El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 2
- Inicio
- El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter
- Capítulo 2 - 2 Capitulo 01 Un nuevo comienzo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: Capitulo 01: Un nuevo comienzo 2: Capitulo 01: Un nuevo comienzo Paso un tiempo, tal ves unos minutos.
El primer pensamiento que cruzó la mente de Índigo no fue confusión.
Fue “silencio”.
Un silencio cálido, extraño… diferente al vacío que sintió cuando su vida se extinguía en aquella cueva.
Luego llegó el sonido.
Una respiración agitada.
Una voz femenina.
—¡Marco!
¡Marco, ven rápido!
Otra voz respondió desde algún lugar cercano.
—¡Ya voy, ya voy!
Índigo intentó abrir los ojos.
La luz lo obligó a cerrarlos de nuevo.
Todo era demasiado brillante.
Demasiado intenso.
Intentó moverse… pero su cuerpo apenas respondió.
Era débil.
Pequeño.
Ridículamente pequeño.
Finalmente logró abrir los ojos.
Lo primero que vio fue un techo de madera.
Viejo, con vigas oscuras marcadas por el humo del tiempo.
Era el tipo de techo que se encuentra en casas donde se cocina todos los días durante años.
Lo segundo que notó fue más importante.
Estaba siendo sostenido por alguien.
Una mujer.
Su rostro estaba cerca.
Cabello oscuro, largo y algo despeinado, como si hubiera pasado horas en trabajo agotador.
Sus ojos eran suaves, de un tono castaño cálido, y aunque su rostro mostraba cansancio, también había una alegría que no intentaba ocultar.
Sus brazos lo sostenían con cuidado, con una naturalidad que parecía instintiva.
—Marco… —dijo con la voz temblorosa de emoción—.
Es hermoso.
Un hombre apareció a su lado.
Más alto que ella, con hombros anchos y manos grandes.
Su barba corta tenía algunas manchas de harina blanca, y su ropa desprendía un aroma familiar.
Harina, Pan, Trigo.
Índigo reconoció ese olor al instante.
Lo había sentido muchas veces en el pequeño pueblo donde vivió antes de morir.
El hombre observó al bebé durante varios segundos.
Luego sonrió.
—Nuestro hijo.
Índigo tardó un momento en procesarlo.
Hijo.
Miró sus propias manos, pequeñas, torpes y suaves.
Intentó mover los dedos.
Lo logró… apenas.
—Mira —dijo el hombre—, ya se está moviendo.
La mujer rió suavemente.
—Claro que se mueve, Marco… acaba de nacer.
Nacer.
Índigo permaneció en silencio dentro de su mente.
Entonces… Esto es… ¿Reencarnación?
No era algo completamente desconocido para él.
Había escuchado historias antiguas.
Leyendas sobre el ciclo de las almas.
Pero nunca imaginó experimentarlo.
Mucho menos como un humano.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con curiosidad.
—Espera… Se acercó un poco más.
—Elena… ¿sus ojos?
La mujer miró al bebé.
Luego sonrió.
—Son hermosos.
Los ojos de Índigo tenían un tono profundo.
Un azul intenso… con matices violáceos.
Un color que recordaba al índigo, jajaja ese era su nombre anteriormente.
El padre frunció el ceño ligeramente.
—Y su cabello… Era completamente blanco.
No gris.
No plateado.
Blanco puro.
La mujer simplemente lo acomodó mejor en sus brazos.
—Es nuestro hijo, Marco.
Creo un ancestro mío también tenía cabello blanco.
El hombre levantó las manos en rendición.
—Sí, sí… lo sé.
Luego rió.
—Solo digo que va a llamar la atención.
Índigo observó a ambos en silencio.
Interesante.
Los humanos realmente eran criaturas curiosas como siempre.
El hombre apoyó una mano sobre la cabeza del bebé.
—¿Ya pensaste en el nombre?
La mujer lo miró durante un momento.
—Sí.
—Aurelian.
El hombre repitió el nombre lentamente.
—Aurelian… —Aurelian Draconis.
Marco sonrió.
—Suena fuerte.
—Suena elegante —respondió ella.
Aurelian decidió que el nombre no estaba mal.
Había escuchado nombres mucho más extraños.
