El estratega de Plata - Capítulo 37
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Capítulo 37: una promesa olvidada.
Tras la batalla de Arturo contra el engendro divino. Sucedieron cosas buenas y malas para el caso de Gorran. Un mes después del ataque de Gorran, Arturo aniquiló a un mago con aquella magia de esporas. Aunque todo apuntaba a que los ataques eran causados por un imitador, el caso quedó abierto.
Los ataques se detuvieron definitivamente; el mensaje de Arturo dejó en claro que él era insuperable por el momento.
El rey Greyrat declaró que el conflicto escaló a mayores por culpa de la intervención de Arturo, quien alimentó el nacimiento del tallo.
Se realizó una ceremonia para honrar a las víctimas y los sobrevivientes a la catástrofe se encargaron de la reconstrucción de la aldea.
Por pedido directo de Kroven, Tharvella no consolidó al grupo como héroes. Sin embargo, tiempo después la reputación y popularidad de los mercenarios crecieron. Si se le pedía algo directamente a Kroven o a los mercenarios, el cobro dependía de la dificultad. Pero si la situación era grave para la sociedad o una persona en específico, actúan por deber.
Dicha decisión los hizo ser queridos por el continente. Una moralidad gris que beneficia a la gente de alguna u otra forma.
Kroven volvió a los estudios, no por obligación o deber, por curiosidad. Queriendo ampliar su poder. Tras mejorar en su control de la magia Flux, logrando alcanzar hasta el nivel 10. Sus talentos lograron alcanzar un rendimiento normal. Medio segundo bastaba para ejecutar partición o descomposición. Además de aprender varias cosas acerca de la magia, encantamientos y combate.
Cirnel con la ayuda de Altharion aprendió el concepto de la magia de inventarios. Descubriendo la particularidad de que el sujeto no siente el peso de lo que almacena. Ese don tan peculiar y la habilidad de lanzamientos que posee, Cirnel se convirtió en el arsenal de sus aliados.
Serius se dedicó a practicar con el arco, aunque no suele ir de viaje con los mercenarios, no se permite ser un delicado sirviente en esos transcursos que le pueden costar la vida a alguien.
…
[Año 203]
—¡¿Qué es todo ese escándalo?! ¿Elyra? —preguntó una muchacha levantándose de la cama y asomándose a la ventana, viendo un montón de personas reunidas saludando la llegada de un grupo desconocido.
—¿Elyra? —repitió la muchacha bajando las escaleras para encontrarse a su compañera sirviéndose un té.
―oh, Buenos días, Nahia… ¿Qué pasa?
—¿Por qué hay un escándalo allí fuera? ¿Quién llegó?
—no lo sé… pero parece gente importante… supongo que es el 4to heraldo…
―¿desde cuándo la gente se muere por ver a Veyron?
—Siempre desprecias al señor Arturo, incluso cuando es tu cliente más generoso.
—No me gusta su actitud arrogante… —responde haciendo puchero la muchacha. —El desgraciado me compra por amabilidad, no por necesidad. Su estúpida espada le da Maná. Se cree que no tengo clientes… —se defiende mirando por la ventana.
—Me parece un sujeto muy agradable… —se ríe Elyra. —Es una lástima que sea considerado como una verdad incómoda acerca del poder…
—Sí, sí… no usar tu poder para beneficio propio. Me da igual… ¿Quiénes son los que llegaron? —preguntó tratando de ver por la ventana, pero la multitud de la calle actuaba como cortina.
Gritos de admiración nacían de un grupo de muchachas en la calle.
―alguien guapo debe ser… para volver locas a un grupo tan numeroso de mujeres. —Sonrió juguetonamente Elyra.
―logro ver la cabeza de un tipo, diablos. Debe medir unos dos metros. Ah, mira, hay 2 albinos también…
…
—Te dije que no gritaras al llegar… —regañó Kroven a Kont mientras caminaban entre la multitud. Apretaba la mandíbula con fastidio ante los gritos de las mujeres.
—No pude evitarlo… mira, ¡somos famosos! —exclamó alegre de la atención. Pero aprecio a las mujeres que admiraban a Kroven —Aunque estoy celoso de que las mujeres te miren a ti… ¡se supone que somos iguales!
