Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El diario de samantha - Capítulo 61

  1. Inicio
  2. El diario de samantha
  3. Capítulo 61 - Capítulo 61: El diario de samantha
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 61: El diario de samantha

Capítulo – 61: – Regresando a las ruinas de san francisco – parte 02

Sábado – 14 de noviembre del 1998

Querida Aylin

9:48 de la mañana

Mientras caminábamos hacia la habitación de sarahí, atravesando el pasillo iluminado por focos empotrados, noté que ella permanecía en silencio. Su postura era rígida, los hombros ligeramente encorvados, y de vez en cuando ajustaba el borde de su camisa con los dedos tensos. No lograba entender el motivo de su nerviosismo; su expresión era seria y sus ojos se fijaban en la puerta al final del pasillo. Decidí entonces abordar el tema para quitarme la duda:

— ¿Qué sucede, sarahí? ¿algo te pasa o hay algo que te moleste? pareces inquieta. puedes confiar en mí.— respondí

Con tono suave, procurando transmitirle tanto confianza como mi apoyo emocional, le hablé. a sarahí alzó la cara hacia mí: en sus ojos se reflejaba un claro miedo, y sus labios se mordían constantemente, un gesto que siempre había asociado a su nerviosismo. Podría tratarse del próximo viaje a San Francisco, pensé. Luego me respondió, pero su voz estaba entrecortada y temblorosa, dejando entrever lo inquieta que realmente estaba.

— Samantha, tengo miedo de viajar a san francisco. no encuentro las palabras para explicarlo bien, pero en lo más profundo no quiero ir… siempre he deseado con todas mis fuerzas tener una fotografía de mi madre; pero ahora que está a un paso de mí… me siento completamente aterrorizada.— expresó sarahí

— ¿Pero por qué te sientes de esa manera? seguro que hay un motivo, sarahí.— le pregunté

— Sé que lo que te voy a contar puede parecer ridículo, pero la verdad es que tengo miedo de ir a san francisco… ¿qué pasa si no estoy a la altura de ser la hija perfecta que ella merecía? sé bien que ya no me puede ver físicamente, pero siento como si, al llegar allí, ella pudiera verme de todas formas… no sé si me estoy explicando claro. además, tengo tanto miedo de enfrentarme a mis abuelos maternos y que al fin me digan que no soy más que una decepción para ellos.—dijo sarahí

— No digas nada de eso, sarahí. ¡claro que no eres una decepción! eres una muchacha con un montón de cualidades: sabes dibujar maravillosamente, eres muy inteligente y tienes una madurez que sobra para tu edad. cualquier madre en el mundo se sentiría enormemente orgullosa de tenerte como hija.— respondí

— Samantha… ¿tú realmente te sentirías orgullosa de mí, si yo fuera tu hija?… parece algo tan ridículo. ya tengo catorce años, pero sigo buscando ese afecto materno que nunca tuve… perdóname, samantha, no quería ponerte en una posición incómoda.—dijo sarahí

Un nudo se formó en mi garganta al escucharla decir esas palabras. De pronto, agarré su mano y nos detuvimos nuestros pasos de golpe. Sarahí tenía la cara bajada, sus cabellos cubriendo parte de su rostro. me arrodillé para estar a su mismo nivel y la abracé con todas mis fuerzas presionando su cabeza contra mi hombro. Solo escuché los sonidos de sus sollozos, que sacudían su cuerpo de a ratos. Sentía una gran frustración al verla así, no soportaba verla llorar, pero era más que entendible: su madre había fallecido hace exactamente catorce años, y ahora se acercaba a un momento que había anhelado y temido al mismo tiempo. Entonces sarahí empezó a hablarme, sin soltarme ni separarse de mí.

