El diario de samantha - Capítulo 75
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Capítulo 75: El diario de samantha
Capítulo – 75: Jugando al amor
Miércoles – 18 de noviembre del 1998
Querida Aylin
Mientras estaba en la cocina bebiendo un poco de jugo, no podía sacarme a sarahí de la cabeza. Sabía perfectamente que había mentido; ese cuento de que se fue a estudiar con una amiga no me lo tragaba. ¿Qué estará haciendo realmente?, me preguntaba con una punzada de ansiedad. Lo único que me preocupaba era que estuviera con joseph en este preciso momento. La sola idea de que estuvieran a solas, teniendo intimidad, me revolvía el estómago. No era por juzgarla, era por miedo. Me quedé mirando el vaso vacío, apretándolo con fuerza. Ojalá no cometa el mismo error
Que yo… salí de la casa intentando que mis pasos no me delataran, pero sentía la mirada de christopher clavada en mi espalda mientras él seguía concentrado en su laptop. Caminé hacia el exterior, buscando desesperadamente alguna señal de sarahí en el horizonte. De pronto, me quedé paralizada. Sentí el tacto firme de la mano de christopher sobre mi hombro. ¿Qué quiere?, pensé, sintiendo un vuelco en el estómago. ¿Se habrá dado cuenta de que sarahí no fue a estudiar? ¿Sabe que sarahí le mintió? Me quedé rígida, sin atreverme a girar mi rostro, esperando a que ese silencio
Que nos rodeaba se rompiera de una vez por todas. En ese momento, sentí que christopher se acercaba un poco más, acortando la distancia entre los dos. No tenía el valor de mirarlo a la cara; me sentía fatal. Por un lado, sabía perfectamente lo que sarahí deseaba hacer y el riesgo que estaba corriendo, pero por otro, me era imposible romper la promesa que le había hecho. Me encontraba, literalmente, entre la espada y la pared. Si le digo la verdad, traiciono a sarahí y la pongo en un problema enorme… pero si me quedo callada y algo sale mal, jamás me lo voy a
Perdonar, pensaba mientras sentía el peso de su presencia a mis espaldas. Mantenía la vista fija en algún punto difuso del jardín, rogando internamente porque él no hiciera la pregunta que yo tanto temía responder. Entonces christopher me contestó
— Samantha, te noto muy tensa desde que sarahí se fue. ¿pasa algo que deba saber? —dijo christopher
No puedo decírselo… pensé, sintiendo que el corazón me martilleaba en mi pecho. Si abro la boca, traiciono a sarahí, pero si le sigo mintiendo a christopher la culpa me va a terminar matando. A mi No tenía el valor para pronunciar ni una sola palabra, pero sabía que, si me quedaba en silencio un segundo más, christopher terminaría por sospechar que algo andaba muy mal. Sentía el peso de su mirada esperando una respuesta. Tengo que decir algo… lo que sea, pero tengo que sonar convincente, pensé, tratando de controlar el temblor de mi voz. Finalmente, solté un largo suspiro para ganar algo de tiempo y comencé a hablar:
— No es nada grave, christopher… es solo que me quedé pensando en todas las cosas que tengo pendientes hoy. as veces me abrumo yo sola, ya sabes cómo soy. —le dije
— Entonces ya me tengo que ir, tengo la junta del trabajo no me esperes para cenar, tal vez salga tarde. te veo en la noche, samantha. —dijo christopher
Me quedé inmóvil, viendo cómo se alejaba hacia su vehículo. Se fue… por poco me descubre, pensé, dejando escapar el aire que no sabía que estaba reteniendo. christopher confía en mí, confía en sarahí, y nosotras estamos aquí tejiendo una red de mentiras que nos va a terminar atrapando a todos. Sentí una punzada de culpa al verlo marchar tan tranquilo hacia sus obligaciones, sin imaginar que su hija estaba en ese mismo instante en una situación de riesgo. Consulté la hora: eran las 3:00 de la tarde. La preocupación por sarahí ya empezaba a
Transformarse en una angustia que me apretaba el pecho. No podía evitar imaginarme lo peor, recordando vívidamente el día en que yo perdí mi virginidad. Él solo quería eso…, pensé con amargura, sintiendo cómo se me humedecían mis ojos. En cuanto consiguió lo que buscaba, me tiró a la basura como si no valiera nada. Me llevé las manos al rostro, tratando de borrar las imágenes de aquel pasado que todavía me dolía. Estaba tan arrepentida. Me recriminaba no haberle hablado con más fuerza a sarahí, no haberle honestidad que se detuviera, que no lo hiciera.