—Para nada… —interrumpió Valan.
―tienes cara de mocoso…—agregó Drakmir
―pero tengo 20 años… —se defendió Kont —soy un adulto…
—un adulto con cara de adolescente. —respondió Drakmir burlonamente.
—¿Quién podría resistirse al jefe? Cabello blanco, músculos escondidos bajo esa túnica, ojos carmesí que te queman hasta el alma y esa cicatriz que da un toque varonil y rudo… es muy atractivo. —argumentó Valan, minimizando a Kont de forma juguetona
—silencio… — Ordenó fastidiado Kroven. —¿Dónde están Velka y los otros dos?
—Cirnel y Mael acompañaron a Velka a comprar el almuerzo. Dijeron que nos encontráramos en la plaza central. —respondió Kont con ambas manos en la nuca.
―vayamos a ver qué quiere el rey de una vez…
…
—Rechazaste el trabajo… —Murmuró Kont sorprendido viendo la cara de molestia de su hermano.
—Ese trabajo ya está hecho… aún no sabían que matamos a los osos del norte.
―Pudiste haberle cobrado por hacerlo… —se queja Valan ―a fin de cuentas trabajamos gratis…
―los osos habían acabado con la vida de 3 cazadores, el sustento de la aldea era la carne que cazaban. No podemos cobrarle a una aldea que sufría por culpa de los osos. —respondió Kroven relajando sus gestos. —Me molesta más el hecho de caminar hasta aquí que el trabajo que quería encomendarnos…
―¿y ahora?… —preguntó Drakmir viendo a Kroven pasar a su lado, para luego seguirle por detrás.
—Busquemos a Velka y a los otros dos, almorcemos y volvamos a casa… Son casi 50 días de caminata a casa… Estuve pensando en comprar un carruaje y dos caballos…
—Es cierto, ya va más de un mes que no vemos a mamá… es una lástima, la gente de Crozia me parecía agradable… —suspiro Kont con ambas manos sobre su nuca.
—Ey… esto de ser famoso se te está subiendo… no quiero ser malo, pero tus hazañas son inventadas. —Hasta que no sepas moverte en una pelea, no puedes alardear… —sermoneó Drakmir.
―para tu información, mate a uno de los osos…
—También te escondiste detrás de Cirnel cuando nos emboscaron bandidos. —Agrego burlonamente, Valan.
—Son dos situaciones muy distintas… —se defendió el Paladín, apreciando cómo sus compañeros seguían caminando.
―¿Kont? ¿Kont Vermeer? —pregunto la voz de una muchacha.
—¿Quién habla? —preguntó girándose. Sin prestar atención a que se quedó atrás.
—Nahia, ¿Por qué molestas al joven turista?¿no ves que estaba ocupado?
―no, Elyra. ¡Verás… yo lo conozco! —dijo la muchacha emocionándose mientras señalaba al paladín con el dedo.
―¿me conoces?
—¿lo conoces?…
—Sí, sí… verás… ¡él es mi cuñado! —dijo ella dando saltitos de alegría.
―¡¿cuñado!? — exclamaron a la vez Elyra y Kont.
—Perdóname, pero no te conozco… tampoco puedo permitir que acerques de esa forma a mí y a mi hermano… —habló Kont alejándose de Nahia discretamente. —Haremos de cuenta que esto no pasó…
—Tarado, Soy Nahia Laner. Nos conocemos desde pequeños en Volendam. Tu padre era el jefe, y yo me mudé por temas académicos y trabajo.
—reconozco que me suena el nombre…
—¡están aquí por algo, ¿verdad?! ¡¿Kroven vino a cumplir su promesa?! —le interrogo a Nahia con emoción.
―¿promesa?… ―preguntó tembloroso el menor ―¿Cuál promesa…? ―
—Te llamo “cuñado”, si no se te hace obvio, entonces eres un idiota… —le susurro Elyra al oído.
—¡Kroven prometió que se casaría conmigo! —exclamó Nahia emocionada.
Elyra y Kont se mostraron incómodos y algo asqueados ante la revelación.
