El Dragon caído renace en el mudo mágico de Harry Potter - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capitulo 18 Desayuno y Lockhart
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19: Capitulo 18: Desayuno y Lockhart 19: Capitulo 18: Desayuno y Lockhart El día anterior de Harry Potter había sido… especial, se podría decir.Hoy, sin embargo, no sonrió ni una sola vez.
Las cosas comenzaron a torcerse desde el desayuno.
Bajo el techo encantado del Gran Comedor —teñido aquella mañana de un gris opaco, casi melancólico—, las cuatro mesas de las casas estaban repletas: humeantes soperas de gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas crujientes y platos rebosantes de huevos con beicon.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Volviendo con los dragoncitos.
Aurelian y Scarlet entraron al comedor sin prisa y tomaron asiento en la mesa de Slytherin.
Nadie notó su ausencia el día anterior.Nadie notó su llegada ahora.
Ni miradas.Ni susurros.Ni dudas.
Nada.
Al menos… hasta que comenzaron a comer.
Comían con una calma extraña, pero constante.
Metódica.Como si cada bocado tuviera un propósito más allá de saciar el hambre.
Porque no, no tenían hambre.
No exactamente.
Simplemente… les gustaba comer.
Las arañitas de la noche anterior —acromántulas, para ser precisos— no habían sido deliciosas, pero sí nutritivas.
Aun así, el sabor… la textura… la experiencia de la comida deliciosa… Eso era diferente.
Eso era especial.
Por un momento, todo siguió su curso.
Hasta que…
Las palabras de una madre enojada vibraron contra las paredes, atravesaron platos, cucharas, conversaciones… —¡RONALD WEASLEY!
Aurelian y Scarlet alzaron ligeramente la mirada.
Lo justo.
Solo captaron fragmentos dispersos entre el estruendo: —auto…—expulsión…—vergüenza…—Weasley… Suficiente para entender que no valía la pena prestar atención, podrían escuchar todo perfectamente pero no lo hacían por que sería aburrido escuchar los chismes y problemas de los demás.
Bajaron la mirada.
Siguieron comiendo.
Como si nada.
El rugido se desvaneció poco a poco, dejando tras de sí un silencio incómodo que se disolvió con el murmullo habitual del comedor.
El desayuno terminó.
Los prefectos comenzaron a repartir los horarios a los alumnos de primer año.
El prefecto de Slytherin se acercó a Aurelian y Scarlet con dos pergaminos en la mano.
Pero al estar frente a ellos… Algo falló.
Una sensación vaga, incómoda.
Como si algo no encajara.
Como si… no debiera estar ahí.
Frunció el ceño.
Miró los horarios.
Luego a ellos.
Y entonces— Desinterés.
Como si su mente rechazara procesarlos.
Se dio media vuelta y se alejó sin decir una sola palabra, priorizando a otros estudiantes antes de que aquella sensación extraña se volviera más intensa.
Aurelian y Scarlet observaron su retirada sin reaccionar.
Astoria y Daphne, en cambio, sí los miraban.
Eran las únicas.
Las únicas que parecían percibirlos completamente.
No sabían por qué.
Ni qué significaba.
Pero había algo ahí.
Algo que no encajaba.
Decidieron ignorarlo… por ahora.
Aurelian y Scarlet finalmente obtuvieron sus horarios.
Los leyeron rápido.
Sin interés.
Primera clase: Defensa Contra las Artes Oscuras.
Con Lockhart.
Sabían quién era.
Un escritor… peculiar.
Habían leído sus siete libros.
Todos.Más que relatos de hazañas, parecían novelas adornadas hasta el exceso.
Pero seguían siendo libros.
Y ellos amaban leer.
Durante el mes anterior, habían estudiado y practicado cada uno de los textos que compraron en el Callejón Diagon, a excepción del libro de pociones, el cual fue difícil de practicar por la limitante de los materiales.
Por eso, tenían la suficiente confianza en cumplir la solicitud que le habían hecho al director.
Aunque no planeaban detenerse ahí.
La biblioteca los esperaba.
Y ellos… Iban a devorarla.
Metafóricamente.
Siguieron al resto de alumnos de primer año hasta el aula.
Y al entrar… La sensación fue inmediata.
Perturbadora.
Las paredes estaban cubiertas con retratos de Lockhart.
Decenas.
Todos sonriendo.
Todos idénticos.
Esa sonrisa.
Esa maldita sonrisa.
Aurelian y Scarlet tomaron asiento juntos en la parte de atrás.
No tenían interés en la clase en sí… pero sí en observar.
Analizar.
Entender.
Cuando todos estuvieron sentados, la puerta se abrió con teatralidad.
Entró Lockhart.
Radiante.
Exagerado.
Mientras un estudiante leía uno de sus libros, él levantó un ejemplar de Un año con el Yeti, mostrando la portada donde su propia imagen guiñaba un ojo.
—Yo —declaró, señalando la fotografía y repitiendo el guiño— soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de Bruja.
Pausa.
Sonrisa.
—Pero no quiero hablar de eso.
¡No fue con mi sonrisa con lo que me libré de la banshee que presagiaba la muerte!
Esperó risas.
No llegaron.
Solo algunas sonrisas incómodas.
—Veo que todos habéis comprado mis obras completas… bien hecho.
He pensado que podríamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario.
No os preocupéis… solo es para comprobar si los habéis leído bien… cuánto habéis asimilado…
Repartió los pergaminos.
Regresó al frente.
—Disponéis de treinta minutos.
Podéis comenzar… ¡ya!
Aurelian miró el cuestionario.
¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?
¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?
¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?
Y seguía.
Y seguía.
Tres páginas completas.
Hasta: ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?
—Qué mierd*… —murmuró la linda dama, o sea Scarlet.
Aurelian no dijo nada.
Pero pensó: ¿Qué… acaban de ver mis ojos?
Aun así… Ya estaban ahí.
Así que respondieron.
Primera pregunta.
Plumas en mano.
Respuesta inmediata.
“Los humanos creen ver el mundo… pero solo ven su interpretación.” Los colores no son absolutos.
Son percepciones.
Uno puede decir “lila”…otro verá rojo…otro morado.
A primera vista solo querían molestar al profesor con sus respuestas.
Y continuaron.
Cada respuesta cuestionaba la pregunta misma.
Cada argumento abría grietas.
En algunas… incluso desarmaban las propias historias de Lockhart.
Treinta minutos después.
Lockhart recogió los exámenes.
Los revisó.
Uno a uno.
Cuando llegó a los de Aurelian y Scarlet… Se detuvo.
Su sonrisa vaciló.
Sus ojos… dudaron.
No dijo nada.
Pero algo en él cambió.
Al finalizar la clase: —Aurelian.
Scarlet.
Quedaos un momento.
Ellos se detuvieron.
Lockhart no mencionó directamente las respuestas.
Pero su voz ya no tenía la misma ligereza.
—El director Dumbledore ya me informó de su… caso particular.
El examen será el miércoles 23.
Se basará en mis libros, así que no tienen de qué preocuparse.
Pausa.
Intento de sonrisa.
—Si pueden demostrar más habilidades… sería excelente.
Podría enseñarles un par de cosas que aprendí durante mis viajes… Pero ya no lo escuchaban.
Se habían ido.
Justo después de oír la fecha.
Nada más importaba.
Ahora era hora de ir a la Biblioteca.
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