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El diario de samantha - Capítulo 65

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Capítulo 65: El diario de samantha

Capítulo – 65: Inocencia perdida

Domingo – 15 de noviembre del 1998

Querida Aylin

5:17 de la tarde

Sin previo aviso, las lágrimas comenzaron a brotar al evocar recuerdos del pasado. Rodaban por mis mejillas en un curso continuo, incesante. Antes de que pudiera percatarme, mis brazos rodearon el cuerpo de christopher. En ese instante me sentí completamente expuesta y vulnerable, pero él respondió al instante, devolviéndome el abrazo con la misma fuerza y ternura.

— Christopher, en aquellos años mi mayor deseo era convertirme en maestra; tenía muchos sueños, pero mi vida cambió drásticamente tras un accidente fatal. en ese entonces sentía un profundo odio y resentimiento hacia dios —le dije

— Así que ese era tu sueño. por eso te fue tan natural congeniar y llevarte bien con sarahí —respondió christopher

Mi voz se quebraba por la tristeza y la respiración se me entrecortaba por la intensidad del momento. Era la primera vez que iba a hablar de mi historia con alguien; remover mi pasado turbio seguía doliendo, pero sentía que era indispensable para soltar el peso que cargaba dentro.

— Perdí mi inocencia primero por un accidente fatal, al morir mis padres. pero también perdí mi humanidad… al tener que dedicarme a la prostitución para sobrevivir, en un mundo que no tiene compasión —respondí

— Entonces la perdiste de dos formas, samantha… pero, ¿cómo sucedió? —preguntó christopher

— Todo empezó en san francisco. como ya te había mencionado, vivíamos en outer sunset. los nombres de mis padres eran aylin y peter, y era hija única, gracias a dios; de no ser así, también se hubiera convertido en prostituta igual que yo… eramos una familia muy unida y feliz, hasta que un accidente automovilístico lo cambió todo. mi padre murió al instante, mientras que mi madre luchó en el hospital hasta que finalmente sucumbió a sus heridas. tengo cada detalle de ese día grabado en mi memoria, como si fuera hoy —respondí.

Sentí cierta incomodidad al estar revelando mi historia, aunque en el fondo sabía que era necesario desahogarme. christopher me observaba en silencio, con la mirada fija hacia mí. Entonces di un fuerte suspiro para concentrarme bien y finalmente habló christopher:

— Si mis cálculos no fallan, tenías quince años cuando ocurrió el accidente… ¿estoy en lo cierto, samantha? —dijo christopher

— En realidad, ya había cumplido los dieciséis. fue apenas dos días después de mi cumpleaños cuando mis padres fallecieron —le contesté

:Flashback viernes 15 de abril del 1988:”

— Buenos días, ¿cómo amaneció mi bella durmiente? ya es hora de que te levantes —dijo aylin

Todavía tenía mucho sueño; entre quejas y bostezos le pedí a mi madre que me diera unos minutos más. Aunque no tenía ganas de salir de la cama, sabía que era mejor obedecer a mi madre. Estiré los brazos y las piernas despacio y, al final, logré incorporarme. Cómo me gustaría que fuera sábado para quedarme descansando todo el día. Estaba tan agotada, así que le hablé a mi madre para pedirle permiso de llegar un poco tarde después de clases. Decidí meterme a bañar. Mientras estaba en la regadera, no dejaba de pensar y me sentía confundida: mi novio me estaba presionando para tener relaciones sexuales. Siempre he evitado tocar ese tema con él, pero mis amigas me dicen que, si no accedo, es posible que se fije en otra chica y al final termine abandonándome. Al salir del baño, miré el reloj y vi que eran las 5:38 de la mañana. Aún tenía tiempo suficiente para desayunar algo ligero.

:En el presente:”

— Si hubiera sabido que mi madre fallecería en esos días, hubiera pasado más tiempo con ella. ¿sabes?, aún a estas alturas, christopher, me siento culpable… de no haber cumplido ese sueño de convertirme en maestra; ella anhelaba mucho que lo fuera. —le dije.

— Sabes algo, samantha, a tu manera, te has convertido en una maestra. —dijo christopher

—¿Pero cómo, christopher? ¿a qué te refieres con que me convertí en maestra? —le respondí

— Es muy simple: eres la guía de mi hija. le has enseñado mil cosas que yo no he podido enseñarle. tú la has guiado y le has enseñado a madurar. se podría decir que eres la maestra de vida de mi hija. —dijo christopher

— Nunca lo hubiera pensado de esa manera, christopher. —le respondí

:Flashback viernes 15 de abril del 1988:”

Al salir del baño, me vestí y me arreglé. Cuando estaba guardando mis cosas en la mochila, me encontré con un paquete de condones. Me sentía nerviosa, sabía que lo que estaba pensando estaba mal. Mi intención de hoy era perder mi virginidad, pero recordé las palabras de mi madre: ella siempre me decía que debía llegar virgen al altar y que solo debía entregarme a la persona que había elegido para hacer mi esposo. Salí de mi habitación, desayuné algo ligero y, cuando pasó el autobús, me subí. Ahí estaban Víctor, mi novio, y rebecca, mi mejor amiga. Antes de sentarme con ella, él se acercó a mí.

— Buenos días, samantha. oye, ¿qué te parece si vamos a mi casa después de clases? mis padres no van a estar. ¿qué dices? —dijo víctor

— ¿Estás seguro? ¿o solo vamos a ver una película? dime, víctor, ¿qué es lo que realmente vamos a hacer? —le dije

— Sabes qué, mejor olvídalo, samantha. —dijo vícto

— No… no, discúlpame, no quise hablarte así. perdóname, sí acepto ir contigo. —le dije

En ese momento, rebecca nos observaba pero no dijo nada mientras él estaba ahí. Cuando víctor se fue a su asiento, yo me senté junto a ella. Me sentía terriblemente estresada por la situación; no dejaba de pensar en tener relaciones y en qué pasaría si quedaba embarazada por no cuidarme. Entonces rebecca habló.

