EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 46
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Capítulo 46: Capítulo 28 — Lo Que Despierta
El silencio después de la batalla pesa más que el combate.
Y esta vez… pesa demasiado.
✦ En órbita ✦
(Registro externo — nave Dravokar)
La imagen se repite en el holograma.
El niño.
La energía.
La desaparición total de los lobos.
Kael observa sin moverse.
—Ese es el poder… —dice con calma— el poder que el Amo desea.
Uno de los guardias da un paso adelante.
—¿Procedemos con la captura?
Kael niega lentamente.
—Aún resulta temprano.
—La oportunidad…
—La guardia del planeta está activa —interrumpe—. Interferir ahora provocaría consecuencias innecesarias.
Silencio.
—Entonces… ¿solo observamos?
Kael entrelaza las manos detrás de la espalda.
—Vinimos a probar.
Sus ojos se fijan en la imagen congelada de Kai.
—Y ya tenemos respuesta.
Hace una pausa.
—El niño… vale más de lo esperado.
El guardia baja la mirada.
—¿Órdenes?
—Retirada.
—¿Retirada…?
—El Amo lo quiere.
Su voz baja un tono.
—Pero en el momento correcto.
El holograma se apaga.
—Y ese momento… aún no llega.
✦ En la colonia ✦
(Evelyn)
Kai lleva horas sin despertar.
Demasiadas.
Su cuerpo arde.
El calor se siente incluso sin tocarlo.
Estoy sentada a su lado, sosteniendo su mano.
—Kai… mírame…
Su respiración es irregular.
Lisa camina de un lado a otro.
—Esto está mal… muy mal…
Nira observa desde el fondo.
—Su energía está fuera de control.
—Entonces ayúdenme a controlarla —respondo.
—Si supiera cómo, ya lo habría hecho.
El médico llega minutos después.
Un hombre mayor, manos firmes, mirada cansada.
—Déjenme verlo.
Se acerca.
Escanea.
Revisa.
Frunce el ceño.
—Esto… resulta extraño.
—Necesito soluciones —digo.
—Su biología… supera cualquier referencia que conozca.
Kai se mueve.
Su rostro se contrae.
—Mami…
Mi corazón se rompe.
—Estoy aquí.
—Duele…
Su mano aprieta la mía.
Fuerte.
Demasiado fuerte.
—¿Dónde? —pregunto.
—Aquí…
Lleva la otra mano al pecho.
—Quema…
El médico retrocede un poco.
—Su núcleo energético… está reaccionando.
—¿Eso qué significa?
—Significa que su cuerpo intenta estabilizar algo… demasiado grande.
Lisa susurra:
—Se está descontrolando…
Kai grita.
Un grito corto.
Dolor puro.
—¡MAMI!
Lo abrazo.
—Aquí estoy… aquí estoy…
Pero siento algo que me destruye por dentro.
No puedo ayudarlo.
Aprieto los dientes.
—Debería ser más fuerte…
Nira me mira.
—Evelyn—
—Debería poder protegerlo de esto…
El aire cambia.
Sutil.
Pero claro.
El médico se gira.
—¿Sintieron eso?
Lisa se queda quieta.
—Sí…
Y entonces…
aparece.
Una mujer.
De pie, como si siempre hubiera estado ahí.
Joven.
Segura.
Su presencia llena la habitación.
Su ropa… ligera, llamativa, casi provocadora para un lugar como este.
Pero lo que realmente llama la atención…
es su mirada.
—¿Quién eres? —pregunto, levantándome de golpe.
La mujer me observa.
Tranquila.
—Después hablamos.
Se acerca a la cama.
—Puedo ayudarlo.
Dudo.
Un segundo.
Dos.
Kai grita otra vez.
Eso decide por mí.
—Hazlo.
La mujer coloca su mano sobre el pecho de Kai.
Una energía aparece.
Suave.
Diferente.
No como la de Kai.
Más… estable.
La luz se expande lentamente.
Envuelve el cuerpo de mi hijo.
El calor disminuye.
Su respiración se calma.
El dolor desaparece de su rostro.
Silencio.
Kai deja de temblar.
—Listo —dice la mujer, retirando la mano—. Ya está estable.
Me acerco de inmediato.
—Kai…
Respira.
Normal.
Tranquilo.
Vivo.
Siento que el aire vuelve a mis pulmones.
Levanto la mirada hacia ella.
—¿Qué hiciste?
La mujer sonríe ligeramente.
—Lo necesario.
Se cruza de brazos.
—Ahora sí…
Hace una pequeña pausa.
—Podemos hablar.
El silencio llena la habitación.
Y por alguna razón…
siento que esto…
cambia todo otra vez.
La casa está en silencio.
Un silencio distinto.
Pesado.
Como si algo importante estuviera a punto de revelarse.
Estamos sentadas frente a ella.
Nira a mi derecha.Lisa a mi izquierda.
Y la mujer…
tranquila.
Sostiene una taza de té como si todo esto fuera una conversación común.
La observo con atención.
Joven.Segura.Demasiado cómoda en un lugar que jamás había visto antes.
Eso me inquieta.
—Empieza —digo.
Directo.
Ella da un sorbo al té.
—Claro.
Deja la taza sobre la mesa.
—Mi nombre es Lyra.
Nira interviene:
—¿Solo Lyra?
Ella sonríe.
—Por ahora.
Cruzo los brazos.
—¿Cómo conociste a mi hijo?
Lyra me mira.
Y su expresión cambia apenas.
Más suave.
Más… real.
—Hace una semana —dice— estaba en un puente.
Lisa frunce el ceño.
—¿Un puente?
—Sí.
Se recuesta un poco.
—Un lugar alto. Buen sitio para pensar… o dejar de hacerlo.
El ambiente cambia.
Nira la observa con más atención.
—Continúa.
Lyra suspira suavemente.
—Tenía una botella en la mano… y demasiadas cosas en la cabeza.
Hace una pausa.
—Y entonces él apareció.
Miro a Kai, dormido en la habitación.
—¿Solo… apareció?
—Sí.
Una pequeña sonrisa cruza su rostro.
—Se acercó con total tranquilidad.
Imita la voz de Kai, suave, casi divertida:
—“Una señorita tan bella como usted… debería elegir mejores lugares para beber.”
Lisa suelta una risa.
—Eso definitivamente lo sacó de alguien.
La miro.
—Luego hablamos de eso.
Lyra continúa:
—Lo miré y pensé… increíble.
Se encoge de hombros.
—Un niño coqueteando conmigo.
Nira murmura:
—Tiene talento.
Lyra baja la mirada un segundo.
—Pero luego dijo algo distinto.
La observo.
—¿Qué dijo?
—“Te ves triste.”
Silencio.
Siento algo en el pecho.
Lyra juega con la taza entre sus manos.
—Y tenía razón.
Su voz baja.
—Muy poca gente lo nota.
Lisa la observa con más seriedad.
—¿Y qué hiciste?
—Nada al principio.
Levanta la mirada.
—Luego… empecé a hablar.
Su expresión cambia.
Más cálida.
—Él se sentó a mi lado —dice— como si me conociera de siempre.
—Hablamos de cosas simples.
—De estrellas.
—De luces.
—De por qué la gente se siente sola incluso rodeada de otros.
Nira interviene:
—Eso resulta mucho para un niño.
Lyra sonríe apenas.
—Kai resulta mucho para cualquiera.
La miro fijo.
—¿Y después?
—Volvió al día siguiente.
Lisa levanta una ceja.
—¿En serio?
—Sí.
—Y al otro.
—Y al otro.
Siento un pequeño golpe interno.
—Venía a verte.
—Sí.
Me recuesto un poco.
—Nunca lo mencionó.
Lyra asiente.
—Lo mantuvo como algo suyo.
Eso me deja pensando.
—¿De qué hablaban? —pregunta Nira.
Lyra sonríe levemente.
—De todo.
—A veces solo se sentaba.
—A veces hacía preguntas.
—A veces… solo escuchaba.
Hace una pausa.
—Y eso… resulta raro.
Lisa asiente.
—Sí… lo es.
La observo más de cerca.
—¿Por qué lo ayudaste?
Lyra me sostiene la mirada.
Directa.
Sin dudar.
—Porque él me ayudó primero.
Silencio.
—Ese día —continúa— yo estaba… en un punto bajo.
Sus dedos se tensan apenas.
—Y él llegó… como si supiera exactamente dónde encontrarme.
Siento un escalofrío leve.
—¿Qué sabes de él? —pregunto.
Lyra tarda un segundo en responder.
—Más de lo que debería.
Nira se endereza.
—Explica.
Lyra mira hacia la habitación donde Kai descansa.
Su voz baja.
—Ese niño…
Hace una pausa.
—No pertenece a este mundo.
Lisa murmura:
—Eso ya lo sabíamos.
Lyra niega suavemente.
—No lo entienden.
Su mirada vuelve a mí.
—Lo que tiene dentro… está despertando.
El aire cambia otra vez.
—Y cuando eso ocurra por completo…
Su voz se vuelve más seria.
—Este lugar quedará pequeño para él.
La observo.
Más fuerte.
Más firme.
—Entonces empieza a explicar —digo— quién eres realmente.
Lyra sonríe.
Y esta vez…
hay algo distinto en esa sonrisa.
Algo antiguo.
Algo peligroso.
—Esa parte… —dice con calma— es más interesante.
El silencio cae.
Y siento algo claro.
Ella sabe mucho más de lo que está diciendo.
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