El Eco de la cordillera - Capítulo 43
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Capítulo 43: Agua y fuego encerrados en un frasco
El baile de la paz se llevaba a cabo en la mansión construida con arquitectura híbrida lunhayena e ílios, por lo que se podía encontrar una estructura de dos plantas largas con la fachada principal llena de puertas enormes, arcos de medio punto, rosetones y columnas salomónicas dándole aspecto estéticamente occidental; a la vez poseía corredores en terrazas en ambas plantas cuyas columnas de madera, pisos con ondol y techos curvos de teja fina evidenciaban la intervención oriental.
Los jardines externos estaban llenos de arbustos con rosales, lirios, jazmines y cipreses mezclados entre árboles de cerezo, que se distribuían entre lagos artificiales cubiertos de nenúfares.
Genuinamente el sitio parecía una mezcla ficticia de dos mundos opuestos, era como ver agua y fuego encerrados en un frasco.
Hyaker bajó del caballo en la entrada de la mansión, se ajustó el hanyū real de color azul marino y brocados de plata, con chaqueta que llegaba más allá de sus rodillas. No estaba acostumbrado a utilizar prendas tan poco prácticas, pero la ocasión lo ameritaba. Su cabello oscuro y largo hasta su cuello estaba peinado hacia atrás. Su padre insistía en que debía cortarlo, o atarlo, pero él se negaba a ambas cosas. Le gustaba así.
—Espera un segundo, de todos modos ya venimos tarde —verbalizó Galen a sus espalda, mientras le entregaba las riendas de su caballo a un mozo ílios. Este año la organización del evento era por parte de occidente, por lo que la logística era muy diferente a la acostumbrada en Lunhae—. El rey y los príncipes tuvieron que haber llegado hace un rato atrás. Oye tú —se dirigió a un sirviente en idioma ílios—. ¿Su majestad el rey Haneulso ha arribado ya?
—Sí mi señor, hace un par de minutos. Casi toda la nobleza ha culminado de llegar.
Galen resopló negando con la cabeza.
—Si mi padre se entera que he llegado tarde me arrancará las orejas. Pero, es tu culpa —señaló a Hyaker—, nunca te ha gustado venir y justo ahora se te antoja, y de remate tardas un año para estar listo.
Hyaker que examinaba diligente el lugar (que tenía alrededor de diez años sin visitar) arrugó la nariz.
—Pudiste venir por tu cuenta como todos los años.
—Oh no, prefiero venir contigo que esperar a Jisung. Cuando vengo con él solamente saluda, toma una copa y nos largamos. Ni siquiera me deja conversar con las rubias bonitas.
—¿Rubias?
—Casi todas las ílios tienen el cabello claro. Deberías verlas —se acarició el mentón—, parecen flores caminantes. Helena Hemerides —hizo un gesto de satisfacción—, ella seguro te deja sin aliento.
Accedieron a la mansión. En la pared derecha había muchas pinturas en papel de morera, de reyes anteriores y paisajes lunhayenos extendidos como cortina e ilustradas a tinta con técnicas que Hyaker dominaba a la perfección. En la pared izquierda, retratos con colores y dimensiones con detalles estructurados y rostros de ojos claros, que se enmarcaban lujosos mostraban hombres y mujeres occidentales. Hyaker se sorprendió por la técnica de Ílios, parecía que en cualquier momento la figura fuera a cruzar el lino.
Subieron la segunda planta por una enorme escalera de piedra hasta posicionarse frente a una puerta precedida por guardias extranjeros. Los guardias permitieron el paso y al estar del otro lado del umbral, un maestro de sala Ílios anunció su nombre en idioma occidental (ya que tenía más influencia internacional).
—¡Atención! Su alteza real, segundo príncipe de Lunhae, Hyaker Jian Hae.
Todos se giraron sorprendidos, pudo notar como naturalmente las damas lunhayenas suspiraban ante él, pero lo que todavía le faltaba procesar era ver como muchas jóvenes con atuendos ligeramente más arriesgados lo veían sin reparo.
Vislumbró como en la parte principal del salón su padre y sus hermanos conversaban con quien seguramente era Bastien Hemerides, el rey de Ílios. Lo supo por el cabello dorado y la corona de oro blanco con diamantes azules en su cabeza.
Con la vista agudizada buscó a Leone, no la veía desde el encuentro en el bosque ¿Se dignaría a asistir? Había escuchado que sí. Le hizo un gesto a Galen de acercarse a una esquina del salón antes que el shokan viniera a exigirle saludar a los extranjeros.
—¿Quién es? —preguntó de mal modo al sentir demasiada atención en él.