— Samantha, te voy a dar un consejo como amigas: si sigues tratándolo así, se va a hartar de ti y al final te va a dejar. no es el fin del mundo si pierdes tu virginidad, yo ya la perdí hace tiempo. —dijo rebecca

— Ya sé que estoy yendo mal, pero es que aún no me siento lista,rebecca, por favor entiéndeme. yo no soy como tú… tú la perdiste a los catorce, pero yo todavía no me siento preparada para eso. —le dije

— Te entiendo, samantha, solo te lo decía para que no te deje. porque tarde o temprano, eso es lo que va a pasar. —respondió rebecca

Me sentía totalmente abrumada por sus palabras. Llegué a pensar que era una egoísta simplemente por no hacer lo que víctor quería. Ya estábamos por llegar a la escuela cuando rebecca me miró y me dijo con mucha seriedad:

— Samantha, si sigues actuando así, lo único que logras es obligar a víctor a buscar fuera lo que tú no le das. ¿es eso lo que realmente quieres? —dijo rebecca

Al bajar del autobús escolar, caminábamos mientras rebecca me insistía en que pensara bien mi decisión. Me dijo que, si no lo hacía, Víctor terminaría conmigo y probablemente se iría con janeth. Entramos al salón y yo estaba tan perdida en mis pensamientos que ni siquiera noté que la maestra me estaba hablando. Cuando terminaron las clases, salimos de la escuela. Mientras salíamos, Rebecca me contó que la primera vez que tuvo relaciones con su novio sí sintió dolor, aunque dijo que pasaba rápido, que solo duraba unos minutos.

— Entonces, ¿duele la primera vez cuando tienes intimidad? —le pregunté.

— Mira, samantha, es normal que duela un poco al principio, pero como te digo, el dolor desaparece en seguida… dime: ¿amas a victor sí o no? si lo amas, ¿no crees que vale la pena soportar ese momento de dolor por unos minutos? —dijo rebecca

Me quedé callada. Estaba confundida: no sabía qué hacer en ese momento, si hacerlo o cumplir la promesa que le hice a mi madre de llegar virgen al matrimonio. A la vez, sentía curiosidad por saber qué se siente, por tener esa experiencia. Me excitaba imaginar tener intimidad.

— Mi consejo es que intentes relajarte mucho cuando vayas a tener sexo, porque los nervios pueden jugarte una mala pasada —respondió rebecca

Mientras hablaba con rebecca, me fijé en que víctor estaba platicando con janeth. Verlos juntos me provocó un miedo inmenso a perderlo; no podía soportarlo y a la vez creer lo que estaban viendo mis ojos. Fue entonces cuando habló rebecca:

— ¿Ves lo que te decía? si no lo haces, lo vas a perder. ¿es eso lo que quieres, samantha? ¿quieres que esa perra te quite a tu novio? —contestó rebecca.

— ¡Claro que no, rebecca! —le contesté.

Cuando me disponía a ir hacia él, rebecca me sujetó del brazo y me preguntó qué iba a hacer. Me decía que la culpa era mía por no acceder a tener relaciones con él; que la culpa no era de víctor, solo mía. Me quedé en silencio, sabía que tenía razón. En ese instante, víctor miró hacia donde estábamos y se acercó.

— Samantha, ¿vas a ir a mi casa sí o no? dímelo ya para irme de una maldita vez —dijo víctor

— ¡Víctor! ¿qué hacía con janeth? dime, ¿qué hacía con ella? ¿acaso te gusta? ¿por qué no me contestas? —le respondí

— Es solo mi amiga, samantha. si no confías en mí, es mejor que lo nuestro se termine —le respondí

— ¡No, víctor, por favor! perdóname, en serio, no lo hagas, perdóname… —le dije.

En cuanto víctor se calmó, nos dirigimos a su casa. Yo iba muerta de miedo, temiendo que me dejara. Al llegar a su casa quiso llevarme a su habitación; al principio me negué, pero terminó por convencerme. Mientras subíamos, sentía que me daba palmaditas en mis glúteos. Ya en su habitación, Víctor se puso detrás de mí y fue cuando noté que había una revista de playboy sobre su cama. Nos recostamos y empezó a besarme, pero de un momento a otro sentí que su mano se deslizaba debajo de mi falda. Le repetía una y otra vez que parara, que ya no quería continuar. Pero

víctor se puso de pie furioso. Abrió la puerta de un jalón y me gritó que me fuera, que ya estaba harto de mí y que prefería estar con janeth. Me levanté de inmediato, temblando del miedo, y le supliqué casi llorando que no me dejara:

— ¡Perdóname, por favor, no me hagas esto! yo te amo, no me eches de tu vida, te lo ruego… —le respondí.

Me lancé hacia él y lo besé con desesperación. En ese momento, me volvió a recostar en la cama y sentí cómo sus manos se metían debajo de mi ropa interior. Rápidamente abrió el cajón de la mesa de noche, sacó un condón y se quitó el pantalón con ansia. Yo solo podía mirar hacia la puerta. Una parte de mí gritaba que corriera y escapara de ahí, pero el miedo a perderlo me detuvo y ya no era dueña de mi propio cuerpo; simplemente dejé que continuara, todo por miedo de perderlo.

Con

Cariño

Samantha

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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