El Exilio de la Villana - Capítulo 56
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Capítulo 56: Bienvenida… ¿Ya te vas? (2)
Se suponía que iba a ser una gran entrada, un recibimiento digno de la realeza, del estilo de ese país, la gente de aquella ciudad de construcciones de adobe, ladrillos, madera y rocas, edificios grandes y sencillos, casas de adobe pegadas como vecindarios, espacios abiertos para mercadería, muchos gatos alrededor de algunas casas.
Patios en algunas casas, árboles en otras, gente mirando el pasar justamente en la azotea, en las calles, donde fuera que estuvieran, las miradas no iban a detenerse… un día cualquiera cuando todavía no estaba preparado nada.
Podría decirse que agarraron a toda la gente que estaba preparando su llegada con los pantalones abajo, no hubo anuncio formal, no hubo trompetas o algo que mismamente anunciará oficialmente su llegada, para cuando todos miraron, un grupo de caballos jalaba de la cola a una especie de serpiente extraña y bizarra, parecía reseca por el tiempo que tenía justamente, algunos gatos caían al suelo a su paso, lo que hacía que un grupo de esos soldados fuera a atraparlos mientras los demás seguían arrastrando eso.
—No me gusta tener la razón algunas veces — dijo Amarilis
Toda la gente salió a ver qué estaba pasando, mirando la marcha en la calle principal con los Reyes por delante, algunos soldados alrededor, el Caballero Sagrado Ataraxia en el centro de esos soldados, aquella cosa siendo arrastrada y claro, una extraña paseando libremente mirando a su alrededor.
»Me siento como en Príncipe de Persia, bueno, veamos si su Visir no es un idiota— dijo libremente
Podía olerse el sazón de alguna cocina que prontamente estaría en llamas, podía ver a la gente morena por tener apenas ropa que cubrirse, justamente era como se había presentado Drunae, pero la vestimenta casual de la gente plebeya era más normal, podías ver la tela barata, sin arreglos, de colores básicos, los ojos azules mirándola, otros negros observando a esa cosa, unos naranjas observando a la realeza, y otros color negro hablando sobre el por qué de la llegada tan pronta y repentina.
Era una vista interesante para cualquier turista, así como las miradas filosas y el miedo alrededor pues como era de esperarse, aunque no tuviera tanta magia, la sola presencia de Amarilis era suficiente para hacer sentir incómodos a los que estuvieran alrededor.
Toda la caravana avanzó hasta el palacio real, un edificio en espiral en el centro de todo, podrías ver todas las ventanas, todos los balcones, la seguridad al frente, un gran portón que daba el primer acceso, los soldados se acercaron apresuradamente, los demás sirvientes de aquel lugar corrieron desesperadamente para recibirlos, todo se hizo tan de golpe que los Reyes no se detuvieron ni para saludar a la gente.
No importaba las flores, no importaba lo que extendieran delante de ellos, los dos estaban enojados, se veían enojados, se sentían enojados y sí, parecían querer explotar en algún momento pero lo aguantaban por pura cortesía.
Solo avanzaron y solo la Reina se detuvo un momento.
—Señorita Amarilis, Caballero Ataraxia, ¿Podrían acompañarnos?
—! Entendido¡
—¡S-si!
Ella bajó rápido de Axtriz.
»Ya saben, solo díganle donde estará descansando, nada más
Dijo eso y fue a alcanzar a Ataraxia.
Ella sabía que en ese momento no podía decir que no. Nadie podía.
Entraron demasiado rápido, el Rey ya estaba más adelante de ellos, el área era silenciosa, tranquila, se veía bastante acomodada, justamente para la realeza pero, en ese momento no se veía justamente que ellos estuvieran cómodos y si, se veía que no era por el nulo recibimiento, sino por otra cosa.
Los sirvientes se veían temerosos, los soldados estaban tranquilos pero no parecían evitar tragar saliva. Todos conocían el rostro que aunque neutral, era de un Rey que no quería que nadie le viera la cara de tontos y si lo hacían, el castigo sería demasiado ejemplar.
Repentinamente de uno de los lados aparecieron, al instante que ellos aparecieron Amarilis lo entendió.
—Oh, ya, es cierto, pero nunca llegó a ese nivel
—…
Ellos se acercaron dando una reverencia tranquila y uno de ellos habló.