—¿Quién es qué? —Galen tenía la mirada perdida al otro lado del lugar, donde Jin Ah se encontraba conversando con la señorita Bae. Lucía totalmente bella usando ese hanyū en tonalidad turquesa.
Hyaker redujo sus labios a una línea.
—El nohwan de Hanecheon.
Galen salió de su distracción y lo miró con una sonrisa cómplice. Sabía muy bien que Hyaker estaba ahí por Leone, pero no entendía porqué de la nada inició a sentir celos hacia el nohwan. Leone y él ni siquiera se conocían.
—Está al lado de aquella puerta. El que está rodeado de chicas.
Hyaker lo observó de inmediato. Arrugó el entrecejo ¿Por ese tipo todas estaban desmayándose? Era un chico común de nariz respingada y sonrisa galante. No quería presumir, pero si lo colocaba al lado de su espejo, objetivamente el nohwan no se llevaría la mayor atención.
La puerta lucía increíblemente enorme y dolorosamente familiar. Leone trataba de frenar su paso agarrando un hilo inexistente en sus dedos
—No hay nada ahí —mencionó Kyun maternalmente. Entendía el miedo de Leone. Recordaba sus lágrimas, en la torre, el vestido despedazado, el cabello despeinado, los susurros de «¿Por qué me destruye así?»—. ¿Lo recuerdas? Opacarías a Helena esta noche. Le harías temer.
—Señora, podemos volver en cuánto usted lo desee —habló Helio a su espalda.
Leone inhaló ancho, y del mismo modo exhaló.
—Abra la puerta —ordenó al guardia.
El maestro de sala en el interior se giró a comprobar de quién se trataba y el ceño traicionó sus pensamientos.
—¿Disculpe Usted acaso? Digo… —balbuceó.
—Leone de Cartalia —indicó Kyun con molestia—, anuncie a su excelencia a cómo es menester.
El maestro de sala asintió con prisa, mientras aclaró su garganta.
—¡Atención! Su excelencia gran duquesa de Montefiore doña Leone Asteria Hemerides Montefiore de Cartalia e Ílios.
Leone avanzó. Justo como la última vez el salón enmudeció. Justo como la última vez las miradas se posaron sobre ella, pero había algo antinatural en la ocasión actual, sobre todo en los nobles de Ílios. No la observaban juzgantes, la admiraban.
Leone decidió no reposar en eso, por el contrario fijó su vista al frente, al circulo donde sus verdugos la esperaban. Su paso firme y mentón en alto era una total falacia practicada un par de veces antes. Gracias a Dios ella era una excelente mentirosa.
A medida que se acercaba su nariz emitía cierta presión, como una señal de alerta, pero, la alerta se vino abajo para cambiarse por desconcierto. Una figura atípica de su familia se pintaba a pocos metros ¿Qué hacía Ericka con Bastien y dónde estaba Liam?
—Su majestad padre y señor de Ílios —dijo con formalidad mecánica al llegar frente a su primo—. Mi Dios me ha permitido verlo de nuevo.
Bastien sonrió estereotipado. Era el mismo hombre de belleza arquetípica con brillantes ojos verdes que vio la última vez.
—Gran duquesa —extendió ambos brazos para acercarse a abrazarla—. Prima, es realmente un gusto verte de nuevo. No sabía que te habías convertido en una chica tan linda.
Leone soltó un quejido sarcástico. Bastien era tan buen mentiroso como ella.
—Lo mismo digo —se giró hacia el rey Haneulso y los príncipes, saludándolos con reverencia lunhayena—. Su majestad, altezas —a como esperaba, Hyaker no estaba con ellos.
—Su excelencia —respondieron al unísono. Kairos por su parte le regaló un guiñado coqueto a Kyun que permanecía un poco atrás.
—Leone ¿No saludarás a tu prima? —Bastien señaló a Helena que se concentraba en una de las esquinas del salón y que hasta ese momento se dignó en atender el encuentro frente a ella.
Leone respiró hondo y se acercó a su prima. Ella la observaba como un océano luego de una tormenta, calma, inédita, con la vista esmeralda y su rostro bendito.
—Su alteza —se reverenció Leone sin bajar la mirada—. ¿Qué tal le va con las serpientes?
Kyun reprendió a Leone con la mirada al escuchar.
Helena sonrió de lado, meliflua.
—Gran duquesa, tu cabello ha crecido. Luces—
—Arrebatadoramente bella —completó Bastien—. Haneulso ¿Qué ha hecho con mi prima? Envié a una humana y me devolvió un ángel.
