EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 45
- Inicio
- EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR
- Capítulo 45 - Capítulo 45: Capítulo 27 — Cuando Todo Se Rompe
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 45: Capítulo 27 — Cuando Todo Se Rompe
El primer golpe siempre decide el ritmo.
Y ese día…
el ritmo lo marcaron ellos.
El aire cambió un segundo antes.
Pesado.Denso.Vivo.
—Ya están aquí —dijo Nira.
Kai estaba detrás de mí.
—Mami…
—Quédate cerca.
La sombra bajo él se movió.
El Guardián estaba listo.
El primer ataque llegó desde los lados.
Velocidad pura.
Dos lobos.
Rodé hacia la derecha mientras una bola de fuego explotaba en mi mano. El impacto iluminó la calle, levantando polvo y fragmentos.
El otro ya estaba encima.
Nira lo detuvo en seco.
Un cuchillo flotante atravesó el aire.
El golpe lo lanzó contra una pared.
—Rápidos —dijo.
—Demasiado —respondí.
Más sombras.
Más movimientos.
La manada completa.
Nos rodearon.
Lisa gritó:
—¡Tengo uno grande!
El oso apareció como una masa de músculo y furia.
Golpeó el suelo.
Las paredes vibraron.
Lisa levantó hielo desde el pavimento, formando lanzas.
Las disparó.
El oso las rompió con pura fuerza.
—Genial —murmuró—. Eso duele.
El rinoceronte entró después.
El impacto contra el suelo fue brutal.
Casi como un pequeño terremoto.
Me lancé hacia adelante, liberando llamas contra su coraza.
El fuego envolvió su cuerpo.
Pero…
resistió.
Apenas retrocedió.
—Perfecto… —murmuré—. Esto se pone difícil.
Nira intervino.
Sus cuchillos flotaron alrededor.
—Apunta a juntas.
—Hazlo.
Los lanzó.
Impacto tras impacto.
Chispas.
Sonido metálico.
Ninguno penetró.
—Su piel está reforzada —dijo.
—Lo veo.
El rinoceronte cargó.
Salté hacia un lado.
El suelo se partió donde estaba un segundo antes.
Lisa luchaba contra el oso.
Creó una tormenta de agujas de hielo.
Miles.
El aire se volvió blanco.
El impacto cubrió al animal.
Cuando se disipó…
seguía de pie.
—Esto empieza a molestarme —dijo ella.
Intentó congelarlo.
El hielo lo cubrió.
Un segundo.
Dos.
El oso rompió la prisión con un rugido.
Lisa retrocedió.
—Necesito algo más fuerte.
—¡Kai! —grité.
Lo busqué.
Estaba atrás.
Solo.
Tres lobos se acercaban a él.
Lentos.
Cazando.
—¡Aléjense de él! —grité.
Intenté avanzar.
El rinoceronte bloqueó el camino.
Golpe directo.
Me lanzó contra una pared.
El aire se escapó de mis pulmones.
—EVE —gritó Nira.
—Estoy bien —respondí, incorporándome.
Mentira.
Pero suficiente.
Miré hacia Kai.
—Mami…
Su voz…
temblaba.
Los lobos estaban a punto de saltar.
Y entonces…
se detuvieron.
El líder levantó la mano.
—Esperen.
Los otros lo miraron.
—Hay algo más.
La sombra bajo Kai se expandió.
Oscura.
Profunda.
Viva.
El Guardián emergió.
Como una estrella tomando forma.
Golpeó.
Un tigre cayó al instante.
El segundo intentó atacar.
Otro golpe.
Silencio.
Los lobos retrocedieron.
—Ese ser… —dijo uno— será un problema.
El líder asintió.
—Usen el arma.
Uno sacó un dispositivo.
Un cañón compacto.
Energía concentrada.
Disparó.
El impacto golpeó al Guardián.
La luz se distorsionó.
Se detuvo.
Congelado.
Parálisis.
—¡NO! —grité.
Kai quedó expuesto.
Los lobos se lanzaron.
Lo golpearon.
Uno.
Dos.
Tres.
—¡DETÉNGANSE! —grité.
Intenté avanzar.
El rinoceronte volvió a cargar.
Me bloqueó otra vez.
—¡MALDITA SEA!
Kai cayó al suelo.
Pequeño.
Frágil.
—Llévenlo —dijo el líder.
Y entonces…
todo cambió.
Kai levantó la cabeza.
Sus ojos brillaron.
Azul intenso.
El aire vibró.
—Basta…
Lo sentí.
Como una presión en el pecho.
Como si el mundo respirara distinto.
Kai abrió los ojos por completo.
Y disparó.
Un rayo.
Pero diferente.
Silencioso.
Limpio.
El lobo frente a él…
desapareció.
Nada de fuego.
Nada de explosión.
Solo…
ausencia.
Otro.
Y otro.
Desintegración total.
Los demás retrocedieron.
Por primera vez…
miedo.
Kai tembló.
Su cuerpo brilló un segundo más.
Y luego…
cayó.
—¡KAI! —corrí hacia él.
El rinoceronte dudó.
Ese segundo bastó.
Nira lo empujó con telequinesis.
Lisa congeló el suelo bajo sus patas.
Caída.
Lo tomé en brazos.
—Estoy aquí… estoy aquí…
Kai respiraba débil.
Inconsciente.
Sirenas.
Miré al cielo.
Descenso rápido.
La guardia real.
Armaduras de poder.
Imponentes.
Precisas.
Uno de ellos habló:
—Intervención autorizada.
Los mercenarios se tensaron.
—Retirada —ordenó el líder.
El oso rugió.
Los sobrevivientes se dispersaron.
Rápidos.
Eficientes.
La calle quedó destruida.
Edificios dañados.
Silencio.
La guardia nos rodeó.
—Identificación.
Nira respondió:
—Civiles.
El soldado miró a Kai.
—Ese niño…
—Es mi hijo —dije.
Firme.
Sin dudar.
El Guardián seguía paralizado.
Pero presente.
Esperando.
Abracé a Kai con fuerza.
Sentí su respiración.
Su calor.
Su vida.
Y en ese momento entendí algo que me heló la sangre.
Esto apenas comenzaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com