—¿Padre? ¿Madre? Se suponía que iban a venir-
Al instante y bruscamente fue soltada una bofetada lo bastante fuerte como para derribarlo al suelo, el otro se quedó callado y solo miro eso con miedo y shock, el Rey se acercó y lo levantó del brazo a la fuerza, incluso las joyas fueron movidas en el golpe así como unos rasguños por los anillos en los dedos del Rey.
— Hijo, ¿Tu me amas?— preguntó el Rey con una calma aplastante y bastante seria —, ¿Amas a tu madre?
«¡Latinoamérica moment!» pensó Amarilis queriéndose reír mucho
—¿? ¿Eh?… ¿Padre?— preguntó el Príncipe que no entendía ni sabía por donde le había llegado el golpe
Dio otro golpe igual de fuerte, soltándolo del brazo pero está vez no lo hizo tirar al suelo pues lo volvió a sujetar enseguida de hacerlo y hasta se escuchó el tintineo de las joyas de la ropa del Rey.
—¿Nos amas aunque sea un poco?— preguntó su madre igual de tranquila pero notándose decepcionada
—¡Si, los amo pero no entiendo la violencia ejercida, padre, ¿Por qué me haces esto?¡— exclamó en esa pregunta ese adolescente en el suelo
—Muestrenle
Y soldados aparecieron por la entrada para arrojar la cola y extremidades junto con la cabeza o lo que fuera de aquella manticora a un lado de ellos.
—Si nos amas mucho y eres honesto, ¿Te importaría si ahora revisamos tu laboratorio?— preguntó el Rey
—…!!!
—¡HA HA!
Ataraxia miró a Amarilis, ella se tapó la boca rápidamente.
—… No, pero-
—Bien, por qué ahora mismo lo están haciendo
—!!
—Pff…
Ahora fue Ataraxia el que hizo ese sonido, pero igual se tapó la boca.
—Su Majestad
Un soldado apareció, tenía en sus manos una libreta de cuero, pasándola enseguida al Rey y este la hojeo.
»Casi al final— dijo el soldado lanzandole una mirada furiosa al príncipe sin importarle el estatus—, mi Rey
Haciendo caso, pasó rápido y enseguida se detuvo, le mostró lo visto ahí y hasta la Reina se quedó más en silencio, con una mirada cansada, más triste que decepcionada.
El otro Príncipe no entendía, no comprendía qué estaba pasando aun cuando la situación gritaba el contexto.
—P-padre, puedo explicarlo-
—Lo se, se que puedes, pero es mejor que te quedes callado— dijo el Rey, su padre, con una furia crecida pero soportada por su ser—, quemenlo todo, todo, incluso esto
Le regresó la libreta y el soldado la quemó enfrente de ellos.
—!Espere¡ !Esperen¡
El Príncipe quería detener eso, pero fue sujetado por soldados.
—Todas tus investigaciones quedan abolidas y obsoletas, destruidas si es posible, cualquier rastro e intento por replicar lo que llevabas acabo quedará estrictamente prohibido– decreto el Rey
—Por lo tanto, espero y tus próximos proyectos sean más sobre no crear esas cosas— completo la Reina
—Llevenselo a su habitación, revísenla también si es necesario, he dicho y ha quedado
—!Si¡
—…
Amarilis vió el paso de aquellos soldados arrastrando al Príncipe que parecía muerto en vida, el otro Príncipe más pequeño se acercó a Ataraxia. Claramente quería saber qué demonios había pasado.
—¿Señorita Amarilis?— preguntó el Rey
—Ah… !si¡
Ella se acercó enseguida, con solo esa vista sabía que ahora sí iba a saber lo que era la realeza o al menos no quería caer tan mal estando en territorio desconocido.
Los reyes seguían caminando como podían controlarse, Ataraxia estaba detrás, hablando con el otro Príncipe, un adolescente más pequeño, posiblemente de 10 años o más, moreno, vestido adecuadamente para su edad y cultura, estaba escuchando atentamente lo que había pasado.
—Lamentamos mucho lo que acaba de ver, señorita
—Nnonono, las obligaciones de un Rey o Reina deben ser equitativas a las de ser padre, lo entiendo perfectamente, aunque la noticia si me descolocó un poco
—Gracias por entenderlo— dijo el Rey tranquilamente de saber eso
—No merezco ello, así que, si me permiten, ¿Podrían decirme qué y cómo voy a obedecer sus órdenes?— preguntó solemne y tranquila
Pasaron a la sala real donde algunos sirvientes estaban preparando un banquete apresuradamente, la gran mesa, los manteles, los utensilios, las copas para la bebida y las sillas, todo a una velocidad apenas silenciosa y nerviosa.
