El diario del rescatado \ Forjo - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 6 El milagro del diseño perfecto La petición cumplida
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9: Capítulo 6: El milagro del diseño perfecto: La petición cumplida 9: Capítulo 6: El milagro del diseño perfecto: La petición cumplida De todas las marcas de la Gracia de Dios en mi vida, hay un milagro que tiene el nombre más dulce y el recuerdo más querido.
A mis doce años, mientras otros niños soñaban con juguetes, yo soñaba con una compañía que no tenía.
Al ver a mis primos y amigos jugar con sus hermanos, una profunda tristeza se instaló en mi pecho.
Me entró la pregunta que se convirtió en un anhelo: “¿Sería lindo tener un herman@?”.
Insistí a mis padres, les rogué por ese compañero de vida, pero la respuesta siempre era un doloroso “no”.
Y las razones eran, humanamente, insuperables.
Mi padre, por su trabajo, estaba intoxicado por venenos y agroquímicos, lo que ponía en riesgo cualquier concepción.
Mi madre, por su parte, cargaba con el dolor físico y emocional de haber perdido trillizos en un aborto anterior.
Yo era su única hija y su situación médica y psicológica era de una profunda depresión y tristeza.
Un nuevo embarazo parecía una locura, una imposibilidad.
Pero mi corazón de niña ya conocía el camino hacia lo Imposible.
Así que, llena de fe y con la sinceridad que solo un niño tiene ante Dios, oré.
No fue una oración general; fue una petición con diseño.
Le dije: “Dios, ¿me regalas un hermano?
Que sea guapo, inteligente, rubio, de ojos azules, de piel blanca y, sobre todo, temeroso de ti”.
Saben, hoy testifico que Dios es un Padre amoroso, justo y celoso de Sus hijos.
Y para conmigo, Él ha sido DEMASIADO BUENO.
El Padre Celestial escuchó mi diseño.
Sanó el cuerpo de mi padre y el vientre de mi madre.
Contra todo pronóstico médico, mi mamá quedó embarazada.
Yo estaba eufórica, súper feliz.
No cabía en mí de la alegría.
El día que nació, aunque yo solo tenía doce años, me colé entre los adultos en el hospital para verlo.
Tenía apenas 7 horas de nacido cuando lo alce en mis brazos.
Bese su frente suavecita y él, como si reconociera la voz que tanto había orado por él, me sonrió.
En ese momento, el mundo se detuvo.
Era exacto.
Rubio, de ojos azules, de piel blanca…
cada detalle de mi diseño perfecto estaba ahí.
Hoy, doce años después, lo confirmo más que nunca: él es exacto a como se lo pedí a Dios.
Mi hermano es mi milagro más querido, la prueba viviente de que Dios escucha los anhelos más íntimos y puros del corazón de Sus hijos.
¡Dios es infinitamente bueno!
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