—Yo siempre he lucido bien —corrigió Leone sonriendo hipócritamente.
—Con todo respeto Bastien. Temo que las mujeres de Ílios son bellas por naturaleza.
—Oh, usted tiene toda la razón. Mi hermana y mi prometida son confirmación de su argumento —tomó del brazo a Ericka, que hasta ese momento había permanecido cabizbaja.
Leone se quedó perpleja, se giró hacia Kyun que también tenía el rostro confuso y luego a Ericka, que la veía con vergüenza y lágrimas contenidas ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba Liam?
—Bastien, permítame presentar a mi hijo mediano, Hyaker. Es su segunda vez en este evento, temo que no lo recuerde ya que la última vez que asistió usted también era un niño —Haneulso hizo un ademán al shokan que dio paso al segundo príncipe dentro del circulo.
Hyaker se acercó con los ojos fieros y profundos penetrando directamente a Leone, que para ese punto estaba petrificada en un duelo de miradas con la mujer de cabello avellana.
—Hyaker —susurró el rey.
Hyaker despegó mínimamente su atención de Leone y se fijó en Bastien, que lo veía con nefasta expresión, mezclando superioridad y asombro
—Su majestad —se reverenció sin agregar nada más.
Bastien alzó la ceja y asintió profundamente con la cabeza.
—Al fin nos conocemos, su padre lo ha mencionado en múltiples ocasiones.
Hyaker no respondió, en su lugar dirigió una mirada de incordio a la mujer rubia que lo había estado observando sin decoro desde que hacía unos minutos atrás.
—Le presento a mi hermana, princesa Helena Hemerides de Ílios.
Helena hizo un gesto de timidez encantadora que habría hecho desmayar a cualquiera y se acercó extendiendo su mano. Hyaker la indagó soporífero. Tomó su mano y en lugar de darle el clásico beso esperado se reverenció para luego soltar su muñeca.
Helena respiró incómoda. Nunca nadie antes le había hecho un desaire así. Los lunhayenos presentes no lo notaron, pero ciertos nobles de Ílios que contemplaban la escena hicieron gestos de reproche ante lo sucedido.
Rápidamente se giró a su hermano que arrastró la voz con desagrado.
—Si esa es toda la presentación… Maestro de sala, que inicie el baile.
El primer baile reunió a múltiples parejas occidentales en la sala. De entre tantas podía observarse algunas lunhayenas con ílios entre el grupo. En Lunhae no era común realizar bailes, por los que las damas que se animaban, seguramente habían viajado a occidente más de una vez o tenido instrucción en etiqueta internacional.
—Con su permiso, mi prometida y yo participaremos del primer baile —Bastien arrastró a Ericka con fuerza hasta el centro de la pista.
Leone los observó mordiéndose la lengua, por más que su cabeza trataba de maquinar que rayos estaba ocurriendo no llegaba a nada claro. Liam no estaba por ninguna parte y lejos de haber explicaciones solo aparecían más preguntas. Su nariz inició a doler aguda.
Se giró buscando a Kyun, pero ella y Helio saludaban al rey. Fue hasta ese momento que la presión de un par de flechas fueron notadas. Por inercia se fascinó al ver a Hyaker , lucía más apuesto que otras veces. Estaba al lado de su padre, a solo un metro de ella. A pesar de que todo le dio vueltas, no pudo evitar sentir una chispa al saberlo mirándola.
—¡Excelencia! —una horrenda voz como la de un loro le llegó familiar.
—Fiorella —dijo entre dientes. La bruja se posicionaba justo detrás de Helena que con elegante disimulo estudiaba cada gesto de Hyaker. Un calor incómodo sustituyó el dolor de la nariz por comezón.
—¿La han invitado ya al primer baile? —para este punto la voz de Fiorella sonaba tan fuerte, que Haneulso, los tres príncipes y ciertos nobles de ambos reinos iniciaron a escuchar con diligencia.
—Fiorella, no seas imprudente —corrigió Helena seria. Turnó su mirada entre Hyaker y Leone un par de veces, hasta que una carcajada muda salió de su boca rosa—. Sabes muy bien que Leone no acostumbra a asistir a este tipo de eventos.
La nariz de Leone inició a doler de nuevo. En sus manos la humillación iniciaba a dar sensación.
—Oh, pero —pestañeó mojigata— no pretendía ser inoportuna. Como hace tanto tiempo que no nos veíamos pensé que su excelencia había crecido lo suficiente como para no arruinar cada evento en el que participaba.
Kyun saltó inmediatamente colocándose al lado de Leone.
—Su alteza Helena, no cree que su dama de compañía está haciendo comentarios fuera del lugar.
