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El diario de samantha - Capítulo 64

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Capítulo 64: El diario de samantha

Capítulo – 64: Recuerdos

Domingo – 15 de noviembre del 1998

Querida Aylin

9:40 de la mañana

Al despertar, miré el reloj y vi que eran las 9:40 de la mañana. Me levanté estirando brazos y piernas, y en ese momento tocaron a la puerta. De mi habitación me levanté de la cama al abrir, la puerta me encontré con christopher, quien sostenía en sus manos alcohol, agua oxigenada y medicinas; venía para limpiarme la herida de mi mano. Al verlo, le sonreí.

— Buenos días, samantha. ¿puedo pasar para limpiar la herida de tu mano? —preguntó christopher

— Claro adelante christopher —contesté

Mientras caminábamos hacia el baño, sentía una extraña mezcla en mi corazón: una inmensa felicidad que se mezclaba con una profunda tristeza. No lograba entender qué me pasaba, solo sabía que me invadía el miedo de pensar que todo esto fuera una ilusión y que, al despertar, ya no estaría aquí. Mientras christopher retiraba con cuidado los vendajes de mi mano, pude ver que la herida estaba sanando mucho mejor y más rápido de lo que imaginaba. Pero fue al lavarme cuando levanté la vista y me miré fijamente en el espejo. Me di cuenta de que ya no era la misma

Mujer hoy cumplo exactamente veintitrés días viviendo aquí con christopher y sarahí. A veces parece mentira la rapidez con la que pasa el tiempo. Desde que estoy con ellos, mi cuerpo ha empezado a cambiar y recuperarse: ya no se ve tan delgado ni esquelético, y mis facciones se han suavizado, se ven distintas. Lo que más destaca ahora es mi piel; ha recuperado su color natural y ha desaparecido esa palidez y ese aspecto demacrado que tenía cuando llegué. Sin embargo, justo en ese instante, mi mente se desvió hacia una fantasía erótica.

— Samantha, quería decirte algo: desde el día que te conocí me enamoré de ti, te amo. cásate conmigo… no me importa nada de tu pasado, solo quiero estar contigo, hacerte el amor y despertar cada mañana sabiendo que eres solo mía —dijo christopher

— ¿De verdad lo dices en serio? ¿no te importa saber que fui una sexoservidora? ¿realmente quieres pasar el resto de tu vida conmigo? ¡yo también siento lo mismo que tu, christopher! —le dije

En ese instante nos besamos apasionadamente. Sin pensarlo dos veces, cerré la puerta del baño y le susurré al oído que deseaba entregarme a él por completo. Él se colocó detrás de mí, besando mi cuello, y sentí sus manos deslizarse bajo mi blusa… pero de golpe, todo se desvaneció y volví a la realidad. Christopher me estaba hablando.

— Samantha… samantha, ¿me escuchas? llamando a tierra, samantha —dijo christopher

— Christopher… ¿q…ué pasa? di…me qué sucede —le dije

— Yo te pregunto lo mismo. te hablaba y estabas tan distraída. y no te diste cuenta de que había terminé de vendarte la mano, creo que para mañana no ocuparás vendarte. entonces vamos a desayunar, ya que sarahí nos está esperando… hice unos omelettes, pero lamentablemente no hallé mermelada de fresa, solo de manzana. espero que te guste —dijo

— Sí, muchas gracias por todo, christopher —le contesté

— ¿Segura que estás bien? te noto muy nerviosa, ¿te pasó algo, samantha? —preguntó christopher

— No te preocupes cosas de chicas, ya sabes… entonces vámonos, a desayunar —le dije

En cuanto salimos del baño, le pedí a christopher que me diera unos minutos. Le dije que yo lo alcanzaría abajo, que necesitaba un poco de tiempo solo. Christopher asintió y se fue, aunque noté que se quedaba con la duda y algo confundido por mi comportamiento repentino. En cuanto la La puerta se cerró y me dejé caer sobre la cama. Sentía una vergüenza terrible dentro de mí; mi cuerpo había experimentado un orgasmo sin siquiera darme cuenta. ¿Cómo fue posible? Tan solo con imaginar sus besos y sus caricias sobre mi piel, había llegado al clímax. Sentía las piernas

Débiles y húmedas, y notaba mi ropa interior completamente empapada. Nunca en mi vida me había sucedido algo así. Ni siquiera estando con hombres desconocidos, que pasaron por mi cama, había logrado sentir eso, ni mucho menos llegar a tener un orgasmo respiré hondo para calmarme, me cambié de ropa interior y de pijama para sentirme más cómoda, y cuando me sentí un poco más tranquila, bajé hacia la cocina. Al terminar el desayuno, sarahí expresó su deseo de ir al panteón para visitar a su mamá. Christopher se mantuvo en silencio, observándonos. Sarahí y yo subimos a la habitación para arreglarnos antes de salir. Mientras caminábamos hacia las escaleras, le comenté: a sarahí

— Sarahí, creo que es mejor que tu papá no vaya con nosotras —le dije

—¿Por qué lo dices, samantha? —preguntó sarahí

— Entiendo que para ti es importante y significativo ir al cementerio, pero trata de ponerte en el lugar de tu papá. es difícil para el porque maritza fue, alguien especial para ti papá era el amor de su vida, y regresar allí debe ser algo muy doloroso para él —le expliqué

— No lo había visto de esa forma, tienes razón. me habría gustado que me acompañara, pero nunca me había detenido a pensar en todo lo que él debe estar sintiendo —respondió sarahí

