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El estratega de Plata - Capítulo 36

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Capítulo 36: El engendro divino.

—Eres muy arrogante incluso para ser el más fuerte del mundo…

―te lo repito. Hablas mucho para ser que te escondes tras un cadáver… ¿y qué es esa forma que le diste al cadáver? Das asco… queriendo imitar a Hexagón, qué pena me das… —Pronunció Arturo mientras desenfundaba su espada.

Cuando sostuvo su espada en manos, desprendió un brillo relajador. La lanzo a un costado. El arma sola voló hasta Valan, quien se encontraba resistiendo solo la horda de títeres. La espada de Arturo se desplazó con precisión en el aire. mutilando y destruyendo cada uno de los cadáveres.

—lo que más me intriga eres tú… no tienes maná— la curiosidad cambió a asco cuando vio el tatuaje de la muñeca —¿de la secta de Arceus? Argh, luego me encargo de ti…

Un fuerte temblor hizo temblar la aldea. Kroven vio cómo Arturo le miró por arriba del hombro. —¿Qué vas a hacer, Kroven?

El estratega vio a todos los heridos y a la figura de Arturo desapegada de los heridos. El mensaje estaba claro para él.

—dijiste que matas por placer y recolectas herramientas… e incluso te burlas de la soledad…

El tallo del centro de la ciudad comenzó a contraerse. A sacudirse para luego hincharse y reventar liberando una nube de esporas.

—¿eres un imitador o eres el Gorran real?…— preguntó ignorando el estruendo.

―hay muchos fanáticos por ahí que veneran a mi señor.

―eres muy astuto, dejando la duda plantada como semilla —respondió Arturo mientras la espada volvía a su mano—, sabes, yo a veces me considero algo igual a Hexagón. Los 2 nacimos para ser “la perfección humana”. Los 2 fuimos odiados por nuestras mamás… la única diferencia es que la mía me vendió y la de él se tiraba al padre y al hermano.

—No te atrevas a insultarlo…

—Y aun así yo no tengo un grupo de fanáticos armando sectas en mi nombre… ¿estoy haciendo algo mal?

Kroven corrió hasta la eclosión del tallo, encontrándose con el cuerpo inconsciente de Pharagus y una masa moldeándose alrededor de un núcleo. No tardó en agarrar al mago y buscar alejarse.

―es triste saber que intentó hacer el bien, y nadie sigue el ejemplo que intentas dar. Mientras que un mago mataba indiscriminadamente, inspirando a otros magos a matar indiscriminadamente. Mientras tanto, ver cómo el mundo se desarrolla únicamente para matarse entre sí. Y aun así, nadie se siente solo… están todos unidos y felices derramando sangre sin algún motivo importante…

—Dime, Kroven… —habló alto Arturo. —salvas al viejo antes que a tu hermano porque te importa, o por obligación de mantenerlo vivo…

Kroven se quedó paralizado ante la pregunta, viendo cómo una mano se moldeaba en el tallo. Miro al anciano en su hombro y luego en dirección a Arturo.

—¿Qué quieres para el mundo?… me diste que te sentías vacío. No solo… ¿intentaste llenar ese vacío? ¿O solo te venías engañando? Eras fuerte cuando te conocí, y ahora que te veo, sigues igual. Eso te hace débil. Enano, ¿qué te mueve exactamente?

Un fuerte rugido ensordeció el ambiente, provocando una onda expansiva en el aire que derrumbó las casas alrededor del tallo. El general ya había materializado su boca

―haces buenas acciones. ¿pero te esfuerzas en mejorar? ¿cuidas tu bienestar? ¿Sonreíste alguna vez?

Abrió los labios, pero no pudo responder.

Una gran sombra envolvió a Kroven por detrás, sintiendo un aliento húmedo desde arriba, al girarse, pudo ver a una criatura hecha de hongo y raíces. Brazos delgados pero un pecho enorme.

—Ey, tarado… — le habló Arturo a la Vaina. — Un general divino no tiene cuerpo de materia, es un cuerpo de maná materializado y no lleva núcleo. Lo que creaste es un engendro cualquiera… tal vez uno fuerte, pero sigue siendo un engendro.

Kroven intentó reaccionar activando un hechizo de fuego, pero ahora se encontraba en otro sitio. La mano de Arturo le agarraba nuevamente la espalda.

—Casi te mata… —Rió el heraldo a la vez que se veía un estallido provocado por el impacto del engendro.

—Las responsabilidades, presiones y pérdidas suelen ser atrofiantes para la mente humana. Apagan los deseos y deshacen la motivación. Muchos terminan pagando sus brillos y perdiéndose a sí mismos… —habla Arturo tronándose el cuello.

―nos conocimos hace años y aun así, no te conozco realmente. ¿quién eres? ¿Por qué cada vez que nos vemos parecemos desconocidos?

—¿Quién soy? — Repitió confundido, viendo cómo Arturo pasaba hacia su frente, caminando con calma hacia la ubicación del engendro.

—sálvalos… —les dijo de reojo Arturo. «Podría hacerlo yo en segundos, pero no quiero que se quede quieto…»

Con una velocidad sorprendente, el engendro se posicionó delante de Arturo a la vez que se regeneraba. Cuando el heraldo salvó a Kroven, en esos milisegundos fue capaz de propinar un único golpe que le destrozó la mitad del pecho y un brazo al engendro. Ahora el engendro le había devuelto el golpe provocando que el heraldo atraviese tres casas en línea recta.

—¡Arturo! — gritó helado Kroven.

—Tú has tu tarea… —respondió en alto la voz del heraldo, levantándose sin ningún rasguño. —mientras el sol esté en lo más alto. Mi luz nunca se apagará… —expresó Arturo con una gran sonrisa orgullosa.

—no le hizo nada… — retrocedió sorprendida la vaina.

—Mi madre me vendió porque nunca me deseo… acepto mucho dinero solo para dejarse embarazar por un investigador, quien es mi padre. —habló Arturo viendo cómo el engendró se aproximaba a él. —Al parecer, mi madre tenía unos tan buenos genes que mi padre la eligió para concebirme. Mi naturaleza mágica es prisma…. ―

Mientras hablaba. Con un solo dedo generó una bola de fuego que el engendro desvió con fuerza de un golpe. La bola de fuego estaba a punto de caer cerca de Drakmir y Mael. Pero Kroven los sacó de ahí a tiempo.

―¡fíjate, tarado!

―perdón…

Arcos astrales comenzaron a manifestarse disparando flechas en dirección a Arturo, quien las evadía en paz mientras caminaba al frente.

—Nací con un talento nato de la Luz, pero investigadores hicieron sacrificios propios para darme más poder, mediante conjuros hablados. En teoría, tengo cuatro talentos… fuego, vapor y atributos. El talento de atributos es como ampliar tu fuerza, velocidad y resistencia según la concentración mágica.

Adivina para qué me forzaron a ser poderoso…―

Kroven giró repentinamente cuando dejó a Drakmir y al necromante en un lugar seguro.

―Exacto, para los juegos de la guerra… querían que fuera el capitán del ejército de la nube pálida. —sonrió dolido Arturo, para después ver al engendro confundido ―dejaste de absorber mana. ¿Qué te pasa? —preguntó viendo cómo el engendro se regeneraba de quemaduras internas expulsando ese hongo quemado en forma de proyectiles.

Apenas se acercaron a la presencia abrumadora de Arturo, los proyectiles se deshicieron con el calor que él emanaba.

―mierda… está muy por encima de nosotros en este momento… —Analizo la vaina viendo a Kont en el suelo. Luego volvió a mirar al heraldo ―tendré que recurrir al plan C

…

―¡Heraldo! ¡tu final es hoy! —Gritó la vaina con arrogancia.

—que molesto… ¿acaso no aprenden? — habló girándose, para abrir los ojos con pánico al ver que La Vaina había agarrado a Kont del cuello. Un temblor sacudió la aldea.

Gigantes se habían adentrado en el territorio de la aldea. 3 gigantes infectados con el hongo de Gorran, de 16 metros cada uno. Aves y criaturas emergieron de la densidad del bosque. Todo en el único objetivo de estorbar la pelea de Arturo y el engendro.

Gorran recibió la misión de estudiar las verdaderas habilidades de Arturo, de ser posible matarlo. Pero el Dítari posee su orgullo, queriendo ser él quien mate al representante de la generación actual.

Arturo miró, con la mirada tensa, cómo la vaina acercaba sus manos a la boca de Kont.

―Mierda… —dijo el heraldo resignado, propinando un simple puñetazo que le destrozo la parte superior del torso. Confirmando una habilidad extraña en un engendro. El desplazamiento del núcleo al igual que el cadáver de Viktor.

Kont abrió ligeramente los ojos y pudo ver cómo la vaina le agarraba de la boca. Por reflejo contuvo la respiración y sintió el disparo de esporas en toda su cara. Al ver su resistencia, la vaina comenzó a golpearle el estómago con los brazos inferiores. La intención era hacerlo respirar.

—vamos… respira…

Arturo estaba a punto de lanzarse al rescate de Kont. Pero una gran eminencia de maná le arrebató toda su atención. No era tan fuerte o descomunal, pero su aparición fue repentina.

“―lo ha atrapado… el hijo del jefe atrapó al lobo…

―¿eso significa que nuestros animales están a salvo?

—¡eso nos incluye!

—eso parece… y por favor, que Dios quiera que sea así…

Los aldeanos se reunían alrededor de un gran hoyo en medio del campo. La luz de la luna apenas iluminaba, pero era lo suficiente para ver cómo un niño de cabello blanco estaba dentro. Enchastrado con sangre junto al lobo, el cual estaba golpeado y amordazado.

La gente podía ver a Kroven Vermeer. A sus 9 años, un niño tuvo el coraje de enfrentarse a un depredador peligroso. A pesar de sus heridas, el niño mantenía una sonrisa entre la sangre que le manchaba la cara. Repitiendo, “fue fácil” con total orgullo.

El niño había sido reconocido como un depredador nato. Incluso a pesar de que se podían escuchar los regaños de Leonora en esa noche y las risas de orgullo de su padre.”

«Esa noche hice lo que nadie podía lograr. Deshacerme de lo que amenazaba a mi gente y el resto que sigue. Era un deber que nadie me encomendó. Y aun así decidí tomarlo. Una responsabilidad.

¿si alguna vez sonreí? No, hace mucho que no lo hago… creo que mis músculos olvidaron cómo mostrar una sonrisa.

Extraño ser ese niño… tomar responsabilidades y reír haciéndolas. Extraño ver el verde del césped y el azul del cielo. Extraño saborear la comida de mamá, sentir el afecto genuino.

Arturo, esto lo hago porque es lo único que puedo hacer incluso sin sentir nada… porque es lo correcto y me agarro de lo único que me hace identificarme como mi antiguo yo…»

El golpe en seco provocó que Kont pierda el aliento. Expuesto a las esporas. Antes de que Viktor lo haga respirar, la eminencia de maná lo desoriento. Al instante, sintió una mirada fulminante en todos sus ojos. Subió para ver a Kont a los ojos, esos ojos carmesí que compartía con Kroven. Pero no era el emisor de esa sensación.

Viktor había quedado marcado por la mirada del depredador. El Anu Dítari. Estaba por presenciar la transformación silenciosa de Kruven Vermeer.

2 cortes rápidos mutilaron los brazos superiores de Viktor. Kroven había aparecido a su lado empuñando aquella lanza que compró a Héctor, y de un giro rápido en el aire, engancho una poderosa patada en la cara que lo mandó a volar.

Arturo se quedó asombrado ante lo que estaba viendo. Alguien con un maná reactivo, atisbos de emoción que reviven las llamas lentamente.

Kont cae de pie al suelo. Apenas logro ver la expresión vacía en la cara de su hermano. Sus ojos brillaban con un fuego de determinación.

—Kont, ¿te encuentras bien?…

―por supuesto. —respondió levantando su espada del suelo. Una respiración agitada inflaba su pecho a la vez que sus manos curaban su cuello.

Kont Vermeer, inhalo una pequeña parte de las esporas de la vaina. No causaron efecto inmediato y fueron sencillos de curar. Pero el miedo que despertaron en el menor hizo despertar un shock de adrenalina momentáneo.

Arturo sonrió tranquilo al ver la situación, rápidamente evadió un ataque proveniente del engendro. Por culpa de la intervención de Kroven, la batalla fue dividida en dos frentes. Arturo contra el engendro y los Vermeer contra la Vaina.

Las criaturas infectadas llegaron a la zona del combate. Aves comenzaron a obstruir la vista de Arturo, entregándolo a un golpe directo del engendro. Quien lo estampo con el suelo pero sin lograr ningún daño.

La Vaina corría buscando ocultarse mientras regeneraba sus brazos. Dejando el trabajo sucio en manos de los animales parasitados. En su camino se encontró a Valan, quien le atravesó repentinamente el estómago con la lanza de Kon.

―Acero pálido… ¡es inútil contra algo que no es magia nagra! —rió la vaina aferrando raíces a la longitud del mango de la lanza. —Un ser sin magia como tú nunca comprendería algo tan básico…

―Gracias, me lo explicará él en un futuro… —le respondió Valan firme en la lanza, su cabeza realizó un gesto a la izquierda. La vaina, giro los ojos para encontrarse con el intenso carmesí de Kroven.

La vaina estaba bajo el efecto de “los ojos del alfa”. Kroven Vermeer resultó ser una anomalía natural. Sus talentos principales nacieron del odio y rencor de Holganä. Talento nato “lobo” nace del deseo de volver al pasado y ser aquel niño que a pesar de estar muy mal herido, podía reír por haber logrado algo importante.

No importa dónde vaya, no importa dónde se esconda. Kroven sabe dónde está su presa.

Viktor trató de contrarrestar los ojos del alfa con la marca del cazador. La vaina sabe dónde está Kroven en todo momento, y viceversa.

Los brazos superiores se reconstruyeron, pero los ojos carmesí del menor pasaron velozmente por encima mientras la espada se los rebanaba de nuevo. Ambas lanzas empalaron al cuerpo putrefacto de nuevo, pero aun así no acertaron al corazón.

Una mano gigante arrasó la tierra aprisionando a Kroven y Valan en la palma. Comenzó a elevarlos hasta tenerlos en frente.

Un gigante tiene la costumbre de llevarse todo lo que agarra a la boca, no distingue de comida u objeto, simplemente mastica para llenar su estómago. En respuesta a este gran problema. Kroven mantuvo sus manos en la palma del gigante, al pasar 2 segundos centró todos los cortes en la muñeca mutilándole la mano entera.

Al caer con violencia al suelo, centro los cortes en las articulaciones de los dedos. Pero nada evitaba que el gigante alzara el pie para aplastarlos a los dos por igual.

―¡¿amigo?!…

―¡ya casi!… —respondió Kroven ampliando la potencia de los cortes.

Sin embargo, ambos vieron una nebulosa de sangre expandirse en el aire mientras que el gigante perdía completamente el equilibrio. Kont Vermeer tras soltar un largo suspiro, mutiló de un solo tajo el pie del monstruo separando el talón de la pierna completa.

El gigante cayó al suelo provocando una gran cortina de tierra. Ante la falta de visión. Kroven se separó de Valan al sentir a Viktor cerca. Rápidamente comenzó a intercambiar golpes con Viktor. Las garras astrales del águila plateada chocaban con los puños reforzados de Kroven, cada uno de sus golpes era como los zarpazos de un lobo, 4 cortes tras cada impacto.

Los ojos de cadáver se abrieron incrédulos al ver que Kroven podía realizar casi sus mismos hechizos, pero enfocados en el concepto de un lobo.

Viktor se alejó de un salto para desplegar una cantidad de plumas. El gigante trató de levantarse del suelo, pero el engendro aterrizó de golpe destrozando su cabeza. El estruendo interrumpió el despliegue de plumas.

Un chasquido resonó a la vez que el monstruo comenzó a ser empalado por varias varas de luz junto con el gigante. Aniquilando a ambos, o al menos eso pensó.

Un fuerte rugido provocó la ruptura de las varas de luz y la regeneración instantánea de la criatura. Desconcertando a Arturo.

―¿no le di al núcleo? Qué molesto…

La cortina de tierra se disipó. La vaina conectó un potente puñetazo que arrojó a Kroven contra una pila de escombros y después le lanzó una nube de esporas venenosas.

El estratega naranja se levantó e inhaló las esporas como si nada. El error de Gorran es depender del concepto del veneno letal y no de la toxina nacida de una planta. Es decir, el Dítari dependía del veneno nacido de la magia Flux, y Kroven ya demostró tener una resistencia innata a la magia Flux. Respirar esporas venenosas creadas artificialmente por magia era como inhalar aire limpio para él.

Los ojos carmesí buscaron algún arma por el terreno, pero no se encontraba nada. Cerró los puños con fuerza y se acercó lentamente a él. La Vaina estaba por lanzarse a la ofensiva, pero Valan y Kont aparecieron a los lados.

Rápidamente son repelidos por una expansión de latigazos al azar. El Menor cayó dentro de los restos de una casa, encontrándose junto a la herida de Velka. Lo siguiente era obvio.

Sin esfuerzo, Kroven atrapó la vaina de uno de sus látigos y de un poderoso tirón lo atrajo para encontrarlo con un puñetazo que le destrozó la cabeza. Lo que antes era la cara de Viktor estalló en una cortina de sangre envolviéndole el puño.

No tardo en poner sus manos en el pecho de la vaina y tratar de forzar partición y descomposición al mismo tiempo. Sin embargo, la vaina lo agarro de un brazo y lo estampo a un lado antes de los 2 segundos. La cabeza se regeneró ahora como un montículo de hongos y una boca artificial que mordió al estratega en el hombro.

Kroven puso una mano en la cara y otra en el mentón, forzando la apertura de la boca antes de inyectar cualquier toxina. A la fuerza le partió la mandíbula. Un cuchillazo rápido le separó la cabeza del cuerpo. Velka se unió al combate. El cuerpo se alejó rápidamente mientras Kroven lanzaba la cabeza lejos y la Vaina volvía a regenerarse.

—¡Kroven! — exclamó la voz de Drakmir mientras lanzaba el hacha Dormur a sus manos. El estratega la atrapó y, acompañado de la mujer, se lanzó a la ofensiva.

Desesperadamente, la vaina expulsó plumas por todo el cuerpo. Por reacción, Kroven golpeó a Velka en el costado, sacándola del alcance. En consecuencia, el estratega fue alcanzado y atravesado por una gran cantidad de plumas navaja. Uso sus brazos para proteger su pecho y cabeza, defendiendo las zonas vulnerables.

―Licht van de sterren, Brand. Snij door de schaduw, snij door de nacht, Met de kracht van de lichtsabel, ik strijd voor het licht: Lichtsabelkern —recito una voz a espaldas de Viktor.

—cánticos… —Murmuró la vaina dándose la vuelta para encontrarse a Kont empuñando su espada, pero esta emanaba un poderoso brillo. El tajo fue limpio e inevitable; el menor separó la cadera del torso con un solo corte.

El brillo emitido quemó la herida, dificultando la restauración. Antes de caer al suelo, Valan logró atravesarle la espalda con la lanza para mantenerle levantado y quieto.

Con mucha dificultad, Kroven se aferró a ambos brazos izquierdos de la vaina y Velka en los derechos.

Kont se preparó para lanzar un segundo corte, pero la sangre brotó de su nariz. El menor agotó su magia y el golpe de adrenalina había llegado a su punto final. Se desplomó en el suelo antes de pronunciar otra palabra. Pasados 2 segundos, Kroven usó descomposición en los brazos. Sin embargo, la Vaina forzaba la regeneración para contener la expansión del hongo seco. Del agarre de Velka, safo el brazo inferior del cual se movía para golpear al estratega.

Mael, en su último atisbo de fuerzas, llegó a tiempo atrapando el puño y tirando junto a la mujer para inmovilizar a la vaina. No iban a aguantar mucho tiempo.

―¡Drakmir! —Ordeno Kroven. Viendo cómo el guerrero estaba cargando su hechizo de fuego.

―Kineréthys…

La bola de fuego chocó en el pecho de la vaina y rápidamente se expandió por todo el cuerpo. Todos se apartaron del cuerpo encendido. No se rendía; la regeneración del hongo estaba en constante lucha contra las flamas.

La persistencia en sus ojos contempló con rabia cómo el estratega finalizaba la batalla. ―Draakvuurademgoddelijk —recitó soltando una centrífuga de llamas carmesí. El cuerpo ya no pudo hacer nada. Solo reducirse a cenizas que desintegraban inclusive con el calor del fuego del aliento de dragón.

Todos los títeres de la vaina cayeron junto con ella. Arturo presenció cómo los 2 gigantes que restaban morían con el amo. Solo quedaba el engendro, el cual era un ente independiente de Gorran.

Kroven dio unos pasos al frente para ayudar a Arturo, sangre goteó de su nariz. Otro hechizo y colapsaría del agotamiento.

Arturo se deslizaba por el aire usando su entorno para cambiar de dirección constantemente. El engendro le perseguía sin descanso para destruirlo. Un chasquido dio nacimiento a una pequeña braza que tocó la frente de la criatura. En ese instante, se incendió quemando todo ese hongo, dejando desnudo al núcleo.

Apunto y disparo una flecha de luz. Sin embargo, un brazo creció al instante con la fuerza para desviar de un golpe al ataque. No tardó en regenerarse y desplegar una cantidad de plumas.

Un engendro divino nace del maná de su invocador. Por lo tanto, hereda las especialidades de hechizos, talentos y resistencias. Gorran fue inteligente al usar los residuos del maná de Viktor y la mujer liberada por Mael.

En ese instante, el engendro disparó una gran cantidad de plumas navaja y flechas. Arturo apenas tocó tierra, saltó hacia atrás con fuerza viendo cómo las flechas y plumas chocaban contra el suelo tratando de acertarle en el aire

—Saquemos a todos de aquí… — Ordenó Kroven levantando a Kont del suelo.

Mael asiente, siguiendo a Velka y Valan. Mientras que Drakmir agarraba al inconsciente Pharagus y lo llevaba por encima del hombro siguiendo a Kroven.

Un fuerte estallido provocó un temblor. Arturo lanzó un golpe que chocó el puño reforzado con las garras astrales del engendro. Abrió los ojos en grande con sorpresa, pero luego sonrió divertido.

—ladder of judgment— pronunció el heraldo a la vez que un potente rayo solar aterrizaba encima de la criatura tratando de incinerarla por completo. El engendro se mostraba persistente mientras se regeneraba del daño constante.

Arturo se comenzó a reír al ver que la criatura se mantenía de pie y cargaba un disparo con un arco astral. —Eres un compañero de juegos muy divertido… —confesó el Heraldo admirando la fortaleza del engendro ―. Empatizo contigo porque fuiste creado para destruir. Considera mi último ataque como un perdón al permitir tu corta existencia… —sonrió delicadamente mientras una de sus manos emitía luz y la otra fuego.

Los conjuros hablados externos le dieron a Arturo sus 3 talentos adicionales. Por defecto, los talentos no pueden convencernos de su uso. Pero Arturo Veyron recitó su propio conjuro hablando para dotarse de esa capacidad. Bajo el cambio de no usar su poder con la malicia de un villano. Es decir, obliga su poder a pertenecer al bien y solo al bien.

—Innate combination: Solgáleo… —cito creando en sus manos una esfera de luz y calor. Un sol en toda su expresión.

Todos miraban desde un lugar seguro el próximo ataque de voluntades. La flecha a máxima potencia contra el sol. Encima de todo el caos. Una ave revoloteaba admirando el combate. Al usar los ojos del alfa, Kroven identificó al ave como un espía. Gorran no se estaba perdiendo del combate.

El engendro lanzó la flecha con toda su potencia mientras Arturo disparaba el Solgáleo con calma. El sol consumió la flecha sin esfuerzo y no se contuvo en llegar a su objetivo.

Solgáleo dejó un hueco en el pecho al engendro mientras la escalera del juicio consumía lo que restaba del cuerpo parasitario. La escalera del juicio se despidió y Solgáleo quedó flotando en el lugar, ya había acabado tu tarea. Arturo se quedó con el brazo extendido manteniendo quieto su ataque.

—también detecto al espía… —Murmuró Kroven viendo como Arturo permanecía callado y quieto.

El brazo desocupado del heraldo señaló al cielo. —que les sirva como advertencia… a ti y a todos los payasos con los que trabajes. Mientras el sol esté en lo más alto. Yo soy el más fuerte y nada apagará mi brillo.

Subió la mano que controlaba al sol para erradicar sin esperar más al ave. El sol estalló provocando un intenso brillo. Que terminó de desintegrar aquel hongo restante de los restos de la aldea.

El silencio permanece mientras la luz sigue resplandeciendo en lo más alto. Todos evitaban mirar la intensidad del brillo de forma directa. Cuando por fin comenzó a apagarse, Kroven y Drakmir dejaron descansar a los agotados Pharagus y Kont en el suelo. Al instante giraron para buscar a aquel trío que les ayudó en la batalla. Los tres estaban tratando de escapar por el bosque.

El 4.º Heraldo giró con calma para dar un simple paso que lo posicionó frente a los tres con una velocidad imperceptible.

—Dije que luego me ocuparía de ustedes… —les aclaró Arturo desenfundando su espada.

—Amigo… por favor, no queremos problemas… —se expresó Valan levantando ambas manos en símbolo de rendición.

—No soy tu amigo, y lo hubieras pensado 2 veces antes de hacerte ese tatuaje… —respondió señalando a su muñeca.

—ya no somos de la secta de Arceus… —Habló Mael

—Claramente, porque no existe… —responde mientras da un paso al frente. Con una mano en el pecho, testea su corazón. —Y lo lamento para ti, resulta que esto es correcto…

—dejamos la secta antes de que la destruyas… —se defendió Valan, alzando aún más ambas manos.

―¡solo queremos vivir en paz!¡dejar todo el pasado atrás! ¡¿Qué te pasa!?—reclamó Velka, muy molesta.

—Cuida tus palabras… —ordenó Arturo a punto de ejecutar un corte. Repentinamente realizo dos contrataques.

Drakmir cayó al suelo desarmado, Arturo por reflejo le dio un golpe en la garganta que le ahogó apenas. Mientras que Kroven estaba sometido en el suelo debajo de la rodilla de Arturo.

―¡¿se puede saber qué haces, Kroven!?

—¡eso te pregunto a ti, Tarado! —refutó Kroven mirándole por detrás de su hombro izquierdo.

―¡esos tres me ayudaron a Kont y a mí! ¿Por qué intentar matarlos? —preguntó Drakmir levantándose del suelo.

―¡Hago mi trabajo!¡estos tres pertenecen a la secta de Arceus! ¡el dios de la maldad y padre de los demonios! —Le respondió soltándolo. Al instante recibió un golpe que lo tiró al suelo.

Arturo se agarró la cara sorprendido. Su resistencia era suficiente para aguantar como si nada golpes normales, pero Kroven dio un golpe que superó esa resistencia. Talento nato “lobo” permitía aumentar velocidad y fuerza, algo que Arturo no esperaba o al menos no había descubierto hasta ahora.

Los tres junto con Drakmir vieron sorprendidos cómo Arturo se levantaba del suelo sujetándose la cara.

—estos tres nos ayudaron contra la Vaina…no habríamos ganado contra la vaina sin ellos… —les defendió Kroven con los ojos carmesí pegando con los ojos dorados de Arturo.

—No entiendes lo que te digo, ¿verdad?

―lo entiendo perfectamente. Y tengo la completa razón al poder decir que… “estás equivocado”.

— No, no lo estoy… —habló Arturo. Con un movimiento rápido golpeo a Kroven para estrellarlo en el suelo y giro para dar un tajo a Valan. Pero repentinamente sintió una punzada en el pecho. Se detuvo en seco y dio un salto hacia atrás para sentirla desaparecer. —Sí, sí lo estoy… ¿Qué carajos?…

Es como si el destino de los tres hubiera cambiado con la intervención de Kroven… —murmuró viendo al estratega levantarse del suelo.

—es interesante… —habló riendo incrédulo. —ok Kroven, tú ganas…

Arturo se giró para ver a Valan y a sus compañeros. Los miró dudoso, pero finalmente sonrió con confianza. ―ustedes tres… hoy les perdono la vida, y si quieren que siga así. Trabajarán con este soquete… —señaló a Kroven. —desperdicien sus dones en algo útil, no en vivir como aldeanos…

Valan miró a Kroven. —No me molestaría… — expresó con una risa seca. —ok, jefe. Lo sigo…

―¿así? ¿Con total confianza? Amor, eres muy imprudente…

—Confío más en la cabeza pálida que en el rubio… —rió Valan. Kroven se miró el cabello, comparando su cabello blando con puntas oscurecidas a negro con el rubio de Arturo.

―¿debería de ofenderme? —preguntó a Drakmir.

—No lo creo —dijo en una carcajada el guerrero.

―¿Por qué cambiaste de opinión tan rápido…? —preguntó al aire Kroven buscando a Arturo, pero este no estaba. —Odio cuando hace eso… hijo de perra…

―yo digo que marchemos de una vez… el mago y tu hermano necesitan asistencia médica… —se expresó Drakmir recogiendo su hacha del suelo.

―tienes razón. Vamos… —habló Kroven caminando con Drakmir detrás.

Mael miró a Valan, quien se encogió de hombros con una gran sonrisa y postró su brazo encima de los hombros de su amada. Ambos caminaron abrazados detrás de Drakmir y Mael.

…

—¿Estás seguro de que no quieres una paga?… —preguntó el Rey Greyrat—. El trabajo se escuchó complicado… además del estado de tu hermano…

—solo quiero un descuento para una casa… nada más…

—Bueno, me parece bien… tengo una casa excelente aquí en la…

―no. —interrumpió Kroven. ―quiero una casa en una aldea pequeña. O al menos un terreno para construir una… no me gusta la ciudad. Solo quiero estar en paz en mis momentos de calma.

—ok… está bien… sí, hay una casa a la venta, está en mal estado, pero puede restaurarse…

―¿a cuánto?…

…

Kroven salió del palacio con un paso lento y calmado, esa expresión fría que tanto lo caracterizaba, pero sus ojos no estaban vacíos. Al menos tenían un brillo humano.

En las escaleras de bajada a la capital le esperaban Drakmir y los nuevos integrantes del grupo. Los cuatro se estaban conociendo a medida que esperaban la llegada del jefe.

—¿Cómo es eso de no tener magia?

—No sé, simplemente no tengo y ya… —se encogió de hombros Valan— todo mundo tiene una parte minúscula que puede entrenar, pero yo directamente no tengo ni una gota de maná.

―yo solo entrene mi maná para practicar el hechizo insignia de mi padre… luego nunca más le di importancia. —le respondió el guerrero.

―yo solo manifiesto venenos y puedo hacerme invisible, pero tampoco destaco en maná —respondió Velka—. Y aun así no soy tan hábil como mi amorcito…

—Yo invoco armas, criaturas y manipulo cuerpos vivos, muertos o inanimados. Nada más… —dijo cortante antes de bostezar.

Los cuatro se giraron al ver a Kroven acercarse con un papel en mano. Drakmir se puso de pie para recibir a su compañero.

—¿Cómo se encuentran Cirnel y Kont? —preguntó Kroven al guerrero.

―Cirnel ya despertó. Está con tu madre y su hermano. ―avisó―. Kont sigue en cama, los médicos dicen que no permitió la suficiente regeneración de maná antes de soltar un cántico de precepto. Tiene rato para dormir…

—eso imaginaba… —habló Kroven bajando la mirada para seguir la escalera ―. Vayamos con Mamá y Cirnel. Más tarde visitaremos a Kont.

―¡claro que sí, Jefe! — exclamó entusiasta Valan.

—No me llames así…

—No prometo nada, jefe…

…

La puerta de la posada se abrió. Cirnel, quien se encontraba sentado con la señora Leonora y Serius. Se puso de pie al ver a Kroven entrar con el resto del grupo.

—Amo… —susurró parándose recto.

—Era innecesario que te pongas de pie… —habló Kroven al hombre—. ¿Cómo te encuentras?

―yo me encuentro bien, Amo… escuche, yo…

—Ya terminamos de trabajar… tenemos una casa nueva. —le habló Kroven a su madre, interrumpiendo a Cirnel dejando los papeles de propiedad sobre la mesa.

—es… ¿es en serio cariño?¿con qué motivo?

—No siempre estaremos viajando y trabajando. Tampoco quiero arrastrarte a todos lados. Cuando quieras, puedes quedarte tranquila rodeada de gente agradable. —Se rasco la nuca, Kroven—. ¿y tú?… ¿Qué harás, Cirnel…?

―¿yo…? ¿qué voy a hacer?…

—El trabajo que le encomendé a Kroven fue para rescatarte, no para obligarte a venir conmigo… —le habló Serius con una dulce sonrisa.

―me disculpo por cómo te hablé en el lago Éclaron. Reduje nuestra relación a cero, para que tu decisión nazca de una perspectiva dividida. No puedo obligarte a venir conmigo, ni tampoco a quedarte con tu hermano.

“—con Gorran en nuestro camino, todo se está tornando peligroso. Kont se puede defender, pero Mamá y Cirnel corren peligro a mi lado.

Cirnel tiene que tomar una decisión, pero si se la pasa llamándome Amo. Hay una dependencia que lo arrastra detrás mío. No soy un peso en la decisión en su vida, todo debe nacer desde su perspectiva… entiendo que le hable mal. Y debo disculparme por eso… pero ahora no. —le habló Kroven a Drakmir. Antes de que marcharan del Lago.

Drakmir solo se quedó en silencio, mirándolo con algo de asombro ante su confesión. Cambiando en un parpadeo toda su perspectiva acerca de él.

—No eres un mal tipo después de todo, supongo…

—Gracias, supongo… —comentó Kroven, levantando su hacha contra el suelo.”

—Aun así… nunca pude evitar que me sigas llamando amo, incluso con ese mal trato. Supongo que no dejas de ser leal. —Habló Kroven a Cirnel ―. No me meteré en tus deseos. Eres hombre libre después de todo…

—Yo… —balbuceó Cirnel. Viendo a Drakmir, a Leonora, luego a sus nuevos compañeros para después ver a su hermano―. Yo conocí a mi familia mucho antes de conocer a mi hermano… lo siento…

Serius al escuchar a Cirnel, bajó la cabeza entristecido. Aun así no perdía esa sonrisa de felicidad. Leonora estaba por hablarle a Kroven, pero su hijo habló primero y mucho más alto.

—Serius… ¿qué planeas hacer ahora? —preguntó Kroven, ganándose la mirada del hermano de Cirnel.

—Bueno… yo… aún no lo tengo decidido.

―¿quisieras trabajo?…

―¿yo…?

—Necesito a alguien que cuide la casa y le haga compañía a mi madre cuando decida no acompañarnos. También puedes acompañarnos en nuestros trabajos y ganar algo de dinero extra… Cualquier decisión nos beneficia a ambos…

―pero… ¿Por qué?

―aunque crea no poder sentir ese dolor, sé cómo debe sentirse perder o distanciarse de tu hermano. Y no quiero que nosotros seamos los responsables de tu dolor. Te dejo la puerta abierta para que ese dolor no recaiga en ti por decisión de tu hermano…

Desvió la mirada y tapó el rostro con el brazo, rascándose discretamente. Serius estaba sonriendo y derramando lágrimas de alivio. Él sí quería poder compartir con su hermano, y su anterior salvador lo estaba salvando por segunda vez. El “acepto” fue lento, pero instantáneo. Kroven solo asintió con compasión.

Tras la batalla de Arturo contra el engendro divino. Sucedieron cosas buenas y malas para el caso de Gorran. Un mes después del ataque de Gorran, Arturo aniquiló a un mago con aquella magia de esporas. Aunque todo apuntaba a que los ataques eran causados por un imitador, el caso quedó abierto.

Los ataques se detuvieron definitivamente; el mensaje de Arturo dejó en claro que él era insuperable por el momento.

El rey Greyrat declaró que el conflicto escaló a mayores por culpa de la intervención de Arturo, quien alimentó el nacimiento del tallo.

Se realizó una ceremonia para honrar a las víctimas y los sobrevivientes a la catástrofe se encargaron de la reconstrucción de la aldea.

Por pedido directo de Kroven, Tharvella no consolidó al grupo como héroes. Sin embargo, tiempo después la reputación y popularidad de los mercenarios crecieron. Si se le pedía algo directamente a Kroven o a los mercenarios, el cobro dependía de la dificultad. Pero si la situación era grave para la sociedad o una persona en específico, actúan por deber.

Dicha decisión los hizo ser queridos por el continente. Una moralidad gris que beneficia a la gente de alguna u otra forma.

Kroven volvió a los estudios, no por obligación o deber, por curiosidad. Queriendo ampliar su poder. Tras mejorar en su control de la magia Flux, logrando alcanzar hasta el nivel 10. Sus talentos lograron alcanzar un rendimiento normal. Medio segundo bastaba para ejecutar partición o descomposición. Además de aprender varias cosas acerca de la magia, encantamientos y combate.

Cirnel con la ayuda de Altharion aprendió el concepto de la magia de inventarios. Descubriendo la particularidad de que el sujeto no siente el peso de lo que almacena. Ese don tan peculiar y la habilidad de lanzamientos que posee, Cirnel se convirtió en el arsenal de sus aliados.

Serius se dedicó a practicar con el arco, aunque no suele ir de viaje con los mercenarios, no se permite ser un delicado sirviente en esos transcursos que le pueden costar la vida a alguien.

…

[Año 203]

—¡¿Qué es todo ese escándalo?! ¿Elyra? —preguntó una muchacha levantándose de la cama y asomándose a la ventana, viendo un montón de personas reunidas saludando la llegada de un grupo desconocido.

—¿Elyra? —repitió la muchacha bajando las escaleras para encontrarse a su compañera sirviéndose un té.

―oh, Buenos días, Nahia… ¿Qué pasa?

—¿Por qué hay un escándalo allí fuera? ¿Quién llegó?

—no lo sé… pero parece gente importante… supongo que es el 4to heraldo…

―¿desde cuándo la gente se muere por ver a Veyron?

—Siempre desprecias al señor Arturo, incluso cuando es tu cliente más generoso.

—No me gusta su actitud arrogante… —responde haciendo puchero la muchacha. —El desgraciado me compra por amabilidad, no por necesidad. Su estúpida espada le da Maná. Se cree que no tengo clientes… —se defiende mirando por la ventana.

—Me parece un sujeto muy agradable… —se ríe Elyra. —Es una lástima que sea considerado como una verdad incómoda acerca del poder…

—Sí, sí… no usar tu poder para beneficio propio. Me da igual… ¿Quiénes son los que llegaron? —preguntó tratando de ver por la ventana, pero la multitud de la calle actuaba como cortina.

Gritos de admiración nacían de un grupo de muchachas en la calle.

―alguien guapo debe ser… para volver locas a un grupo tan numeroso de mujeres. —Sonrió juguetonamente Elyra.

―logro ver la cabeza de un tipo, diablos. Debe medir unos dos metros. Ah, mira, hay 2 albinos también…

…

—Te dije que no gritaras al llegar… —regañó Kroven a Kont mientras caminaban entre la multitud. Apretaba la mandíbula con fastidio ante los gritos de las mujeres.

—No pude evitarlo… mira, ¡somos famosos! —exclamó alegre de la atención. Pero aprecio a las mujeres que admiraban a Kroven —Aunque estoy celoso de que las mujeres te miren a ti… ¡se supone que somos iguales!

—Para nada… —interrumpió Valan.

―tienes cara de mocoso…—agregó Drakmir

―pero tengo 20 años… —se defendió Kont —soy un adulto…

—un adulto con cara de adolescente. —respondió Drakmir burlonamente.

—¿Quién podría resistirse al jefe? Cabello blanco, músculos escondidos bajo esa túnica, ojos carmesí que te queman hasta el alma y esa cicatriz que da un toque varonil y rudo… es muy atractivo. —argumentó Valan, minimizando a Kont de forma juguetona

—silencio… — Ordenó fastidiado Kroven. —¿Dónde están Velka y los otros dos?

—Cirnel y Mael acompañaron a Velka a comprar el almuerzo. Dijeron que nos encontráramos en la plaza central. —respondió Kont con ambas manos en la nuca.

―vayamos a ver qué quiere el rey de una vez…

…

—Rechazaste el trabajo… —Murmuró Kont sorprendido viendo la cara de molestia de su hermano.

—Ese trabajo ya está hecho… aún no sabían que matamos a los osos del norte.

―Pudiste haberle cobrado por hacerlo… —se queja Valan ―a fin de cuentas trabajamos gratis…

―los osos habían acabado con la vida de 3 cazadores, el sustento de la aldea era la carne que cazaban. No podemos cobrarle a una aldea que sufría por culpa de los osos. —respondió Kroven relajando sus gestos. —Me molesta más el hecho de caminar hasta aquí que el trabajo que quería encomendarnos…

―¿y ahora?… —preguntó Drakmir viendo a Kroven pasar a su lado, para luego seguirle por detrás.

—Busquemos a Velka y a los otros dos, almorcemos y volvamos a casa… Son casi 50 días de caminata a casa… Estuve pensando en comprar un carruaje y dos caballos…

—Es cierto, ya va más de un mes que no vemos a mamá… es una lástima, la gente de Crozia me parecía agradable… —suspiro Kont con ambas manos sobre su nuca.

—Ey… esto de ser famoso se te está subiendo… no quiero ser malo, pero tus hazañas son inventadas. —Hasta que no sepas moverte en una pelea, no puedes alardear… —sermoneó Drakmir.

―para tu información, mate a uno de los osos…

—También te escondiste detrás de Cirnel cuando nos emboscaron bandidos. —Agrego burlonamente, Valan.

—Son dos situaciones muy distintas… —se defendió el Paladín, apreciando cómo sus compañeros seguían caminando.

―¿Kont? ¿Kont Vermeer? —pregunto la voz de una muchacha.

—¿Quién habla? —preguntó girándose. Sin prestar atención a que se quedó atrás.

—Nahia, ¿Por qué molestas al joven turista?¿no ves que estaba ocupado?

―no, Elyra. ¡Verás… yo lo conozco! —dijo la muchacha emocionándose mientras señalaba al paladín con el dedo.

―¿me conoces?

—¿lo conoces?…

—Sí, sí… verás… ¡él es mi cuñado! —dijo ella dando saltitos de alegría.

―¡¿cuñado!? — exclamaron a la vez Elyra y Kont.

—Perdóname, pero no te conozco… tampoco puedo permitir que acerques de esa forma a mí y a mi hermano… —habló Kont alejándose de Nahia discretamente. —Haremos de cuenta que esto no pasó…

—Tarado, Soy Nahia Laner. Nos conocemos desde pequeños en Volendam. Tu padre era el jefe, y yo me mudé por temas académicos y trabajo.

—reconozco que me suena el nombre…

—¡están aquí por algo, ¿verdad?! ¡¿Kroven vino a cumplir su promesa?! —le interrogo a Nahia con emoción.

―¿promesa?… ―preguntó tembloroso el menor ―¿Cuál promesa…? ―

—Te llamo “cuñado”, si no se te hace obvio, entonces eres un idiota… —le susurro Elyra al oído.

—¡Kroven prometió que se casaría conmigo! —exclamó Nahia emocionada.

Elyra y Kont se mostraron incómodos y algo asqueados ante la revelación.

—veras… — habló Kont sintiéndose muy incómodo. —Kroven ni se acuerda de esa promesa… han pasado cosas más importantes que esa promesa de matrimonio que mencionas…

—Por favor, ¿qué podría ser más importante que su futura esposa?…

…

—ya veo… —murmuró ella con la voz quebrada luego de que se le contara todo lo sucedido, Kont y las dos chicas estaban sentados en una banca —. Lo siento mucho… Dios mío, me siento como una niña molesta…

―de hecho, lo eres. ¿Quién se pone así por una promesa que se hizo desde los siete años? —comentó burlonamente Elyra.

―elyra, tenme más piedad… no esperaba enterarme que mi pueblo natal no existe…

—Pasaron siete años desde que Volendam dejó de ser la misma. —comentó Kont con calma. —No podemos vivir en el pasado…

Nahia sonrió al escuchar a Kont tan calmado.

—Me concentré tanto en la promesa del pasado que olvidé preguntarle al pequeño Kont cómo ha estado…

―¡¿“pequeño”?!—repitió ofendido Kont ―¡Escúchame enana, soy tu superior!¡más te vale respetarme!

―¿¡“enana”?! ¡soy mayor que tú!

―¡en estatura te quedas corta!

La gente comenzó a gritar y a balbucear con confusión e incertidumbre. Echándose la culpa entre ellos por la presunta desaparición de sus monederos.

Kont se puso de pie confundido, viendo todo el alboroto. En un instante, se llevó la mano a los bolsillos atrapando el brazo de un sujeto. Ambos se miraron entre sí sorprendidos el uno del otro.

―Qué rápido… —balbuceó el menor

—Que reflejos… —soltó tragando saliva el sujeto. —Un momento… es uno de los turistas. — habló bajo el sujeto, soltándose al dar un puñetazo en el estómago a Kont.

—Golpeo la armadura… —balbuceó el paladín sin sentir dolor.

—Eres de esos mercenarios famosos, ¿verdad? —preguntó el ladrón apareciendo sobre la rama de un árbol en la plaza. ―el paladín, Kont. ¿cierto?…

—y tú eres… ¿un ladrón ordinario?…

―¡no por mucho!

La gente, al darse cuenta de quién era el responsable de los robos, se despejó la plaza para dar espacio a la pelea de Kont contra el ladrón.

«mierda… esto es serio… ¿hay algún arma?» analizó Kont al sujeto. «no… estoy bien… puedo ganar.»

—Nahia y la otra… denme espacio… —pidió Kont alzando los puños. —Mis armas se las dejé a Cirnel, solo tengo una daga básica. —balbuceó él.

―¿espacio? —preguntó una voz detrás de su oído. Nahia y Elyra tensaron su mirar al ver al tipo detrás de él…

«Me pareció escuchar un susurro… es magia… ¿magia de velocidad?» se preguntó para después sentir 3 puñetazos a su espalda y una patada que lo estampó de cara contra el árbol.

Otro susurro se escuchó y, antes de que Elyra y Nahia reaccionaran en defensa de Kont. El tipo desapareció al instante. —recita hechizos… —habló Kont, a la vez que recitaba su propio hechizo. Rápidamente comenzaron a caer varias flechas de luz que el ladrón eludió como si nada gracias a su velocidad.

—Tras recitar el hechizo, el efecto debe de tener un límite… —analizo mientras seguía forzando la caída de flechas. —Sus golpes son centrados en la armadura, además de que son normales y no duelen. Debería cuidarme de los golpes que podría dar a alta velocidad.

Un estallido sónico provocó un zumbido agudo en su oído. Seguido de un hilo de sangre que cae desde el interior. —Mi tímpano… —susurro, agarrándome el oído, para luego recibir un arrastre que me lleva hasta golpear el árbol.

Una botella de vidrio se rompió en el suelo, provocando un estallido de hielo que golpeó a Vélor. Habían interrumpido el proceso de su magia, reiniciando el ciclo de velocidad.

—¿Qué diablos fue eso? —preguntó Kont separándose del árbol.

—una poción de reacciones automáticas. —respondió Nahia, mientras Elyra acercándose a él, lista para atenderlo. Pero queda sorprendida al ver que Kont se curó del oído como si nada.

Vélor saco de su bolsillo un cuchillo de cubierto. Kont reaccionó apuntándole con las manos. Con solo herir las piernas, ganaría.

El ladrón estaba por susurrar su hechizo. Pero sintió la eminencia de dos ojos carmesí mirándole. Miro fijamente a Kont, quien poseía esos ojos. Como reflejo, pensó en matarlo de inmediato.

Nahia y Elyra se quedaron paralizadas al sentir también una emanación de maná. Tan fría como una noche iluminada únicamente por la luna.

―¿se puede saber qué está pasando? —interrumpió la voz grave.

Kont se giró como si nada, sonriendo con calma. —Estaba a punto de detener a un ladrón —dijo. Disparando la flecha de luz sin previo aviso al ladrón en la rodilla. Para luego girarse a ver a Kroven.

—hubieras avisado que te apartarías… — hablo sin sacarse las manos de los bolsillos. ―¿situación?

—resuelta… —sonrió Kont, viendo cómo el ladrón se retenía el sangrado de la rodilla.

―¡no! —exclamó el ladrón, comenzando a correr a alta velocidad tras un susurro y una runa diminuta.

Kroven siguió la presa sin sacar la mano de sus bolsillos. Fue este el último segundo en el que decidió sacar la mano izquierda para lanzar un puñetazo a un punto específico. Sus nudillos golpearon la mandíbula del ladrón con tal rudeza que lo sentó en el suelo.

—resuelta… — repitió Kroven palmeando la espalda de su hermano. — Velka compró carne de cerdo para almorzar. Te estábamos esperando…

Kont apreció la rodilla del ladrón, notando que se había sanado a sí mismo. En sus bolsillos había pergaminos predibujados.

―¿no deberíamos esperar a que los guardias lleguen?… —preguntó Kont viendo cómo el ladrón quedó inconsciente estando sentado.

—No es mi problema… además. Si escapa, lo encontraré… —respondió Kroven, haciendo énfasis en sus ojos. —Vamos, tengo que llenar el estómago… —ordenó mientras pasaba por el frente de Nahia y Elyra.

Los ojos carmesí se giraron para ver el estallido de hielo. Lo analizo por un momento. Se giró para ver a las chicas.

—No nos haremos cargo de eso… — señalo al hielo.

Ambas bajaron la cabeza aterrorizadas. —Nahia, tu novio nos está regañando…

—No es el chico al que conocía… —le respondió aterrorizada Nahia ―¡es mi culpa! ¡Discúlpeme, me encargaré de limpiarlo yo!

Un puño golpeó la espalda de Kroven, pero ni lo movió.

—Debí golpearte más fuerte… —habló Kroven al Ladrón.

―Mierda… —suspiro arrepentido el ladrón antes de que Kroven le entierre la cabeza en el suelo con un único puñetazo.

Los guardias llegaron, viendo cómo el ladrón había sido detenido. Un gesto con la cabeza del soldado al mando les bastó como agradecimiento.

—Vamos… —dijo al ver que ya todo estaba controlado.

Kont se giró para ver a las chicas. —Chica a la cual no conozco y Nahia. ¿quieren almorzar con nosotros?… —preguntó.

―bueno… yo…―balbuceó incomoda al ver que se giró para ver confundido a Kont. No pudo decir nada más al sentir las manos de Elyra en su espalda, empujándola para que ambas siguieran a los hermanos.

…

La puerta de la posada se abrió, la gente se giró para ver la presencia de Kroven. Valan alzó la cabeza para ver entrar a los hermanos.

―¡ah! ¡por fin llegó el jefe y! ¿¡y adoptaron a dos mocosas más!? Mi capitán no pierde el tiempo… ―comentó burlonamente Valan.

—Deja las estupideces, son amigas de Kont.

―hola… — saludo débilmente Nahia mientras sacudía la mano.

―ella se llama Nahia, y a la otra no la conozco. La invité por amabilidad. —Presentó Kont.

—Me llamo Elyra… —dijo entre dientes la chica mientras saludaba con la mano.

—Solo compré comida para nosotros, no pensé que traerían invitados… — dijo algo decepcionada Velka de sí misma.

—Hay solo una chica en este grupo… —le susurró Nahia a Elyra.

—No te hagas mala sangre aún… —recomendó su amiga. Tras quedar en silencio un rato. ¿Por qué estamos teniendo esta conversación? ¿qué planeas?

―¿yo? Nada… aún… ―

«Nahia y yo nos solemos desvelar leyendo novelas e historias cortas… ella se suele sumergir en las historias y sacar a relucir sus fantasías, ¡las posibilidades de que Nahia salga con alguna estupidez son muy altas!»

—Descuida, cariño… se compra más y ya… —respondió Valan mientras se ponía de pie y desenfundaba su monedero. Apretando el saco vacío. En segundos su cara se tornó roja.

—Ese vicio pega fuerte, ¿eh?… ¿Cuántas monedas gastaste en eso?… —se burló Drakmir

—El día que pruebes los caramelos de miel, me hablas… —le responde.

(Valan tiene la costumbre de gastar todas sus monedas de cobre en caramelos de miel.) Posee una adicción a ese dulce.

—Tienes un problema muy grave… —cuestionó Kroven dejando caer su saco en la mesa rebalsado de monedas.

(por otro lado, Kroven solo gasta en cosas de utilidad.) Toda la fortuna que posee el grupo recae en su bolsillo y su incesante necesidad de comprar cosas.

Nahia y Elyra abrieron los ojos ante el gesto de Kroven.

—Nosotras podemos pagar lo nuestro… —avisó Elyra por si acaso.

―Kont las invito. Sería muy grosero de nuestra parte hacerles gastar o cobrarles… —habló Kroven con calma—. Además, todo sale del bolsillo de Kont.

―¡¿mi bolsillo!?

—cómo lo decía mi abuelo… el que invita paga… —se rió Mael pasándole un saco de monedas a Valan. Kont se agarró los bolsillos dándose cuenta de que ya le había robado.

—Valan, si veo que regresas con caramelos, te juro que te golpeo…

—como digas, mocoso…

—Si es un caballero después de todo… —susurró Nahia. Mientras se sentaban en la mesa. Sentándose en una punta, al lado de Kont y Elyra.

―es la primera vez que venimos a Crozia. ¿Cómo se conocen ustedes tres?… ―preguntó Drakmir. —¿O ya habían venido antes?

―no, nunca vinimos antes… —respondió Kont.

―yo antes vivía en la misma aldea que Kont y Kroven. —explicó Nahia entrelazando sus dedos con vergüenza.

―ella es la prometida de Kroven… —habló Kont en alto. Provocando un silencio rotundo, incluso en el propio Kroven.

—¿Qué?… —preguntó Kroven frunciendo el ceño. La vena de su frente se hincha como siempre. Kont se encogió en su silla al sentir la mirada carmesí de su hermano.

Nahia se quedó roja al ser expuesta de esa forma. La mirada de todos estaba fija en ella. Como si le estuvieran juzgando, ella miró a Kroven, quien ni siquiera le estaba dirigiendo la mirada. Estaba muy ocupado mostrando su disgusto a su hermano menor.

En su cabeza, todos la estaban juzgando por ser la “prometida” de alguien apuesto como lo es Kroven. Alguien que tuvo más batallas que años de vida. Alguien se volvió arma y luego en un héroe sombrío.

Esa era la narrativa que se estaba montando en su cabeza. En realidad, todos estaban incrédulos. ¿Cómo alguien como Kroven podría tener una prometida? El simple hecho de imaginarse a Kroven proponiendo matrimonio hizo que Drakmir no pudiera más y partiera en carcajadas delante de todos.

—El simple hecho de imaginar al jefe ofreciendo una sortija me da risa… —dijo en carcajadas Valan, uniéndose a las risas de Drakmir.

—Kroven es alguien muy cerrado emocionalmente, imaginarlo enamorado es difícil —mencionó Mael secándose una lágrima de tanta risa.

—Ya estuvo buena la broma… —Hablo con fastidio Kroven —. Kont, discúlpate con la chica por la vergüenza que le causaste…

—¿Al menos la recuerdas a ella? —preguntó Elyra a Kroven. Provocando un silencio rotundo. Ahora las miradas estaban fijas en el jefe.