Helena arrugó levemente la frente y la miró con fingida ofensa.
—Lo lamento —habló fina—, por favor disculpen a Fiorella, ella tiene un modo particular de narrar acontecimientos.
Hyaker notó como Leone presionaba con fuerza su dedo índice contra su dedo pulgar. Con el borde del ojo notó como su padre y todos los presentes se quedaron mudos hacia la escena que se llevaba acabo ¿Qué clase de chiste era ese? ¿Tenía la realeza de Ílios potestad de hacer comentarios tan absurdos frente al monarca de otro reino?
—Rozan la falta de educación —recriminó Kyun.
—Kyun, ya basta —La voz de Leone resonó lo suficiente como para acallar a las personas que iniciaban a murmurar atentas—. No te preocupes Helena, entiendo a Fiorella. Así que por favor disculpa a Kyun, ella solamente estaba buscando educación en alguien que definitivamente no la tiene —sonrió imperturbable dejando a Helena con la expresión contenida tras su máscara de muñeca de porcelana.
—No le hable así a su alteza— Helena acalló a Fiorella con un gesto. Tenía ya demasiada atención encima, y quién le asesinaba con severo desprecio era el hombre que llamó su atención desde su llegada.
No podía permitirse acabar envuelta en una discusión que le restara prodigio, menos si la maldita de Leone estaba en el medio ¿Qué un rumor incómodo pusiera sus nombres en el mismo relato? Prefería caminar descalza en fertilizante húmedo.
—Leone, madura —se limitó a articular.
Hyaker se mordió un labio con agraciada apatía, dio un paso al frente que fue frenado por Min Jiak. Con gesto de advertencia dejó en claro que no era apropiado intervenir.
Leone se carcajeó coqueta y negó con la cabeza, estaba a punto de responder cuando tras Helena y entrando desde la terraza exterior notó a la persona que deseaba ver con toda su alma. Liam se quedó mirándola desde lejos sin siquiera parpadear.
—Con su permiso —masculló iniciando casi a correr en medio del salón.
Poco le importó lo que fueran a pensar de ella, atravesó grupos con rostros conocidos y voces recordadas, pero las frases ahora se nombraban modificadas. Ya no decían “La bastarda del archiduque” ahora cambiaban por “¿Esta mujer es la gran duquesa?”.
Con los pulmones cansados se detuvo solo hasta estar de frente con Liam, rio triste y se abalanzó sobre él en un abrazo indiscreto y familiar.
—Leone —susurró su hermano.
Leone apoyó la frente sobre el pecho de su hermano con descanso, uno que deseó desde hace meses.
—¿Qué está pasando? —masculló—. Explícame todo porque no lo entiendo.
Liam le tocó el rostro con nostalgia.
—Estás diferente, más bella. Más grande. Casi no logro reconocerte.
—Estoy igual.
—No Leone, no lo estás.
—Tú estás más feo —curvó los labios tenue—. Dime de una vez que ocurre.
Liam evocó un quejido agridulce.
—Leone mi mundo también fue derrumbado.
Hyaker se quedó inerte, congelado, su cuerpo perdió movimiento justo cuando ella inició a correr hacia el hombre que la observaba devoto ¿De qué se trataba ese teatro? Mordió el interior de sus mejillas hasta que cierto sabor se tornó metálico.
—Bueno —habló Haneulso tratando de romper la incomodidad—. Hyaker ¿Qué tal si invitas a su alteza Helena a bailar?
Hyaker penetró a su padre con acidez, luego a Helena que suspiraba con tímida sorpresa.
—Yo no bailo —expulsó tajante antes de girarse sobre sus talones y volver a la esquina del salón en que Galen permanecía.
—¿Qué cara traes? ¿Tan fea te pareció Helena Hemerides?
—No me digas nada —giró la cabeza hasta observar como a metros Leone abrazaba descaradamente al tipo—. Maldición —murmuró entre dientes.
Galen ubicó su vista en la dirección en que Hyaker había mirado y suspiró al entender su actitud.
—Él es—
—Su alteza segundo príncipe —el sungju Sae lo interrumpió para acercarse a Hyaker algo metódico—. Alteza, me alegra que esté bien, no lo veía desde la competencia de caza.
Hyaker concentrado todavía en Leone ni siquiera se dignó a verlo.
—¿Necesita algo? —preguntó por mero compromiso.
—Bueno alteza, quizás no parezca el momento pero… Bueno, verá usted, es que—
—Por favor hable de una vez.
El sungju Sae reunió algo de valor.