Un momento después, su madre lo acomodó contra su pecho.
Aurelian tardó un segundo en entender lo que estaba pasando.
Luego lo entendió.
Y su mente se congeló.
… Oh.
No.
La mujer empezó a amamantarlo con total naturalidad.
Aurelian sintió cómo su rostro empezaba a calentarse.
Esto es extremadamente vergonzoso.
En su mente seguía siendo un dragón antiguo que había vivido décadas.
Un ser que había luchado contra aventureros, estudiado magia y viajado por reinos.
Y ahora… Estaba siendo alimentado como un bebé humano.
Intentó resistirse por dignidad.
Duró exactamente tres segundos.
El hambre era demasiado fuerte.
…muy bien.
Solo esta vez.
Mientras bebía, decidió concentrarse en otra cosa para ignorar la vergüenza.
Y entonces lo sintió.
El aire.
La energía.
La “magia”.
Pero no era una sola.
Aurelian frunció ligeramente el ceño.
Había dos.
Una de ellas le resultaba familiar.
Era la misma energía que conocía desde su vida anterior: cruda, salvaje, abundante.
El maná natural de su antiguo mundo.
Pero había otra.
Más refinada.
Más… organizada o tal ves no.
Era como si la energía de este mundo hubiera sido moldeada por reglas invisibles.
Dos naturalezas distintas.
Dos corrientes diferentes de maná.
Y ambas… Parecían existir dentro de él.
Aurelian analizó la sensación cuidadosamente.
Interesante.
El maná de su antiguo mundo seguía presente dentro de su alma.
Mientras que la magia de este mundo fluía a su alrededor como una corriente constante.
Parecían diferentes… Pero también compartían algo en común.
Una misma esencia fundamental.
Tal vez… Podrían combinarse.
La idea quedó flotando en su mente.
Por ahora, su nuevo cuerpo era demasiado pequeño para intentar cualquier cosa.
Además… Estaba ocupado comiendo.
Cuando terminó, su madre lo acomodó contra su hombro.
Aurelian observó a ambos humanos una vez más.
Su padre tenía manos fuertes, manos de alguien que trabaja todos los días.
Sus movimientos eran firmes pero tranquilos.
Su madre, en cambio, tenía una presencia suave, paciente.
Sus ojos mostraban el tipo de calma que solo tienen las personas acostumbradas a cuidar de otros.
Humanos interesantes.
Aurelian bostezó.
Su nuevo cuerpo no tenía la resistencia de un dragón.
El cansancio llegó rápidamente.
Antes de quedarse dormido, sintió nuevamente la magia del mundo.
Silenciosa.
Ordenada.
Misteriosa.
Este mundo… …será interesante.
Y con ese pensamiento, el antiguo dragón cayó dormido en su nueva vida.
…
Con el paso de los días, Aurelian comenzó a acostumbrarse lentamente a su nueva existencia.
Ser un bebé humano era… limitante.
Pero también tenía ciertas ventajas.
No tenía responsabilidades.
Nadie esperaba nada de él.
Podía observar el mundo con calma.
Y eso era exactamente lo que hacía.
Los días pasaban entre el calor del horno de la panadería y los brazos de sus padres.
Poco a poco empezó a entender mejor el idioma que hablaban, algo que al principio le resultaba extraño.
No era el mismo lenguaje que conocía de su vida anterior, pero tampoco era completamente incomprensible pues era similar al del libro que leía, similar al de Gisteria.
Los humanos tenían la costumbre de repetir muchas cosas.
Eso ayudaba.
Así fue como aprendió palabras simples primero.
Pan.
Mesa.
Agua.
Madre.
Padre.
Con el tiempo, su comprensión creció.
Dos años después El pequeño Aurelian Draconis ya tenía dos años.
Su cuerpo había crecido lo suficiente como para caminar con cierta torpeza, aunque todavía prefería sentarse cerca del horno de la panadería mientras observaba a sus padres trabajar.
La panadería de los Draconis no era grande, pero era bastante concurrida.
Tal vez por el hecho de que su familia no era de por aquí, su apellido es italiano por lo que escucho, se dice que el ancestro de su padre se caso con un dragón, suena loco pero en su anterior vida a veces solía suceder.
Los clientes entraban y salían constantemente.