— Samantha, ¿por qué dios me trató así? nunca conocí a mi madre, ni siquiera conocí su sonrisa. siempre anhelé tener una… madre pero cuando creí que finalmente la tendría, me rechazaron. siempre quise que alguien me leyera cuentos por las noches para dormirme, o que me diera un beso de buenas noches. pero nunca podré saber cómo se siente eso: escuchar un cuento antes de dormir, recibir un beso al acostarme… cada año, cuando soplaba las velitas de mi pastel de cumpleaños, mi deseo era tener una madre. y en todas las cartas que le escribí a santa claus le pedía lo mismo: que me dejara sentir el amor de una madre, aunque fuera solo por un día o unas horas.— dijo sarahí

— Sarahí…— le respondí

— A veces he deseado que no hubiera nacido… así no sería un estorbo para mi padre… así podría buscarse una nueva pareja tranquilo, sin que yo estorbe en nada.— dijo sarahí

— Sarahí, no vuelvas a decir esas. palabras si algo te llegara a pasar, tu padre se volvería loco; para él, tú eres su razón de ser… y yo también sufriría mucho: te has convertido en alguien tan especial para mí que he comenzado a mirarte como si fueras mi propia hija —le dije

— Si es cierto lo que dices, ¿por qué no consideras casarte con mi padre? ¿no te agrado lo suficiente? de hacerlo, los tres podríamos formar una familia juntos—dijo sarahí

— Sarahí, es algo complicado lo que me estás pidiendo, porque la relación entre tu padre y yo… —le respondí

En ese momento, sarahí me interrumpió: ya conocía la respuesta, y también sabía lo que iba a decir christopher y yo éramos solo amigos, nada más: entre él y yo no había amor, solo una relación de amistad. Al oírla hablar así, la frustración me venía encima. No me gustaba verla con ese rostro, en ese estado tan extraño, donde la esperanza parecía mezclarse con la resignación. Y entonces volvió a hablar, como si quisiera cerciorarse de lo que ya se imaginaba.

— Sí, ya lo sé lo que me vas a decir: que solamente entre ustedes hay solo amistad, no amor —dijo sarahí

— Lo lamento mucho, sarahí; no todas las cosas salen como uno quiere, y debes entenderlo. no te voy a engañar: entre tu papá y yo no existe atracción alguna, y no debería haberla.—le dije

Entonces me alejé unos pasos hacia atrás, hasta poder colocarme frente a ella y verla cara a cara. Sarahí desvió su mirada hacia el lado opuesto de donde yo me encontraba; después, sus ojos se dirigieron lentamente hacia el suelo, donde fijó la vista en una mancha oscura sobre el suelo. Le pedí que me mirara, y con ambas manos tomé su rostro con delicadeza, apoyando los pulgares en sus mejillas y cuidando de no ejercer presión alguna, procurando no causarle ningún daño, entonces sarahí no podía contener sus lágrimas; iban cayendo una a una, resbalando por sus

Mejillas y empapando el cuello de su blusa. Acerqué mi dedo índice y las fui limpiando una por una, siguiendo el curso que trazaban sobre su rostro. Luego le hablé: con mi voz suave, casi un susurro, pero en cada palabra se notaba toda mi determinación. Entonces sarahí rompió a llorar con más fuerza al verla nuevamente, un sentimientos de culpa comencé a surgir, acompañados de una fuerte frustración. Sarahí lloraba, y la responsabilidad recaía en mí; sin embargo, no lograba entender por qué sarahí deseaba que me casara con su padre. De repente sentía en mi cabeza Empezaba a dolerme y la visión se volvía borrosa. En un impulso, casi revelé de qué me dedicaba: antes de conocerlos. Me dedicaba en la prostitución. En ese momento, le hablé a sarahí.

