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El Eco de la cordillera - Capítulo 44

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Capítulo 44: Condiciones

Galen observó a Hyaker alejarse con desespero. No intentó seguirlo, sería inútil. El estado de negación en el que se encontraba era totalmente absurdo, Hyaker era estratégicamente listo ¿Cómo es que era incapaz de reconocer algo tan simple como el amor?

Un paso sereno le hizo tragar despacio.

—Galen, repite eso que dijiste antes.

Galen se giró con sudor frío en la frente.

—Min Jiak —se reverenció agilizando una mentira—. Le decía a Hyaker que estoy enamorado de—

—No —el príncipe heredero que con pasos invisibles salió de una parte oscura del jardín arrugó el entrecejo consternado—. Te escuche antes, pero quiero confirmarlo ¿Acaso Hyaker está enamorado de la gran duquesa?

Galen se quedó callado mientras miraba el borde del hanyū que le rozaba las botas y un par de gotas de sudor frío le descendieron por el cuello.

—Responde.

—Si ya lo escuchó creo que no sirve de nada negarlo. Por favor solo sea discreto, él perdería la cabeza si alguien revela esto.

—¿Cómo es que esto ocurrió? —Min Jiak se pasó la mano por la frente con frustración—. Espero que sea algo pasajero, no es conveniente que él—

—No lo es —afirmó Galen con seguridad—. Tengo casi veinte años a su lado alteza, lo conozco bien y puedo decir que no me parece algo pasajero. Está encaprichado sin siquiera darse cuenta, y él solo se encapricha de lo que en realidad le importa.

El príncipe heredero suspiró negando con la cabeza, se giró en la dirección en que Hyaker huyó.

—Realmente me alegra que Hyaker pueda abrirse a algo cómo eso, pero —inhaló aire algo melancólico—, ¿no podía fijarse en alguien más? —se alejó despacio siguiendo los pasos de su hermano.

—No es tan fácil —balbuceó Galen reconociendo en la situación de Hyaker la suya propia.

Caminó en dirección a la mansión, pero al aproximarse se dio cuenta de que no quería tener que ver a Jin Ah y recordar como su padre trataba de obligar a alguien que no la amaba a convertirla en su esposa.

Redireccionó su rumbo tratando de rodear uno de los jardines para llegar a la playa, pero en medio de uno de los lagos artificiales, en un delgado pasillo plano de madera, su chica estaba arrodillada jugando con el agua.

El hanyū turquesa le hacía resplandecer el cabello rojizo, y la luz de luna volvía su piel como una perla pulida. Galen sintió como una mano invisible le estrujó los órganos de manera salvaje.

Jin Ah lucía afligida, su rostro diáfano tenía los músculos tensos mientras trataba de no relucir nada al exterior.

—Es extraño verte fuera de tu papel de garza real —El joven se quedó al inicio del puente.

—Galen —se paró de prisa y retrocedió un par de pasos.

—No tienes que retroceder, no tengo intenciones de incomodarte, solo pasaba por aquí.

Jin Ah parpadeó un poco avergonzada.

—No me incomodas —murmuró—, solo me sorprendiste.

Galen notó como la chica miraba hacia el suelo.

—Es raro que estés aquí si la fiesta sigue vigente.

—Yo… solo, quería tomar aire —metió las manos entre la tela del hanyū —. Todos iniciaban a hablar de lo ocurrido.

—¿Perdón?

—No finjas no saberlo. Al menos un grupo de personas escucharon que el segundo príncipe le dijo a mi padre que no quiere casarse conmigo —su voz se rompió en la última palabra.

Él la observó entre abatido y ofendido.

—¿Tanto quieres ese matrimonio?

—¿Te parece que tengo opción? —sus ojos lánguidos parecían querer gritar—. ¿Qué más puedo hacer si me han criado específicamente para esto?

—¿Entonces nunca has querido algo más?

—¡Claro que lo he hecho! En muchas cosas, yo con —detuvo en seco sus palabras al notar que Galen apretaba la frente luchando por ser inexpresivo.