Y para Aurelian, aquello era una fuente invaluable de información.
Mientras los adultos conversaban, él escuchaba.
Noticias del barrio.
Historias de viajeros.
Problemas del mercado.
Chismes sin importancia.
—Dicen que en el norte el invierno será peor este año.
—El alcalde quiere subir los impuestos otra vez.
—Un comerciante de Escocia llegó ayer al puerto.
La mayoría de esas conversaciones eran triviales.
Pero algunas le parecían interesantes.
Porque poco a poco iba entendiendo dónde estaba.
O al menos, en qué tipo de mundo se encontraba.
Aun así, había muchas cosas que no cuadraban.
Pero no tenía prisa.
Tenía tiempo.
Mucho tiempo.
Durante esos dos años, Aurelian también empezó a notar algo más.
Algo dentro de él.
Al principio había sido apenas una sensación débil.
Pero ahora era más clara.
Más fuerte.
Su “sangre de dragón”.
No era solo un recuerdo de su vida pasada.
La sentía fluyendo por su cuerpo.
Era como un calor profundo que recorría sus venas.
Una fuerza dormida.
Algo antiguo y real.
Al principio pensó que desaparecería con el tiempo.
Pero ocurrió lo contrario.
Mientras más crecía, más presente se volvía.
Más dominante.
No podía usar magia todavía.
Su cuerpo humano simplemente no estaba preparado.
Pero sabía que algo estaba ahí.
Esperando.
Dormido.
La vida diaria de Aurelian era sorprendentemente simple.
Se despertaba temprano.
Desayunaba con sus padres.
Pasaba gran parte del día en la panadería.
Jugaba un poco.
Escuchaba conversaciones.
Dormía siesta.
Y repetía la rutina.
Era exactamente la vida que tendría cualquier niño humano.
Y eso estaba bien.
Aurelian hacía todo lo posible por no llamar la atención.
Después de todo, en su vida pasada aprendió que destacar demasiado podía traer problemas.
Así que se comportaba como un niño normal.
O al menos, lo mejor que podía.
Había una cosa que sí cambió con el tiempo.
La comida.
Durante su primer año había dependido completamente de la leche materna de su madre.
Algo que al principio le resultó extremadamente vergonzoso.
Afortunadamente, esa etapa terminó.
Cuando empezó a comer papillas y alimentos blandos, Aurelian celebró en silencio dentro de su mente.
Por fin.
No es que odiara a su madre.
Al contrario.
Pero su dignidad como antiguo dragón agradecía ese pequeño cambio.
Ahora podía comer cosas como puré de verduras, pan suave remojado o pequeñas sopas ligeras.
Era una mejora considerable.
Pero no todo era tranquilidad.
Había algo que lo inquietaba.
Una sensación que apareció hace unos meses.
Muy débil al principio.
Tan débil que casi la ignoró.
Pero no desapareció.
Era una presencia.
Lejana.
Muy lejana.
Aurelian fruncía el ceño cada vez que la sentía.
Porque conocía esa sensación.
La había sentido muchas veces en su vida anterior.
Era algo que solo los dragones podían percibir.
La presencia de otro dragón.
En su mundo anterior, podía detectar a los de su especie a millas de distancia.
Era un instinto natural.
Una especie de reconocimiento entre criaturas similares.
Pero aquí… Eso no tenía sentido.
Porque este no era su mundo.
O al menos… Eso era lo que creía.
La presencia aparecía y desaparecía de vez en cuando.
Como un eco distante.
Algo muy lejos.
Demasiado lejos para identificarlo con claridad.
Aurelian solo podía pensar en una explicación.
Necesito información.
Necesitaba libros.
Muchos libros.
Pero sabía que todavía era demasiado pequeño.
Los adultos no esperarían que un niño de dos años pidiera leer.
Sin embargo… El tiempo pasaba rápido.
Y Aurelian ya tenía un plan.
Cuando cumpliera tres años, empezaría a pedir libros.
Aunque fueran simples.
Aunque fueran cuentos infantiles.
Cualquier cosa serviría.
Porque si algo había aprendido en su vida anterior era esto: El conocimiento siempre era el primer paso para entender un mundo nuevo.
Y Aurelian tenía la clara sensación de que este mundo… Guardaba muchos secretos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com