—Quisiera que acordemos la fecha del matrimonio entre mi hija Jin Ah y usted. Ya ha pasado mucho tiempo desde que se comprometieron, no quiero que mi hija sea tachada de solterona.
Galen contuvo el aliento y rápidamente enfocó a Jin Ah, que hacía gestos dulces a las jóvenes que la rodeaban. El alma se le arrugó cayendo en su estómago como veneno mortal.
—¿Le parece que tengo ganas de casarme con su hija? —expulsó Hyaker apartando su atención de Leone por primera vez.
—¿Qué? —cuestionó ofendido—. Es… alteza, es su deber, ambos tienen un matrimonio político perfectamente concertado.
—¿Y qué? —expulsó lúgubre—. Créame, no tengo tiempo para esto—se dio la vuelta en dirección a la salida.
—Alteza ¡Espere! —el sungju Sae aún humillado quiso detenerlo, pero con desdén Hyaker dirigió un último gesto dejándolo totalmente paralizado.
Hyaker salió furioso del salón, bajó la escaleras llevándose con él lo que estuviese en frente. Salió por una de las puertas aledañas y se perdió en el espesor de uno de los jardines mixtos. Bufaba con frialdad pesada y se sobaba las sienes con dureza.
—¿Qué rayos te pasa? —exclamó Galen alcanzándolo—. Actúas como un loco.
—¿Qué rayos le pasa a todo el mundo? —expulsó abrasivo—. Los locos están ahí dentro.
—El sungju Sae solo te preguntaba lo hablado —dijo con dolor—. Solo es un padre queriendo cuidar del destino de su hija.
Hyaker ignoró por completo sus palabras, en su lugar inició a dar zancadas de un lado a otro tocándose la frente con desespero.
Galen sacó el aire de sus pulmones embrollado.
—No estás así por eso —murmuró—. Es por Leone de Cartalia.
Hyaker frenó haciendo un sonido grueso con el tacón de la bota.
—¿Está loca? ¿No viste como corrió hacia ese tipo? ¿A caso no le importa lo que dicen de ella? Incluso después de que esa mujer le hablara de ese modo —llenó de aire sus mejillas—. Por qué ella no solo…—
—Estás celoso.
—¿Qué maldita incoherencia estás diciendo ahora? —gruñó amenazante.
—¿Incoherencia? ¿Has escuchado tus palabras? ¿Has visto como estás ahora? Solamente porque Leone corrió a abrazar a su hermano.
Hyaker descompuso la expresión angulando las cejas. Abrió los labios tratando de decir algo pero no lo consiguió.
—El hombre al que la loca de Leone de Cartalia corrió a abrazar sin decoro es Liam de Cartalia. Su hermano mayor.
Hyaker sintió como el agua invisible abandonaba sus pulmones luego de haberlo ahogado con intención asesina. Descansó sobre su cuello viendo al cielo.
—No tenía idea —seseó.
Galen soltó un quejido sarcástico.
—Y digo incoherencias. Realmente puedes ser tan tonto negándolo mientras te relajas así.
Hyaker suspiró cansado.
—Para estar celoso hay que estar enamorado.
—¿Y no lo estás?
Un sonido fino atravesó los oídos de Hyaker con filo, como cortando una capa invisible en la parte alta de su mente. Rio tratando de encontrar gracia, pero la risa se detuvo para dar paso a la velocidad alarmante de sus latidos.
—¿Qué has…? —no logró completar la frase.
—¿En todo este tiempo no te diste cuenta? —se acercó lentamente hasta quedar justo frente a él—. Te pierdes a ti mismo cuando se trata de ella. No la ves como al resto, no le hablas como al resto —cada palabra de Galen volvía el rostro de Hyaker el reflejo de un cúmulo de emociones desconcertadas—. Enloquecerás si tratas de convencerte de lo opuesto. La amas.
Un silencio mortal se cernió sobre ambos. Las hojas moviéndose eran lo único que se atrevía a murmurar. El segundo príncipe despeinó su cabello con paciencia inaudita, su mirada se aclaró como si tal y le retiraran una venda. Sus oídos detallaban el sonido de las olas al otro lado de la mansión y su cuerpo parecía caer a una especie de precipicio infinito.
—No —negó con la cabeza—. No yo no —sus piernas se movilizaron hacia el espesor del bosque, el viento frío del mar le hacía respirar con avidez, y un sentimiento de terror absoluto le amordazó el pecho. No podía amar a Leone de Cartalia, no a ella, porque si la amaba y la perdía…
—No —susurró mientras corría y escuchaba a Galen gritarle a lo lejos—. Yo no te amo. No puedo hacerlo.
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