— Sarahí, escúchame con atención. el motivo por el que no puedo estar con tu papá es porque antes de conocerlos yo era una prost —le dije

Me invadía una gran frustración por mi pasado; sentía que no era digna como mujer, y de golpe unas lágrimas desbordaron por mis mejillas. De repente, sentí que mi pecho se apretaba con fuerza, la respiración se hizo rápida y agitada, costándome muchísimo respirar. Empecé a notar que me venía un ataque de pánico: necesitaba aire urgentemente, intentaba hablar pero no alcanzaba para hacerlo. Sarahí me abrazó enseguida, viéndola con ojos llenos de miedo al verme así; sentía que me hablaba, pero no distinguía ni una sola palabra. Seguí lo que me había enseñado mi psicóloga: contar números y tratar de relajarme poco a poco. Cuando finalmente pude dominar mis nervios, me sentía exhausta y débil.

— Samantha, samantha… ¿estás bien? ¿quieres que vaya a buscar a mi padre ¡por favor, dime si me puedes escuchar!— dijo sarahí

— Es… toy… bi… en… no te preo… cu… pes… sarahí… es… toy… bi… en.— le dije

— Samantha, ¿te encuentras bien? —dijo sarahí

En ese momento, un dolor punzante recorría mi abdomen, justo debajo del ombligo; cuando llegaba el ataque de pánico, el malestar físico se intensificaba hasta dejarme temblando. Me sentía exhausta, como si hubiera corrido kilómetros sin detenerme. Al mirar a sarahí, se le notaba la preocupación en la línea de sus cejas y en cómo apretaba sus manos. Todavía tenía dificultad para respirar, así que cerré los ojos por un instante, inhalaba aire por la nariz hasta llenar los pulmones y lo soltaba despacio por la boca. Me incorporé de pie con cuidado, apoyándome en mis rodillas para mantener el equilibrio, y luego le contesté:

— Sarahí… ya me encu…entro bi…en solo nece…sito… un… un poco de tie…mpo. —le dije

Nos encaminamos a la habitación de sarahí. Mientras avanzábamos por el pasillo, mi estómago se contraía sin cesar y la sensación de vomitar no desaparecía; los cuadros que colgaban en las paredes pasaban desfocados ante mis ojos. Al llegar, encontramos la habitación ordenada, con la cama hecha y algunas revistas sobre la mesita de noche. Le ayudé a empacar sus pertenencias: solo necesitábamos lo indispensable, ya que nuestra estancia en san francisco no iba a durar más de un día. Cuando sarahí entró al baño para cambiarse, guardé la última prenda en la pequeña

Maleta de viaje y me dispuse a ir a mi habitación para hacer lo mismo. Al observar que mi mano comenzaba a sangrar, y que los vendajes empezaban a teñirse de color rojo con mi propia sangre, me di cuenta de que la herida se había abierto de nuevo. Mantuve la mano en alto, procurando que la sangre disminuyera su flujo y evitando cualquier movimiento brusco…que pudieran provocar un sangrado mayor. Después de cambiarme de atuendo, abandoné mi habitación; sin embargo, aún percibía una ligera… opresión en mi pecho y dificultad para tomar aire suficiente, descendimos

Hasta la sala. Allí estaba christopher, vestido con un pantalón de vestir negro y una camiseta de tortuga del mismo color; pero su mirada se posó sobre mi mano al notar que los vendajes estaban manchados de sangre. Se acercó hacia mí, entonces christopher comentó que pasaría por una farmacia para adquirir productos para desinfectar la herida. Le manifesté que no era necesario, pero él se negó rotundamente.

— Antes de llegar al aeropuerto, iremos a una farmacia para comprar vendajes y agua oxigenada, y alcohol con el fin de evitar el riesgo de que tu mano se infecte— preguntó christopher

—Sí… está bien, Chris…topher —le dije

—¿Te encuentras realmente bien? te ves tan pálida y se nota que te cuesta respirar. ¿estás bien, samantha? —preguntó christopher

Incliné mi rostro en señal de que sí, aunque la sensación de opresión seguía presente. En ese instante llegó el taxi y los tres nos subimos: christopher ocupó el asiento delantero, mientras sarahí y yo nos acomodamos en la parte trasera. Sarahí mantenía la mano cerca de mí, como dispuesta a ayudarme en cualquier momento, y christopher miraba por el retrovisor cada vez que podía, observando cómo yo me sostenía mi estómago con ambas manos. Le di una pequeña sonrisa a sarahí para hacerle saber que no debía preocuparse. El chofer prendió el radio y de golpe sonó la canción de “Manic Monday”.