Pero, en su lugar, por miedo a que se alejara de mí, le había dicho que yo misma le compraría los condones si algún día decidía dar ese paso. ¿Qué hice?, me pregunté, sintiendo que el peso de mi propia decisión me aplastaba. En lugar de protegerla, le puse el camino más fácil hacia el mismo abismo donde yo caí. Pasaron unos minutos que se sintieron eternos. Me quedé allí fuera, incapaz de entrar a la casa, con la mirada clavada en la esquina de la calle. Al consultar de nuevo mi reloj, ya eran las 3:45 de la tarde; el corazón me latía con una fuerza que me lastimaba las costillas.
De repente, un taxi apareció a lo lejos y se detuvo frente a la entrada. Me quedé observando, conteniendo el aliento, hasta que vi bajar a sarahí. En cuanto mis pies reaccionaron, corrí hacia ella con todas mis fuerzas. La estreché entre mis brazos como si quisiera protegerla del mundo entero.
— ¡Sarahí, sarahí, sarahí! dime que no lo hiciste… por favor, dime que no pasó nada, mi pequeña. — exclamé
Con la voz totalmente quebrada por la angustia, le sostuve el rostro con ambas manos, obligándola a que me mirara directamente a los ojos. No podía evitar que las lágrimas se me escaparan; la sola idea de lo que pudo haber pasado me desgarraba por dentro. Sarahí me miró, un poco sorprendida por mi reacción, y negó con la cabeza suavemente.
— Claro que no lo hicimos, sam… tú sabías perfectamente que le mentí a mi papá, ¿verdad? ¿por qué no me descubriste? ¿por qué me dejaste ir sabiendo la verdad? —respondió sarahí
— ¡Por qué no quería perder tu confianza, pero casi te pierdo a ti por intentar ser tu amiga antes que tu guía! soy una estúpida, no sé qué hubiera pasado si te hubiera pasado algo grave, mi pequeña sarahí. —le contesté
— Mi querida samantha, no llores, por favor… ya no llores… no soporto verte así —dijo sarahí
— Sarahí… te dejé ir porque no quería que me vieras como una enemiga. no quería que me ocultaras cosas, pero me equivoqué… me equivoqué horriblemente al no detenerte. —le dije
De pronto, aparté la mirada por completo; la vergüenza me consumía por dentro. Tenía la certeza de haber fallado, de haber defraudado a christopher y a maritza, porque no supe cumplir bien mi labor de guía con su hija. Seguía con la cabeza baja y las lágrimas no dejaban de brotar, cuando de repente sentí unos pulgares que recorrían con suavidad mis mejillas. Me quedé en silencio, sin atreverme a moverme, disfrutando de ese calor que llegaba de su piel, mientras en mi interior luchaba con todos esos pensamientos y sentimientos que me atormentaban.
Si supieras que cada vez que te veo a punto de cometer un error, revivo mi propio dolor, pensé, sintiendo que el corazón se me hacía pedazos. Te fallé, pequeña. Por querer ser tu cómplice, casi dejo que te rompan el alma como me la rompieron a mí.
— Gracias, samantha, por ser para mí una amiga leal y, al mismo tiempo, esa madre que siempre deseé tener… y que nunca conocí. gracias también por cuidarme y por no dejar de pensar ni un instante en mi bienestar —dijo sarahí
Una vez que entramos a la casa, mientras caminábamos hacia la sala, sarahí me contó la novedad: la escuela permanecería cerrada entre dos y tres días debido a una fumigación de emergencia. Me explicó, con asombro, que habían hallado una cantidad impresionante de termitas dañando la estructura, además de una fuerte plaga de cucarachas. Por lo mismo, les habían dejado una montaña de tareas para compensar los días perdidos. De pronto, su semblante cambió, dejando atrás los temas escolares, y me lanzó una pregunta que no esperaba. Me pidió que al día siguiente
La acompañara al parque, había construido una cápsula del tiempo. Me quedé tan sorprendida que tardé un par de segundos en reaccionar. Después de todo lo que pasó con joseph, lo que menos esperaba era que pensara en cápsulas del tiempo, pensé, sintiendo un alivio tierno en el pecho. Quizás esto es lo que necesita: volver a ser una niña, aunque sea por una tarde.
