaba de miedo. Busqué debajo de la

Cama y saqué una botella de whisky casi llena, la destapé y empecé a beber de grandes sorbos. sabor amargo quemaba mi boca, y en poco tiempo, el peso de los párpados me venció: me recosté en la cama y me quedé profundamente dormido. Había despertado algo agitado. Había soñado de nuevo con maritza, pero esta vez ella se notaba algo enojada conmigo. No comprendía lo que me decía en el sueño, aunque su furia hacia mí era evidente. Dejé de darle vueltas al recuerdo y me levanté de la cama. Fui por el whisky y seguí bebiendo; algo tenía que ayudar a ahogar mis penas.

Después de volver a embriagarme, escuche la voz de maritza me llamaba. Pero su voz era: tan débil, susurrando: mi nombre “Christopher, ven a buscarme”.Salí de la casa y seguí la voz de maritza. No me di cuenta de cuándo me alejé tanto de la casa, pero una sensación de felicidad me invadió al imaginar que la volvería a ver. Empecé a sentir la pesadez del sueño, pero al observar mi alrededor, todo estaba cubierto de flores; flores por todas partes. Estaba tan ebrio que creí haber llegado al parque. Me acomodé en la banqueta y, poco a poco, me quedé dormido, después

Desperté llorando. Había soñado con maritza de nuevo. Al darme cuenta de dónde me encontraba, me di cuenta de que estaba abrazando una lápida fría. Al apartarme, vi que era la de maritza, sentía miedo y me, preguntaba ¿Cómo había llegado hasta aquí? No comprendía; no me acordaba de nada. Pero lo más me dió miedo fue el sueño de maritza Al mirar la hora en mi reloj, eran las tres de la madrugada. No podía creer que estuviera ahí, apoyado en la lápida de maritza. Me quedé parado unos minutos más. Analizando cómo habías llegado

:Perspectivas del sueño:”

Me encontraba en el mismo parque donde conocí a maritza. Un ligero frío envolvía el lugar, y el atardecer comenzaba a pintar el cielo. Me acerqué y percibí una voz que conocía bien: era la de maritza. Se encontraba sentada en el mismo banco de siempre; cuando intenté acercarme, vi que sostenía a un recién nacido en sus brazos. Pero maritza estaba llorando. Al notar mi presencia, se giró hacia mí. donde debería ver ojos solo estaban vacías las. Cuencas, pero al ver que aún caían lgrimas de sangre por sus mejillas. Me dió bastante miedo

— ¿Por qué no cumpliste tu promesa, christopher? me prometiste que cuidarías de nuestro bebé. ¿por qué no lo haces? —dijo maritza

— Tú no eres maritza. no puedes ser ella —dijo christopher

— ¿No querías verme después de tanto tiempo? ¿ya no me amas, amor mío? —dijo maritza

Tenía un considerable miedo, y la única idea que se me venía a la mente era escapar del parque. La imagen de maritza resultaba perturbadora: sus ojos faltaban, y las cuencas vacías de su rostro permanecían abiertas hacia el cielo. Cuando logré alejarme del recinto verde, mis pasos me llevaron a un lugar desconocido. El terreno era irregular, cubierto de maleza baja y piedras redondeadas por el tiempo; a uno y otro lado del camino que parecía llevar a ninguna parte, se alzaban árboles de troncos gruesos con corteza desprendida. Pero al final, me encontré de nuevo

Con maritza. Esta vez presentaba su aspecto habitual: sus ojos estaban en sus cuencas, y nada en su figura despertaba temor en mí. Se acercó lentamente por el camino, pisando con cuidado entre la maleza, y me habló con una voz que llevaba un matiz de molestia…

— Escúchame bien, christopher. no sacrifiqué mi vida para nada… me prometiste que ibas a cuidar a nuestro bebé. al verte así, solamente me causas decepción. creí en ti, pero solo me dijiste mentiras.— dijo maritza

— Maritza, perdóname… es que tengo miedo de ser padre. no sé como actuar, porque no te quedas conmigo… a mi lado; para siempre — dijo christopher

—Te amo, christopher, pero debes entender: que nuestro tiempo llegó a su ciclo y tú deber es cuidar de nuestro bebé te necesita más que nunca. no puedes permitirte ser egoísta.— dijo maritza

—¿Entonces ya no me amas? —dijo christopher

— Claro que te amo, tontito. pero ahora no es el momento de que te quedes junto a mí; es la hora de dejarme partir. sabes bien que estoy muy orgullosa de ti, y de lo que dejamos en este mundo: nuestra hija. pero si no la cuidas, si no te preocupas por ti mismo, terminará sola. ¿sabés algo verte así que te estas destruyendo me duele —dijo maritza

Maritza se acercó y me envolvió en un abrazo tan fuerte que sentí cómo su cuerpo temblaba ligeramente; luego me besó con calidez. Al fijarme en su semblante, donde brillaban luces del amanecer sobre su piel, comprendí que el momento de dejarla ir había llegado. Estábamos en medio de un bosque de pinos y eucaliptos, sus ramas rozando nuestro camino mientras el cielo pasaba de azul oscuro a tonos dorados. Su voz salía entrecortada, entre jadeos y susurros:

— Christopher, ya es la hora de que amanezca. y debo marcharme. no quiero hacerlo, pero tienes que dejarme partir. tu compromiso conmigo ya terminó…. siempre te estaré agradecida: antes de conocerte, mi vida era solitaria me sentía en soledad inmensa, un vacío que no sabía cómo llenar… pero tú me mostraste qué es el verdadero amor. me enseñaste a sentir de nuevo. te llevaré en cada latido de mi corazón y en cada parte de mi alma, pero ahora es tiempo de que suelte tu mano. pronto nos volveremos a encontrar, lo sé. mientras tanto, no cierres tu corazón al amor y cuida bien a nuestra hija.—dijo maritza

— Maritza, por favor, no te vayas. quédate solo un rato más, quiero que estés conmigo hasta el amanecer.—dijo christopher

Maritza se acercó hasta quedarse frente a mí, colocó sus manos sobre mis mejillas y me miró directamente a los ojos; en ellos se acumulaban lágrimas que pronto rodaron por sus mejillas. Lentamente, se inclinó y dejó un beso suave y cálido en mi mejilla, antes de murmurar con voz casi inaudible que mi misión a su lado había llegado a su fin. había sido un buen marido

— Es hora, mi amor. siempre estaré contigo, te acompañaré y te amaré, este donde esté siempre te amaré. te guiaré en todo lo que hagas. solo te pido que cuides a nuestra bebé: tú me diste la felicidad que llevaba buscando toda la vida, y nunca podré agradeértelo lo suficiente. aunque el tiempo a tu lado fue breve, en esos meses fui la mujer más feliz de este mundo terrenal, mi amor.— dijo maritza

Justo en ese momento, la luz del sol irrumpió por completo sobre el bosque, iluminando cada hoja y cada camino con un brillo cálido. Maritza se alzó ligeramente del suelo, y su cuerpo empezó a desvanecerse en destellos de luz dorada que poco a poco se convirtieron en miles de mariposas. Antes de que se dispersaran hacia el cielo azul que comenzaba a mostrarse, todas se reunieron por un instante frente a mí: pude ver claramente su rostro en medio del enjambre, con esa sonrisa que conocía tan bien, y me guiñó un ojo, luciendo radiante y plena de felicidad. Frente a la lápida de maritza, le prometí que de hoy en adelante cuidaría de nuestra hija como si fuera el centro de mi mundo.

:En el presente:”

—¿Y qué pasó después de estar en el cementerio?— le pregunté

— Regresé a casa y cambié por completo mi vida: dejé la bebida para siempre, me enfoqué en el trabajo y en criar a nuestra hija. cuando yo cumplí los dieciocho años, me mudé a vhicago para forjar mi camino como adulto. después, mi padre, maría y sus hijos también se mudaron a la ciudad y fue la única vez que volví a soñar con maritza desde aquel día en el cementerio —dijo christopher

Mientras me limpiaba las lágrimas con un pañuelo doblado en mi mano, escuchaba la historia de christopher y me daba cuenta de que me había conmovido demasiado. Sentía una gran pena al saber qué enfermedad había causado la muerte de maritza. Me hubiera gustado conocerla: saber cómo era su forma de ser, si hablaba rápido cuando se emocionaba o qué colores le gustaban más. Al mismo tiempo, pensé que tuvo suerte al cruzar el camino de christopher. Entonces, él volvió a hablar de nuevo; su voz se escuchaba melancólica, casi un susurro en el silencio de la habitación.

— Después de eso, samantha, ya no volví a soñar con ella. tan solo aprendí a vivir sin ella… solo debemos esperar y seguir adelante. sé que tarde o temprano la volveré a ver. ¿sabes algo? ella me enseñó a vivir, a ver la vida de otra manera, a entender que el ciclo de la vida tiene un final y que no hay que temer a morir—dijo christopher

— Dime… ¿y si pudieras volver atrás, si el tiempo te diera otra oportunidad de hacer las cosas de nuevo, lo intentarías, christopher? —le pregunté

— Sí, sin dudarlo, lo repetiría una vez más. pero esta vez, no caería en los mismos errores: me perdí en el alcohol, descuidé a sarahí… siento profundamente que en esos momentos le falle, que incumplí mi promesa con maritza. cuando la conocí, éramos muy jóvenes, casi niños aún, pero ella tenía una madurez que yo no alcanzaba. me enseñó a su manera a no temer ni a la muerte ni a la vida misma, y a encontrar una solución que solo ella conocía; maritza… espero que estés tan orgullosa de mí —dijo christopher

De repente noté que unas cuantas lágrimas rodaban por las mejillas de christopher al decir esas palabras. Al verlo tan vulnerable, comencé a llorar también; me limpié mis mejillas con los dedos, tratando de contenerlas. Entonces christopher se levantó, y yo también me puse de pie del sofá. Nos miramos fijamente a los ojos, hasta que él me preguntó si podía regalarle un abrazo fuerte. Sin dudarlo, lo envolví con mis brazos y le respondí:

— Sabes algo, christopher? el corazón de una mujer es un profundo mar de secretos. tal vez maritza supo desde muy dentro de ella que tú eras el indicado para llevar su legado; que eras un hombre responsable capaz de custodiar lo más bello que te dejo a ti hija —le dije

— Gracias, samantha, por escucharme creo que ya es hora de irnos a dormir: son las doce de la madrugada, y mañana tenemos que viajar a san francisco. antes de que te vayas, ¿me puedes regalar un cigarrillo? voy a fumarlo afuera. ve a descansar mañana nos vemos —dijo christopher

Me aparté de él despacio, llevé mis manos a su rostro y limpié sus lágrimas con los pulgares. Solo me respondió con una sonrisa, como pidiéndome perdón por haberme hecho llorar. Pero no pude contenerme y le contesté de nuevo: derramé unas cuantas lágrimas

— Christopher, gracias por haber aparecido en mi vida… tú me salvaste, aunque no lo reconozcas. siempre estaré muy agradecida contigo. si no te hubiera conocido esa noche, aún seguiría en el mundo de la prostitución. fuiste el primer hombre que me miró como una persona, no como un objeto desechable. —le respondí

Después de que christopher limpiara mis ojos de las lágrimas que había llorado, me preparaba para retirarme. Al notar que él se dirigía hasta el patio, sentí algo pesado en el centro del pecho. Abrí la puerta apenas un resquicio para observarlo: christopher estaba fuera, apoyado en el alero del techo, con un cigarro entre los dedos. De pronto, levantó la cara hacia el cielo, mientras el humo se desvanecía en la oscuridad.

:Perspectiva de christopher:”

— Maritza. Hace mucho tiempo que no conversamos. la última vez que hablé contigo fue cuando te llevábamos al hospital; lo recuerdo con precisión.—contestó christopher

:Flashback: lunes 12 de noviembre de 1984:”

— ¿Y qué será de mí? ¿qué pasará cuando te vayas o cuando la enfermedad te robe de mí? no te quiero perder, no… no comprendes: te amo, maritza. tú irás y quedaré aquí solo sin ti, estarás bien, en cielos pero ¿y yo? ¿y este amor que siento por ti? por favor, por favor, por favor. si te vas hoy, te lo ruego, no podré seguir. viviendo sin ti… si no sales con vida en el hospital jamás te perdonaré si no sales con vida.—dijo christopher

— Perdóname. no quería que te enamoraras de mi perdóname.—dijo maritza

:En el presente:”

— Sabes bien que me arrepiento de lo que te dije maritza, hablé impulsado por el dolor, pero nunca me detuve a pensar en lo que tú sentías. fui egoísta en parte; quería que te quedaras, aunque tu cuerpo estuviera apagándose cada día más. perdóname. y ahora, necesito hablarte de algo más.—dijo christopher

Después de tanto pensarlo, había tomado una decisión. Sabía que el proceso sería insoportable. Con movimientos lentos y cuidadosos, me quité el anillo del dedo, lo besé por un instante y lo deposité sobre la banqueta de piedra que bordea el jardín. Ya era hora de cerrar ese capítulo de mi vida. Pero el dolor fue intenso: al separarme de la joya y dejarla allí, sentía cómo se levantaba una carga que llevaba acumulada durante años, aunque al mismo tiempo tenía la sensación de borrar cada página de la historia que había vivido junto a maritza.

— Maritza, realmente necesito hablarte. hace mucho tiempo que no me dirijo a ti de esta forma. lamento interrumpir tu paz en esta noche, pero es importante que escuches esto: hay algo que me tiene desconcertado… creo que me he estado resistiendo a volver a enamorarme porque nunca he sabido dejarte ir de verdad. pero ya no estás conmigo en este mundo, así que te pregunto… ¿te parecería bien que intentara abrir mi corazón de nuevo, que me dejaras sentir amor por otra persona? si puedes, dame alguna señal de que está bien seguir adelante… sé que no puedes contestarme, pero debo decirte que creo que me estoy enamorando de samantha. a sarahí también le gusta estar con ella; parece sentirse a gusto a su lado. sé perfectamente que nunca podré reemplazarte como madre de nuestra hija, pero espero que no me tengas en cuenta con dureza.—dijo christopher

:Perspectiva de samantha:”

Cuando vi que christopher volvía hacia dentro de la casa, me escondí rápidamente detrás del sofá. Al comprobar que subía las escaleras hacia su habitación, salí con cautela al patio y me dirigí hasta la banqueta. Allí yacía su anillo de matrimonio; jamás antes lo había visto sin él en el dedo. Murmuré para mí misma: ¿Por qué se lo quitó en este momento? Nunca lo había hecho antes. Maritza, ¿qué debería hacer? recogí el anillo con mucho cuidado, lo guardé en mi cartera y decidí que más tarde pensaría bien qué hacer con él.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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