En ese momento quien estaba frente a ella era la única persona que la había visto como algo más que la hija ejemplar; la prometida del príncipe; la flor a la que le prohibieron marchitarse. Desde niños ignoró su duro trabajo por ser intachable y la hizo moverse fuera de su cabalidad.

En un festival de la luna de verano la lanzó a un río para obligarla a nadar con él; en su cumpleaños número catorce se robó el aburrido libro de reglas de tablero que su padre le regaló y lo reemplazó por un cuentario; también arruinó “por accidente” cada uno de sus vestidos naranja porque escuchó que odiaba ese color; y justo ahora cuando todo el mundo que conocía estaba en una cuerda de papel, era el único que estaba cerca y la veía con una expresión ajena al reproche.

—¿Con?

Jin Ah evadió completar la frase, si lo hacía, entraría a un tornado del que probablemente no podría salir.

—No es nada. Debo volver —se fue a paso lento en dirección opuesta.

—Yo siempre he querido algo que no puedo tener —el menor de los Min Har habló en voz baja obligándola a detenerse—. Amo a una mujer imperfecta que pretende ser perfecta —exhaló suavemente gris—. Su ímpetu por serlo me aleja por más que trate de seguir sus pasos ¿Sabes que es lo peor? —rio desganado— Podría dudar de mi existencia, pero no de que ella sea indiferente ¿Lo irónico? Moriría treinta veces y seguro que ni así podrá aceptarlo.

Jin Ah perdió el aliento, sus rodillas peleaban por no arquearse. Una extraña presión tibia le saltaba desde la boca del estómago hasta el pecho. Quería escuchar, pero no debía hacerlo, pero el querer estaba siendo más fuerte que todo su sentido del deber.

—Ni siquiera me importa si ella no me quiere, si me odia o si por el resto de mi vida no vuelve a mirarme. Pero si hay algo que no puedo soportar es verla sufrir; saber que se angustia, que se sobre exige. Ver que incluso lejos de mí no es feliz.

—¿Cómo…? —la voz le salía en pedazos irregulares—. ¿Cómo estás tan seguro de que ella se siente así?

—Jin Ah, eso es obvio. Si en el cielo ves el sol ¿Pensarías que es de noche?

—¿Cómo puedes reconocer el dolor en alguien que no eres tú?

—¿Cómo no podría después de contemplar un rostro durante toda mi vida? Después de ver una sonrisa genuina, vergüenza, miedo. Después de ver algo más que una falsa proyección.

Un par de lágrimas bajaron por las mejillas rosadas de la única hija del sungju Sae. La indecisión entre ser y sentir había quemado todo rastro de juicio lúcido, se sentía una marioneta cuya alma fue encapsulada en un coma intermitente.

—Me resigné a luchar por ti porque genuinamente pensé que añorabas más que nada ser una princesa. Me convencí a mí mismo de que así serías más feliz y me reconfortaba saber que al menos Hyaker te daría el lugar que mereces —apretó sus puños mientras la veía respirar con irregularidad—, pero ver que sacrificas tu felicidad por obediencia me hace querer cargarte en mis brazos y huir contigo lejos de aquí.

—Por favor hazlo —masculló sin ver con claridad gracias a la humedad en sus párpados.

—¿Qué? —desorbitó su cara tratando de confirmar lo que recién escuchó.

La chica se giró lentamente viendo sus pies, poco a poco alzó la cabeza con cierto temor.

—No tienes que morir treinta veces —sonrió llorando—. No sabes lo difícil que es para mí esconderlo, así que por favor no me hagas decirlo.

—Dilo —exigió atemorizado—. Habla con claridad para que mis oídos puedan entenderlo.

—Por favor no, no tengo el valor.

—Lo tienes. Mi chica es valiente, es honesta y firme.

Jin Ah humedeció sus labios secos y respiró hondo. Miró los ojos esperanzados de Galen y sintió un leve viento rozarle las orejas.

—Yo te amo. Por favor no mueras hasta que sea libre de demostrarlo.