— Por supuesto que sí, sarahí cuenta conmigo, ahí estaré. —le dije
— Gracias, samantha. me voy a mi habitación para empezar con todas mis tareas. y no te preocupes por prepararme nada, ahora mismo no tengo nada de hambre —dijo sarahí
Yo me quedé allí, sentada en el sofá, y sin darme cuenta el sueño me fue ganando poco a poco. Justo antes de caer completamente dormida, miré hacia el reloj de la pared: marcaban las cuatro y veinte de la tarde. Solo pensaba cerrar los ojos un ratito, descansar unos minutos y luego irme a mi habitación para descansar de verdad. Pero de pronto desperté de un salto, sobresaltada, porque escuché que alguien abrió la puerta. Al incorporarme con tanta prisa, pude distinguir que se trataba de christopher. En cuanto él se dio cuenta de que lo había visto, me respondió al instante.
— Buenas noches, samantha. ¿todavía estás despierta? ¿qué haces aquí? —dijo christopher
— Lo que pasa es que me quedé dormida sobre el sofá —le respondí
Al fijarme en la hora, vi que ya pasaban de las doce y media de la madrugada. Estaba a punto de emprender camino hacia mi habitación cuando christopher me pidió que esperara unos momento. Se notaba que traía algo en mente, se veía inquieto y tenso, pero después de soltar un largo suspiro, pareció armarse de valor. Al verlo así, fui yo quien dio unos pasos y me acerqué hasta donde él estaba.
— Samantha, ¿te gustaría acompañarme a una fiesta este domingo? la hacemos para celebrar el nuevo proyecto que vamos a empezar, y de verdad me haría mucha ilusión que estuvieras ahí conmigo —dijo christopher
— Está bien, christopher, me encanta la idea. por supuesto que iré contigo —le respondí
— Entonces lo dejamos así. será mejor que nos vayamos a descansar, ya es muy tarde —concluyó christopher
Caminamos juntos por el pasillo en un silencio denso, pero no era un silencio incómodo; era como si ambos estuviéramos buscando las palabras adecuadas y no lográramos encontrarlas. Al llegar frente a la puerta de mi habitación, christopher me detuvo. Tomó mi brazo con una ternura tan inmensa que un escalofrío me recorrió la espalda, y los nervios se apoderaron de mí por completo. Nos quedamos mirándonos fijamente. El tiempo pareció detenerse mientras nuestras miradas se entrelazaban, sin que ninguno se atreviera a romper el hechizo. ¿Qué está pasando?, me pregunté,
Sintiendo que el corazón me latía en la garganta. ¿Él siente lo mismo que yo? De pronto, me soltó con delicadeza y desvió la vista hacia el suelo. Fue entonces cuando lo entendí: lo que lo detenía era su propia timidez, los mismos nervios que me estaban quemando a mí.
— Buenas noches, samantha —dijo christopher
En cuanto soltó mi brazo y dio el primer paso para retirarse, actué por impulso y lo sujeté de vuelta. Christopher se detuvo y volteó hacia mí, sorprendido por mi reacción. Cerré mis ojos lentamente, dejando que el silencio hablara por mí, esperando con el corazón desbocado que él finalmente acortara la distancia y me besara. Vamos, Christopher… lo estás esperando tanto como yo. Solo bésame, me decía a mí misma en un grito silencioso. Sin embargo, el contacto no llegó. En su lugar, christopher rompió aquel momento mágico con un tono de voz que intentaba recuperar la
Normalidad, ya tienes sueño, ¿verdad, samantha? dándome una pequeña palmadita de despedida antes de retirarse hacia su habitación. Me quedé ahí, de pie en el pasillo, sintiendo un vacío repentino. Al entrar a mi cuarto, me recargué contra la puerta y cerré los ojos de nuevo. Coloqué mis dedos sobre mis labios, todavía tibios por la expectativa, imaginando cómo habría sido el roce de sus besos. Casi sucede… estuvimos tan cerca, suspiré, mientras la imagen de su mirada se quedaba grabada en mi mente.
Con
Cariño
Samantha
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