El diario de samantha - Capítulo 62
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Capítulo 62: El diario de samantha
Capítulo – 62: – Regresando a las ruinas de san francisco – parte 03
Sábado – 14 de noviembre del 1998
Querida Aylin
11:50 de la mañana
Entonces, cuando logré controlar mis emociones y observé mi reloj, comprobé que ya era la hora de abordar el avión: eran las 11:50 de la mañana. Me limpié las lágrimas con la parte interior de mi muñeca y, con la mayor rapidez posible, me apliqué una pequeña cantidad de pintura labial en los labios. Al salir del baño, noté que sarahi y christopher estaban mirando en mi dirección. Al acercarme a ellos, christopher me habló.
— Samantha y… sarahí, vamos para la agente de abordaje… samantha, ¿ya revisaste de que tu identificación esté vigente? —preguntó christopher
— Claro que sí, está vigente, christopher. ¿necesitas mi identificación, christopher? —le dije
— Papi, ¡pero qué es eso de agente de abordaje! no sé de qué hablas —dijo sarahí
— Es fácil, sarahí: esa persona es la que está en la entrada donde subimos al avión, junto a las pantallas que marcan el número de la puerta… se puede decir que es una recepcionista, su deber es encargarse de checar nuestros boletos y documentos. si fuéramos a otro país necesitaríamos pasaportes, pero aquí solo revisan nuestras identificaciones como las licencias de conducir que tiene tu papi —le contesté
Al llegar al mostrador, la mujer nos pidió nuestros documentos con mucha educación. Christopher le entregó los suyos primero y, en seguida, ella le preguntó amablemente: “Señor Christopher, ¿me puede entregar también los documentos de la niña, por favor?”. Él buscó rápidamente los de sarahí y se los dio. Después de revisar que todo estuviera en orden, nos indicó cuáles eran nuestros asientos y nos deseó un buen viaje. Acto seguido, cruzamos la puerta y seguimos avanzando hacia el avión. Una vez dentro del avión, sarahí prefirió sentarse a mi lado, mientras que christopher
Ocupó un asiento justo detrás de nosotras. La verdad es que me sentía bastante cansada; apenas el avión comenzó a elevarse, cerré los ojos y decidí descansar un poco, con la intención de dormir hasta que llegáramos al lugar. De pronto, sentí que sarahí recargaba su cabeza en mi hombro y en
cuestión de segundos ya estaba dormida, quedándose plácida antes que yo. Sin embargo, justo antes de que yo también me rindiera al sueño, escuché que christopher me respondía algo desde el asiento de atrás.
— Samantha, ¿cómo te encuentras? ¿aún te duele la mano o sientes que se te entumece? —dijo christopher
— Estoy, bien gracias christopher siento un poco de dolor, pero sobreviviré. sabes, me siento tan cansada, no sé qué me ocurre —le dije
Al mirarlo, sentía unas ganas inmensas de estar cerca de él, pero me contuve. Quisiera que el tiempo y la distancia no fueran un obstáculo entre nosotros. Me mordí mis labios al imaginar lo que sentiría al besarlo, aunque ese mismo pensamiento me llenó de tristeza. Tal vez él nunca me mire con los mismos ojos que yo lo miro a él… No puedo evitar lo que siento, pero admitirlo me provoca unas terribles ganas de llorar.
— ¿Qué sucede, samantha? ¿estás bien?… te noto rara, cuéntame lo que te sucede —dijo christopher
— ¿Tú crees que existe el destino… tal como dice la leyenda del hilo rojo? —le dije
— ¿Me puedes hablar de esa leyenda, samantha? esta mañana me lo dijiste, pero explícamelo bien, por favor —dijo christopher
— No recuerdo la historia completa, pero sí me acuerdo de lo que siempre me contaba mi madre —le dije
— Entonces cuéntame lo que sepas… la verdad es que lo que mencionaste en la mañana me llamó mucho la atención —dijo christopher
— Dicen que todos nacemos con un hilo rojo invisible atado al dedo, meñique conectándonos desde siempre con quien vamos a amar para toda la vida… ese hilo jamás se rompe ni desaparece, se queda ahí para siempre sin importar el tiempo ni la distancia. no importa cuánto tardes en encontrar a esa persona o si vive al otro lado del mundo; las… almas destinadas siempre se terminan buscando. suena un poco estúpido, ¿verdad, christopher? —le dije
— Y dime, samantha, ¿por qué dices que parece estúpido? para mí es una historia preciosa y a la vez triste, ¿no lo crees así? —dijo christopher
En ese momento me enderecé un poco para mirarlo a los ojos, pero rápidamente volví a bajar la vista y me acomodé en mi asiento. Comencé a llorar en silencio, procurando que no se diera cuenta; sin embargo, lo único que sentí fue el calor de su mano apoyándose suavemente en mi hombro.
