El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Prologo 1: Prologo En una mañana tranquila, con la nieve cayendo suavemente.
Dentro de una cueva, yace un dragón lamiéndose las heridas después de una dura batalla contra unos aventureros que lo atacaron desprevenido.
Mientras regeneraba sus alas destrozadas empezó a recordar todo lo sucedido, mientras agarraba el único libro que pude llevarse en el fragor del combate.
Hace unas horas: Un hombre de cabello blanco y ojos celestes con un aura mística, dentro de una cabaña rudimentaria, nada especial a la vista, estaba leyendo por centésima vez un libro muy peculiar.
—Es bastante interesante este libro, aunque no encontré o escuche nada sobre muchas de estas criaturas, además de que el idioma en el que esta escrito no parece ser de este reino o continente.
Me costó un buen tiempo en deducirlo o entender lo que dice, la escritura tiene similitud con el reino de Gisteria, no entiendo algunas palabras, aunque otras sí, pero si la esencia que estas transmiten es clara—murmuraba para si mismo el joven de cabello blanco—¿De donde eres Newt Scamander?
Mientras leía un párrafo del libro: El Occamy u Soccany es una criatura mágica nativa del Lejano Oriente y la India, es una bestia alada y serpentina —¿Y donde queda La India o Sindia?—Se hacia estas preguntas cada vez que leía este libro tratando de comprender el idioma.
El joven no entendía del todo ese idioma extranjero, era inusualmente fácil de hablar pero difícil de interpretar, puede significar muchas cosas y eso le vuela la cabeza.
Extrañamente el nombre del autor si puede entenderlo, siente que es correcta la pronunciación.
Todo parecía tranquilo hasta que los sentidos del joven actuaron rápidamente, trato de tomar sus libros y escapar, pero ya era demasiado tarde.
¡PUM….!
¡CRAC…!
La casa se desmorono tal cual como golpear una galleta de baja calidad.
Son aventureros, personas que hacen trabajos para el bien del Reino o eso dicen todos, para el joven de cabello blanco no eran mas que mercenarios de mala fama.
Desde el punto de vista de los mercenarios vieron como un joven de pelo blanco y ojos celestes con brillo místico empezaba a crecer y mostrar rasgos de transformación.
Poco a poco se notaba la figura de un dragón de gran tamaño, pero para estos aventureros experimentados no era la gran cosa.
El dragón de escamas azules como el mar profundo, alas que cubrían el sol y mirada penetrante no pudo transformarse por completo, pues solo alcanzo la mitad de su altura original, equivalente a la un tercio del pueblo en el que estaba.
Tal vez para los habitantes de esta parte alejada del caos este dragón representaba el terror absoluto, con su gran tamaño y aura de poder, pero para estos aventureros no era nada especial, lucharon a muerte contra dragones y criaturas mas descomunales antes.
Este dragón era pan comido para ellos, así que decidieron jugar con su presa.
Primero interrumpieron la transformación muy lenta del dragón, luego atacaron a sus alas para evitar que pueda escapar, y disfrutaron de apalear con habilidades dolorosas mas no fatales contra este dragón.
El dragón se dio cuenta de lo que estaban haciendo estos aventureros y vio una oportunidad de escapar, todos los dragones pueden realizar magia pero no la llevan al limite, pues confían mas en su poderoso físico, y si la usan sus hechizos son muy poderosos por la enorme cantidad de mana que poseen, en cambio este dragón no tiene estas cantidades de mana, pero si una mejor comprensión de esta, el dragón realizó un matriz de tele transportación en menos de un segundo y desapareció ante los ojos incrédulos de los aventureros, ellos saben lo complejo que pueden ser el uso de esos hechizos y matrices.
Tras ver al dragón desaparecer, el mago del equipo sin decir nada empezó a rastrear la dirección a la que se fue, ya no tomarían a la ligera a este dragón, teniendo en cuenta las heridas que tenia no podría llegar lejos sin descansar o tratar sus heridas.
Y así es como el dragón llegó a esta situación.
El dragón durmió durante un buen tiempo, sus heridas se recuperaron en gran parte, incluyendo las alas destrozadas, aunque no estaba al 100% se preparaba para salir e irse a otro reino, pero en la entrada de la cueva un grupo lo estaba observando, no sabe desde cuando llegaron, tal ves siempre estuvieron ahí y no los noto.