—veras… — habló Kont sintiéndose muy incómodo. —Kroven ni se acuerda de esa promesa… han pasado cosas más importantes que esa promesa de matrimonio que mencionas…
—Por favor, ¿qué podría ser más importante que su futura esposa?…
…
—ya veo… —murmuró ella con la voz quebrada luego de que se le contara todo lo sucedido, Kont y las dos chicas estaban sentados en una banca —. Lo siento mucho… Dios mío, me siento como una niña molesta…
―de hecho, lo eres. ¿Quién se pone así por una promesa que se hizo desde los siete años? —comentó burlonamente Elyra.
―elyra, tenme más piedad… no esperaba enterarme que mi pueblo natal no existe…
—Pasaron siete años desde que Volendam dejó de ser la misma. —comentó Kont con calma. —No podemos vivir en el pasado…
Nahia sonrió al escuchar a Kont tan calmado.
—Me concentré tanto en la promesa del pasado que olvidé preguntarle al pequeño Kont cómo ha estado…
―¡¿“pequeño”?!—repitió ofendido Kont ―¡Escúchame enana, soy tu superior!¡más te vale respetarme!
―¿¡“enana”?! ¡soy mayor que tú!
―¡en estatura te quedas corta!
La gente comenzó a gritar y a balbucear con confusión e incertidumbre. Echándose la culpa entre ellos por la presunta desaparición de sus monederos.
Kont se puso de pie confundido, viendo todo el alboroto. En un instante, se llevó la mano a los bolsillos atrapando el brazo de un sujeto. Ambos se miraron entre sí sorprendidos el uno del otro.
―Qué rápido… —balbuceó el menor
—Que reflejos… —soltó tragando saliva el sujeto. —Un momento… es uno de los turistas. — habló bajo el sujeto, soltándose al dar un puñetazo en el estómago a Kont.
—Golpeo la armadura… —balbuceó el paladín sin sentir dolor.
—Eres de esos mercenarios famosos, ¿verdad? —preguntó el ladrón apareciendo sobre la rama de un árbol en la plaza. ―el paladín, Kont. ¿cierto?…
—y tú eres… ¿un ladrón ordinario?…
―¡no por mucho!
La gente, al darse cuenta de quién era el responsable de los robos, se despejó la plaza para dar espacio a la pelea de Kont contra el ladrón.
«mierda… esto es serio… ¿hay algún arma?» analizó Kont al sujeto. «no… estoy bien… puedo ganar.»
—Nahia y la otra… denme espacio… —pidió Kont alzando los puños. —Mis armas se las dejé a Cirnel, solo tengo una daga básica. —balbuceó él.
―¿espacio? —preguntó una voz detrás de su oído. Nahia y Elyra tensaron su mirar al ver al tipo detrás de él…
«Me pareció escuchar un susurro… es magia… ¿magia de velocidad?» se preguntó para después sentir 3 puñetazos a su espalda y una patada que lo estampó de cara contra el árbol.
Otro susurro se escuchó y, antes de que Elyra y Nahia reaccionaran en defensa de Kont. El tipo desapareció al instante. —recita hechizos… —habló Kont, a la vez que recitaba su propio hechizo. Rápidamente comenzaron a caer varias flechas de luz que el ladrón eludió como si nada gracias a su velocidad.
—Tras recitar el hechizo, el efecto debe de tener un límite… —analizo mientras seguía forzando la caída de flechas. —Sus golpes son centrados en la armadura, además de que son normales y no duelen. Debería cuidarme de los golpes que podría dar a alta velocidad.
Un estallido sónico provocó un zumbido agudo en su oído. Seguido de un hilo de sangre que cae desde el interior. —Mi tímpano… —susurro, agarrándome el oído, para luego recibir un arrastre que me lleva hasta golpear el árbol.
Una botella de vidrio se rompió en el suelo, provocando un estallido de hielo que golpeó a Vélor. Habían interrumpido el proceso de su magia, reiniciando el ciclo de velocidad.
—¿Qué diablos fue eso? —preguntó Kont separándose del árbol.
—una poción de reacciones automáticas. —respondió Nahia, mientras Elyra acercándose a él, lista para atenderlo. Pero queda sorprendida al ver que Kont se curó del oído como si nada.
Vélor saco de su bolsillo un cuchillo de cubierto. Kont reaccionó apuntándole con las manos. Con solo herir las piernas, ganaría.
El ladrón estaba por susurrar su hechizo. Pero sintió la eminencia de dos ojos carmesí mirándole. Miro fijamente a Kont, quien poseía esos ojos. Como reflejo, pensó en matarlo de inmediato.
Nahia y Elyra se quedaron paralizadas al sentir también una emanación de maná. Tan fría como una noche iluminada únicamente por la luna.
―¿se puede saber qué está pasando? —interrumpió la voz grave.
Kont se giró como si nada, sonriendo con calma. —Estaba a punto de detener a un ladrón —dijo. Disparando la flecha de luz sin previo aviso al ladrón en la rodilla. Para luego girarse a ver a Kroven.
—hubieras avisado que te apartarías… — hablo sin sacarse las manos de los bolsillos. ―¿situación?
—resuelta… —sonrió Kont, viendo cómo el ladrón se retenía el sangrado de la rodilla.
―¡no! —exclamó el ladrón, comenzando a correr a alta velocidad tras un susurro y una runa diminuta.
Kroven siguió la presa sin sacar la mano de sus bolsillos. Fue este el último segundo en el que decidió sacar la mano izquierda para lanzar un puñetazo a un punto específico. Sus nudillos golpearon la mandíbula del ladrón con tal rudeza que lo sentó en el suelo.
—resuelta… — repitió Kroven palmeando la espalda de su hermano. — Velka compró carne de cerdo para almorzar. Te estábamos esperando…
Kont apreció la rodilla del ladrón, notando que se había sanado a sí mismo. En sus bolsillos había pergaminos predibujados.
―¿no deberíamos esperar a que los guardias lleguen?… —preguntó Kont viendo cómo el ladrón quedó inconsciente estando sentado.
—No es mi problema… además. Si escapa, lo encontraré… —respondió Kroven, haciendo énfasis en sus ojos. —Vamos, tengo que llenar el estómago… —ordenó mientras pasaba por el frente de Nahia y Elyra.
Los ojos carmesí se giraron para ver el estallido de hielo. Lo analizo por un momento. Se giró para ver a las chicas.
—No nos haremos cargo de eso… — señalo al hielo.
Ambas bajaron la cabeza aterrorizadas. —Nahia, tu novio nos está regañando…
—No es el chico al que conocía… —le respondió aterrorizada Nahia ―¡es mi culpa! ¡Discúlpeme, me encargaré de limpiarlo yo!
Un puño golpeó la espalda de Kroven, pero ni lo movió.
—Debí golpearte más fuerte… —habló Kroven al Ladrón.
―Mierda… —suspiro arrepentido el ladrón antes de que Kroven le entierre la cabeza en el suelo con un único puñetazo.
Los guardias llegaron, viendo cómo el ladrón había sido detenido. Un gesto con la cabeza del soldado al mando les bastó como agradecimiento.
—Vamos… —dijo al ver que ya todo estaba controlado.
Kont se giró para ver a las chicas. —Chica a la cual no conozco y Nahia. ¿quieren almorzar con nosotros?… —preguntó.
―bueno… yo…―balbuceó incomoda al ver que se giró para ver confundido a Kont. No pudo decir nada más al sentir las manos de Elyra en su espalda, empujándola para que ambas siguieran a los hermanos.
…
La puerta de la posada se abrió, la gente se giró para ver la presencia de Kroven. Valan alzó la cabeza para ver entrar a los hermanos.
―¡ah! ¡por fin llegó el jefe y! ¿¡y adoptaron a dos mocosas más!? Mi capitán no pierde el tiempo… ―comentó burlonamente Valan.
—Deja las estupideces, son amigas de Kont.
―hola… — saludo débilmente Nahia mientras sacudía la mano.
―ella se llama Nahia, y a la otra no la conozco. La invité por amabilidad. —Presentó Kont.
—Me llamo Elyra… —dijo entre dientes la chica mientras saludaba con la mano.
—Solo compré comida para nosotros, no pensé que traerían invitados… — dijo algo decepcionada Velka de sí misma.
—Hay solo una chica en este grupo… —le susurró Nahia a Elyra.
—No te hagas mala sangre aún… —recomendó su amiga. Tras quedar en silencio un rato. ¿Por qué estamos teniendo esta conversación? ¿qué planeas?
―¿yo? Nada… aún… ―
«Nahia y yo nos solemos desvelar leyendo novelas e historias cortas… ella se suele sumergir en las historias y sacar a relucir sus fantasías, ¡las posibilidades de que Nahia salga con alguna estupidez son muy altas!»
—Descuida, cariño… se compra más y ya… —respondió Valan mientras se ponía de pie y desenfundaba su monedero. Apretando el saco vacío. En segundos su cara se tornó roja.
—Ese vicio pega fuerte, ¿eh?… ¿Cuántas monedas gastaste en eso?… —se burló Drakmir
—El día que pruebes los caramelos de miel, me hablas… —le responde.
(Valan tiene la costumbre de gastar todas sus monedas de cobre en caramelos de miel.) Posee una adicción a ese dulce.
—Tienes un problema muy grave… —cuestionó Kroven dejando caer su saco en la mesa rebalsado de monedas.
(por otro lado, Kroven solo gasta en cosas de utilidad.) Toda la fortuna que posee el grupo recae en su bolsillo y su incesante necesidad de comprar cosas.
Nahia y Elyra abrieron los ojos ante el gesto de Kroven.
—Nosotras podemos pagar lo nuestro… —avisó Elyra por si acaso.
―Kont las invito. Sería muy grosero de nuestra parte hacerles gastar o cobrarles… —habló Kroven con calma—. Además, todo sale del bolsillo de Kont.
―¡¿mi bolsillo!?
—cómo lo decía mi abuelo… el que invita paga… —se rió Mael pasándole un saco de monedas a Valan. Kont se agarró los bolsillos dándose cuenta de que ya le había robado.
—Valan, si veo que regresas con caramelos, te juro que te golpeo…
—como digas, mocoso…
—Si es un caballero después de todo… —susurró Nahia. Mientras se sentaban en la mesa. Sentándose en una punta, al lado de Kont y Elyra.
―es la primera vez que venimos a Crozia. ¿Cómo se conocen ustedes tres?… ―preguntó Drakmir. —¿O ya habían venido antes?
―no, nunca vinimos antes… —respondió Kont.
―yo antes vivía en la misma aldea que Kont y Kroven. —explicó Nahia entrelazando sus dedos con vergüenza.
―ella es la prometida de Kroven… —habló Kont en alto. Provocando un silencio rotundo, incluso en el propio Kroven.
—¿Qué?… —preguntó Kroven frunciendo el ceño. La vena de su frente se hincha como siempre. Kont se encogió en su silla al sentir la mirada carmesí de su hermano.
Nahia se quedó roja al ser expuesta de esa forma. La mirada de todos estaba fija en ella. Como si le estuvieran juzgando, ella miró a Kroven, quien ni siquiera le estaba dirigiendo la mirada. Estaba muy ocupado mostrando su disgusto a su hermano menor.
En su cabeza, todos la estaban juzgando por ser la “prometida” de alguien apuesto como lo es Kroven. Alguien que tuvo más batallas que años de vida. Alguien se volvió arma y luego en un héroe sombrío.
Esa era la narrativa que se estaba montando en su cabeza. En realidad, todos estaban incrédulos. ¿Cómo alguien como Kroven podría tener una prometida? El simple hecho de imaginarse a Kroven proponiendo matrimonio hizo que Drakmir no pudiera más y partiera en carcajadas delante de todos.
—El simple hecho de imaginar al jefe ofreciendo una sortija me da risa… —dijo en carcajadas Valan, uniéndose a las risas de Drakmir.
—Kroven es alguien muy cerrado emocionalmente, imaginarlo enamorado es difícil —mencionó Mael secándose una lágrima de tanta risa.