— Ni siquiera sé qué es el amor, christopher… ni siquiera tengo idea de qué se siente que alguien te bese apasionadamente —le respondí
— Samantha, yo sí sé lo que es. el amor déjame explicarte… el amor es preocuparte más por la felicidad del otro que por la tuya propia. es ayudar a quien amas sin importar lo que haya sido ni lo que vivió antes. en su pasado eso es amar: no juzgar su pasado, porque lo que pasó, pasó y ya no importa —dijo christopher
Tengo miedo, bastante miedo… porque es la primera vez que tengo algo así en mi vida. Siento que ahora pertenezco a una familia, pero sé muy dentro de mí que christopher y sarahí no me pertenecen, y eso me duele demasiado. Tengo pánico de despertar y darme cuenta de que todo lo que estoy viviendo no es más que un sueño. Al ver a sarahí dormida a mi lado, la sola idea de despertar y ya no verlos me causa un terror inmenso, no supe en qué momento me quedé profundamente dormida. Después desperté porque la azafata hablaba por el intercomunicador,
Anunciando algo que no lograba entender al principio, aunque intuí que había pasado bastante tiempo durmiendo. Al poner más atención, escuché que informaba que el avión pronto iba a descender y que debíamos abrocharnos los cinturones de seguridad. Fue entonces cuando noté que ya no sentía dolor en mi estómago; la sensación de cansancio y las náuseas habían desaparecido por completo. Sentí como si hubiera vuelto a la vida. Justo en ese momento, la azafata habló de nuevo.
— Buenas tardes, soy… janeth y les informo que estamos preparándonos para el descenso en el aeropuerto internacional de san francisco. les solicitamos asegurar sus pertenencias y mantener abrochados los cinturones de seguridad… agradecemos su comprensión —dijo janeth
Al notar que sarahí no llevaba puesto el cinturón de seguridad, se lo abroché rápidamente. Como seguía profundamente dormida, decidí que no era necesario despertarla; preferí dejarla descansar un poco más. En ese momento, christopher me contestó.
— Samantha, ¿descansaste bien? como te vi tan profundamente dormida, preferí no despertarte. pero cuéntame, ¿cómo sientes tu mano?… una vez que aterricemos y estemos en el aeropuerto, vamos a ir al baño para revisártela, como se ve la herida de tu mano quitarte los vendajes y limpiarla de nuevo… te aviso que el descenso puede tener movimientos bruscos; si no estás acostumbrada, es normal que sientas un poco de miedo o nervios, pero no te preocupes, es parte del proceso —dijo christopher
Mientras el avión descendía, no recordaba que la sensación fuera tan fuerte; se sentía exactamente como una montaña rusa. En cuanto tocó tierra, despertamos a sarahí y comenzamos a bajar. Pero apenas pusimos un pie fuera, sentí un frío muy intenso inmediato. Por suerte sarahí traía ropa adecuada, pero yo solo llevaba puesto un vestido largo y una blusa de manga corta. Había mucha neblina y el aire se sentía pesado.Ya dentro del aeropuerto, christopher quiso detenerse en los baños para curarme la mano, pero le contesté:
— Christopher, ya es tarde, mira el reloj, son las 4:30. de la tarde es mejor irnos directo a nuestro destino y descansamos, porque si sigue así, va a hacer mucho más frío luego y ninguno de los dos traemos ropa para soportar el frío… ¿qué te parece si cuando lleguemos al departamento me limpio bien la herida? —le dije
— De acuerdo, samantha —dijo christopher
— Vaya, qué clima… —dijo sarahí
Al ver un taxi vacío nos subimos y christopher le indicó al conductor la dirección del lugar donde nos hospedaríamos. Durante el trayecto, observaba las calles; de san francisco hacía mucho tiempo de que se me había olvidado las calles que no recordaba cómo se sentía vivir aquí. Fue entonces cuando sarahí contestó:
— Dime, papi, ¿cómo cuáles son los nombres de mis abuelos y cuándo vamos a ir a verlos? —dijo sarahí
— Tienes razón, aún no te había contado… tu abuela se llama emma y tu abuelo se llama edward. además, tienes un tío que se llama jack entonces quieres ir ahorita solo vamos a dejar las maletas y vamos al departamento y de ahí vamos con tus abuelitosde —dijo christopher
Al llegar al destino, me encontré con una sorpresa: pensé que sería un departamento, pero en realidad era una cabaña. Se veía preciosa. Al entrar, encendimos la luz y dejamos nuestras cosas en el suelo. Al levantar la vista, noté en el reloj que ya eran las 5:00 de la tarde. Desde ahí, nos dirigimos hacia la casa de los abuelos de sarahí. Notaba cierta nerviosidad en sarahí antes de llegar. Christopher iba comentando que pronto estaríamos en casa de maritza. Al fin arribamos y los tres bajamos del vehículo. Al tocar la puerta, salió una señora a recibirnos, pero de pronto vi que se llevó las manos a la boca, sorprendida. Fue entonces cuando christopher habló:
— Buenas tardes, señora emma —dijo christopher
— ¡Por dios… dios mío! se parece a mi hija maritza, no puedo creerlo. edward, jack, vengan por favor —exclamó emma
En ese momento aparecieron dos hombres; supuse que se trataba de edward y jack. El señor de mayor edad comenzó a llorar, al igual que la señora emma. Pasamos al interior de la casa y, durante un tiempo, sarahí estuvo platicando con ellos. Sin embargo, al mirar a christopher, noté que parecía bastante molesto. Entonces me acerqué a él y le hablé en voz baja para que nadie más nos escuchara. Nuestra conversaciones
— ¿Qué sucede, christopher? ¿todo bien? te encuentras bien —le dije
— No, samantha… no es fácil olvidar lo que ellos querían hacer antes de que mi hija naciera —dijo christopher
— Entiendo… ya me acordé: ellos querían que maritza abortara, ¿verdad? eso es lo que te enfada. que ahora parezcan muy amorosos con sarahí, pero antes de que ella naciera, deseaban que no existiera. se puede decir así, ¿verdad? —le dije
— Antes de mudarme a chicago, me dijeron que no querían saber nada de sarahí… hasta la llamaron asesina, diciendo que ella era la causa de que su hija hubiera fallecido. entonces no les contesté nada, pero verlos así ahora se me hace tan hipócrita —dijo christopher
— Te entiendo, christopher. pero ¿tú crees que maritza hubiera querido verte así? quieras o no, ellos son los padres de la mujer que amaste; eso no va a cambiar… puedes odiarlos, pero siguen siendo la familia de ella. es mejor perdonar, aunque sé que es difícil. yo te entiendo, en tu lugar haría lo mismo… pero hazlo por sarahí —le respondí
De repente, christopher tomó mis manos. Quedé sorprendida, pues era la primera vez que hacía algo semejante. Lo miré directamente, pero él tenía la vista fija en emma y edward. En ese instante llegó sarahí.Se acercó, me tomó del brazo y me condujo hacia donde estaban ellos. Acto seguido, me abrazó con fuerza y entonces sarahí comenzó a hablar
— Ella es samantha. ha sido muy buena conmigo y me ha explicado muchas cosas que yo no entendía. me gustaría que ella me acompañara a la habitación de mi madre. espero que no les moleste —dijo sarahí
Me quedé en silencio, sin saber cómo reaccionar. Miré a christopher, esperando una señal para saber si podía ir; era un momento especial íntimo para ella, pero él asintió indicando que estaba bien. Al ver a los abuelos, noté que parecían algo molestos, aunque no dijeron nada. Entonces emma respondió:
— Bueno, si así lo deseas, pequeña sarahí, puedes subir. toma esas escaleras, es la tercera habitación. ese es el cuarto de tu madre, está tal cual lo dejó el día que naciste. ni siquiera he entrado ahí en años. allí debe estar lo que buscas… ¿acaso tu padre no te dijo nada? ¿tu mamá te dejó algo guardado? entonces esas llaves que te voy a dar es la habitación de maritza —dijo emma
— No… ¿qué es? —preguntó sarahí
— Busca el diario de tu madre. yo tampoco sé bien qué contiene, pero las últimas palabras de tu mamá me dijo que ahí había dejado una carta especial para ti —intervino christopher
— Gracias, papi —dijo sarahí
Emma le entregó la llave a sarahí y decidimos subir hacia la habitación de maritza. Al pasar junto a christopher, de repente me sujetó del brazo y me susurró: “Gracias, samantha, por estar aquí con nosotros”. Le sonreí. Caminamos hacia las escaleras, pero cuando aún faltaba para llegar a la habitación de maritza, sarahí se detuvo y me habló con un tono nervioso:
— Samantha, ¿qué crees que diga la carta de mi mamá? ¿crees que diga que no está orgullosa de mí? o tal vez que nunca quiso tenerme o que me odiaba —dijo sarahí
— Basta, sarahí. ¿cómo puedes decir eso? tu mamá siempre te amó hasta el final… sé que tienes miedo y es normal sentirlo ante lo desconocido. no te preocupes, estoy segura de que ahí está la verdad. porqué tu papá no tiene una fotografía de ella —le dije
— Gracias por acompañarme, samantha… no sé qué haría sin ti. a veces me pregunto si merezco tu amistad, porque sigo siendo una niña miedosa inmadura… aunque ya tengo catorce años, todavía me asusta estar sola. es una sensación terrible pensar que, sin importar lo que haga siempre seré patética —respondió sarahí
Me acerqué sin pronunciar ninguna palabra, me arrodillé a su altura y la abracé con fuerza. En ese instante, sarahí comenzó a llorar y sentí que mi cuello se comenzaba humedecerse con sus lágrimas. No dije nada, simplemente la sostuve para que se desahogara y pudiera liberar todo lo que llevaba dentro.
Con
Cariño
Samantha
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