EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 37
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Capítulo 37: Capítulo 19 — Un Lugar Sin Nombre
Siempre pensé que lo más difícil sería sobrevivir.
Ahora entiendo algo distinto.
Lo verdaderamente complicado es empezar de nuevo.
La nave desciende atravesando una atmósfera espesa, teñida de tonos dorados y violetas. Las nubes parecen más densas de lo normal, como si cargaran peso propio.
Kai está a mi lado, pegado a la ventana.
—Bonito… —murmura.
Lo observo un segundo.
—Sí… tiene algo especial.
Aunque en el fondo siento otra cosa.
Este lugar es… impredecible.
—Entrando en zona urbana —anuncia ATENEA.
Nira se inclina hacia el panel.
—Eso es demasiado grande para una colonia estándar.
La ciudad aparece entre las nubes.
Y el silencio se instala en la cabina.
Las estructuras se elevan en todas direcciones. Algunas parecen talladas en cristal, otras crecen de forma irregular, como si hubieran nacido en lugar de construirse. Plataformas flotantes cruzan el cielo, conectadas por puentes de luz.
Naves de distintos orígenes atraviesan el espacio aéreo.
Lisa se queda mirando, fascinada.
—Esto parece… otro mundo.
—Lo es —respondo.
Aterrizamos en una plataforma secundaria.
Nada de recepciones.Nada de controles visibles.Solo movimiento constante.
La compuerta se abre.
El aire entra primero.
Cálido.Denso.Con un olor extraño, mezcla de metal, especias y vida.
Bajo de la nave con Kai en brazos.
El Guardián aparece detrás de mí, como siempre.
Algunas miradas se clavan en él.
Un instante de tensión.
Luego el ruido vuelve.
Cada quien decide mirar hacia otro lado.
—Vaya… llegaron nuevos.
La voz aparece antes que la persona.
Un hombre se acerca con paso relajado. Ropa gastada, mirada despierta, sonrisa fácil.
—Este lugar suele recibir visitantes interesantes.
Nira lo observa con cuidado.
—¿Quién eres?
—Alguien que conoce este sitio mejor que nadie.
Me acerco un poco.
—Busco información.
El hombre sonríe.
—Entonces llegaste al sitio indicado.
Sus ojos se posan en Kai.
—Y parece que trajiste algo valioso.
Lisa da un paso adelante.
—Mide tus palabras.
El hombre levanta las manos.
—Tranquila. Solo estoy observando.
Lo miro fijamente.
—Nombre.
—Rax.
—Evelyn.
Asiente.
—Bien, Evelyn… te daré un consejo.
Señala alrededor.
—Este lugar carece de nombre oficial. Algunos lo llaman mercado… otros refugio… otros lo usan para desaparecer.
Kai observa a una criatura que pasa cerca.
Alta, piel azulada, ojos completamente negros.
—Mami… raro.
Acaricio su cabeza.
—Sí… diferente.
Rax suelta una risa corta.
—Se acostumbrará.
Caminamos entre la multitud.
Cada paso revela algo nuevo.
Un grupo de mercenarios discute en un idioma desconocido.Un vendedor ofrece artefactos que flotan por sí solos.Una criatura de aspecto pétreo negocia con un humano modificado.
Lisa se acerca a mí.
—Esto es demasiado.
—Lo sé.
—¿Podemos confiar en este lugar?
Observo a mi alrededor.
—Aquí cada quien cuida lo suyo.
El Guardián sigue detrás de nosotros.
Un grupo de alienígenas lo observa desde lejos.
Rax baja la voz.
—Tu… acompañante de luz… eso atraerá atención.
—Todo en nosotros lo hace.
—Entonces será mejor moverse con cuidado.
Nira interviene:
—¿Eso es una advertencia?
Rax sonríe.
—Llámalo experiencia.
Entramos en una zona más estrecha.
Las luces cambian.El ambiente se vuelve más denso.
—Aquí viven quienes prefieren pasar desapercibidos —dice Rax.
Eso me resulta útil.
Se detiene frente a una puerta metálica.
—Este lugar servirá.
Lisa mira alrededor.
—Se siente… tranquilo.
—Lo suficiente para descansar —responde Rax.
Abre la puerta.
—Pasen.
El interior es simple.
Limpio.Funcional.Sin lujo.
Pero suficiente.
Kai baja de mis brazos y empieza a explorar.
Toca la pared.Mira el techo.Camina despacio.
—Casa… —dice.
Me quedo quieta.
Esa palabra pesa.
Más de lo esperado.
Nira se cruza de brazos.
—Podría funcionar.
—Sí.
Lisa se deja caer en una silla.
—Después de lo que vivimos… esto se siente perfecto.
Rax se apoya contra la pared.
—Algo importante.
Lo miro.
—Habla.
—Aquí todos huyen de algo.
—Nosotros también.
Asiente.
—Entonces encajan.
Hace una pausa.
—Pero si alguien los busca… tarde o temprano aparecerá.
Miro a Kai.
Luego al Guardián.
—Que vengan.
Rax sonríe.
—Esa actitud suele traer problemas.
Cuando se va, el lugar queda en silencio.
Kai camina hacia mí.
—Mami… aquí.
Me agacho frente a él.
—Sí… aquí estamos.
Me abraza.
Pequeño.Cálido.Real.
Miro alrededor.
Este lugar aún se siente extraño.
Aún se siente ajeno.