Galen cayó de rodillas con la visión desenfocada ¿Estaba soñando? Eso creyó hasta que las suaves manos de Jin Ah levantaron su rostro y juntaron sus labios dulces y a la vez salados por las lágrimas con los de él; inmediatamente se paró y la cargó entre sus brazos.

La abrazó inhalando su aroma, sintiendo la suavidad de sus mejillas y sus delgados brazos sostenerse de su cuello.

—¿Por qué me torturaste tantos años así?

—Yo no puedo hacer nada Galen, mis alas fueron cortadas. Mi padre camina por mí ¿Qué se supone que haga? ¿Cómo cambia todo que sepas lo que he guardado desde hace tanto?

Galen la puso sobre el suelo, se encorvó hasta alcanzar su estatura y le besó la frente.

—¿Crees que me acercaría a ti como si nada?

—Yo nunca sé que esperar de ti.

—Solo sigue como hasta ahora. Todavía no es tiempo, pero te juro por mis treinta muertes —sonrió—, que más pronto que lejos podremos estar juntos.

…

—¿A qué te refieres? —Leone abrió los ojos como libro sin empastar.

—No podemos hablar aquí —Liam observó como a la distancia Kyun y un hombre de porte noble se acercaban a ella. Con el mentón le señaló a Kyun una de las puertas que llevaba a los corredores externos—. Ven —le extendió el brazo—, no tengo mucho tiempo así que prefiero la mayor discreción posible.

Salieron hacia uno de los balcones, específicamente hacia un corredor oscurecido en la terraza con vista al mar. Esperó que Kyun estuviera más cerca y con un movimiento de cabeza le indicó cuidar que nadie se acercara. Kyun entendió inmediatamente y susurró algo a Helio, quien asintió y se posicionó en guardia expectante.

—¿Puedes hablar de una vez? Ni siquiera es necesario que intentes dar una orientación a Kyun o Helio, por sí mismos entienden su trabajo.

Liam suspiró.

—Son tantas cosas que ni siquiera sé por donde debería empezar.

—¿El principio talvez? —se quejó sarcástica —“El que no tiene mucho tiempo” —reclamó—. Explica cómo es eso de que tu mundo también se derrumbó ¿Qué hacía Ericka al lado de Bastien?

Liam se mordió el labio inferior mientras resoplaba tratando de sofocar su furia.

—Es su prometida.

—¿Cómo? —la cara se le desmontó como arcilla mientras se asomaba por una de las puertas a los aludidos. Bastien bailaba con agilidad mientras Ericka miraba todo el tiempo hacia el suelo—. Fue donde una bruja y la hechizó —se carcajeó con sorna—. No hay otra explicación.

—Por alguna maldita razón, durante todos estos años el varón Russo se opuso a la realización inmediata de nuestro matrimonio, a pesar de que presioné con oro y tierras; pero, maravillosamente cuando Bastien rompió su compromiso con la infanta de Sterios y ofreció al barón Russo el puesto de canciller, este ofreció en agradecimiento la mano de su propia hija.

—Esto es absurdo ¿Qué pasó con el anterior canciller?

—Se jubiló.

—¿Era tan viejo? No lo recuerdo así.

—Tenía unos cincuenta años, pero según la carta que envió al parlamento, fue detectado con una enfermedad incurable y decidió pasar sus últimos días en una de las ciudades del Nuevo Mundo.

Leone presionó sus dedos con cierto estrés.

—¿No intentaste detener al barón?

Liam soltó un quejido con sorna.

—Me sorprende que pienses que no. Me fui a encarar al propio Bastien, pero eso solo empeoró las cosas. El muy hijo de…—frenó sus palabras al ver a su hermana y buscó raciocinio—. Simplemente las condiciones no me permitieron hacer más.

—Condiciones —repitió Leone mecánicamente—. ¿Condiciones?

—Asuntos políticos y ya —evadió su mirada.

—Adelante —lo escrutó fijamente—, puedes hablar de ello con libertad, creo que tengo suficientes facultades para entenderlo.

—No pienso desperdiciar mi poco tiempo contigo hablando sobre problemas del estado.