— Es la banda the bangles —contestó sarahí

Mientras sarahí cantaba, la canción oí que christopher le preguntó al chofer si podíamos detenernos en una farmacia antes de llegar al aeropuerto. Él chófer contestó que estaba bien, pero que implicaría un cargo adicional. Christopher estuvo de acuerdo, así que el vehículo desvió el camino unas cuadras después. Nos detuvimos frente al local y christopher entró. Regresó al poco tiempo con una bolsa pequeña en la mano; adentro llevaba agua oxigenada, alcohol y un paquete de vendajes nuevos. Al llegar al aeropuerto, todavía faltaba media hora para que saliera el vuelo.

Pero christopher propuso ir al baño para revisarme la mano, y sarahí quiso acompañarnos para no separarse de nosotros. Al entrar al baño, christopher tomó mi mano con cuidado. Primero retiró los vendajes anteriores y luego aplicó agua oxigenada sobre la herida. Cuando terminó de limpiarla, la secó suavemente y espolvoreó un polvo blanco, probablemente algún medicamento para ayudar a la cicatrización. Unas lágrimas rodaron por mis mejillas y, en ese momento, le hablé.

— Gracias, christopher—le dije

— Samantha, ¿te encuentras bien? ¿la herida te duele? ¿qué pasa?—dijo christopher

En ese mismo momento, él agarro un trozo de papel higiénico y se inclinó para secarme las lágrimas. Yo desvié la mirada hacia la pared del baño; me sentía completamente confundida por lo que sentía hacia él. Nunca antes había experimentado algo así en mi interior, una sensación que no lograba poner en palabras. Aun con la vista fija en otro lugar, empecé a responderle.

— Christopher… no me vayas a abandonar. no me dejes sola… quédate junto a… m… mí, ¿sí?—le dije

— Por supuesto que sí. no me iré, nunca te abandonaré. ¿entiendes? jamás lo haré. ahora, limpiemos esos ojitos para que recupere ese brillo que siempre tiene —dijo christopher

Luego de que christopher terminara de limpiar y vendar mi mano, le dije que me quedaría un momento para arreglarme un poco y que ya los alcanzaría después. Él asintió y salió del baño. Me quedé observando cómo se alejaba junto con sarahí, y en cuanto se cerró la puerta, comencé a hablar en voz baja conmigo misma teniendo una conversación.

— Christopher… yo no sabía lo que era ser feliz realmente. pero desde que los conocí, he sentido una alegría que jamás había experimentado. y me pregunto… ¿tú también eres feliz estando a mi lado? porque yo he sido inmensamente feliz durante estos meses.—respondí

De repente desvié mi mirada al suelo y, una vez más, comencé a llorar. Quería detenerme, pero no podía. Entonces miré el collar que sarahí me había dado y lloré aún más; tenía miedo de perderlos y, aunque sabía perfectamente que no éramos familia, no podía evitar sentir que me sentía como una usurpadora, que me estaba aprovechándome de un amor y un hogar que en realidad no me correspondían. Pero de pronto saqué mi cartera y de ella saqué el anillo de matrimonio de christopher. Muy dentro de mí, me repetía: Maritza, perdóname… no puedo evitar lo que siento por

El, y por sarahí. Sé que él aún te lleva muy dentro de su corazón y no sé qué hacer con estos sentimientos…. lo que me hace sentir profundamente culpable. Perdóname, maritza, ahora me doy cuenta. Sé que en el fondo lo que siento por él empezó como agradecimiento, pero también es un sentimiento que va creciendo poco a poco en mi corazón.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo