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El estratega de Plata - Capítulo 34

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Capítulo 34: El Bufón y el Guerrero.

—No sirve para nada… es torpe para trabajar y servir el té… pero le encuentro divertido verlo llorar mientras tira chistes de su propio sufrimiento. Le compré ropas de bufón y me rio de su sufrimiento… —se expresó un noble mientras bebía vino. Presenciando cómo subía a latigazos a un hombre moreno harapiento. Con pintura blanca en la cara corroída por las lágrimas

—Qué esclavo tan inútil… — expresó su compañero de mesa.

—Por eso lo estoy subastando, idiota… —le respondió con fastidio. ―¡Cirnel! Más te vale hacerte vender o ¡juro que en casa te pelaré la espalda a latigazos!

—¡Sí, señor! —respondió tembloroso el esclavo en el escenario.

—¡A ver, Bufón… cuenta un chiste! —exclamó un hombre del público.

—em… yo… ¿qué tienen en común un esclavo y la noche?… —preguntó Cirnel incómodo.

―No… ¿Qué cosa?…

—que ambos quieren desaparecer para el amanecer…

—Qué chiste horrible, ojalá te maten a latigazos mañana… — se quejó el hombre tomando asiento nuevamente. Las palabras del hombre provocaron más risa a los nobles expectantes que el propio chiste del bufón.

—todos tomen asiento por favor… —irrumpió el dueño del lugar. —daremos inicio a esta subasta de una tediosa vez…

—Iniciamos la subasta por… 2 monedas de plata… ¿Quién compra al esclavo? —habló el presentador.

―Ey… yo dije que iniciaras por 50 monedas de oro… ―

—Perdóname, amigo, pero ¿quién va a comprar a este desastre de persona? Haz la fácil y regálalo… o mátalo… le harías un favor…

—50 monedas de platino… —interrumpió una voz carente de emoción.

―¡vendido! —saltó exaltado el dueño. —¿Quién dijo eso?…

Un joven caminó entre los nobles, ignorando toda vista. Esos ojos carmesí se fijaron en el esclavo. —Vámonos… —le dijo autoritariamente. Cirnel solo pudo tragar saliva.

—Ey, muchacho… admiro el entusiasmo… pero debes pagar primero… — le interrumpió el dueño, agarrándole del hombro.

—ok… dame el dinero y te lo devolveré… —respondió. Revelando que no iba a pagarles.

—Ja, qué buen chiste… ¿eres tonto?… Estás comprando un esclavo, no un préstamo… debes pagarme…

—La trata de esclavos fue prohibida en Punta Este por la palabra de Merlín. Suelta al esclavo… ―

—¿uh?… —balbucearon el subastador y el amo de Cirnel.

Sin previo aviso, el amo Cirnel salió disparado gracias a un puñetazo.

―¡¿amo!? —exclamó confundido Cirnel mientras Kroven se subía al escenario y lo agarraba de la espalda por la ropa.

—o lo entregan por las buenas, o me lo entregan por las malas… —ofreció mientras de su espalda extraía su hacha.

―¡Suélteme! ¡por favor! ¡me meterá en problemas! —exigió el esclavo, con la voz temblando. Los ojos carmesí del estratega bajaron para estudiarlo, una mirada tan penetrante que hizo que el rescatado se tapara la boca con las manos.

―¿Cirnel Sircus?

—¿Cómo sabe usted mi nombre? —balbuceo con miedo.

—me pagan por sacarte de aquí… así que cállate y obedece… — le habló mientras ladeaba su cabeza, viendo pasar un cuchillo volador.

―¡se roba la mercancía! ¡Atrápenlo! —ordenó el subastador, sin prestar atención al joven. No notó el hacha aproximándose a su cara; el corte fue tan letal como el desgarre húmedo que provocó.

—¡¿lo mataste?!… —se exaltó Cirnel viendo aterrorizado el cadáver.

—El rey de Belgak lo condenó a muerte… —le respondió el estratega alzando al esclavo por encima del hombro. Desconcertándose ante el mínimo peso de él —eras mucho más mayor que yo y pesas muy poco… esto es malo…

—¡alto!… ¡no te lo lleves! —suplicó el amo del esclavo, levantándose y dejando ver su nariz cruzada y ensangrentada, rota por el golpe que recibió. —te vendo al esclavo, pagas y te largas… y todos felices… o lo dejas y te marchas…

―¿quieres negociar?… bueno, te tengo un mejor trato. Te entregas a las autoridades para que te den una última cena antes de ejecutarte, o te mato ahora… y la cena se la gana tu esclavo… ¡elige!

—¡mátenlo! —ordenó el captor, para posteriormente se escuche la masacre hecha por el estratega.

La puerta principal se abrió de una patada y Kroven emergió arrastrando de la ropa al aterrorizado Cirnel, quien rogaba entre murmullos no ser castigado o asesinado.

—¡Señor, por favor! —suplicó tratando de colgarse de la ropa de Kroven mientras era arrastrado. ―¡le serviré!¡limpiaré su mansión y lavaré su ropa! ¡Pero no me mate!

—No me toques y deja de decir estupideces… te dije que me pagaron por salvarte, matar a esa gente era opcional, pero también había un pago por ello. ¿tienes un hermano mayor, verdad?… Me contactó y dio una oferta por liberarte y llevarte a Punta Oeste…

—¿Cómo sé si eso es verdad?… Estoy encerrado desde los 12 años… Ni siquiera lo reconozco

―tu hermano también no te reconoce, solo quiere saber que lo que él conocía como hermano sigue con vida… mi hermano y yo detuvimos un transporte lleno de cautivos y ahí lo conocimos… ―la luz del final del pasillo comenzó a asomarse. Al salir, Cirnel vio cómo salieron de un túnel que estaba camuflado como la boca de salida de las cloacas de la ciudad…

«Tendré que decirle al rey que quemar el lugar representa un peligro estructural… calle principal está pasando por encima del lugar de subastas… es más fácil bloquear la entrada a destruirla… » analizo en silencio mientras estudiaba cada rincón debajo del puente del que estaban.

―Kroven… ¿Por qué no hay humo? ¿Se complicó algo?… —se asomó la cabeza de Kont desde arriba del puente

—Quemar el lugar es estúpido… solo vamos a causar un derrumbe en el futuro… —le respondió su hermano mientras soltaba a Cirnel. ―¿te funcionan las piernas? Sígueme…

El estratega tomó las escaleras de un costado y subió a la calle principal. Se giró para estudiar a Cirnel, quien estaba sentado mirándole con miedo.

―¡muévete! —le gritó desde arriba, provocando pánico en el esclavo. Cirnel corrió hasta quedar junto a Kroven y seguirle por detrás.

―¿ese es el esclavo?…

—Sí… lo querían vender por 2 monedas de plata… —le respondió Kroven continuando el camino.

—desgraciados… eso es muy barato incluso para un… —Kont miró la piel oscura de Cirnel para luego mirarse las manos —mejor me quedo callado…

—era una subasta… ¿Por qué estaba solo él?

—el dueño de este soquete quería sacárselo de encima… lo etiqueta de inútil… — le respondió Kroven, siendo interrumpido por el rugido del estómago de Cirnel.

―¡perdón!¡no me pegue!—suplicó tirándose de rodillas delante de Kroven. —Amo, por favor… no me pegue. No era mi intención dejar hablar a mi estómago…

Kroven y Kont solo se miraron entre sí muy desconcertados ante las súplicas.

―¿y mamá?… —preguntó Kroven mientras agarraba a Cirnel de la ropa y obligaba a ponerse de pie.

—Se quedó en la posada… el dueño le dio un pequeño trabajo por lavar los platos del día…

— Pero si ya ganamos lo suficiente… ¿Por qué?

—Quiere ayudar, supongo… déjala. Es una mujer de 41 años, no hay mucho que pueda hacer como turista en esta ciudad.

—Bueno… vamos a comer… —indicó mientras seguía caminando. Cirnel fue el primero en seguirle. Permaneciendo ni muy cerca ni muy lejos.

—Mucho gusto… me llamo Kont, soy hermano de aquel amargado… —saluda tendiendo la mano. Cirnel solo asiente la cabeza, dudando si corresponder al saludo o no.

—Ey, no seas tímido… es un saludo… — le aviso tratando de mantener una sonrisa amable, aun así, Cirnel dudaba de corresponder o no.

—Salúdalo… —ordenó Kroven sin molestarse en voltear. Inmediatamente Kont sintió cómo Cirnel le estrechó la mano obedientemente.

—No es tu amo, ¿sabes?… —le murmura Kont al esclavo sin que Kroven escuche.

—No lo hagas, enojar. Por favor… —le suplicó un murmullo.

—Bueno… —asintió disgustado Kont. —Eh, Kroven… ¿Cómo van tus talentos natos?

—siguen sin mejorar… es un fastidio. Aunque es entendible, mi naturaleza es animus y mis talentos pertenecen al flux.

―¿no se supone que un talento corresponde a tu naturaleza?…

—Los talentos correspondientes a la naturaleza son los más fáciles de descubrir… pero no es imposible.

—Es una pena… dabas la pinta de ser extremadamente poderoso…

―voy a recuperar ese rendimiento que demostré en Holganä. Ese poder es muy útil para muchas cosas…

—como en la cocina… con solo tocar la carne con un dedo la podrías filetear… un chef de gran nivel serías.

—también podría pudrirla…

—Han pasado 6 meses desde que nos largamos de allí, y aún no has mejorado nada…

—Lo importante es que aún puedo usarlos sin conjuro, pero la única forma de sacarles provecho es recitando hechizos o cánticos.

Kont apresuró el paso hasta agarrar el picaporte de una puerta de madera y abrirla. Los hermanos y el esclavo entraron a una posada.

―¡Mamá! ¡llegamos!… —gritó el menor despreocupado, los hombres de la posada se rieron al ver al joven llamando a su madre, incluso se escuchó el apodo “bebito”

—hablo el cabeza de rodilla… —contestó burlonamente Kont haciendo mención a la calva del grandulón.

—Mocoso engreído… —habló mientras se levantaba para buscar pelea, pero una mano se posó en su hombro y le obligó a sentarse por la fuerza.

El grandulón buscó levantarse por la fuerza, pero la mano era mucho más fuerte, con solo agarrarle del hombro. No podía despegar su retaguardia de la silla. Alzó la mirada y se encontró con los ojos penetrantes de Kroven.

—Te recomiendo que te quedes sentado… — mencionó sin apartar su mano del hombro. El grandulón pudo sentir cómo algo le cortaba junto con el agarre.

―el amo es aterrador… —murmuró Cirnel tembloroso.

—deja de decir que es tu amo… —respondió con fastidio el menor.

―¡aquí estoy! — irrumpió la cálida voz de Leonora con tres platos de comida cargados en una bandeja. —El dueño me permitió cocinar tras ayudarle con los platos… —dijo alegre, pero deteniéndose al ver a Cirnel.

—Ay… qué pena, solo cocine para nosotros tres…

—Descuida, mamá. Yo me encargo… —habló Kroven caminando hasta la barra. Desenfundo unas monedas de cobre y compro el platillo más barato del menú. —Muchas gracias, dijo al tabernero.

La familia Vermeer camina hasta una mesa. Leonora y Kont tomaron asientos para ubicar los platos. Cirnel se arrodilló y se sentó en el suelo con la mirada entristecida, pero la mano autoritaria de Kroven se lo impidió y lo sentó en la silla por la fuerza.

El plato de estofado aterrizó en la mesa. El plato familiar predestinado para él fue apartado para ser reemplazado por el barato. El plato estaba más lleno que los de Leonora o Kont. Había comprado el equivalente a 2 platos.

―creí que le ibas a dar el estofado a Cirnel.

—No… —murmuró Kroven llevándose la primera cucharada a la boca.

—Oh… ya entendí… —respondió Kont comenzando a comer.

Cirnel permaneció sentado, ahogado en vergüenza mientras miraba a los amos comer. Sorprendiéndose al ver cómo Kont estampa su plato contra la mesa con alegría.

—¡termine! —dijo alegremente apartando el plato a un lado para apoyar sus codos en la mesa. —¡estuvo delicioso!…

—Kont, cariño… debes comer más despacio… te vas a empachar…

—¿Cómo comer despacio cuando la comida está tan rica?

La mano de Cirnel se levantó para tratar de agarrar las sobras del plato, una cuchara rápida le dio un golpe en la contrapalma obligándole a alejar la mano del plato.

—¡lo siento! — exclamó en pánico mientras escondía las manos bajo la mesa.

—No sé qué pretendías con el plato de Kont… —murmuró Kroven con el ceño fruncido. Señaló a su hermano con la cuchara con fastidio. —Baja los codos de la mesa… —ordenó mientras Kont obedecía a regañadientes.

La cuchara volvió para señalar a Cirnel.

—Más te vale dejar esa fachada de esclavo con nosotros, porque el próximo golpe no será de la cuchara… —le indicó al esclavo sin molestarse en esconder su fastidio. La cuchara señalaba al tercer plato hecho por Leonora delante de Cirnel. El esclavo nunca lo había notado delante.

Los ojos de Cirnel se iluminaron al ver el plato. Antes de que pueda agarrar el alimento que le dieron, Kroven dijo la palabra “cuchara”, con una reacción automática, Cirnel agarró la cuchara del costado. Su mano temblaba, pero tuvo la valentía de hundir la cuchara de madera en la comida y llevarse el primer bocado a la boca. Se quemó la lengua, pero no pudo evitar saborear la comida. Sus ojos se cristalizaron ante la conmoción. El maquillaje era arrastrado por la caída de las lágrimas. La mano de Kont sosteniendo un pañuelo interrumpió su vista de la comida.

—Por favor, quítate esa basura de la cara…

Cirnel aceptó el pañuelo, le limpió el maquillaje de la cara. Miro a Kroven con algo de miedo.

—puedes comer con calma… no te apures… no nos levantaremos de la mesa hasta que termines, así que sin prisa…

Cirnel respiro con fuerza para que los mocos no goteen de su nariz. Se pudo escuchar un ahogado “gracias”.

—descuida… — habló Kroven acabándose su plato.

…

—El rey dijo que “muchas gracias”… ignorando el hecho de que nos pagó 15 monedas de platino… —habló Kont mientras salía.

—que entienda que no soy barato…

―Amo… —llamo Cirnel curioso ―¡señor! —se corrigió al ver el puño alzarse de Kroven.

—¿Qué trabajo hace que él debe pagarle?

―yo y Kont somos mercenarios… prestamos nuestras habilidades a cambio de dinero… —le responde Kroven sin molestarse en mirarle.

—Y a veces somos héroes… — agregó Kont con una sonrisa arrogante.

—Eso es mentira… solo trabajamos sin cobrar… es caridad. —Corrigió Kroven mientras guardaba el dinero en la mochila suya.

―¿no? Pero si hacemos lo mismo que Arturo… ―

—Arturo es un fanfarrón con un alto ego… no le cobra a la gente porque es asquerosa mente rico…

—Es verdad… me sorprendió cuando me enteré de que él tiene amenazado a su propio reino…

―los juegos de la guerra son un parásito global. Arturo les hace un favor al no permitirles participar… ―la mencionó ―La única diferencia entre Arturo y nosotros es que yo sí me meto en problemas políticos… Nadie se habría tomado la molestia de liberar a Cirnel… El rey de aquí solo quería eliminar a los nobles que ensuciaban el nombre de la nobleza sin involucrar a la guardia…

—¿Pero eso no está moralmente mal? —preguntó Cirnel con miedo. —No me quejó de ser liberado… pero le están pagando por matar… —se expresó preocupado, pero se mantenía escondido detrás de Leonora. Temiendo haber dicho algo ofensivo.

—Por fin me diriges la palabra como una verdadera persona… —respondió Kroven. Alejándose ignorando las palabras del esclavo.

—Lo habría hecho gratis… —le respondió Kont a Cirnel. —Te dijo que tu hermano le pagó, ¿verdad?… Eso es mentira… habría matado a tus captores y liberado a liberarte gratis… el trabajo que le encomendó el rey solo fue su suerte… lo acepto porque era dinero fácil.

…

―dios… Creo que compramos provisiones de más en el pueblo anterior. Kroven, ¿podríamos descansar?… no todos somos súper fuertes como tú… —pidió Kont. Bebiendo un poco de agua de su cantimplora. Dándose cuenta de que ya no tenía agua.

—La noche se está aproximando… y no quiero detenerme hasta llegar al Lago Éclaron. Ya casi no tenemos agua… —le dijo el mayor —¿creen que pueden aguantar?…

Kont se giró para ver a Cirnel y a Leonora. La mujer no podía ocultar su cansancio por tanto equipaje que llevaba.

—Yo creo poder aguantar, pero mamá parece estar al borde de desmayarse…

—No, yo puedo… —dijo la mujer con esfuerzo.

—Mamá, no digas locuras… si sigues así te vas a enfermar… —le regaña su hijo girando a Kroven. —Kroven, lo siento. Pero nos detenemos por hoy, buscaré una reserva de agua o algo para abastecernos…

«La noche no refresca. El calor es persistente, incluso entrando a primavera… qué fastidio», se quejó en silencio el estratega, girando para ver a su familia. ―Bueno…

Cirnel permaneció de pie, mirando su mochila casi vacía. Llena de ropa u herramientas que Kroven y Kont le compraron para que pueda resistir el viaje con ellos. Llevaban más de 10 días viajando juntos y aún no tenía las agallas para hablar con naturalidad delante de ellos.

—no… —dijo por lo bajo, pero logrando que los Vermeer se volvieran a verle. —Quiero decir… Amo, yo me encargo de llevar las cosas de la señora Leonora. Continuamos el viaje para que sea más fácil recolectar agua…

Kroven y Kont se miraron entre sí.

—Otra vez te dijo “amo”…

—No tiene cura… —murmuró con fastidio.

—Veo que la cantimplora de Cirnel aún tiene agua, y él está en óptimas condiciones… —analizó Kont.

—ganó mucha masa muscular en estos días… los tipos de punta Oeste tienen una buena genética… —estudio el estratega, mirando el físico de Cirnel. —él podría aguantar caminar unos 5 km con ese peso…

―¿se lo permitimos? —preguntó Kont.

―mi voto ya estaba a favor desde que se ofreció…

―Ok Cirnel. Hoy eres un héroe. Muchas gracias, amigo… nos salvaste… —se expresó Kont mientras caminaba para quitarle la mochila a Cirnel.

Cirnel con cuidado pidió la mochila de Leonora. Cuando él la tuvo en sus manos y se la colocó en los hombros, miró confundido a Kont.

―señor Kont, ¿esto es todo el peso?…

—¿eh? —balbuceó el menor mientras fruncía el ceño.

—Son 30 kg de provisiones y herramientas en los hombros, todo lo que resta del viaje… ¿crees poder?… si te caes, no te ayudaremos a levantarte. —le advirtió el estratega.

―amo, esto no pesa nada… ¿Está seguro de que son 30 kg?

―¡¿eh?! —balbuceó en un grito Kont mirando algo ofendido a Cirnel ―¡¿me llamas debilucho, basura?! ¡¿quieres que te dé unas pataditas!?

—¡No, no, señor… no era eso a lo que me refería!

—más te vale… ¡no me obligues a recordarte tu lugar!

—Kont, das vergüenza ajena hablando así… para ya… — le pidió Kroven.

—pero si tú hablas así todo el tiempo…

—Eso es mentira, el amo habla como si su gato ignorara todos sus mimos… —comentó Cirnel, mientras caminaba. Rápidamente se tapó la boca, esperando que Kroven no lo haya escuchado. Kont simplemente soltó una risa.

El estratega se giró para mirar al esclavo. —Puedes contar todos los chistes que quieras. Pero no te sorprendas si te hago escupir algunos dientes…

—Perdóneme, Señor mío…

Esa noche, gracias a la colaboración de Cirnel. Los Vermeer y Cirnel llegaron al lago Éclaron. Encontraron un pequeño poblado. Seis casas. Todas compartían la vida y las tareas junto al lago. Una pequeña aldea pescadora.

El grupo solo tuvo que hacer su campamento cerca. El fin de semana llegó, y las votaciones de tomarse los 2 días de descanso fueron a favor, dejando a Kroven con la frustración de obligarse a ser paciente.

—Oigan… y ¿el Amo Kroven?… —preguntó Somnoliento mientras miraba a Kont calentar agua para hacerse un té.

—¿sigues llamándole “amo”? Debe estar dando vueltas por allí… ¿quieres desayunar?

A la distancia, ambos vieron cómo Leonora se acercaba con una bolsa de pan recién comprada. La mujer le dio uno a cada uno y rebuscó a Kroven, notando su ausencia. Sus ojos estaban inquietos y apretaba los labios.

—¿Qué pasa, mamá? Pareces Nerviosa…

La mujer le alcanza un pergamino. Kont alza el papel para inspeccionarlo, incluso Cirnel se asoma para ver el escrito.

—Se busca Muerto: Gorran, “el susurrador”, Varkis. Si tiene la mala fortuna de toparse con este criminal, ataque a matar o escape. El hechicero puede secretar esporas con múltiples venenos… suele lavarle el cerebro a sus víctimas, usarlas como marionetas y armas homicidas… —leyó el menor —no creo que tengamos la mala suerte de encontrarlo…

—suena preocupante… — habla Cirnel.

—Suena a algún tipo de enfermo… —comentó Kont ―ya escucharon, si llegan a ver a este tipo… corran, no tenemos la magia o herramientas para pelear contra algo similar a esporas…

…

—Malditos animales… como odio a los jabalíes, a cualquiera de ellos… —Murmuró un joven. Respiraba profundo y se retenía una herida muy grave. Mantenía empuñada su hacha con firmeza mientras miraba desafiante a un gran jabalí.

Un jabalí tigre. A diferencia de su familiar cercano que suele ser carroñero, su variante “tigre” es más agresiva y suele cazar en grupo de 3 a 8 cerdos.

Delante de él se encontraban 2 de los 3 jabalíes muertos, junto con sus contratistas.

Estaba solo y herido. No pudo cumplir con su labor de guardaespaldas y se lamentaba.

—si me mata un tedioso cerdo… Papá nunca estará orgulloso… —murmuró ―en principal, ¿Por qué me planteo la muerte contra estos cerdos?… estúdiame lo que quieras… en cuanto ataquen, el contrataque te hará mi cena…

Sus ojos se centraron en los cadáveres de detrás del jabalí, ambos junto al carruaje que él debía proteger. Encogió la mirada y apretó la mandíbula.

«porque… ¿Por qué no me obedecieron?… les pedí que no bajaran, yo podía hacerme cargo de 3 cerdos » apretó aún más su hombro, tratando de bloquear el sangrado. «me desesperé y perdí el control de la situación… por mi culpa murieron aquella joven y su padre. Casi pierdo el brazo… ahora entiendo a mi padre… soy un fracaso en todo lo que hago…»

Alzó el hacha, apuntando con determinación al jabalí.

«porque nunca me trataste como a un hijo… ni siquiera siendo soldado o un mundano guardaespaldas… aprendí tu oficio de herrero y aun así me desprecias…» miro al cerdo con repudio ―vete a la mierda, tal vez ni querías un hijo y te toco cuidarme, Jodete maldito cerdo…

El jabalí retrocedió un paso, no por miedo, como si estuviera cediendo el trabajo a algo más grande. Sonidos de golpes y forcejeos nacieron desde el bosque. Los ojos rodaron para ver. Algo le suspiro un aliento húmedo por encima de la cabeza.

―carajo…

—Imaginaba que esos ricachones tuvieran un guardaespaldas, pero ni uno bastante capaz… estoy sorprendido… —habló una voz ronca. Forzada. Una voz lejos de ser humana.

—Si me vas a matar, hazme el favor y hazlo ahora…

—Con gusto… —respondió la voz. El joven sintió el movimiento de un brazo alzarse. No perdió el tiempo. Ni siquiera estudió qué era aquella criatura. Giro para pasar por debajo del brazo alzado y dar un tajo al azar, conectando en la cadera de lo que era un troll del bosque.

Rápidamente uso el ancho de la hoja de su hacha para bloquear una potente embestida del jabalí. Su mirada se tensó al notar que el Jabalí y el Troll estaban colaborando; se le había hecho para evadir el manotazo del monstruo. Fue fácil para ellos 2 ver al joven chocar contra un árbol.

Otra vez sonó un estruendo desde el bosque. El troll y el jabalí permanecieron inmóviles, como si su propia conciencia estuviera en otro lado. El joven gastó sus fuerzas en lograr ponerse de pie. Analizo el estado de ambas bestias.

Los ojos del troll y el jabalí estaban completamente pálidos. Muertos en vida movidos por algo desconocido.

—¿Qué demonios está causando tanto problema? —balbuceó una voz extraña proveniente del jabalí.

—fuerza a las criaturas a poder hablar… —habló el hombre con desdén al responsable de todo este desastre.

Un estallido provocó un retumbar en el bosque. Las criaturas ni se inmutaron debido a su inmovilidad. Pudo ver cómo un cuerpo salía volando del bosque al cielo. La inercia provocó que el sujeto comenzara a caer justo en la ubicación del Guardaespaldas y el troll.

Giro en el aire para asegurarse una caída firme. Lo siguiente fue ver cómo la persona se estrellaba contra el suelo con el troll debajo. Hilos de sangre fueron expulsados a presión provocando una lluvia carmesí en todo el sendero.

Los ojos del guardaespaldas chocaron con los ojos carmesí de Kroven Vermeer. Quien arrancó el hacha de lo que antes era un troll y la arrojó a un lado para decapitar al cerdo con un lanzamiento preciso.

Drakmir sintió por primera vez la imponente presencia de aquel que compitió alguna vez con Lazarus Nova. No se estremeció, simplemente se sorprendió ante la apariencia. Ni siquiera hubo palabras, solo ver cómo varias criaturas emergían del bosque para atacar a Kroven.

Mientras Drakmir lidiaba contra 3 jabalíes tigre y un troll, Kroven fue emboscado por varios animales mientras se encontraba paseando en soledad.

Ambos jóvenes no compartieron palabras, ya sus instintos compartían el mismo sentido de peligro. Ambos asintieron para Kroven correr a la izquierda y Drakmir a la derecha aguando ese dolor en su hombro.

«El bosque estaba llenándose de esporas… es cuestión de tiempo para que la nube llegue hasta aquí». Kroven partió un árbol con solo tres tajos rápidos. El tronco cayó aplastando a varios de sus perseguidores.

Drakmir tropezó con el dolor de su hombro. Giró con todo su esfuerzo para arrojar su hacha y decapitar a otro troll que intentaba asesinarle. Aquella criatura peluda de tres metros cayó al suelo dejando una alfombra sangrienta debajo de los pies del guerrero.

Se quedó desarmado por haber lanzado su hacha, pero era el último reflejo que tuvo ante la caída. Entendible de alguien a quien casi le arrancan el brazo de un mordisco. La silueta del estratega hizo presencia en el aire atrapando el hacha de Drakmir y usando ambas armas para aniquilar tantas criaturas como pudo antes de caer junto a Drakmir.

―¡no respires y corre! —le ordenó mientras lo impulsaba de un empujón con el pie.

«Estuve dentro de la nube de esporas y no me afectó como yo esperaba. Mezcla veneno con un hongo extraño para ganarse tu cerebro.» Recapituló mientras retrasaba a las bestias con el uso de ambas hachas. «Necesariamente tenemos que morir con el hongo en nuestro organismo para caer bajo el control de este enfermo».»

Una bandada de pájaros emergió de los árboles para atacar a Drakmir. En respuesta Kroven lanzó el hacha del guerrero de vuelta. Él la atrapó con precisión del mango y ejecutó el primer corte partiendo la primera ave por la mitad.

«Puede mantener varios organismos en movimiento al mismo tiempo… es hábil y fastidioso», analizó el estratega mientras vio cómo la nube de esporas salía del bosque envolviéndolo.

—Al parecer tengo una resistencia contra el veneno, o simplemente no me afecta… la magia flux entra en conflicto con mi cuerpo, eso me genera muchas dudas. —murmuró mientras se aplicaba magia curativa en el cuello.

«La magia curativa filtra la plaga en mi garganta y uso putrefacción para matarlo, cada 6 minutos con 12 segundos debo de escupir una bola de hongo muerto. O sino voy a morir por asfixia…»

«Puedo mantenerme gastando esa cantidad necesaria durante 8 escupidas de hongo antes de quedar sin maná», pensó mientras se movía entre las bestias buscando al responsable. «El desgraciado claramente se oculta dentro de su nube.»

Escupió el primer montón de hongo muerto mientras masacraba a las criaturas que lo rodeaban. En ciertos puntos, las bestias se volvían más agresivas que en otras zonas. La única ventaja que tenía el mago era la visión obstruida de las bestias. Si estas se volvían más agresivas, significaba que las percepciones del mago las llevaban a atacar para alejar a Kroven. El estratega se acercaba poco a poco y lograba poner tenso a Gorran.

Escupió el segundo montón de hongo muerto, Drakmir miraba el conflicto mientras mantenía distancia a las esporas. Se había tapado la nariz y boca con un pedazo de tela por precaución.

El tercer montón de hongo es escupido.

—¡¿Cómo puede aguantar tanto!? —grito de frustración. Un error estúpido. Los ojos de Kroven y Drakmir se fueron a un troll que guardaba una sospechosa distancia.

Las esporas en el aire obstruían la vista, lo cual escondía el hecho de que el troll se movía extrañamente distinto al resto.

—¡lleva un disfraz! —exclamó Drakmir. A la vez que Kroven lanzaba su hacha atravesando de lado a lado el pecho del mago.

El troll cayó y las marionetas quedaron inmóviles de pie.

—Quítate del medio… —ordenó Drakmir, mientras una runa seguida de fuego emergía de su mano izquierda. —Kineréthys —pronunció mientras lanzaba una bola de fuego que estalló consumiendo a todas las esporas sin quemas nada más. Una incineración en cadena que eliminó lo primero que tocó. El hongo.

—¿Por qué no hiciste eso antes? —cuestionó Kroven.

—me quedé sin maná…

—Ya veo… — entendió el estratega.

El cadáver del troll se levantó otra vez, contorsionándose y luchando consigo mismo. La espada se estalló para ver cómo una figura humana salía del interior.

Drakmir y Kroven sintieron la piel de gallina al ver que el sujeto tenía el agujero en el pecho debido al hacha, y aun así seguía con vida.

—No sé quiénes sean los dos, pero resultaron ser bastantes molestos… —habló el cadáver, mientras se arrancaba el corazón del pecho y contemplaba la falta de la mitad.

Kroven sacó de su bolsillo un papel. El anuncio de que se busca un muerto. El tipo de la imagen era el que tenían en frente. El verdadero mago nunca reveló su rostro, solo trabajaba a partir de un cadáver, el cual tenía los ojos pálidos al igual que los demás…

—bastante inteligente no mostrar tu verdadera cara al cometer actos horrendos… — comentó Drakmir. cayendo sobre su rodilla, aferrado a su hombro, conteniendo su dolor y agotamiento.

―me da igual cual sea tu nombre real o meta en la vida, te encontraré y mataré —juro Kroven sin tardar en ejecutar un hechizo de fuego quemando al cadáver, madre, responsable de todas las esporas. —Claramente el desgraciado no se va a detener…

El estratega calmo con calma entre los ahora sin vida cuerpos de marionetas. Se acercó a Drakmir y lo miró desde arriba.

—Sé magia curativa, pero soy pésimo sanando a personas que no sean yo… por otro lado, mi hermano es un médico experto, él sí puede curarte el brazo. Sígueme… —le ordenó mientras continuaba caminando.

Drakmir miró los cadáveres de la mujer y su padre. Solo bajó la mirada y siguió al estratega.

—ey enano… ¿Cómo te llamas?… —preguntó el guerrero, provocando que Kroven se gire y le mire fijamente. Ambos se miraron fijamente.

Kroven a sus 18 años mide 1,82 metros de alto, pero se veía superado por la estatura de Drakmir. 1,97 metros.

―Me llamó Kroven Vermeer… —No despego su mirada carmesí del mirar del guerrero.

―Drakmir Dounuwer… —respondió él ―continúa caminando… yo te sigo…. ―ordenó luego.

Kroven permaneció mirándole por un periodo breve, frunció el ceño con fastidio. Pero se giró y continuó caminando.

—me agradas… —balbuceó mientras avanzaba con él detrás.

―yo ni sé qué pensar de ti… —respondió Drakmir.

…

—apareció alguien igual de aterrador que el amo… —Murmuró Cirnel a Kont. Ambos mirando extrañamente a Drakmir.

―¡¿igual!? ¡No sé qué intimida más! Los ojos de Kroven o el tamaño de aquel otro… —se expresó Kont mirando desde abajo a Drakmir. Una diferencia de casi 30 centímetros se hacía presente, Kont mide 1,76 metros. Tenía que estirar todo el cuello para verle a la cara.

—Chicos, por favor… sean corteses… el joven está herido… —regañó Leonora sacando un montón de vendas de su mochila.

—Mamá, espera… eso no servirá, casi le arrancan el brazo… —pide Kroven mientras soltaba su hacha y tomaba asiento.

—Es un placer, señora… —habló incómodo el grandulón. «Ni siquiera me dieron tiempo a presentarme y ya me están temiendo»

—Kont, cúralo… —ordenó Kroven dejando caer su hacha en el suelo.

—¿Qué diablos estaban haciendo los dos?…

—ni yo entiendo bien qué pasó… —habló el guerrero— por cierto, me llamó Drakmir…

—un placer… me llamo Kont, soy hermano del amargado… — con cuidado removió las placas de la armadura destrozadas. Viendo cómo la carne del brazo estaba desgarrada. El hueso estaba a pocos centímetros de verse expuesto.

—¿Por qué no lo curaste tú?… —cuestionó Kont a Kroven. —La herida estuvo abierta mucho tiempo, no podré curarla sin dejar cicatriz…

—No puedo curar a otras personas con la misma facilidad que tú…

―Te curas a ti mismo como si nada… debes ser consciente de tu propia maná en circulación. En teoría es más difícil lo que tú haces que lo que yo hago… —habló mientras dibujaba runas en su mano. ―Regnovrijkdom… ―invocó. Un hechizo de regeneración al máximo poder que él aguantaba por el momento. El nivel 13.

La naturaleza mágica de Kont era Luminus. A sus 17 años estaba llegando al pico del nivel máximo en ese campo. Los tejidos del brazo de Drakmir comenzaron a crecer aceleradamente.

La herida sanó hasta quedar a falta de unas capas de piel, como él había mencionado. Quedaría una cicatriz, a menos que Drakmir cuide esa herida.

―gracias…

—Ahora sabemos que una mordida no infecta a las víctimas… es necesario respirar las esporas…

— ¿Esporas? Un momento, ¿se toparon con “el susurrador”?… —Se exaltó Kont.

—¿Así se hace llamar? ¡Qué nombre dramático… ¿Por qué se hace llamar así?! —preguntó el guerrero frunciendo el ceño.

—No tengo idea y ni me importa, estaba caminando por el borde del lago cuando un pez enorme saltó del agua para atacarme. Lo maté y luego fueron decenas de bestias las que siguieron… fue un fastidio… —habló Kroven mientras se dejaba caer de espaldas contra la corteza de un árbol. Cirnel fue amable al pasarle una cantimplora de agua; el mayor bebió un trago largo mientras sentía el sol de la mañana en la cara.

La enorme silueta oscura se posó delante de él. Drakmir se paró delante de Kroven para enfrentarle.

―¿y ahora?…

—¿“y ahora” qué? ¿Qué diablos quieres?…

―¿no vamos a encargarnos de ese tal susurrador?… ¿no dijiste que lo matarías?… —le preguntó Drakmir a la vez que se cruzaba de brazos.

—Sí, dije eso… pero no dije que lo haría hoy o mañana… no tengo información de su locación real o identidad. Además, estoy trabajando… —respondió Kroven sin siquiera dirigirle la mirada, su pulgar señalaba a Cirnel.

—lo mataste como si nada… pudimos haberlo interrogado…

—No hubiera hablado… él estaba seguro en su sitio mientras la marioneta trabajaba. Sería muy estúpido si confesara a través de un portavoz… —habló Kroven despegando la espalda del árbol. —Aunque te pese… no tenemos forma de encontrarlo.

—Eres un enano muy engreído…

—Y tú eres un tipo fastidioso…

―¿quieres pelear contra el susurrador? Búscalo y después me cuentas cómo te va… —Continuó Kroven mientras se ponía de pie, sus ojos fijos en los de Drakmir. —Solo sabemos cómo funciona su manipulación… no tenemos nada más. Si algún día me topo con tu cadáver controlado, te haré el favor y lo pulverizaré.

Solo escucho los respiros de rabia de Drakmir, para después verlo sentarse en el suelo. ―¿necesitas guardaespaldas? Me quedé sin trabajo y ya no sé dónde ir…

—Bienvenido… —respondió Kroven sentándose en el suelo con indiferencia.

Los metales chocaron soltando un deslumbrante chispazo.

«Este enano es mucho más hábil que su hermano». Drakmir bloqueó la espada de Kont, pero al instante tuvo que bloquear sus espaldas otro corte. «Recorre distancias cortas en menos de 2 segundos, aun conteniéndose me está agobiando»

―¡ok! Ya entendí… —Hablo viendo cómo el filo de Kont se detenía a centímetros de su pecho. ―¿y por qué lo sobreproteges?… —preguntó girando a Kroven.

—contra animales salvajes o bestias es un ejecutor preciso, el problema son las peleas serias contra humanos… se paraliza si se entera de que puede morir en un duelo. —expresó Kroven, mientras Drakmir miraba la cara avergonzada de Kont.

—como hermano mayor deberías corregir eso…

—Como hermano mayor debo protegerlo, no mandarlo a morir… —refutó Kroven con una mirada cierta.

―mierda, es cierto… perdón, se me olvida que soy hijo único. No debo hablar de donde no sé… —murmuró agarrándose la nuca, desvió la mirada, pero luego la devolvió a Kroven. —Es cierto… pero no siempre podrás estar para protegerlo… mimarlo de esa forma sería perjudicial.

—ey… no soy un bebé… —reclamó él mirando desde abajo a Drakmir.

—Tienes razón. No siempre estaré presente para proteger a Kont. —Asintió el mayor. —Yo me gradué a los 16 años de la academia militar, dejé a mi hermano solo en una escuela donde lo acosaban por ser hijo de una panadera… y aun así se graduó como el mejor de su clase.

Él trabajó y se esforzó sin que nadie se lo pida para pagarse sus estudios y seguirme por detrás. Si él demostró con entrenamiento puro poder superarme, puedo confiar en que él sí no estoy. Todos nos movemos por necesidad, un parálisis pasará a ser impulso si algo externo no ayuda…

Los ojos de Kont se iluminaron al escuchar a su hermano. Solo sonrió en silencio, aferrándose al mango de su espada con alegría.

Una fuerte punzada recorrió las columnas vertebrales de los 3 guerreros, incluso Cirnel y Leonora, que estaban preparando todo para marchar. Sintieron tal presencia.

―este maldito y sus entradas… ¡deja de hacer eso!—regaña Kroven girándose para ver la reciente llegada de Arturo Veyron.

—Ya es la 4.ª vez que lo hace… —agrega fastidiado Kont. Cirnel y Leonora llegaron corriendo, viendo al rubio. La calma y molestia resignada no tardaron en llegar.

—Me sorprende que sigan asustándose con mi eminencia… —se ríe burlonamente Arturo.

—se dice “presencia”, tarado. Y no nos asusta, golpea nuestros sentidos como martillo.

—El 4to heraldo… —balbuceó Drakmir bajando la cabeza con terror.

—Ah, sí… así me suelen decir también… — giro Arturo hacia el guerrero. —vaya… están ampliando al grupo… ¿Cómo les fue? —pregunto a Kroven.

—¿De qué hablas…?

—Me enteré sobre Gorran, pasé por la capital y vi un anuncio… pero al verte aquí, es imposible no creer que no lo enfrentaste…

—Un fastidio, pero fue muy fácil vencerle. Pero era un títere, el retrato del anuncio es de un cadáver poseído por el hongo que él genera.

—Sí, lo sabía… ¿nunca escuchaste el nombre de Gorran “el susurrador”?

—Apenas lo escuchamos ayer… —Hablo Kont, pateando la pierna de Drakmir para que se enderece de una vez.

—¿Qué tiene ese Gorran que te hizo venir aquí…?

—ya me enfrenté a 5 de sus ataques… todos en diferentes puntos del continente. Polom, Holganä, Atlam, Tharvella y ahora cerca de la capital de Belgak. Aquí pudo ser el sexto lugar… pero estabas tú.

—Ve al grano… ¿qué descubriste?…

—nada… parecen ataques aleatorios. Hace pensar que el payaso está aburrido mientras espera algo… y así está el problema. ¿Qué esperas?…

Verás, la primera vez que me enfrente a su Vaina. Un cadáver con la capacidad de secretar las esporas venenosas. Reconoció mi poder, pero dijo que yo no me acercaba a la majestuosidad y perfección de “su amo y señor”.

—es seguidor de alguna secta… —habló Kroven. Asqueado.

―Exacto. Me puse a pensar… qué secta podría ser; la secta de Arceus, no… esa la destruí hace 6 años… los amantes de Maral, tampoco. Son buena gente, aunque algo rara… ¿Kashato? Es nuestro maldito dios… ¡¿Quién mataría en nombre del mayor santo?!

―estas alargando la charla y eso me fastidia. Ve al grano, te dije.

—Qué amargado. Luego busqué algo más terrena, en nuestra historia… y caí en cuenta de que en la historia de la magia, el nombre de Gorran está presente en algún que otro registro.

Gorran es un miembro de la secta de Dítaris… es un “Anu Dítari”.

―Me perdí —interrumpió Kont.

—Yo igual, ya entiendo por qué lo encuentran molesto… — expresó Drakmir.

—Ay, no puede ser… ¡¿no podrían seguirme el juego en silencio!?

—¡suena muy serio como para escuchar sin entender!… — le regaña Kont.

—Cuando lo enfrenté, nunca se refirió a mi poder. Ni siquiera se fijó en él. Me juzgó más por mi aspecto que por mi fuerza. Buscando sectas que veneren algo “hermoso” o “perfecto”. Y ahí es donde entran los Dítaris.

un Dítari o también llamado “Dedo”. Son fieles seguidores de aquel que marcó la segunda generación Arcana, Viktor Voss. —explica Arturo.

—¿Qué quiere decir un “Anu Dítari”? ¿Quién es ese tal Viktor?… ―preguntó Kroven frunciendo el ceño.

—“Anu” es un rango dentro de los Dítaris. Cada integrante representa un dedo de las siete manos que Viktor posee. Ming, Anu, Med, Ind y Pol… del meñique hasta el pulgar. Según el dedo, representa el nivel de poder e importancia dentro de la secta. Gorran es un dedo anular, no es tan fuerte. Pero tampoco es de subestimar.

Y Viktor fue el segundo mago más poderoso de la historia luego de Merlín. El primer mago que mostró que la magia también podía ser de temer. Alguien tan poderoso para la época, que literalmente forzó la evolución mágica para que podamos vencerle, y aun así no pudimos vencerle.

—Sabes mucho sobre esta secta. —habló Kroven, dudando.

—Yo ni había nacido cuando la secta estaba viva… no creas que soy parte o similares… —se atajó Arturo alzando los brazos en símbolo de rendición. ―me repugna la historia… por eso estoy informado. No quisiera que se repitiera lo de Viktor

―¿no pudieron vencerle? ¿Eso significa que siguen todos vivos? Son como 35 sectarios y su líder actuando en las sombras…

―No, tranquilo. Viktor era una amalgama, un tipo deforme que alteraba y “perfeccionaba” su cuerpo profanando el de sus víctimas. Su muerte fue absurda, un cuerpo tan poderoso y equipado como el suyo tenía un corazón débil. Murió de un paro cardíaco a sus 58 años.

—Por más poderoso que seas, el cerebro y corazón no pueden ser sanados con magia…―analizó Kroven—Podría ser posible, pero deberías de tener una habilidad absurdamente alta. Supongo que es de superar el nivel 15 de un hechizo o con un cántico.

—Para cuando recites un cántico de precepto del nivel para sanar un corazón, estás muerto…

Cuestionó Kont.

—Eso da igual, lo importante es que está muerto… — irrumpió Arturo. ―cuando Viktor murió, su secta realizó un suicidio colectivo en honor a su líder…

—Vaya montón de enfermos… —agregó Drakmir.

―Eso es una estupidez. ¿Entonces contra qué estamos peleando?… —habló Kroven.

―Tengo tres alternativas. Uno, contra un imitador que quiere poner los pelos de punta a todo el continente. O dos, Gorran nunca se suicidó y nos estamos enfrentando a un viejo decrepito.

—esas dos explicarían por qué pelea representándose como cadáveres… —interrumpió el estratega.

—Y tres, hay algo capaz de revivirlos y Gorran es el primero en regresar de la muerte… técnicamente imposible, pero no podríamos descararlo aún. —continuó el Heraldo

―¿entonces qué sigue?… Esto es muy complejo como para ignorarlo.

Arturo alzó la mano lentamente para rascar su rubio cabello, algo incómodo se sentía en el aire.

―Nada… ―

Kont y Drakmir abrieron los ojos sorprendidos por tal estúpida respuesta. Kroven solo bajó la mirada aceptando que Arturo era el más idiota que conoció en toda su vida.

—Tanta exposición, ¿para solo decirnos que no podemos hacer nada?… —cuestionó Kont al elegido.

—solo podemos dedicarnos a detener sus ataques, pero el desgraciado no deja pistas, ni responde preguntas… eventualmente se confirmará una de las 3 teorías… sea cual sea, el sujeto no es ningún idiota…

Drakmir y Kroven se miraron entre sí. Tal como el estratega se lo dijo al guerrero. No podían hacer nada con falta de información.

—¿Qué nos recomiendas entonces?… —preguntó Kont disgustado ante el nuevo conocimiento.

―Si se encuentran con un asedio de Gorran, deténganlo y ya. Si suelta información, anótela y prepárenle el rompecabezas. No ataca dos veces el mismo lugar, así que esperarlo aquí va a ser estúpido. No se maten rebuscándolo, esa es mi tarea… solo ayúdenme protegiendo a la gente donde yo no esté presente…

—Bueno… eso sí podemos hacerlo —respondió Kroven.

—Muy bien… —sonrió el Heraldo. —Fue bueno poder hablar con ustedes… eso significa que nadie me necesita aquí. Nos vemos…

Una neblina comenzó a emanarse del cuerpo de Arturo mientras él sonreía con confianza. Kroven estaba por hablar, pero desapareció en un destello.

—Que fastidioso… —soltó a la vez que se deba la vuelta. —Marchemos…

―¿ya?… —balbuceó Kont.

—Sí, son 15 días de viaje hasta llegar al punto de reunión con el hermano de Cirnel. Nos espera en una aldea de Tharvella… —respondió Kroven mientras caminaba. La noticia le quitó el aliento al Hombre.

—Yo… —balbuceó. sintiéndose incómodo por la noticia.

—No quiero escuchar una palabra… —avisó Kroven deteniéndose al lado del adulto. Luego continuó caminando. Cirnel quedó de pie, temblando de impotencia, sintiéndose rechazado.

Kont frunció el ceño ante las palabras dirigidas hacia él, estaba por abrir la boca para soltar un reclamo, pero los ojos vibrantes ojos carmesí de su hermano lo dejaron tartamudeando. Nunca se había sentido intimidado por su propio hermano.

Drakmir. Contemplando todo el episodio. Solo negó con la cabeza. Había aceptado que posiblemente se había unido al grupo de un tipo necio.

…

Kroven había regresado al campamento solo; su mano se estiró hasta levantar su mochila. Drakmir le alcanzó por detrás, decidido a plantar cara a quien ahora sería su líder. Cuestiono su forma de comportarse, si Kroven siente que él es una molestia, tomarán caminos separados. Pero comportarse como un idiota e intimidar a todos lo separaría de lo que le queda.

El estratega refutó los argumentos con su punto de vista e intenciones. Drakmir solo se quedó en silencio, mirándolo con algo de asombro ante su confesión. Cambiando en un parpadeo toda su perspectiva acerca de él.

—No eres un mal tipo después de todo, supongo…

—Gracias, supongo… —comentó Kroven, levantando su hacha contra el suelo. Sus ojos se abrieron con sorpresa. La sensación de su hacha en las manos se sentía distinta. Renovada.

—Me da asco cómo tratas a tu hermana de batalla, al menos cuida el puñal… estaba todo destrozado. La aprietas mucho, me sorprende que no tengas callos en la mano… —se expresó Drakmir, sin dirigirle la mirada.

Kroven miro su filo. Las mellas del metal habían sido pulidas. Él en sus dos años de uso. Nunca le dio cuidados a su hacha. —gracias… — hablo, también sin dirigirle la mirada.

— descuida… solo le hice el favor al hacha, no a ti…

Drakmir se giró para escuchar el fuerte canto de un pájaro. Extrañamente, el ave le miraba con el lado izquierdo de la cara. Sacudió la cabeza. Ignoró el detalle y recogió sus cosas del suelo.

…

—¿No habías dicho que debíamos encontrarnos con el hermano de Cirnel en una aldea? —pregunto Kont arrastrando los pies. El calor golpeaba al equipo sin piedad.

—Sí, ¿cuál es el problema?

―¡estamos yendo a la capital!

—El rey de Tharvella aprovechó que nos encontramos en su país para pedirnos un favor… descuida, Cirnel, el camino está de pasado… —avisó Kroven sin dirigirle la mirada. El bufón bajó la mirada con decepción, Drakmir pudo ver cómo él cerraba los puños con impotencia, pero unas palmadas en la espalda lograron calmarlo.

El grupo se detuvo en la separación de dos caminos. Kroven sacó una carta y la releyó. Al identificar el camino, se movieron por la izquierda.

El canto del pájaro resonó con fuerza, llamando la atención de Drakmir. El guerrero notó cómo el ave les miraba con el lado izquierdo de la cara. Se detuvo en seco. Todos pasaron de largo, Leonora fue quien notó el repentino freno.

—Muchacho, ¿qué pasa?…

Drakmir estiró la mano hacia atrás, pidiendo que la mujer se aleje. ―Kroven… —Murmuró con una voz desconcertada. El estratega se giró y miró al grandulón. Extrañado, miro siguiendo la vista del grandulón.

—ese ave nos vino siguiendo desde que nos largamos de Éclaron…

Ni bien menciono esa información. Los ojos de Kroven se tensaron de sorpresa. En un movimiento rápido, desenfundó una daga y la arrojó atravesando de lado a lado el cuerpo.

La ave comenzó a chillar de dolor. Kont corrió hasta quedar junto al ave; los chillidos de dolor poco a poco comenzaron a distorsionarse en una risa retorcida y macabra.

—¿Qué carajos?… —balbuceó Kont retrocediendo. Dio paso a Kroven, quien se acercó a la ave y la giró, revelando el lado derecho.

El lado derecho del ave reveló una gran extensión de hongos crecidos en la putrefacción de su cuerpo. Ni siquiera dio tiempo de apreciar el horror del ave. Kroven redujo todo su cuerpo en un puré putrefacto y sangriento en el suelo con un único pisotón.

―¡¿nos vino siguiendo durante 15 días?! —preguntó Rabioso el estratega.

—Vicientas de aves en el viaje, pero era mucha casualidad ver al mismo pájaro chueco por segunda vez… —se defendió Drakmir.

Kroven soltó un fuerte suspiro de resignación. Chasqueó la lengua y ordenó seguir con el viaje. No podía hacer nada, y no tenían noción de que tanto sabía el susurrador sobre ellos.

El grupo llegó hasta una pequeña aldea. 18 hogares que daban a luz a una linda comunidad de agricultores. Tras intercambiar unas palabras con el jefe de la aldea. Kroven y el resto fueron guiados hasta la casa del refugiado.

Él refugiado del Rey Greyrat Eldwood. Dicho rey, el cual siempre estuvo en contra del esclavismo. Al encontrarse con la situación del liberado Serius Sircus, no dudó en prestarle una casa en Tharvella mientras Kroven estaba en camino.

Kroven llamó a la puerta con dos golpes. Pasó un tiempo y Kont se acercó para inspeccionar la puerta, Kroven había hundido la madera, provocando la burla de Drakmir y una carcajada contenida en Cirnel y Leonora. Tan estratégico y aun así era rudo incluso para llamar a una puerta.

Finalmente la puerta se abrió y lograron ver por segunda vez a Serius.

—Ah… ¡eres tú! —Habló el hombre con una voz suave. Casi vaga a pesar de la cara de felicidad del sujeto. —Qué alegría poder verlos… me alegro de que estén sanos…

Sus ojos giraron para quedar fijos en Cirnel. —Tú… debes ser mi hermanito… ¡es un alivio poder ver que sigues vivo! ¡Qué gran alivio! —dijo acercándose a él con los brazos abiertos.

—está muy tranquilo para ser que se reúne con su hermano… — murmuró Drakmir.

—Nunca pudieron conocerse… según tengo entendido, fueron vendidos por los amos de sus padres.

—Estos ricachones perversos. Hay que matarlos a todos… —balbuceó desviando la mirada hacia los hermanos.

—Cirnel… —llamó Kroven, provocando que él se gire a verle. La cara de Cirnel se mostraba con muchas dudas. Estaba incómodo. Incómodo de sentir no tener elecciones.

—Quédate y ponte al día con tu hermano… Mamá, quédate también. Kont, Drakmir. Conmigo, iremos a ver qué necesita el rey de aquí…

—¿Vas a dejar a tu madre con un desconocido?…

―Mi madre no es una mujer vulnerable y confió en Cirnel. Además, Serius me debe un favor… —le respondió Kroven.

―No te preocupes por la actitud de Serius. Así es su personalidad, es más sumiso y relajado que Cirnel. Era un mayordomo tratado como esclavo; era inteligente. Logró que lo traten mejor con esa actitud obediente y delicada… ―habló Kont.

—Parece afeminado… — murmuró Drakmir.

—Lo mismo pensé —agregó Kroven, sin la menor risa.

—Son unos groseros… —regañó Kont.

…

Kroven y los demás habían entrado a la capital de Tharvella. Los tres caminando por la calle apreciando la arquitectura. La fuente que funcionaba a base de runas, las tiendas, la gente pacífica y tranquila.

Kont contempló el relajado pueblo. —parece pueblo muerto…

—Nunca estuve aquí… pero es obvio que estamos ante un reino que no venera a su ejército. —comentó Drakmir estudiando el ambiente.

—Estamos viendo un ejemplo de un reino funcional, una visión de cómo deben ser todos los reinos del continente. —Se expresó Kroven, mirando al frente. Kont intentó ver la expresión de su hermano. Pero al tenerlo de espaldas le resultó imposible.

Drakmir miró a la derecha. Al sentirse curioso. Se desvió del camino, pasando por delante del Kont, logrando que se desviara también.

—¿Qué haces? —preguntó Kont siguiendo a Drakmir.

—una herrería… —murmuró Drakmir señalando.

—Hola señores… siéntanse libres de tocar e inspeccionar cualquier cosa ¡son armas de calidad!, cualquier otra duda, avísenme. —Hablo el Herrero asomándose desde el mostrador. ―Por cierto, me llamo Héctor.

—Un placer —habló Drakmir alzando un escudo para verlo bien.

―¡no puede ser! ¡¿Una armadura de paladín?! —Se emocionó el menor al ver las piezas de metal blanco en un maniquí de madera. ―¡es muy hermosa! ¡Me la llevo! —exclamó desenfundando una gran cantidad de dinero.

—¡Kroven! ¡mira! —Llamo Kont. El Mayor se giró para ver a su hermano luciendo la armadura de paladín.

—Qué rápido se la puso… —murmuró sorprendido el Guerrero mientras pagaba un escudo.

—Se te ve bien… el acero parece de calidad…

―¡porque lo es, señor! —interrumpió con orgullo el herrero. —Acero pálido del ópalo. Según tengo entendido, bloquea de forma natural la magia Flux. Yo solo moldeé al acero… de magia no tengo idea…

—¿Cuánto la pagaste?… —se dirigió a su hermano.

—93 monedas de oro…

—Se escucha barato para lo que es el material…

―Aquí hay libre comercio, mi buen amigo… no hay nadie que te intervenga en las ventas. Hace poco me llegó el cargamento de tesoros de otros reinos.

—¿Tesoros?… —preguntó Kont.

―Se le suele llamar tesoro a los restos de los conflictos, en todas partes es ilegal vender el saqueo a los restos de una batalla. Es como si vendieras a un reino su propio material.

—¿Estás hablando de los juegos de la guerra?

―¿de qué más lo estaría haciendo?…

—Por eso aquí está barato, los saqueadores no abusan de su único posible comprador… —interrumpe entusiasta Héctor

—reciclaste los metales de los restos del ejército del águila plateada… —dijo a la vez que inspeccionaba al hacha Dormur. «Eso significa que Dormur puede rechazar en parte la magia flux»

—Kroven… —murmuró su hermano casi sin voz. El estratega se giró y abrió los ojos con sorpresa al encontrarse a Kroven sosteniendo un hacha de leñador en sus manos.

Un cabo de madera en perfecto estado. El metal de la herramienta estaba en perfecto estado, pero la forma del agarre era extremadamente familiar para Kroven. La madera tenía unas manchas de sangre, como si la hubieran usado para luchar.

Agarró el hacha en sus manos, apreciándola con asombro. ―¿será…? —preguntó igual de asombrado Kont.

―Si mal no recuerdo, esa hacha la trajo un cazatesoros que vino desde Holganä. Dijo que la sacó de entre los restos de una aldea… la muy pobre abra sido arrasada por alguna batalla… ―explicó Héctor, atento al asombro de los hermanos.

Kroven arrebató el hacha de las manos de Kont y se dirigió al herrero: ―¿Podría pulirla? Le pagaré…

—Enseguida… —respondió a la vez que agarraba la herramienta y la llevaba la pulidora.

Tras unas pulidas, Héctor apretó los labios inseguro de la decisión. —Esta hacha está en muy mal estado… y el cabo ya está frágil en el encastre a la cabeza. Uno leños cortados y terminará de romperse.

—Da igual… haga una hacha nueva. Recicle el material de ella, pero quiero llevarme eso conmigo.

—pero así no será la misma… —reclamó Kont.

—son los materiales que Papá tuvo en sus manos, y es el primer arma que usé en mi vida… da igual si no se ve similar. La quiero….

—Bueno… realizaré mi mayor esfuerzo… —prometió el Herrero.

…

Pasado un tiempo, el trío estaba siendo guiado al palacio por los guardias del rey. Apenas entraron, recorrieron ese largo pasillo para quedar frente a frente al rey Greyrat y su sirviente.

—Señores Vermeer. He oído mucho sobre ustedes… me alegra poder conocerlos.

―Hola, me llamo… —Habló Kont antes de ser callado por la mano de Kroven.

―Salteemos los saludos. ¿Por qué nos mandó a llamar? ¿es grave? —preguntó el estratega. El rey se fijó en la lanza que Kroven ahora tenía colgando en su espalda.

—Bueno, sí. Verá… ha crecido un tallo enorme en una aldea cercana. Y ha estado enfermando a varios de mis campesinos, al parecer libera unas esporas. Y consume la energía de mi gente para hacer crecer a la planta. —al oír “esporas”, Drakmir y Kroven compartieron miradas—. Mi hechicero de la corte bloqueó el crecimiento de la plata y evacuó a los inocentes no contagiados. Pero es incapaz de destruir el tallo, porque algo lo defiende.

—¿Por qué llamarme a mí? ¿Por qué no mandar una carta al 4.º heraldo?…

—El señor Arturo es alguien imposible de seguir. Es tan rápido en sus viajes que ningún mensajero puede seguirle el paso…

—Está bien… enseguida marchamos. ―hablo Kroven sin querer perder más tiempo.

—Muy bien ―suspiro aliviado el Rey ―. Kantaro, ¿podrías llevar a los señores Vermeer hasta el lugar del conflicto?…

El sirviente asintió con mala gana. —Síganme, por favor… —Solicitó mientras caminaba para pasar al lado de los mercenarios.

―el rey miró tu nueva lanza. —Rió Kont.

—¿Qué es lo divertido? —pregunto Drakmir—. Tú te compraste también una lanza y nadie te juzga…

—una lanza, un escudo y una espada nueva… 2 monedas de platino en total. Como si cagaramos el dinero… —Agregó Kroven.

—Yo soy un paladín… mis armas son de acero pálido como mi armadura, las fuerzas del mal ahora solo verán mi luz. — Pronunció el Menor. — Además, nos sobra el dinero, me sorprende que aún no hayamos comprado una casa…

—Y Kroven se compró una lanza y está esperando su nueva hacha… ¡no me cuestionen!

…

—¿Cómo te ido, Cirnel?… —preguntó Serius—. Me gustaría no preguntarte sobre tu tiempo esclavizado. Pero sería un mal hermano si no me preocupara por ti…

—Descuida… no tienes por qué forzarte. Sería forzado e incómodo… —le responde Cirnel con la mirada baja.

―¿no quieres estar aquí, verdad? Lo siento… ―se disculpó el hermano.

—No, no es eso… —levantó la cabeza Cirnel dándose cuenta de su descaro. —No me molesta venir a conocerte… me asusta lo que podría pasar después…

—¿Por qué? ¿Qué te asusta tanto, Hermanito? —sonrió amablemente, cada palabra se alargaba con un tono sereno y calmado.

—ya no soy un esclavo… eso lo sé bien.—le respondió vagamente Cirnel ―. Pero me había empezado a sentir cómodo sirviendo a mi jefe. Puede ser algo duro y amargado, pero eso es parte de su personalidad.

No es mal tipo, es una persona amable cubierta por capaz de cáscaras amargas. Alguien que incluso hace ver toda mi vida como un juego de niños.

Serius se rió gentilmente, no como burla. Sino como una forma de comodidad.

—Tenía siete años cuando los amos de mamá y papá me vendieron a Punta Oeste. Sí, mamá y papá eran esclavos también… —se expresó Serius con una sonrisa amable, pero sus ojos eran incapaces de ver a Cirnel—. forzados a tener hijos para luego ser vendidos.

Mi único recuerdo de ti es que eras un niño de dos años cuando me obligaron a separarme de mi familia. Tal vez tengamos más hermanos allá afuera, pero al único que pude ver en persona fuiste tú…

—Nunca preguntarte. ¿Qué tipo de carne te gusta?… he probado muchas sobras… siempre me ha encantado el cordero. Y siempre lo asocian con Dios, al igual que al pescado. —pregunta Serius por fin compartiendo una mirada con su hermano.

Cirnel, giro para ver a Leonora. La mujer estaba derramando lágrimas. Un llanto de conmoción silencioso.

―Yo nunca había probado la carne… a mis antiguos amos solo les sobraban vegetales, mi favorito era la papa. Pero gracias a mi señora Leonora, me enamoré de la carne de cerdo… —se expresó Cirnel, sonriendo.

—Ya veo… —sonrió gentilmente su hermano.

—respecto a nuestros papás…

—ya deben estar muertos… — interrumpió Serius sin perder su sonrisa ―. Han pasado varios años, y para ser 2 personas forzadas a tener hijos. Ruego a Dios que estén en el cielo. No me gustaría descubrir que siguen con vida, sufriendo.

—¿Qué planeas hacer ahora que eres libre?…

—estoy en un debate interno… pensé en volver al reino de Nirguerio en Punta Oeste, nuestro país natal. O buscar una vida aquí, en Punta Este.

—Si fuera tú, no volvería a… — Cirnel fue interrumpido por un silencio inquietante.

—¿Qué pasa, Hermanito? —preguntó Serius confundido.

Cirnel sintió un aroma inquietante en el ambiente; él se giró para ver a Leonora. La mujer estaba de pie, atenta a lo sucedido. Había sentido el aroma antes que al sujeto.

Algo llamó a la puerta de tres golpes.

—¿Quién será? —Se preguntó Serius llegando a la puerta.

—Espera, ¡no habrás! —Gritó Cirnel, pero fue tarde. Serius abrió la puerta para ver la silueta de un hombre adulto que estaba delante.

—Señor Linus, qué placer… —sonrió el hermano saludando al capitán de la guardia—. ¿a qué se debe su visita, señor?

—Hay que evacuar urgentemente… se reportó una presencia similar al tallo pero con forma humana. Será mejor buscar refugio en otro lado. —Habló sin rodeos Altharion. Cirnel pudo ver detrás del capitán a 4 soldados más escoltándolo.

—Oh, qué problema… —dijo con calma Serius. —Hermanito, Madám. Leonora. Lo mejor sería obedecer…

Los ojos de Cirnel se abrieron al ver algo crecer por fuera de las ventanas. No hubo tiempo para estudiar a detalle. Antes de que pueda dar la orden, Leonora ya había arrastrado a Serius fuera de la casa. Cirnel pudo agarrar un cuchillo de cocina y la casa se derrumbó de un solo impacto.

El hombre quedó atrapado entre vigas y escombros. Rápidamente busco salir, pero le resultaba imposible. Con las manos en el suelo, empezó a usar su fuerza para levantar los escombros con su espalda.

Lo estaba logrando, pero un peso repentino le hizo perder todo el progreso.

―¿aquí no está el estratega naranja?… ¡mierda! —balbuceó una entidad humana cubierta por putrefacción y hongos. Sus ojos bajaron para ver la aterrorizada mirada de Cirnel. Ah… tú eres el esclavo del estratega… ¿Cómo reaccionará al verte como mi marioneta? —Se preguntó mientras se agachaba para agarrarle la cara.

—“inventarium: Vigilantia” —pronunció una voz, rápidamente un tajo amputó el brazo de la Vaina. Y Cirnel fue arrancado de los escombros. Altharion estaba empuñando su tercera arma, su Montante “Vigilantia”.

—Ja, qué interesante… antes era el estratega, ahora un capitán de un reino mediocre… aunque no luces tan mediocre…

―¡Tenemos que escapar!… ¡mezcla veneno con esporas! ¡Nos matará y poseerá si nos quedamos aquí!…

―¿con qué hace eso?… Gracias por avisar. Eso quiere decir que hice bien en elegir a Vigilantia. —expresó Altharion soltando a Cirnel.

En los registros de la historia. Gorran demostró no poseer un talento Nato, necesita recitar sus hechizos para dejar su hongo en los cadáveres. Era presentado como un genio al mezclar el concepto de veneno del flux y el concepto del hongo parasitario de la magia animus.

Un concepto nacido del hongo Cordyceps, Gorran creó una magia del concepto del hongo para manipular cadáveres en lugar de hormigas.

Al plantar un corazón nombrado como “Vaina”, Gorran le da a sus marionetas el talento nato de la magia del hongo parasitario. El veneno debe ser invocado con hechizos de todas formas.

La vaina y Altharion se miraron fijamente. Rápidamente extendió la mano y una nube de esporas fue lanzada con violencia hacia el grupo. Una potente ráfaga de aire dispersó toda la nube de vuelta hacia la marioneta.

—Escolten a los civiles de aquí… —ordenó el capitán a sus hombres.

«¿Qué pasó? ¿Magia de aire? No lo vi recitar… no, es la espada. Está encantada… » analizó la vaina mientras creaba un brazo con las raíces del hongo, reemplazando el faltante.

—No puede regenerar carne. Claro, es un cadáver…

—Qué lindo juguete… me encantaría tenerte entre mis títeres… —habló la Vaina mientras levantaba una vara de metal del suelo. Envolviéndola con raíces y hongo hasta dar forma a una espada putrefacta.

Sin previo aviso, una roca golpeó un costado de la frente del poseído. Un lanzamiento preciso que reventó parte de la cabeza de la vaina. Altharion se giró para ver que el responsable fue Cirnel.

—Qué precisión y fuerza… —reconoció en un murmullo el espadachín.

―Maldito negro… —gruñó la vaina mientras regeneraba la parte de su cabeza con el hongo.

—Mantén distancia… —Ordenó Altharion a Cirnel.

—Sí… —respondió levantando más piedras.

Altharion se lanzó con todo en una estocada bloqueada por la vaina con su espada. Rápidamente los dos giraron. Un cuchillo de cocina voló con precisión en el aire para que Altharion lo atrapara y dirigiera al pecho del monstruo.

La vaina logró atraparlo del brazo. De forma instintiva libero una gran cantidad de esporas. Aguantar la respiración fue la respuesta a salvarse del veneno. Vigilantia al sentir una pulsación de mana por parte de su dueño, creó una implosión de aire. Esto creó un punto vacío de esporas dándole un respiro al espadachín.

El espadachín movió con fuerza el cuchillo de cocina decapitando de forma precisa a la vaina, pero reconstruyó el cuello con sus raíces y lanzó un tajo con su espada putrefacta. Altharion ya había logrado ganar distancia antes del ataque.

La vaina levantó su brazo de raíces, notando cómo se secaron apenas. ―hijo de puta… ―insulto al ver la espada de Altharion. —una maestría encantada…

Vigilantia, al igual que todas las armas de un Linus o Eldwood. Posee tres encantamientos clave. “Empuje de aire” hace que al sentir concentraciones de maná, libere fuertes ondas de aire que empujan. “Durabilidad sagrada” le da una resistencia extra a su espada. “Aura de agotamiento” consume las fuerzas de lo mágico que toquen al portador de forma directa.

Ante esporas del hongo, Altharion tiene una resistencia mediana pero no es invulnerable. Si la vaina toca a Altharion con las reconstrucciones de Hongo, el hongo pierde su fuerza vital.

Gorran no había tenido cuenta de esto. Linus debía cuidar su respiración, y la vaina tener cuidado de conque toca al espadachín.

Mantener el aura de agotamiento es agotante, pero al consumir el hongo, el desgaste es compensado con el maná del rival. Altharion está obligado a ser preciso en su uso.

La vaina de lanzo de frente. La espada putrefacta choco contra Vigilantia. El hongo del arma comenzó a secarse con el contacto. Rápidamente tuvo que eludir una piedra lanzada por Cirnel, quedando expuesto a una patada directa en la rodilla. Muy fuerte, tan fuerte que la rodilla fue arrancada del cadáver.

Cayó al suelo sin poder mantener el equilibrio, rápidamente giró para ver cómo Altharion empalaba el arma en una roca. El hongo reconstruyó la pierna y usó ambas piernas para brincar alejándose del espadachín.

«que molesto… subestime a este espadachín. Mierda… » el brazo de carne que aún le quedaba a la vaina exploro para dejar ver como una gran cantidad de raíces nacían de sus arterias creando un látigos vivos.

No tardaron en enroscar las extremidades de Linus. Incluso cuando las raíces se secaron por tocarle. Gorran usó la fuerza del brazo de carne para lanzarlo con violencia hacia un árbol. Daba igual si una raíz entrelazada se secaba. En conjunto actuaban como una cuerda convencional.

La espada putrefacta se reconstruyó y señaló a Cirnel, indicándole que él era el siguiente.

Cirnel apretó la mandíbula con fuerza. Miro por encima del hombro a su señora Leonora y su hermano, ocultos tras un árbol. Protegidos por los escudos de los guardias.

Le temblaban las manos. Nunca había estado en un conflicto, ni siquiera había peleado al lado de Kroven o Kont. Solo era quien llevaba la mochila de la señora. ¿Por qué? ¿Por qué se metió ahora? Incluso para ser la primera vez que pelea. Se metió con un enemigo mucho más superior. No era divertido, daba miedo.

—Me gustaría escapar de la realidad por un momento… y no pensar que soy un bufón inútil… —Murmuró mientras levantó una piedra y la lanzó con precisión quirúrgica―. Por alguna extraña razón, solo esto puedo hacer… lanzar piedras como un cobarde… —susurró mientras contemplaba cómo la vaina evadía la piedra con una sonrisa chueca, lanzándose a la carga contra él.

La vaina atravesó el estómago de Cirnel con su espada. O juraría haberlo hecho antes de quedar en un espacio desértico de colores grises.

—¿Qué demonios?… —murmuró revisando su entorno. La arena se movía con el soplar del viento. Parecía real. ―maldito negro… ¡¿me teletransporto?! ¡donde mierda es este lugar!, No… el tallo está cerca… y me detecto en el mismo lugar. Esto es una ilusión… ¡¿Cómo?!…

Miro sus manos, ya no empuñaba en sus manos. Rápidamente se vio obligado a eludir seguidilla de tajos de Altharion, quien por alguna razón también estaba en el terreno desértico.

Al vaina trató de usar sus látigos, pero de sus brazos solo salió confeti. Rápidamente. Cirnel y Altharion aparecieron sentados frente a un escenario. La vaina estaba vestida como bufón ante ellos.

—No sé bien qué está pasando… pero ese truco fue muy malo… ¡yo también puedo lanzar papelitos con la mano! — Criticó Cirnel lanzando confeti al aire también. Altharion miraba todo muy confundido, él también no podía entender bien lo que sucedía.

—¿Qué está pasando?… —preguntó la vaina confundida mientras las luces se apagaban, dejando todo en una absoluta oscuridad.

—No lo sé, pero es divertido… sin agobios del mundo real, solo nosotros y la imaginación. ¿No, Señor Linus?

—No entiendo nada… —dijo la voz del capitán.

—magia de ilusión… pero es muy poderosa para que un esclavo la posea… —estudio el mago.

—No sé, pero todo responde a mis locas ideas… —rió la voz de Cirnel. —el miedo se esfumó, qué alivio… así me divertía en momentos de horror con mis amos…

—este negro… está extremadamente loco… ¡¿Cómo mierda lo tome por nada?!— se exalto la Vaina.

Cirnel Sircus en un momento de miedo y pánico, mezclados con sus deseos de no afrontar la realidad. Despertó su talento nato. De forma inconsciente, era capaz de alterar completamente sus percepciones y de quienes lo rodean, y manipularlos como más le parezca divertido.

El bufón no puede cometer daño directo con su imaginación. Pero puede dar ventaja a personas que quieran con la alteración de su terreno ilusorio.

Altharion estaba de pie entre la vaina y Cirnel; ellos dos estaban esperando que el capitán eligiera al ganso dentro del juego “pato, pato, ganso”.

Linus eligió rápidamente a la Vaina como el ganso, quien se levantó velozmente para intercambiar golpes mano a mano. El ambiente se reveló como un coliseo romano y las armas reaparecieron en las manos de sus portadores.

El intercambio de espadas inició mientras Cirnel estaba de animador de las gradas.

«El terreno me beneficia para moverme, puedo sentir los escombros de la casa a mis pies… » analizó Altharion mientras se movía en la plana arena del coliseo.

«¡mi cuerpo se mueve pero siento el cuerpo estático! ¡¿qué está pasando?!» pensó exaltado Gorran mientras batallaba contra Altharion.

La ilusión finalmente se rompió. Revelando la espada putrefacta a centímetros del pecho de Cirnel. Al bufón le sangraba la nariz debido al agotamiento de Maná, pero su sonrisa era enorme.

La vaina trató de atacar, pero la espada de Altharion ya le estaba atravesando el pecho. directo en el corazón. Al ser una marioneta, las percepciones del cuerpo y del Gorran real se entrelazaron y mezclaron, confundiendo la mente del Gorran real. Altharion, por otro lado, mediante el tacto pudo identificar que nunca se había movido de sus sitios.

Lo que le permitió acercarse y matar por la espalda a la marioneta.

El cuerpo de la vaina se secó. Cayendo al suelo como polvo y carne putrefacta. Altharion miró a Cirnel, quien, a pesar de sonreír, sangraba por la nariz.

—Eso fue… extrañamente sorprendente…

—Gracias… para mí fue divertido… —rió Cirnel antes de perder el conocimiento y comenzar a caer. Siendo atrapado por Linus antes de golpearse contra el suelo.

…

―¿este es el tallo?… —preguntó Kont contemplando la enorme planta nacida en medio de la aldea.

―¿eres idiota? —preguntó Kroven mirando la planta.

—Miren allá —interrumpió Drakmir mientras avanzaba hasta la silueta de un anciano.

La tríada se acercó en un trote al sujeto. El mago Pharagus estaba sentado en un banco de piedra frente al gran tallo. La nariz le estaba goteando sangre, pero soportaba la contención del crecimiento de la planta.

El mago de la corte se giró, contemplándolos. —Es muy peligroso… deben de marchar —balbuceó débilmente.

—Descuide, somos enviados del rey Greyrat —aviso Kont aplicando magia curativa a las espaldas del mago. Para luego alcanzarle una pócima de maná.

—¿Cuál es la situación? —preguntó Kroven a la vez que inspeccionaba la planta.

—Los más afectados son atrapados por raíces. Destruir el tallo fuerza la absorción de vida, matándolos. Quemé sin pensar al tallo. Volvió a crecer y mató a más de 10 aldeanos.

―¿hace cuánto estás aquí sentado?… —preguntó Drakmir con sus dudas.

—hace 2 días… vino un tipo a burlarse, diciendo que no duraría mucho antes de morir consumido.―explico antes de toser―. Mata a cualquiera que me viene a ayudar, ya acabo con 7 soldados y la planta los consumió…

―la vaina—reconoció Kroven. ―. Hicimos bien en darle una pócima de maná.

―¿entonces?… —murmuró Kont sin saber qué hacer.

—Busquemos a las víctimas atrapadas, si el viejo bloquea el crecimiento de la planta, no podrá volver a crecer para atrapar a sus víctimas.

—Vale, a trabajar… —dijo Kont.

—Con calma, no sabemos dónde está la vaina. Si la ven, griten… —ordenó Drakmir.

—Aguante, anciano, acabaremos con esto…

—con cuidado… — pidió el mago.

…

Kroven camino con cautela por el camino principal de la aldea. Siguiendo las raíces del parásito que se extendía por todas las edificaciones. Entró a una casa y solo encontró cadáveres sin vida envueltos en el hongo parasitario.

―maldito… —murmuró apretando la mandíbula.

Drakmir se había adentrado lentamente en una bóveda, evitando pisar aquellas raíces que se cruzaban en su camino. Tras avanzar un poco más, encontró un gran capullo del cual sobresalían la cabeza y el brazo de un joven. Tras revisar su muñeca, identifico su pulso.

2 tajos fueron suficientes para arrancar el capullo del suelo y liberar al joven. Lo abrió, conteniendo la respiración. Drakmir se percató de que el hongo es diferente al anterior.

—Moho negro… —balbuceó mientras arrancaba al joven de ese lugar. Al tenerlo encima, no pudo evitar ver el tatuaje extraño en su muñeca. Cánticos ilegibles de color negro. —está muy débil… —balbuceó llevándolo fuera.

Kont entró a una casa y se encontró con 2 capullos: uno con una hermosa mujer y el otro con un hombre casi igual de edad que Drakmir. Sonrió tranquilo mientras desenfundaba su espada nueva, con dos cortes precisos, liberó a ambas víctimas.

—Ah, Canijo… están muy débiles… —Murmuró mientras abría los capullos. Sacó al hombre y lo puso a salvo cerca de la pared, al abrir el segundo capullo, miró repentinamente al techo. —Envidia al miserable que come de este pastel… —Murmuró, sonrojado, al ver la atractiva figura de la mujer. Con igual cuidado, puso a la mujer junto al hombre, suponiendo que eran pareja.

—Genevroostkracht—recitó. Un hechizo de nivel 10 a la pareja por igual. —Listo… —comentó mientras se limpiaba las manos y los levantaba ambos por encima del hombro.

—¿Uh?… —balbuceó al ver que ambos compartían el mismo tatuaje negro en la muñeca izquierda. Un cántico ilegible.

Kont salió de la casa y sintió un golpe de madera. Abrió los ojos con impacto al ver la sombra de una persona sobre la suya. ―Mierda…

Rápidamente se vio obligado a saltar, eludiendo un fuerte impacto. ―¡encontré la vaina! —grito aterrorizado.

Drakmir se giró al escuchar el estruendo y el grito. Dejó a la víctima en un costado y se giró, quedándose paralizado al encontrarse con una mujer con el cuerpo putrefacto y hongo por todo el cuerpo.

—No, ¡está conmigo! —avisó mientras alzaba su hacha.

—¡¿Cómo es eso posible!? — exclamó Kont mientras tenía a la pareja en sus hombres y esquivaba ataques como podía.

―¿dos vainas?… —se preguntó Kroven escuchándolos. Comenzó a correr para ayudarles. Sin embargo, una tercera figura cayó desde la azotea de un techo para bloquearle el paso.

Kroven abrió los ojos impactado ante lo que estaba viendo delante de sí. —Han pasado dos años… —mencionó mientras miraba el cuerpo de Viktor Wolski delante de él. Aún conservaba ese rostro cicatrizado por culpa del golpe del estratega naranja.

―¿le hablas al cadáver o me hablas a mí? —preguntó la vaina con una sonrisa burlona.

—¿Cuándo lo mataste?…

— Hace varios meses. Se volvió mi títere más fuerte desde entonces… el payaso intentó detenerme… —se rió la voz de Gorran.

—¿Qué quieres ganar con todo esto? ¿Atacar aleatoriamente por todo el continente? ¿Con qué propósito?

—diversión… —respondió sin rodeos. —También tengo la misión de matar al 4to heraldo y a quienes trabajen con él…

Un momento, trabaja conmigo, amigo… no pagamos nada, pero es divertido…

—¿“pagamos”? —repitió interrogando a Kroven.

—ups… saca tus suposiciones si quieres…

…

―Mierda, mierda, ¡mierda! —repitió Kont mientras evadía raíces que nacían del suelo atacándole.

Los ojos del hombre se abrieron ante las sacudidas que Kont inconscientemente hacía al esquivar.

—¡Velka! —Gritó el hombre al ver a la mujer a su lado. Ella abrió los ojos reaccionando. Los dos agarraron a Kont del cuello y se salieron de encima de sus hombros. Como reacción, el hombre lo arrastró consigo, salvándolo de un ataque abrazador.

―¡no sé quién eres!¡Pero gracias!—exclamó obligando a Kont a correr a su par.

—¡De nada! —grito siguiéndole.

—¡¿Qué es esa cosa!? ¡Nos atacó de la nada, ni siquiera pudimos defendernos! —preguntó el hombre tomando cobertura tras una pared.

—¡Es un mago cobarde que pelea controlando cadáveres!¡Estaba drenando sus cuerpos para hacer crecer una enorme planta!

—con que eso es… se parece a la magia de Mael— murmuró mirando la lanza que colgaba de la espalda de Kont. ―¿me la prestas?…

―¿mi lanza? ¿Quién eres? —le pregunto el paladín desenfundando su espada.

—Mi nombre es Valanyo, mis amigos me dicen Valan. —le dijo con confianza.

Kon miró al tipo atentamente, estaba vivo, su tatuaje era tinta. Apretó la mandíbula sin saber qué hacer. —bueno… —suspiró cediendo la lanza.

Un estallido sonó a espaldas de ellos dos. Ambos pudieron ver cómo Drakmir tenía problemas con la mujer muerta.

―¿amigo tuyo?… ―

―si…

—Ayúdalo, yo y mi novia nos encargamos de este… — le dijo Valan empuñando la lanza y corriendo rumbo a la vaina.

—Qué tipo agradable… — confesó extrañado Kont mientras corría en ayuda de Drakmir.

Apenas se acercó a Drakmir, la mujer extendió su brazo. Arcos astrales se manifestaron lanzando flechas a su objetivo. Kont y Drakmir reaccionaron juntando sus escudos creando una muralla defensiva.

—¡¿Qué clase de magia es esa?! —preguntó Exaltado Kont.

—está encarnando el concepto de un arco, es animus… y no recita hechizos. Debe ser un talento nato del cadáver―

—para este punto, sospecho que Gorran altera a sus títeres…

—¡¿Podrías enfrentarte a esta cosa?!

—No lo sé, hay una persona inteligente tras ese cadáver…

—Es un títere, Kont. No dudes en tu habilidad e inteligencia. Gorran está controlando a 3 a la vez, tienes la ventaja. Sin miedo, yo te cubro…

—Vale… —asintió Kont, soltando un largo suspiro, vaciando por completo sus pulmones. En un rápido salto, se separó del guerrero. Un segundo salto marcó un acercamiento rápido.

La mujer lanzó sus flechas, pero Kont partía las flechas con su espada. Tocio por la falta de aire. Casi tropieza, lo que lo expuso a un ataque directo obligándolo a resguardarse con su escudo.

―¡maldita sea! ¡Soy patético!—

―¡aguarda! —Exclamó Drakmir moviéndose para asistirle. Logró acercarse para unir su escudo con el de Kont.

―¡gracias!…

—¿Por qué rayos te lanzas sin respirar?…

—¡concentrarme en no respirar me permite moverme!¡me tiemblan las piernas!¡solo pienso en escapar!—confesó desesperado Kont mientras hacía fuerza para no ser arrastrado por las flechas impactando en su escudo.

―mierda, haremos esto… creare una distracción, te lanzare con ambos escudos, cuando lo golpees. Expulsas tu aire y lo rematas…

—ok… lo intentaré…

No necesito otras palabras, Drakmir lanzó su hacha por encima de los escudos logrando mutilarle un brazo a la mujer. Rápidamente, sujetó a Kont de la armadura y lo lanzó con furia hacia ella.

Kont en el aire expulsó todo su aire de los pulmones y golpeó la vaina con los escudos; ambos cayeron en el suelo. Tras rodar, Kont desenfundó su espada y lanzó el tajo definitivo, o eso creía él.

Varias raíces se habían aferrado a sus brazos y cintura desde la espalda. La magia de arco era un farol para distraer la habilidad base de una vaina.

―Mierda… —Balbuceó Drakmir al ver cómo Kont era azotado sin remordimiento contra un muro. Y tres flechas por la espalda le atravesaban sin aviso.

El guerrero se lanzó a ayudar, pero la mujer lo enredó entre raíces sin despeinarse. Ella se acercó lentamente y con el brazo desnudo, le atravesó el abdomen.

—No toque puntos vitales… no se mueran, sus vitalidades me servirán para el tallo luego. Y serían buenas marionetas. Si se mueren antes de ser infectados con el hongo, sería un desperdicio… —se rió la vaina dejándolos a ambos mal heridos en el suelo.

―mierda… —balbuceó Kont, viendo como la vaina se alejaba. —payaso… —se burló mientras se aplicaba magia curativa a sí mismo. Kont no era un genio sanándose a sí mismo, pero cerrar tres heridas de flecha era cosa de niños.

Se levantó del suelo y vio al tipo que Drakmir salvó. Notando el mismo tatuaje que tenían Velka y Valan. Sin dudarlo, aplicó magia curativa en él y luego corrió a asistir a Drakmir.

Al ser una herida reciente, Kont pudo cerrar la herida del abdomen del guerrero.

—una poción… una poción de maná… por favor… —suplicó el sujeto en el suelo. Había despertado tras ser sanado, pero su energía mágica estaba por los suelos.

Kont estaba por acercarse a él, pero Drakmir lo detiene con sus dudas. El menor le mira dudoso. Piensa por un rato, pero se saca una pócima de maná de su bolsillo. La última. Debía elegir si guardársela y seguir siendo soporte. O dársela al joven que la necesita.

La decisión fue complicada, pero fue tomada. El joven bebió la poción y se levantó con esfuerzo. —Gracias… —fue lo que Kont escuchó antes de ver cómo el tipo caminaba tras la vaina.

—Vamos, no vamos a dejarlo solo… —mencionó Drakmir caminando tras el joven.

—ni siquiera pidió un arma… ¿qué rayos planea?…

—pidió maná, eso debe ser suficiente para él…

El techo de una casa a un lado de Kont y Drakmir se derrumbó tras un fuerte impacto. Una mujer ensangrentada salió por la puerta arrastrando el torso mutilado de la vaina que había atacado al menor.

El cadáver de la mujer se giró para ver cómo arrastraban los restos de la vaina, en ese momento notó a Kont y a Drakmir junto con el otro joven.

—¿Qué demonios?… ―balbuceó antes de poder reaccionar antes que el Joven.

—Mortévépyro —invocó el Joven dibujando una runa apuntando al muerto. Gritos distorsionados comenzaron a chillar por la mujer. Una voz femenina gritaba enfrentándose a la voz de Gorran.

―¿pero qué? —Retrocedió Kont.

—Un necromante… —balbuceó Drakmir sorprendido ante la escena. —está tratando de despertar al cadáver con la voluntad del alma…

―¡¿que?!…

—¡¿Qué demonios está pasando!? —habló la voz parasitaria.

—¡Suelta mi cuerpo! —ordenó la mujer.

—Claro que no, estúpida. ¡Es mío! ―

—Mael… ¡estas cosas tienen un corazón que les da vida! —gritaron Velka con el cadáver seco de la vaina.

—Gracias, Velka… —sonrió el joven. —Serena… mi nombre es Mael. El cadáver está usando tu corazón para manipularte…—le hablo al cadáver de la mujer.

—¿Cómo sabes mi nombre?…

—Yo te invoco desde el otro mundo para que me ayudes… sé tu nombre y tus recuerdos… — le dice inclinándose en símbolo de respeto. El cuerpo se lanza a atacarle, pero el espíritu de la mujer comienza a resistirse al control de Gorran. —Tu marido llora la usurpación de tu cuerpo… dale libertad liberándote…

―Cállate… ¡miente!¡No le hagas caso!¡Nadie llora por ti; los mate a todos! ―

—Él es quien miente, Serena… no los mató, tu esposo e hijo duelan tu partida todas las noches. Ayúdame y llevaré tus cenizas personalmente hasta ellos…

―¿lo prometes?… ―pregunto voz de Serena

―lo prometo…

Serena trató de llevarse la mano al pecho, pero la vaina busca resistirse a toda costa. Fue entonces que la mujer usó su propia magia, creando un arco flotante y disparándose una flecha al pecho.

Ella permaneció de pie, logrando mover las manos a voluntad. Las raíces y el hongo de su cuerpo se marchitaban poco a poco.

—¿Por qué yo?…

—no necesitas de tu corazón para ayudar desde el más allá… Gracias, Serena…—le sonríe Mael con gentileza.

—por favor… cumple tu promesa…

—cómo lo prometí…descansa en paz. —Asintió él— Liberación… —dijo rompiendo el vínculo entre el alma y el cuerpo.

—¿Era necesario traer el alma devuelta?… —cuestionó Velka junto al cadáver de la vaina mutilado.

—En un duelo de marionetas perdería… fue lo único que se me ocurrió… —Confesó dolido Mael.

—No me arrepiento de darle la poción… —se rió Kont mirando a Drakmir.

…

Kroven y Viktor estaban en pleno intercambio de golpes. Hacha contra las garras astrales. Kroven recibió tres golpes contundentes en el rostro.

«Viktor usaba las garras… esté desgraciado pelea con el puño cerrado… » Analizo Kroven mientras recibía una patada en el pecho que lo estampó contra un muro. Sin espera, desvió la cabeza para ver cómo el puño atravesaba la roca.

«Viktor no tenía talentos natos… ¿esto es consecuencia de manipular un cadáver?» Bloqueo con sus brazos la rodilla de su enemigo. Rápidamente aferro sus manos a la pierna del cadáver. Aplicar descomposición sería absurdo, Kroven optaba por usar partición.

Cuando terminó la masacre de Holganä, los talentos de Kroven se desvanecieron. Pasaron de ejecutarse instantáneamente al tocar una superficie, a estar aferrados durante 3 segundos con la mano completa. Con mucho esfuerzo, logro reducir ese tiempo a 2 segundos. Pero Gorran demostró que le daba mejor utilidad al cuerpo de Viktor que al propio usuario.

El cadáver usó sus garras por primera vez, realizando un corte tan profundo que casi le arranca el antebrazo.

«Me falta algo… hay algo que no comprendo de mi propia magia… si tan solo pudiera volver al rendimiento de antes», extendió los dedos recitando un hechizo independiente para usar partición. Apenas logro marcar el corte en el pecho de Viktor.

—La magia flux no es mi especialidad… ¿no se supone que los talentos dictan bajo la norma de la naturaleza? —murmuró Kroven mientras era golpeado por esas garras astrales, siendo arrastrado hasta atravesar una pared completa. «A diferencia de Animus, que ya controló el nivel 15. Y luminus que puedo usar nivel 9. Flux apenas logró controlar al nivel 4 algunos hechizos, ¿eso está afectando mi rendimiento?»

Con esfuerzo se levantó del suelo. Pudo ver que Viktor había desprendido una gran cantidad de plumas de su espalda.

—para ser alguien con una maestría enorme… tienes un maná un tanto miserable… estratega Naranja. Esperaba más de ti. —se rió la Vaina—. Para ser alguien que destruyó todo un reino con las manos desnudas. Resultas ser miserable. Han pasado 7 meses, pero tu caída fue brutal y decepcionante… ¿en serio eres el segundo más fuerte de esta generación?… ¿Por qué el Heraldo trabajaría con alguien tan patético?

—Está delirando conmigo… si hay alguien a quien considerar como segundo es a Lazarus. —sus ojos bajaron para ver cómo el brazo le sangraba sin descanso—. Me falta carne, no puedo regenerar esto tan fácilmente… necesito a Kont… pero llamarlo ahora sería ponerlo en riesgo.

Una flama nació en las manos de Kroven a la vez que una runa se dibujaba a sus espaldas. ―¿quieres ver magia?… Te mostraré el máximo nivel de mi maná…

—eso… lúcete… no iré a ninguna parte…

El estratega del mantra naranja comenzó a centrar todo su maná en una runa compleja. Kroven Vermeer apenas tiene maná para sostener un hechizo de nivel 15, mucho más para sostener su hechizo más destructivo.

El objetivo era pulverizar el cadáver de Viktor con un aliento de dragón. Un hechizo que desarrolló pero nunca tuvo la oportunidad de usar en combate debido al riesgo que conlleva agotar el maná en un combate.

Sin embargo, esta posición era estúpida. ¿Quién permite que su enemigo cargue su hechizo más potente? Kroven sabía esto más que nadie. Los ojos del cuerpo de Viktor se abrieron con sorpresa y se rió con diversión.

—Vaya… no dejas de sorprenderme, estratega…

El fuego que Kroven liberó de sus manos era del hechizo “quemar”, aquel con el que atrapó a Viktor bajo el árbol, pero reducido al nivel 1.

Mientras tanto, Kroven estuvo estático en su sitio por más de 6 segundos, tiempo suficiente para con sus pies descomponer la tierra. Creó un punto muerto donde las raíces que buscaban crecer para sorprenderle simplemente morían.

—me encantó tu truco… pero quisiera ver que te salves de esto… — habló la vaina listo para lanzar las plumas navaja. En ese momento, la lanza de Kont cayó a los pies de Viktor. —¿Uh? —Antes que pueda girar la cabeza, recibió una barrida en medio de la cara que lo tiró a un lado.

—Perdón… estoy algo oxidado, pero nada me impide darte tus patadas —dijo aquel hombre que Kont sanó. Valanyo Damarín.

―¿eh? ¿y tú quién eres? —preguntó el estratega mientras se sanaba el brazo.

—Qué cara de amargado tienes… te pareces al que me sanó hace rato. ¿Acaso es tu hermanito?

«¿Kont lo sanó?… que imprudente…»

—entre los capullos, había un cuerpo que no aportaba maná a mi proyecto… lo ignoré, con el tiempo moriría de hambre o sed. Me arrepiento totalmente… tú y esa mujer acabaron con la vaina más débil que estaba presente…

Kroven abrió los ojos y miró a Valan. Definitivamente era un aliado.

—Maná, sin maná. ¿Qué importa?… lo que molesta es que estabas drenándole la magia a mi caramelito. Eso es imperdonable…

—¿Sin maná?… ¿Es eso posible?

—Oye… —le llama Valan a Kroven— ¿acabas de matar parte de la tierra?¿podrías seguir haciéndolo? No es por nada… pero las raíces que usa son bastantes molestas…

―vale…

—pero antes… ¿Mael?… —preguntó Valan, provocando que Viktor se exalte ante lo que pueda hacer el Necromante.

―ya lo intenté… el alma del cadáver es más poderosa que la mía, es imposible llamarla… —habla Mael saliendo de detrás de un muro. —y ya dije que competir por controlar el cadáver sería un fracaso… su técnica de títeres es superior…

—que mala pata… —suspiro Valan arrancando la lanza de Kont del suelo.

Al lugar llegaron Velka, Drakmir y Kont. El terreno se había tornado un combate de 6 contra 1.

—Esto no me está gustando nada… ¿no pueden tomar turnos? Los 6 a la vez serán saturantes…

Del cadáver de Viktor comenzó a crecer hongo sin freno. A tal punto que incluso la carne del cadáver se desgarraba y el cuerpo se partía.

—Mutakrysux… —pronunció con las manos dibujando runas mientras la gran cantidad de hongo lo moldeaba.

—¿Qué está?… —cuestionó Drakmir

—La tierra está muerta… obliga al cuerpo a ser la nueva tierra —habló Kroven alzando su hacha.

La vaina alteró el cadáver de Viktor, desmanteló todo el cuerpo y lo volvió a unir con sus raíces. Gorran alteró el cadáver para darle forma a un cuerpo más grande con 2 brazos extra. Para ganar, debía ganar terreno.

—Mi señor estaría orgulloso de esta forma… —sonrió el rostro de Viktor de seguro me ascenderá a un Pol… da igual, esto es necesario.

Esto demostraba la persistencia de Gorran en este proyecto. La vaina estaba llevando a cabo su plan B.

―¡ataquemos! —grito la mujer lanzándose a la carga con 2 cuchillas en mano.

—Velka, ¡espera! —gritaron Valan tratando de detenerle, lo cual fue detonante para que la vaina desprenda varios tentáculos de raíz de su espalda y los lance en contra de la mujer.

Kroven pudo ser lo suficientemente veloz en carrera para sacar del alcance a la mujer. El rescate dio brecha para que Valan atraviese el pecho con la lanza. En teoría, debió haber acabado con la vaina, pero se llevó una sorpresa al ver que el cadáver le mostraba el corazón intacto en su mano. Ahora podía moverlo a voluntad por todo el cuerpo.

—¿uh?… —se giró Mael al notar que los cadáveres de la aldea comenzaban a moverse y levantarse. ―¡tenemos problemas!

Kont se giró y alzó su espada, llamó a Drakmir. Los 3 se centrarían en controlar a las masas de títeres del hongo.

Lejos de la batalla. Pharagus estaba tratando de contener el crecimiento de la Vaina, cuando de repente algo lo golpea por detrás, noqueándolo debido a su debilidad en ese momento.

Se acercó al tallo. Planta la cual estaba retomando su crecimiento. El sujeto se acercó y comenzó a regar la planta con pócimas de maná, acelerando su crecimiento

En ese momento, Kroven, Mael y Kont se exaltaron ante el enorme crecimiento de energía mágica.

—¿Qué demonios? —Se giró Mael para tratar de ir al tallo.

—¡¿Qué pretendes hacer con el tallo?! ¡¿Por qué necesita tanta maná?!

—¿Por qué creció tan repentinamente? Aún me faltaban víctimas… Nah, da igual… —habló para sí misma la vaina —verás, el tallo no es una planta cualquiera… es un huevo, estoy condensando un núcleo mágico. Permití que el mago bloqueara el crecimiento porque, si consigo, me iba a traer más alimento…

Las garras astrales se manifestaron en los brazos superiores de Viktor, logrando acertar un potente puñetazo que Valan apenas pudo eludir, pero el brazo inferior logró sujetarlo y azotarlo contra el suelo.

Rápidamente, desplegó una gran cantidad de plumas que lanzó en contra de Mael, obligando a Kont y a Drakmir a usar sus escudos para resguardarlo de la avalancha de navajas.

Velka se posicionó a las espaldas de la vaina y lo atravesó con ambas hojas. Burlonamente, la vaina mostró su corazón en la punta de su lengua para después volver a tragarlo. Enseguida se giró y con un golpe de pinza. El pico astral de un águila le arrancó un trozo de hombro a la mujer y de un segundo puñetazo la mandó a volar.

La cara de Viktor se tensó al ver la iluminación de las llamas de Kroven. La vaina estaba entregada finalmente al aliento de dragón. Kroven con solo recitar el hechizo, habría acabado con él.

Tentáculos de raíz arrancaron las cuchillas de Velka de su espalda y rápidamente las agitó hacia Kroven. No le dio tiempo de reacción. El estratega se quedó paralizado al ver cómo ambos brazos caían en el suelo luego de un corte limpio.

No pudo hacer nada para evitar que como un puñetazo directo le hiciera polvo las costillas y le hiciera atravesar una casa entera con el cuerpo.

―¡Kroven!—grito desesperado Kont, separándose de Drakmir y Mael. «Puedo curarlo, puedo curarlo… ¡aguarda!» corrió en dirección a su hermano, pero fue sorprendido por el puñetazo directo de Viktor.

―mierda… —balbuceó aterrado Drakmir al ver como Kont caía inconsciente tras el golpe. Con una raíz, fue fácil barrer a Mael y al guerrero.

Valan se levantó del suelo con ayuda de la lanza. Pero se dio cuenta de que estaba rodeado por los aldeanos manipulados por Gorran. Su posición lo obligaba a pelear contra la gran cantidad de muertos para poder alcanzar a su herida novia.

—Espero que no se hayan confiado con nuestra primera batalla… —habló la vaina mientras giraba para ver a Kroven. Quien, a pesar de todas sus heridas, había logrado ponerse de pie. —No tienes brazos, sentí crujir sus costillas y aun así logran ponerte de pie… admirable…

Trato de dar un paso al frente, pero simplemente cayó de cara al suelo al no poder sostenerse.

—o mejor dicho, deprimente… anda, cúrate. Te estoy esperando…

Kroven solo pudo toser sangre, generando un pequeño charco bajo su boca.

―muy deprimente, miserable… una decepción en toda la palabra

—¿Cuál es el propósito de todo esto?… —preguntó mientras la sangre salía con tosidos ahogados.

—Mis ataques anteriores eran diversión y recolección de herramientas… — confesó señalándose a sí mismo, haciendo énfasis en el cadáver de Viktor. ―. Pero recientemente me encargaron poner a prueba al 4to Heraldo…

Arturo es capaz de identificar si el maná proviene de una persona o criatura. Estoy creando algo desconocido para obligarlo a venir y matarlo. O al menos hacer el intento… se me pidió medirlo y matarlo si es posible.

¿Conoces a los generales divinos? Son la última carta de un mago, invocarlos es un suicidio, pero traen el 100 por 100 de una victoria. Yo jamás invocaría a uno, sobrevivir es imposible, pero si puedo crear uno artificialmente…

―espera. No los conoces. Arturo prohibió ese conocimiento porque de seguro es la única cosa que puede matarlo… lo siento por él…

—¿Qué le tengo miedo a qué?… —preguntó una voz. La cara de Viktor se tensó al sentir la presencia de Arturo a su lado. —Madre mía… Kroven, te dejaron hecho polvo… ¿te faltan los brazos?

―¿acabo de escuchar que le tengo miedo a los generales divinos? ¿Qué estupidez es esa? Nunca en mi vida pude enfrentarme a uno… prohibí el conocimiento porque es un peligro para el entorno. Esas cosas no distinguen aliados de enemigos…

—Arturo… — Balbuceó con debilidad Kroven. —deténlo… antes de que…

―Tranquilo, no tengo miedo… — le interrumpe ―¿o quieres que te curé?… no te entiendo, habla ya…

Una runa verde se dibujó en las manos de Arturo. Repentinamente el puño de Viktor trató de acertarle en la cara, pero Arturo desapareció del medio. Reapareció en el tejado de una casa con Kroven agarrado del cuello de su ropa.

—Esta velocidad… —murmuró viendo sus brazos reconstruidos. Ni siquiera pudo notar cuando se regeneraron. ―espera… Arturo, tu maná…

―ya sé, lo estoy haciendo a propósito. Estoy alimentando al tallo con mi propio maná… lo voy a hacer eclosionar. Le voy a enseñar a este parásito por qué soy el más fuerte…

—Dime, parasito… ¿te sientes solo?…

—¿Por qué preguntas? —cuestiona La vaina—¿Acaso tu mamá no te quiso?…

En respuesta, Arturo soltó a Kroven y lo miró cuestionándolo.

—me decepcionaste, ¿en serio te dejaste vencer por alguien tan patético por él?… ―le hablo con desprecio. —Mira y aprende… para la próxima te dejaré morir. Para que aprendas…

—Da igual si eres fuerte por disciplina y entrenamiento. Si lo que haces no nace del corazón o la curiosidad… no dejas de ser patético…

—Qué discurso tan asqueroso… —se burló la vaina

―No hablaba a ti, pedazo de mierda… —le señalo Arturo ―esa risa tuya viene porque te escondes entre muertos… quisiera verte reír cuando te tenga en frente, parasito… ―respondió mientras saltaba del tejado hasta caer al suelo.

Permaneciendo de pie ante la imponente figura de la aberración parasitaria de la vaina

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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