Una vez listas, bajamos de nuevo a la sala y pedimos un taxi. Antes de irnos, le preguntamos a christopher cómo era la lápida de maritza, pero él solo nos indicó que busquemos la lápida con él nombre maritza sarahí frantz atkinson, ya que posiblemente la habían cambiado. La lápida. Tiene razón, su lógica es impecable. El taxi llegó y partimos. Aunque el viaje duró solo unos minutos, se sintió interminable. Llegamos al cementerio con un ramo de flores en las manos. Entonces contesté

— Entonces solo debemos buscar el nombre: de la lápida, maritza frantz atkinson. va a ser difícil, pero no imposible —le dije

En ese preciso instante, sarahí se detuvo y pude notar cómo empezaba a temblar ligeramente. Al preguntarle cómo se sentía, era evidente que estaba nerviosa. Me acerqué con cuidado y, cuando habló, sus palabras me sorprendieron profundamente. En ese momento comprendí que estaba madurando. Ya no era la niña que recordaba; había cambiado tanto que no pude evitar sentirme orgullosa de la persona en la que se estaba convirtiendo.

— Honestamente, me siento nerviosa y aterrada, pero ya no huiré más. voy a enfrentar estos temores tal como me enseñaste, samantha. es momento de dejar el miedo atrás —dijo sarahí

— Está bien, yo estaré contigo, sarahí, no lo olvides —le respondí

Estuvimos buscando la lápida de Maritza durante unos minutos hasta que dimos con ella. Sarahí depositó las flores sobre la tumba y comenzó a dirigirle unas palabras a su madre. Yo me acerqué para hacerle sentir mi apoyo; verla así me hizo recordar mi propia experiencia cuando perdí a mis padres, siendo apenas una chica de dieciséis años.

— Mami, soy sarahí. espero que te agrade que esté aquí contigo. de verdad, me hubiera gustado tanto conocerte, pero sabes, al menos pude saber de ti por las fotografías y ahora ya me siento tranquila —dijo sarahí

Sus palabras me conmovieron profundamente. Al salir del cementerio, sarahí se acercó y me tomó de la mano. Esperamos el taxi en silencio; ya no lloraba, pero se notaba que sus emociones estaban a flor de piel, siendo apenas una niña de catorce años. En cuanto uno pasó, taxi nos subimos juntas para emprender el regreso. Hacia a la casa mientras sarahí se recargó en mi y se quedó profundamente dormida miré el reloj y vi que eran las doce del mediodía. En cuanto llegamos a casa, me recosté en el sofá y, sin darme cuenta, caí en un sueño profundo. Al despertar,me di cuenta de que ya eran las 5:00 de la tarde. Me levanté del sofá y vi que christopher estaba lavando los platos sucios entonces. Me acerqué a él y, apenas me vio, comenzó a hablarme.

— Christopher, ¿por qué no me despertaste? te habría ayudado a hacer la cena, dime por qué no lo hiciste —le dije

— Es que te vi tan profundamente dormida y no quise interrumpirte, samantha. ¿tienes hambre? todavía quedó espagueti —dijo christopher

— Y por cierto, ¿dónde está sarahí? —le pregunté.

— Está dormida, creo que quedó exhausta de todo lo que hicieron esta mañana. pero tengo algo que decirte, samantha, aunque no sé si deba… es algo muy personal —dijo christopher

— Dímelo, christopher, no tienes por qué guardártelo —le respondí

Me acerqué un poco más hacia christopher y, al quedar tan cerca, nuestros ojos se encontraron fijamente. Sentí unas ganas inmensas de besarlo, pero noté que su mirada estaba seria. Entonces le hablé con voz suave y calmada: intentando transmitir tranquilidad

— ¿Qué sucede? ¿por qué te veo tan serio? tú no eres así conmigo… ¿qué te pasa? —le dije

Entonces christopher me tomó del brazo con mucho cuidado y nos fuimos a sentar en el sofá. Era la primera vez que lo veía de esa manera; en ese momento pensé lo peor, tal vez ya quería que me fuera de su casa y tenía miedo de perderlo. Pero entonces volvió a hablar:

— Samantha, me gustaría saber algo de tu pasado. ¿cómo es posible que una chica tan linda como tú se involucrara en el mundo de la prostitución? —dijo christopher

— ¿De verdad quieres saber mi historia? está bien, pero primero quiero que me contestes con total sinceridad, christopher… hay algo que me sorprende de ti —le respondí

— Está bien de acuerdo —respondió christopher

— Dime, christopher, ¿por qué no te has aprovechado de mí hasta ahora? cualquier otro hombre en tu lugar ya lo habría hecho, viendo todo lo que has hecho por mí. ¿por qué eres tan diferente? ¿acaso no te parezco atractiva o hay algo malo en mi cuerpo? —le pregunté

— Simplemente quería ayudarte de corazón. ¿de qué me serviría aprovecharme de tu situación y exigirte cosas a cambio? no es que no me gustes, porque sí eres tan atractiva eres joven, hermosa y maravillosa… pero no actuaría así porque tengo una hija. me gustaría creer que, si yo faltara algún día, Y si mi hija también ocupa ayuda me gustaría que alguien le ayudará sin pedir nada a cambio ¿me entiendes? —dijo christopher

— Está bien, te lo contaré. aunque es un pasado que quisiera borrar, siento que necesito sacarlo de mí… sabes, christopher, nunca se lo he revelado a nadie, ni siquiera a mi psicóloga. pero contigo me siento en paz, tan tranquila y segura… tengo la certeza de que puedo confiar en ti —le dije

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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