—Buenos días dragoncito, supongo que ya estas listo para la batalla.—Dijo el espadachín del grupo.
El dragón sin decir nada lanzó un ataque con su cola, ataque que el grupo evito fácilmente.
Ahora con la mente despejada el dragón empezó a luchar con sus hechizos y la agilidad de su cuerpo.
Al ver las ganas de vivir en los ojos del dragón, el espadachín decidió que solo el lucharía contra esta criatura, sería una batalla a muerte entre estos dos.
Tal vez lo hizo por capricho, por caballerosidad o simplemente por que sentía que era lo correcto.
Y así ambos se enfrentaron en una batalla, los primero días el espadachín tenía la ventaja, luego de 4 días el dragón se harto y empezó a usar sus llamas originales, ante los ojos del espadachín la llama no era desconocida, es la llama que solo los dragones de sangre pura pueden usar, se dio cuenta que este dragón no uso todo desde el principio, le disgusto esta acción, pero también lo emocionó, la batalla duro 3 días más.
Al séptimo día de la batalla, los dos seres cubiertos de sangre y quemaduras se detuvieron por un segundo.
Con esta breve pausa el espadachín no pudo evitar preguntar al dragón: —¿Por que luchas hasta este punto?
—Porque tengo una promesa que cumplir…—Respondió el dragón.
—Mi nombre es Harry Desmond, de la casa de los Hombres de Hierro.—dijo señalándose así mismo y luego al dragón.
—Mi nombre es…
Índigo, odiado por muchos, querido por pocos.
—Muy bien Índigo, veo que no has soltado ese libro durante toda la batalla.—Dijo mientras señalaba a la mano izquierda de Índigo.
—Es algo muy importante para mí.—respondió Índigo.
Luego de esta pausa volvieron a combatir, durante las próximas horas el tiempo, el ruido, el dolor y todo el mundo desapareció, solo ellos dos existían en este mundo, luchando por vivir, pero luego solo empezaron a pelear por el simple placer de estar al borde de la muerte.
Y cuando parecía que todo iba terminar para el espadachín, se escucho un sonido pesado que choco contra el suelo, Índigo fue el primero en caer.
Índigo tirado en el suelo solo podía pensar en que lo dio todo para sobrevivir, bueno tal ves pudo rogar por su vida, pero todavía tenia ese orgullo de dragón en la sangre.
El libro que sostenía era el ultimo que estaba leyendo, “Animales Fantásticos y donde Encontrarlos”.
Esta batalla fue de las mejores que tuvo en su vida, tal ves porque no peleaba mucho.
Índigo estaba dando su últimos alientos, empezó a recordar toda su vida hasta ahora, el como su raza lo despreciaba, las demás criaturas, otras razas, solo por el hecho de ser un dragón, pero entre los humanos un pequeño pueblo de agricultores le tomaron cariño, no les aterraba su forma de dragón, tal vez un poco.
Este pueblo lo veía por lo que era en realidad, un jovencito que no sabía a donde ir, además este dragoncito era muy curioso con todo lo que hacían, le encantaba las historias que una anciana le contaba, los chistes de Esposas que le hacía un anciano, la comida que preparaban, el como los niños se asombraban y jugaban con su forma de dragón.
Uno de esos días una niña le pregunto su nombre, pero el respondió que no tenía esa cosa.
—Como no vas a tener un nombre, déjame yo te pongo uno dragoncito, puedes ser Pan Azul, no, mejor Patata Azul, no, ese no te queda, que te parece…
¡ÍNDIGO!, tus ojos son de ese color.
—Me parece perfecto.—Dijo Índigo.
Desde ese día todos lo llamaban Índigo.
Hasta que ese día llego.
Índigo era más o menos como un protector de ese pueblo, pero ese día tuvo que salir en busca de mas libros, pero la niña dijo que ella tenía uno y se lo daría si prometía traer una mascota para ella, cosa que Índigo acepto, la niña corrió a su casa y trajo un libro bastante peculiar, pues ella no podía entender lo que decía en el libro e Índigo tampoco sabía que es lo que decía el libro.