—Todo lo referente a nosotros es un problema de estado, quieras o no.

Liam se ajustó el pañuelo perfectamente acomodado y miró la oscura playa a sus espaldas.

—Benedetta regresó.

—Benedetta —el nombre le sonaba de alguna parte—. ¿Quién es?

—La primera dama de compañía de mi mamá, la que estuvo a su lado desde que debutó en sociedad hasta un par de días después de tu nacimiento.

—¿Y por qué regresó? ¿Por qué se fue en primer lugar?

—Quería casarse —hundió el cuello—, ya sabes, ella era contemporánea con nuestra madre y trabajó desde su infancia. Mi tía Suhee no la encuentra muy agradable, ella la conoció el día que dejó Cartalia, fue precisamente cuando fueron contratados en el archiducado. En mi opinión solo siente algo de celos, ya sabes, ella actualmente ocupa el puesto que Benedetta abandonó.

—Y su familia qué.

—Actualmente es viuda y su único hijo se convirtió en marinero de un navío proveniente de Eldenholt.

Leone chupó sus incisivos con inconformidad.

—Y eso que tiene que ver con que estás evadiendo las “condiciones” que te impidieron recuperar a Ericka.

—¿Vas a seguir con eso?

—No podría dormir con la duda —entrecerró los párpados al notar a Liam acomodar un mechón inexistente en su frente—. Te está amenazando ¡Es eso! —soltó un gritito—. Responde porque no le puedes mentir a un mentiroso.

Liam soltó un quejido.

—Por eso tampoco puedo sacarte de aquí.

—¿Bajo qué premisa nos amenaza? —tragó saliva ácida—. ¿Desde cuándo?

—La excusa es que mi padre amenaza su trono.

—¿Qué?

—Cuando envió la orden de tu viaje a Lunhae dejó muy en claro que cualquier renuencia puede ser tomada como insubordinación. Al parecer hay cierta facción de nobles que consideran impropio que el archiducado de Cartalia sea el dueño absoluto de las minas de diamantes azules, no solo eso, también odian el hecho de que yo sea presidente del parlamento. Algunos han llegado a plantear que nuestra familia debate en poder con la familia real, y que eso en tiempos como este puede desestabilizar nuestra oposición contra Lunhae. Ya sabes —alzó las cejas indignado—, la monarquía es absoluta; nadie tiene más poder que el rey, ni económico ni militar.

—Pero —Leone sintió un montón de sal entrar en su nariz y oídos—, entonces ¿No hay manera de que yo pueda volver? ¿Un alegato serio? Seguramente los nobles que están de tu parte te apoyarían.

—Leone, incluso enviar cartas es ahora un peligro.

—Pero, tú puedes leer las mías ¿Las leíste? ¿Leíste lo que te envié?¿Leíste el cuadro?

—¿El cuadro? —hizo memoria—. Lo recibí pero no he podido verlo. He estado trabajando día y noche en el parlamento por ordenes del rey. Sé que Bastien no me deja salir de Griseonderti para controlarme.

—¿Entonces no sabes nada? —preguntó con la esperanza rompiéndose. Ella genuinamente creyó que Liam estaba ahí con conocimiento de todo, listo para darle un plan de escape, una salida. Si él que era el único a quién podía acudir no hizo nada ¿Qué pasaría con ella a partir de ahora?

—¿Saber qué?

Leone que iniciaba a transpirar por la ansiedad, controló lo mejor que pudo su respiración e inició a explicar:

—Yo presencié un asesinato un día después de mi llegada. Dentro de los muros de este palacio un ílios fue asesinado por dos hombres que hablaban en idioma occidental.

Liam la miró fijamente entre crédulo y desconfiado.

—¿Estás mintiendo?

—¡Maldita sea! Sé que intenté matarme, pero no estoy tan loca. No me lo estoy inventando y Kyun es consciente de ello.

Kyun que permanecía más cerca que Helio y era capaz de escuchar la conversación, se acercó hasta ellos.

—Está diciendo la verdad.