Pero también…
es una oportunidad.
Un inicio.
Y por ahora…
eso basta.
Desperté antes que el resto.
La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por una línea de luz que se colaba desde la ventana. El aire tenía ese olor constante del lugar: metal, humedad y algo más difícil de nombrar.
Kai dormía a mi lado.
Su respiración era tranquila, rítmica… casi hipnótica.
Me quedé mirándolo unos segundos.
A veces me cuesta creer todo lo que ha pasado… y que él siga aquí, tan pequeño, tan ajeno al peso que lo rodea.
El Guardián estaba en la esquina.
Inmóvil.
Vigilando.
Siempre vigilando.
—Buenos días —susurré, sin saber si me escuchaba.
No respondió.
Aun así… sentí que entendía.
—Ya estás despierta —dijo Nira desde la puerta.
—Siempre me despierto primero.
Entró cruzándose de brazos.
—Eso explica por qué sigues viva.
Sonreí apenas.
—¿Qué tal la noche?
—Tranquila… dentro de lo que cabe.
Se apoyó en la pared.
—Este lugar tiene demasiados ojos.
—Lo noté.
Kai se movió.
Abrió los ojos despacio.
—Mami…
Me incliné y besé su frente.
—Aquí estoy.
Él se sentó, frotándose los ojos.
—Hambre.
Nira soltó una pequeña risa.
—Eso sí es universal.
El lugar donde conseguimos comida estaba a unas calles.
Rax nos había señalado la zona “segura”… o al menos lo más cercano a eso.
Caminábamos entre puestos, luces y voces de distintos idiomas.
Lisa iba a mi lado, mirando todo con atención.
—Todavía me cuesta procesar esto —murmuró.
—Acostúmbrate —respondió Nira—. Aquí todo cambia cada minuto.
Kai señalaba cosas a su paso.
—Eso…—Luz…—Grande…
—Explorador —dijo Lisa sonriendo.
Nos detuvimos frente a un puesto donde una criatura baja y robusta preparaba algo parecido a comida.
—¿Es comestible? —preguntó Nira.
La criatura nos miró.
—Depende de lo que consideres comestible.
Lisa susurró:
—Eso suena preocupante.
—Queremos algo simple —dije.
La criatura asintió.
—Tengo algo para humanos.
Kai golpeó suavemente la mesa.
—Yo.
La criatura lo miró con curiosidad.
—Interesante niño.
Sentí varias miradas alrededor.
No me gustó.
Mientras comíamos, noté el cambio en el ambiente.
Las conversaciones cercanas bajaron de volumen.
Algunos observaban con más atención de la normal.
Nira también lo notó.
—Nos están mirando demasiado.
—Sí.
Lisa se inclinó hacia mí.
—¿Problemas?
—Tal vez curiosidad.
—Tal vez algo más —añadió Nira.
Un grupo de tres individuos se acercó.
Humanos modificados… o algo cercano.
Su postura lo decía todo.
Buscaban algo.
Uno de ellos habló:
—Son nuevos.
—Se nota —respondí.
—Este sector tiene reglas.
—Las aprenderemos.
El hombre sonrió.
—Las reglas se pagan.
Nira dio un paso al frente.
—No buscamos problemas.
—Aquí nadie los busca… igual aparecen.
El ambiente se tensó.
Kai me tomó la mano.
—Mami…
Apreté su mano suavemente.
—Tranquilo.
El Guardián apareció.
Sin sonido.
Sin advertencia.
Simplemente… estaba.
El aire cambió.
Los tres hombres se quedaron quietos.
Uno de ellos retrocedió un paso.
—¿Qué… es eso?
—Familia —respondí.
Silencio.
El líder del grupo levantó las manos.
—No buscamos conflicto.
Nira murmuró:
—Qué rápido cambió el tono.
Los hombres se alejaron.
Sin mirar atrás.
Lisa exhaló.
—Eso fue fácil.
—Fue suerte —dije.
—O respeto —añadió Nira.
Miré al Guardián.
—O miedo.
Kai lo miró.
—Luz… bueno.
—Sí —susurré—. Bueno.
Regresamos al refugio con más preguntas que respuestas.
El lugar seguía siendo el mismo.
Pequeño.
Seguro en apariencia.
Pero ahora sabía algo con claridad:
Aquí nadie vive tranquilo por mucho tiempo.
Me senté junto a la ventana.
Kai jugaba en el suelo.
Lisa lo acompañaba.
Nira revisaba el entorno desde el panel.
—Esto va a escalar —dijo sin mirarme.
—Sí.
—Y pronto.
Miré a Kai.
—Entonces estaremos listos.
Nira me observó.
—Siempre dices eso.
—Siempre lo estoy.
Ella sonrió levemente.
—Eso espero.
El sol del planeta comenzaba a bajar.
Las luces de la ciudad se encendían poco a poco.
Colores extraños.Formas vivas.
Un lugar lleno de historias.
Y de peligros.
Kai se acercó y se sentó en mis piernas.
—Mami… casa.
Lo abracé.
—Sí… por ahora.
Sentí el peso de todo lo que se acercaba.
Terra.Los Dravokar.La gente de este lugar.
Todo convergiendo.
Pero en ese momento…
solo importaba esto.
Su calor.
Su respiración.
Su presencia.
Y una verdad que cada día se hacía más fuerte dentro de mí:
Voy a protegerlo.
Cueste lo que cueste.
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