—Ya estuvo buena la broma… —Hablo con fastidio Kroven —. Kont, discúlpate con la chica por la vergüenza que le causaste…
—¿Al menos la recuerdas a ella? —preguntó Elyra a Kroven. Provocando un silencio rotundo. Ahora las miradas estaban fijas en el jefe.
—momento… ¿no era broma? —balbuceó Cirnel asombrado. —¿En serio tiene una prometida?
―yo no tengo una prometida, es la primera vez que veo a estas chicas. Es todo una broma de… —Kroven miró a Kont, pero al verlo encogerse de hombros, como si no supiera de lo que hablaba. Le provoco un pequeño replanteo.
―¿de dónde dijeron que son? ―pregunto sin apartar los ojos de la mesa
—Yo soy nativa de aquí… —habló Elyra, mirando seriamente a Kroven.
—Pero yo soy de Volendam, Holganä…
—Volendam, dejo de…
—ya lo sé… Kont me lo contó…
—Toda la gente de ahí murió, solo sobrevivimos tres, y dos de ellas están aquí presentes y la tercera está en mi casa en Tharvella. ¿Cómo sostiene tu argumento?
—desde antes… antes de lo que tú mencionas… tú tenías 7 años, yo cerca de cumplirlos… y Kont había cumplido los 6…
«Me sumergí tanto en mis fantasías, que ahora me siento una estúpida. ¿Por qué no seguí con mi vida en lugar de fantasear? ¡¿Qué demonios me iba a asegurar que se cumpliría?! Nada aseguraba que me buscaría, pero aquí está. Ni siquiera me recuerda… qué cruel es el destino»
―¿no recuerdas nada?
—nada más allá de mis 9 años…
—Me mudé por temas académicos.
—Espero que te haya ido bien…
―soy la alquimista menos exitosa de aquí, me sostengo gracias a la colaboración con Elyra, quien es una médica santa.
—mejor que mucha gente que conozco… ¿qué tiene que ver eso con nuestra infancia?
—jugábamos a que el té era una poción por el simple hecho de mezclar hierbas secas con agua caliente…
—¿Al menos recuerdas nuestra promesa?
―¿Promesa?…
—Prometiste que te casarías conmigo si nos encontrábamos. A la semana me mudé de la aldea hasta aquí.
—Era un niño…
―pero eras tú… —
Kroven abrió los ojos sorprendido al escuchar a Nahia.
—Escucha, no me puedo molestar por el simple hecho de una promesa sin cumplir. Estoy al tanto de todo lo que pasaron. Pero me duele recordar a quien alguna vez fue mi amigo. Y ver a quién sea que eres ahora…
—Ey… —interrumpió molesto Valan al ponerse de pie. —Comprendo tu dolor, pero tratar como bicho raro a mi jefe no tiene perdón… —se expresó con el ceño fruncido
—Yo no conocí a Kroven en su etapa de mocoso, pero puedo jurar que era igual de leal que el de ahora… —habló Drakmir.
—para ser su amiga de la infancia. Tratarlo como desconocido es una falta de respeto… ―habló Velka.
—Basta… —habló Kroven, mientras se ponía de pie. No estaba molesto. Su expresión facial seguía igual. Camino hasta la puerta y salió de la posada con la mano agarrándose la nuca.
Todos se quedaron asombrados ante ese comportamiento, a pesar de verse siempre igual. Parecía reflexivo.
—Voy yo… —les aviso Kont, poniéndose de pie y caminando detrás de Kroven. Dejando a Nahia y a Elyra bajo la mirada incómoda de los mercenarios.
Kont salió afuera y vio a Kroven con los codos apoyados en el borde de un puente. Lentamente se acercó por detrás, colocándose a su lado.
—La comida de hoy estaba amarga…
—Ya lo sé… siempre lo está. A la ensalada de hoy le faltaba sal… —le respondió Kont tranquilo.
Mientras Kroven apreciaba el agua gris. Kont se colocó de espaldas al lago con la cabeza mirando hacia el frente. Apreciando al cielo azul. Los ojos carmesí del menos se fijaron en cierta persona mientras escuchaba a su hermano.