Liam apretó la mandíbula.

—¿Cómo sabes que era de Ílios y no de otro reino?

—Tengo un reloj que el muerto dejó atrás, lo recogí cuando pude salir de mi escondite. En el cuadro lo explico mejor, por favor cuando puedas, coloca una vela cerca del borde.

—¿Tienes contigo el reloj?

Leone se maldijo como nunca, olvidó el reloj en Selinia.

—No, pero te juro que te lo haré llegar. Más importante ahora, hay algo que no pude poner en la carta porque es reciente. Tenemos la fuerte sospecha de que hay una red de tráfico entre Ílios y Lunhae de—

—De diamantes azules —culminó Liam viendo a la nada.

Leone y Kyun descompusieron el gesto con sorpresa.

—¿Ya lo sabías?

—No, pero los números —a su mente vinieron las madrugadas de los últimos meses, donde por más que operara de mil maneras la administración del archiducado, las cuentas no cerraban por un mínimo margen de error—, los números no mienten —miró fijamente a su hermana—. ¿De quién tienes la sospecha? Imagino que alguien viene a tu mente.

—Solamente la sobrina del general Lee las ha usado con libertad. Pero la influencia de ese hombre es aterradora, parece tener más poder que el rey.

—Yo me infiltré en el gremio Teibin, un gremio solo de piedras preciosas. Ahí encontré indicios de el comercio ilegal de “amatistas azules”, pero, cuando estaba a punto de descubrir el nombre del dueño del negocio, el único testigo vivo desapareció —habló Kyun.

Liam se quedó mirando un punto fijo sobre el suelo, parecía escribir notas mentales a velocidad del viento.

—Ya no se metan más en esto. No quiero que estén en peligro, me encargaré de descubrir que está pasando.

—Tendré que desobedecerte —dijo Leone—, porque si hay un caso de contrabando quiero que lo uses para pedir mi liberación de este contrato.

—Leone eso no es así de simple—

—Si no lo haces —interrumpió— tendré que buscar el modo de escapar por mi cuenta.

Una respiración apesadumbrada abandonó el pecho de Liam.

—No lo entiendes ¿verdad? Bastien fue claro, desobedecer su orden es cavar la tumba de nuestra familia.

Con un suspiro cargado preguntó sin fe:

—¿No vas a intentarlo?

Él se quedó en silencio por un rato largo, hasta que logró articular dos palabras:

—Lo intenté —Liam luchaba por no romperse—. Hice todo en mis manos para evitar que te involucraran.

Leone mordió el interior de sus mejillas.

—No hay salvación para mí —rio derrotada—. Realmente deseo ser un pato justo ahora.

—Yo te juro que si hay traición de por medio, lo primero en el parlamento será tu nombre, pero—

—Eso solo sería si hay “traición” —su voz calmada juzgaba su entorno—. Si no la hay, estoy obligada a obedecer —miró a los hermosos ojos verdes de Liam, los ojos que parecían brillar más que la luna—, no quiero hacerlo —alzó los hombros y se dio la vuelta, se fue a paso tan rápido que Helio a penas tuvo tiempo de reaccionar.

—Déjenla —ordenó Liam presionándose la frente con esmero—. Déjenla estar sola.

—Liam me preocupa lo que ella pueda hacer —dijo Kyun con temor.

—Ella no hará nada. Conozco a mi hermana.

—No sé si ella renunciará a la idea.

—Tampoco yo, así que abriré una investigación en cuánto regrese.

—¿Apelará?

—Espero poder hacerlo.

Kyun se reverenció.

—Entonces me mantendré en contacto, si me disculpa, trataré de vigilar a Leone aunque sea de lejos.

Kyun entró a la sala, Helio trató de seguirla pero una orden lo frenó.

—Señor Helio Sera Min Har, hay algo de lo que debemos hablar.

—Don Liam de Cartalia —respondió acercándose a la voz hasta quedar frente a él.

—Mi padre no está aquí pero yo sí. Así que por favor dame un informe detallado.

