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El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Capitulo 17 Saciando el hambre
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18: Capitulo 17: Saciando el hambre 18: Capitulo 17: Saciando el hambre Aurelian y Scarlet avanzaban tranquilamente por las mazmorras, siguiendo el camino que los prefectos habían indicado… o al menos eso creían.

Se detuvieron frente a una pared de piedra lisa.

Silencio.

—…—… Scarlet inclinó ligeramente la cabeza.

—Querido… ¿no falta algo?

Aurelian entrecerró los ojos.

—La contraseña.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos más.

—Podríamos forzar la entrada —sugirió Scarlet, ya levantando ligeramente la mano.

—Podríamos —respondió Aurelian con calma—, pero eso llamaría la atención innecesariamente.

Scarlet suspiró, claramente decepcionada.

—Entonces… ¿no dormimos?

Aurelian giró levemente, empezando a caminar de nuevo.

—Dormimos… en otro lugar.

Caminar por Hogwarts de noche era… interesante.

Las antorchas iluminaban los pasillos de piedra, las sombras se alargaban de formas extrañas, y el castillo parecía respirar por sí mismo.

Aurelian observaba todo con atención.

—“Hogwarts no es un simple castillo —dijo con tranquilidad—.

Es un lugar antiguo… cambiante.

Sus muros guardan magia que responde, que se adapta… y secretos que ni sus propios directores han llegado a comprender por completo.” Scarlet lo escuchaba mientras masticaba otro trozo de comida sacado de su bolsillo.

—Mmm… entonces hay comida escondida también, ¿no?

Aurelian no pudo evitar una leve sonrisa.

—Probablemente.

Siguieron caminando sin rumbo fijo.

Escaleras, pasillos, puertas cerradas… hasta que, sin darse cuenta, terminaron fuera del castillo.

El aire fresco de la noche los recibió.

Frente a ellos… el Bosque Prohibido.

Scarlet lo miró con interés.

—Se siente diferente… Aurelian asintió levemente.

—Es un ecosistema mágico denso.

Criaturas, territorios, jerarquías… y muchas cosas que los estudiantes no deberían ver.

Hubo un pequeño silencio.

Scarlet sonrió.

—Eso suena interesante.

Aurelian la miró de reojo.

—…Sabía que dirías eso.

Caminaron hacia el bosque.

Mientras más avanzaban, más espeso se volvía el ambiente.

El aire, la magia… incluso los sonidos.

Entonces, casi al mismo tiempo, se detuvieron.

No hacía falta hablar en voz alta.

—“¿Estás pensando lo mismo que yo, querido?” —la voz de Scarlet resonó en el enlace mental.

—“Es obvio que sí, querida.” —respondió Aurelian.

Subieron a la punta de un árbol.

El aire se quebró en el instante en que ambos saltaron.

Aurelian fue el primero en cambiar.

Su forma humana se deshizo en un destello contenido, revelando a un dragón de escamas azul profundo, como un cielo nocturno sin estrellas.

Sus ojos celestes brillaban con un fulgor místico, antiguo… imposible de comprender del todo.

No imponía por violencia, sino por presencia; había en él una elegancia que hacía que el poder pareciera inevitable.

A su lado, Scarlet emergió como su contraparte absoluta.

Una majestuosa Ukrainian Ironbelly, de escamas gris metálico casi blancas, reflejando la luz de la luna como una armadura viviente.

Sus ojos rojo escarlata ardían con intensidad, y su sola existencia transmitía una brutalidad contenida, lista para desatarse.

Ambos flotaron en el cielo, colosales… y aun así, incompletos.

Porque aquello no era más que una fracción.

Un diez por ciento.

El aire a su alrededor temblaba, como si el mundo mismo reconociera la mentira de sus tamaños actuales.

Como si algo más grande, mucho más antiguo, presionara desde detrás de la realidad.

Si liberaran su verdadera forma… Las torres de Hogwarts no quedarían en ruinas.

Quedarían en sombra.

Siguieron un rastro.

Hasta que lo encontraron.

Una zona cubierta de telarañas.

Densa.

Extensa.

Viva.

Aurelian observó con calma.

—“Se te antoja unas arañañitas tostadas.” Scarlet no dudó.

—“Claro que sí.” Esa noche… Las Acromántulas aprendieron lo que era el miedo.

El amanecer llegó tranquilo.

Dos enormes dragones descansaban, acurrucados entre árboles caídos y restos apenas reconocibles de telarañas.

Scarlet abrió ligeramente los ojos.

—Querida… debemos ir al comedor a desayunar —dijo Aurelian con suavidad.

Ella se acomodó un poco más contra él.

—Sí… querido Indigo… El nombre le sacó una leve sonrisa.

Cada vez que estaban en un momento tranquilo y en forma de dragón Scarlet lo llamaba por ese nombre.

Poco después, regresaron a sus formas humanas.

Sus cuerpos y uniformes se limpiaron con simples hechizos, como si nada hubiera pasado.

Pero algo sí era diferente.

El hambre.

Había desaparecido.

Por completo.

—Interesante —murmuró Aurelian—.

Las Acromántulas parecen tener un valor nutricional considerable.

Scarlet asintió mientras revisaba sus bolsillos.

—Creo que ya no necesito guardar comida… por hoy, la comida de ayer no sobrevivió, en su forma de dragona fue fácil desaparecerlo en su estomago, pero ahora no tiene nada de hambre.

Eso la hizo sonreír.

El Gran Comedor estaba animado como siempre.

Los estudiantes desayunaban, hablaban, reían… Y los prefectos comenzaban a repartir los horarios.

Uno de ellos se acercó a Aurelian y Scarlet, entregándoles un pergamino.

Ambos lo miraron apenas unos segundos.

Luego… Siguieron comiendo.

No por hambre.

Por gusto.

—Mmm… esto sigue siendo rico —dijo Scarlet feliz.

Aurelian asintió.

—El sabor sigue siendo relevante.

Un pequeño detalle llamó su atención.

La primera clase del día.

Defensa Contra las Artes Oscuras.

Con Gilderoy Lockhart.

Hubo un breve silencio.

Scarlet inclinó la cabeza.

—¿Ese no es el mago que escribe libros y pidió que compremos sus 7 libros?

Aurelian respondió sin inmutarse.

—El mismo.

Scarlet tomó otro bocado.

—Aunque sus libros no son la gran cosa.

Era miércoles, 2 de septiembre.

Y aunque las clases no les importaban demasiado… La curiosidad sí.

Y eso era suficiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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