—antes no podía ver colores… creí que me había vuelto daltónico… pero hace poco empecé a ver el rojo… — se expresó Kroven. Kont abrió los ojos en grande al escucharlo. —puedo ver el color de tus ojos… son rojos, como los de Papá…
Una sonrisa se dibujó en los labios de su hermano menor. —Tú también… de entre los dos, eres el más parecido a él.
—veo ese color en las manzanas, en los tomates, en la carne, en la sangre… en las heridas… no logro distinguir si es un color hermoso o un color extremadamente grotesco… la línea se torna borrosa. Y no logro distinguir si quiero seguir viéndolo o nunca más…
—ya veo… —respondió Kont, bajando la mirada apenado.
—¿cambie mucho?… hablo… de antes hasta ahora…
—Sí… mucho. Pero si tanto te preocupa, puedo afirmar que no eres un monstruo… Cirnel dio una descripción muy acertada de ti. Eres un tipo dulce bajo una cáscara amarga. Tu actitud cambió, pero tus acciones siguen siendo Kroven… haces lo necesario cuando es necesario. Te pones los pantalones cuando nadie más lo hace…
—Esa es mi maldición… y mi única bendición. Un peso constante que me mueve con la inercia. Es difícil de explicarlo, pero está ahí… anclándome a lo que siento que debo ser…
—Nuestra maldición… recuerda que no estás solo, por algo no te abandonamos. Por algo te seguimos. ¿sabes por qué la gente te ama? Eres como la luna en una noche oscura, lo único que nos guía es ella. La única que da una luz tenue. Una luz que no te lastima, sino que te acompaña…
—Quiero volver…
―¿a la posada?
—No… quiero volver a ver todos los colores, las luces y sentir los sabores… Extraño la comida de mamá, extraño sentir la tensión de una carcajada en mi garganta. No quiero ser una cáscara amarga… quiero… sentir.
—tendrás que esforzarte más… no por nosotros, sino por ti. Vienes avanzando, hermano, antes daba miedo verte a los ojos. Por lo menos recuperaste ese brillo en los ojos…
Kroven vio en su visión periférica cómo Nahia se sentaba a su otro lado, ella y Kont miraban al cielo, mientras él miraba al lago seguir su corriente.
—Perdón… —se disculpó.
—no es…
— …es egoísta extrañar a un niño cuando quien está delante de ti es un verdadero adulto… ―interrumpió —Mi papá alguna vez dijo que el responsable siempre es el más fuerte. Eres muy responsable, Kroven. Quisiera conocerte… conocer al hombre detrás de la cáscara…
―nos vamos esta noche… —le aclaró Kroven.
—Me… ¿estás rechazando en tu equipo?… —preguntó ella ladeando la cabeza.
Kroven abrió los ojos sorprendido ante la pregunta. Abrió apenas los labios.
—en ese caso. Bienvenida…
…
[varios meses después, junio del año 204 – el presente]
…
―¿el amo todavía no despierta? —preguntó Cirnel levantando el trasero del trono. Apreciando la fogata donde Leonora estaba preparando el desayuno.
—Kroven dijo que haría guardia toda la noche… déjenlo dormir. Conociéndolo, no habrá dormido nada… ―habló Drakmir.
—sigo preguntándome… ¿Por qué dormir en medio del bosque?… —preguntó Valan con la espalda pegada en el césped, mientras que Velka reposaba la cabeza en su costado.
—Había bandidos reportados en la zona… claramente fuimos cautelosos al dormir lejos del camino principal. —explicó Elyra mientras le servía un plato de desayuno al somnoliento Kont.
—por eso estoy preguntando… ¿Por qué escondernos si nos cuida el jefe?… ―
―porque Kroven tampoco es idiota… —remató Mael
―hablando de bandidos… chicos… —llamó Nahia, señalando el camino de roca el cual se encontraba en la distancia. Bandidos asaltaban el carruaje de un mercader.
—Es hora de la rutina matutina… —se rió Drakmir levantando su hacha de suelo y caminando hasta el conflicto.
—Te apoyo… —dijo Valan levantándose acompañado de Velka. —Nahia, Elyra… cuiden de Leonora y Kroven. No despierten al jefe… nosotros haremos el trabajo…—le informó Valan, mientras los mercenarios marchaban al deber.
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