…

Kyun entró de nuevo al baile, le sorprendió la cantidad de lunhayenos que danzaban de modo occidental, algo poco común ya que no existían como tal los bailes dentro de Lunhae. Trató de enfocar a Leone pero su campo de visión era limitado gracias al movimiento de las personas.

—¿La señorita Sera me concedería esta pieza?

—Kai —sonrió—, lo siento pero tengo que buscar a Leone, su hermano pregunta por ella.

—Vamos, solo será una pieza, practicamos mucho ¿Lo recuerdas?

Kyun sonrió un poco avergonzada, días atrás le enseñó a Kairos como bailar para que pudieran hacerlo precisamente en este momento.

—Justo ahora no puedo.

—Vamos —La tomó de la mano y puso el brazo sobre su espalda—. Yo mismo te ayudaré a buscar a Leone después.

Iniciaron a bailar al ritmo de la orquesta. Kyun estaba totalmente sorprendida, Kairos bailaba como si tal y hubiera aprendido de monsieur Lucien Benoît, el mejor maestro de baile en todo el continente occidental.

Dio un giro con ella, pero su inexperiencia hizo a Kyun titubear y chocar contra alguien que rodeaba la pista de baile, a la vez, el escudo de Cartalia cayó desde su vestido.

—Una disculpa —inmediatamente se inclinó.

—Oh, es usted la señorita Sera —el vizconde de Rinaldi se agachó a recoger el broche en la punta de sus zapatos. Un broche exactamente como el que llevaba en su gabardina, pero perteneciente al símbolo de la familia de Cartalia—. Tenga.

—Muchas gracias vizconde—lo tomó inclinándose nuevamente.

—Es culpa de mi poca experiencia, por favor sepa perdonarme —dijo Kairos algo avergonzado.

El vizconde alzó una ceja mientras repasaba a Kyun.

—Pierda cuidado alteza. Por favor no interrumpan su actividad por mí.

Abandonó la escena aún observando como Kairos y Kyun retomaban su baile, y caminó hasta su lugar original junto al general Lee y su sobrina.

—Kairos se arrepentirá de esta humillación. Cómo se atreve a bailar con la sirvienta.

—Tranquila Dion Yi. Ella es solo una distracción momentánea, además, faltan dos años para que él y tú puedan casarse —el general tomó un sorbo de la copa—. ¿Este es el vino traído del Nuevo Mundo? El sabor es fascinante.

—Sí, vino de uva criolla —el vizconde observó a Kyun, notó como el broche de la casa de Cartalia había vuelto a la blusa de su vestido—. Entiendo que el tercer príncipe esté atento a la señorita Kyun, ella es bastante bonita. Una total lástima que haya decidido ser la sirvienta de la gran duquesa, habría pagado mucho por convertirla en mi concubina.

—¿Esa niña flacucha?

—Ella crecerá en algún punto, y créame general, su madre es una mujer en toda la extensión de la palabra.

—Considero que incluso como distracción Leone de Cartalia es una mejor opción —al escucharlo, Dion Yi lo pulverizó con odio, tomó su abanico y se alejó con brusquedad.

El vizconde alzó una ceja mientras la veía irse.

—Es verdad, pero es la prima de mis sobrinos. Me resulta hasta pecaminoso —bromeó.

Dion Yi, aún escuchándolos siguió a Kairos y Kyun a la salida. Se dirigieron a uno de los jardines donde la vegetación era menor.

—No la veo por ninguna parte, iré a buscarla a la playa —dijo Kyun agudizando el ojo.

—Déjala sola, creo que se estresa teniéndolos a ti y Helio tan cerca todo el tiempo. Aunque…—besó el dorso de la mano de la chica—. No logro entenderlo, yo jamás me cansaría de ti.

Dion Yi sintió los oídos reventar de la rabia. Su prometido la estaba engañando con una maldita sirvienta. Apretó los dientes con un ligero sonido que hizo al príncipe y Kyun voltear. Dion Yi se vio obligada a entrar de nuevo.

—Se arrepentirá —susurró con rabia—. La sirvienta también lo hará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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