Se llevo el libro para leerlo en su viaje o tratar de hacerlo, luego de salir del pueblo pasaron varios días, en uno de esos mientras tomaba “prestado” algunos libros de una ciudad, escucho que las zonas de agricultura del Reino fueron atacadas por el enemigo, justo en ese momento Índigo sintió como la barrera que puso en el pueblo era destruida, sin pensarlo ni un momento salió volando y usando matrices de tele transportación cada que podía, intentando llegar lo más rápido posible, pero cuando llego a su hogar, lo único que vio fue una masacre.
Su familia, su hogar hecho pedazos, Índigo no pudo evitar gritar y derramar lagrimas mientras buscaba algún sobreviviente, pero no encontró mas que a su familia muerta.
Sin uso de razón viajo directamente hacia el reino enemigo que hizo todo esto buscando venganza.
Causo una masacre total en la capital del reino enemigo, pero fue demasiado fácil, como si estuviera planeado, pues sabe que los humanos no son débiles, mucho menos la familia real del reino enemigo.
Todo era un señuelo, era como si planearan que el hubiera hecho esto, también con sus acciones el tratado que tenían los humanos y los dragones sobre neutralidad se rompió, por culpa de el.
Con una ira inmensa regreso a su hogar, sabe que causo muchos problemas tanto a su raza como a los humanos, lloró durante meses frente a las tumbas que hizo para su familia, quería revivirlos, quería recuperar a su familia, así que fue en busca de un Necromante, el cual le dijo que no podía revivir a los muertos, solo controlar sus cuerpos, pero apiadándose de la tristeza que desprendía el dragón y viendo que estaba dispuesto a hacer lo que sea le dio algo de esperanza, un hechizo para verlos una vez más.
El precio era su esperanza de vida, la cual no importaba ahora para Índigo, quería venganza sobre sus enemigos, solo eso lo detenía de suicidarse, usando el hechizo de “Llamada de los muertos”, logro convocar las almas de sus seres queridos, aunque solo pudo convocar la de algunos, talvez por que ya entraron al ciclo de reencarnación o eso cree pues no puede preguntar a los muertos sobre ese secreto, pero los que fueron convocados no pudieron evitar llorar al ver a Índigo en tal estado deplorable, sabían lo que hizo para poder verlos otra vez, siempre lo observaron, siempre lo estaban acompañando, y para que deje de hacerse daño le dijeron que prometiera algo.
—Prométenos que no buscaras venganza, eres joven y debes de buscar una vida feliz.—Dijo la niña que le puso el nombre.
—Prométenos que formaras tu propia familia, porque sentirás lo hermoso que es cuidar de esta.—Dijo la anciana que siempre le contaba historias.
—Yo solo quiero que consigas varias esposas y tengas muchos hijos jajaja.—Dijo el anciano que le hacia chistes constantemente.
—No olvides todas nuestras recetas que creamos.—Dijeron las señoras con las que cocinaba a menudo.
Poco a poco se fueron desvaneciendo las almas de sus seres queridos.
—Prometo que hare todo lo posible.—Dijo Índigo mientras lloraba pero con el corazón lleno de esperanza y felicidad.
…
Luego de recordar toda su vida o lo que consideró que era parte de su existencia, el aire en los pulmones de Índigo escapaba de su cuerpo, la vitalidad y fuerza que mostro también se desvaneció poco a poco.
Harry Desmond no pudo evitar soltar unas lagrimas, pues sintió la tristeza que desprendía Índigo por un momento.
—Adiós, amigo.
Espero verte algún día, pero ya no como enemigos, aunque me gustaría pelear contigo otra vez.
Índigo sintió un vació inexplicable, una relajación inmensa, como si todo el peso que tenía encima desapareciera, pero la promesa que hizo a su familia lo mantuvo lúcido, en ese momento de vació, sintió que no era el final de su camino ni de sus sueños.
Tal vez porque el universo se apiado de el o algún ser divino.
Índigo pudo ver una luz intensa, mientras que junto a su cuerpo muerto, el libro que no soltó durante toda su batalla empezó a mostrar un pequeño brillo…
un poco…
casi imperceptible pero lleno un aura mágica.
Como si hubiera pasado una eternidad o solo un instante, Índigo abrió los ojos.
Podía usar sus sentidos de nuevo, podía oler algo delicioso, oír la voz extraña pero familiar de dos personas que estaban sosteniéndolo, entonces se dio cuenta de que seguía vivo, no tiene idea de como pero estaba vivo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com