—momento… ¿no era broma? —balbuceó Cirnel asombrado. —¿En serio tiene una prometida?

―yo no tengo una prometida, es la primera vez que veo a estas chicas. Es todo una broma de… —Kroven miró a Kont, pero al verlo encogerse de hombros, como si no supiera de lo que hablaba. Le provoco un pequeño replanteo.

―¿de dónde dijeron que son? ―pregunto sin apartar los ojos de la mesa

—Yo soy nativa de aquí… —habló Elyra, mirando seriamente a Kroven.

—Pero yo soy de Volendam, Holganä…

—Volendam, dejo de…

—ya lo sé… Kont me lo contó…

—Toda la gente de ahí murió, solo sobrevivimos tres, y dos de ellas están aquí presentes y la tercera está en mi casa en Tharvella. ¿Cómo sostiene tu argumento?

—desde antes… antes de lo que tú mencionas… tú tenías 7 años, yo cerca de cumplirlos… y Kont había cumplido los 6…

«Me sumergí tanto en mis fantasías, que ahora me siento una estúpida. ¿Por qué no seguí con mi vida en lugar de fantasear? ¡¿Qué demonios me iba a asegurar que se cumpliría?! Nada aseguraba que me buscaría, pero aquí está. Ni siquiera me recuerda… qué cruel es el destino»

―¿no recuerdas nada?

—nada más allá de mis 9 años…

—Me mudé por temas académicos.

—Espero que te haya ido bien…

―soy la alquimista menos exitosa de aquí, me sostengo gracias a la colaboración con Elyra, quien es una médica santa.

—mejor que mucha gente que conozco… ¿qué tiene que ver eso con nuestra infancia?

—jugábamos a que el té era una poción por el simple hecho de mezclar hierbas secas con agua caliente…

—¿Al menos recuerdas nuestra promesa?

―¿Promesa?…

—Prometiste que te casarías conmigo si nos encontrábamos. A la semana me mudé de la aldea hasta aquí.

—Era un niño…

―pero eras tú… —

Kroven abrió los ojos sorprendido al escuchar a Nahia.

—Escucha, no me puedo molestar por el simple hecho de una promesa sin cumplir. Estoy al tanto de todo lo que pasaron. Pero me duele recordar a quien alguna vez fue mi amigo. Y ver a quién sea que eres ahora…

—Ey… —interrumpió molesto Valan al ponerse de pie. —Comprendo tu dolor, pero tratar como bicho raro a mi jefe no tiene perdón… —se expresó con el ceño fruncido

—Yo no conocí a Kroven en su etapa de mocoso, pero puedo jurar que era igual de leal que el de ahora… —habló Drakmir.

—para ser su amiga de la infancia. Tratarlo como desconocido es una falta de respeto… ―habló Velka.

—Basta… —habló Kroven, mientras se ponía de pie. No estaba molesto. Su expresión facial seguía igual. Camino hasta la puerta y salió de la posada con la mano agarrándose la nuca.

Todos se quedaron asombrados ante ese comportamiento, a pesar de verse siempre igual. Parecía reflexivo.

—Voy yo… —les aviso Kont, poniéndose de pie y caminando detrás de Kroven. Dejando a Nahia y a Elyra bajo la mirada incómoda de los mercenarios.

Kont salió afuera y vio a Kroven con los codos apoyados en el borde de un puente. Lentamente se acercó por detrás, colocándose a su lado.

—La comida de hoy estaba amarga…

—Ya lo sé… siempre lo está. A la ensalada de hoy le faltaba sal… —le respondió Kont tranquilo.

Mientras Kroven apreciaba el agua gris. Kont se colocó de espaldas al lago con la cabeza mirando hacia el frente. Apreciando al cielo azul. Los ojos carmesí del menos se fijaron en cierta persona mientras escuchaba a su hermano.

—antes no podía ver colores… creí que me había vuelto daltónico… pero hace poco empecé a ver el rojo… — se expresó Kroven. Kont abrió los ojos en grande al escucharlo. —puedo ver el color de tus ojos… son rojos, como los de Papá…

Una sonrisa se dibujó en los labios de su hermano menor. —Tú también… de entre los dos, eres el más parecido a él.

—veo ese color en las manzanas, en los tomates, en la carne, en la sangre… en las heridas… no logro distinguir si es un color hermoso o un color extremadamente grotesco… la línea se torna borrosa. Y no logro distinguir si quiero seguir viéndolo o nunca más…

—ya veo… —respondió Kont, bajando la mirada apenado.

—¿cambie mucho?… hablo… de antes hasta ahora…

—Sí… mucho. Pero si tanto te preocupa, puedo afirmar que no eres un monstruo… Cirnel dio una descripción muy acertada de ti. Eres un tipo dulce bajo una cáscara amarga. Tu actitud cambió, pero tus acciones siguen siendo Kroven… haces lo necesario cuando es necesario. Te pones los pantalones cuando nadie más lo hace…

—Esa es mi maldición… y mi única bendición. Un peso constante que me mueve con la inercia. Es difícil de explicarlo, pero está ahí… anclándome a lo que siento que debo ser…

—Nuestra maldición… recuerda que no estás solo, por algo no te abandonamos. Por algo te seguimos. ¿sabes por qué la gente te ama? Eres como la luna en una noche oscura, lo único que nos guía es ella. La única que da una luz tenue. Una luz que no te lastima, sino que te acompaña…

—Quiero volver…

―¿a la posada?

—No… quiero volver a ver todos los colores, las luces y sentir los sabores… Extraño la comida de mamá, extraño sentir la tensión de una carcajada en mi garganta. No quiero ser una cáscara amarga… quiero… sentir.

—tendrás que esforzarte más… no por nosotros, sino por ti. Vienes avanzando, hermano, antes daba miedo verte a los ojos. Por lo menos recuperaste ese brillo en los ojos…

Kroven vio en su visión periférica cómo Nahia se sentaba a su otro lado, ella y Kont miraban al cielo, mientras él miraba al lago seguir su corriente.

—Perdón… —se disculpó.

—no es…

— …es egoísta extrañar a un niño cuando quien está delante de ti es un verdadero adulto… ―interrumpió —Mi papá alguna vez dijo que el responsable siempre es el más fuerte. Eres muy responsable, Kroven. Quisiera conocerte… conocer al hombre detrás de la cáscara…

―nos vamos esta noche… —le aclaró Kroven.

—Me… ¿estás rechazando en tu equipo?… —preguntó ella ladeando la cabeza.

Kroven abrió los ojos sorprendido ante la pregunta. Abrió apenas los labios.

—en ese caso. Bienvenida…

…

[varios meses después, junio del año 204 – el presente]

…

―¿el amo todavía no despierta? —preguntó Cirnel levantando el trasero del trono. Apreciando la fogata donde Leonora estaba preparando el desayuno.

—Kroven dijo que haría guardia toda la noche… déjenlo dormir. Conociéndolo, no habrá dormido nada… ―habló Drakmir.

—sigo preguntándome… ¿Por qué dormir en medio del bosque?… —preguntó Valan con la espalda pegada en el césped, mientras que Velka reposaba la cabeza en su costado.

—Había bandidos reportados en la zona… claramente fuimos cautelosos al dormir lejos del camino principal. —explicó Elyra mientras le servía un plato de desayuno al somnoliento Kont.

—por eso estoy preguntando… ¿Por qué escondernos si nos cuida el jefe?… ―

―porque Kroven tampoco es idiota… —remató Mael

―hablando de bandidos… chicos… —llamó Nahia, señalando el camino de roca el cual se encontraba en la distancia. Bandidos asaltaban el carruaje de un mercader.

—Es hora de la rutina matutina… —se rió Drakmir levantando su hacha de suelo y caminando hasta el conflicto.

—Te apoyo… —dijo Valan levantándose acompañado de Velka. —Nahia, Elyra… cuiden de Leonora y Kroven. No despierten al jefe… nosotros haremos el trabajo…—le informó Valan, mientras los mercenarios marchaban al deber.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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