—Primero lo primero, hay que tener algo en el estómago para poder pensar correctamente— dijo la Reina
«Y calmar la furia» pensó ella
Para que decir que en media hora ellos no habían apenas dado una mordida, el Príncipe menor veía eso con suma curiosidad e incluso Ataraxia que estaba todavía de pie parecía comprender eso, pero aún así no lo creía.
Amarilis estaba arrasando todo lo que se le colocara enfrente, carne de escorpión, carne de serpiente, frutas y verduras por igual, mucha bebida, pero no comía como un cerdo, comía lo más rápido, sin ensuciarse, sin dejar de saborear, era una especie de ritual que no hacían ruido, por increíble que parecía no hacía ruido si no era de los utensilios en los platos…, hasta que se detuvo después de tragar sin tener nada en la boca…
—… ¿Incómodo?
—…, ¿Así eres siempre?— preguntó el Príncipe
—¿Sharon? No seas irrespetuoso— dijo la Reina—… pero tiene razón
Ella se sintió algo avergonzada.
—Mis padres tienen un fondo especial por si me acabó lo de alguna fiesta— respondió Amarilis
—…, ¿En serio?— preguntó el Rey queriendo reírse
La comida pasó un poco más tranquila, pero ella no detenía su vorágine, hasta que tuvo suficiente.
—Como se esperaba de la salvadora de la caravana— dijo el Rey satisfecho de tanto la comida como lo que vió, claro, entretenido
—Si, muchas gracias por ello, volvemos a disculparnos por lo que pasó después— dijo la Reina
—Recibo gustosa sus agradecimientos aunque no los merezca, eso fue sorpresivo— respondió Amarilis
El Rey estaba degustando una copa de vino.
—Así que, vamos ahora a los asuntos que apremian
Pocas horas después y ya anocheciendo, ella entro a la habitación que le tocaría quedarse, más no miró el alrededor, solo ae sentó en la cama y pensó.
El cuarto de invitados fue puesto con algo más de calma, una gran cama, más grande a la que ella estaba acostumbrada, la habitación perfumada con flores, adornada con telas transparentes, incluso con grabados de gatos en algunas partes y muebles, era raro pero bastante acogedor.
—Bien, repasemos lo que acaba de pasar
En la historia original, el segundo volumen es exclusivamente una historia aparte pero conectada con el primer volúmen. Algo como una historia complementaria, no hay interacción con Kyrla, Tyler o cualquier otro de Barthog, nada, pero que después se uniría a ellos en el cuarto volúmen al tener al enemigo en común.
Más ahora, Amarilis no sabía qué hacer, debía ser obediente a lo que el Rey de Kangalet le había encomendado, ¿Debería intervenir justamente como lo hizo en los otros? ¿Debería solo pasar el rato y hacer desastre? ¿No hacer algo? ¿Hacer algo?…
Había hecho justamente cosas así que la llevaron a conocer a los orcos, a los elfos y a las hadas, más ahora no sabía si siquiera debería dar un paso.
Lo de la Manticora fue sorpresa total, los reyes sobrevivían hasta el mismo final de la historia, esto, solo fue a propósito y de manera descarada.
Por lo que antes, al parecer algo en las notas que habían quemado, parecía ser como la evidencia tanto de culpabilidad como de inocencia, quemarlo solo decía más culpable que inocente en cualquier juicio y ellos lo protegieron a su modo, de todas maneras nadie que no fueran los soldados encomendados a eliminar todo sabían la verdad…
—Esa cosa ya llevaba tiempo aquí— dijo Amarilis—, justo como todo lo demás…
Así que era su forma de protegerlo y castigarlo, posiblemente incluso a los de aquí se les escapó o no querían ocuparse, más pronto sabrían de esta situación y de donde venía aquel monstruo.
»Que bueno que le di todo el crédito a Ataraxia
Aquel Caballero Sagrado de esa tierra, aquella Santa que no había visto, esos dos eran parte de la historia, pero no los protagonistas.
Era un cambio radical, pero en efecto, el segundo volumen trataba sobre invocadores, magos o hechiceros expertos en la invocación de bestias, demonios, seres vivos, malditos o espirituales de aquella cultura, claro, algunos eran lo de siempre, magos y hechiceros normales, pero los que están un poco más arriba eran ellos, los invocadores.
Así que los dos protagonistas eran una chica y un chico, lo de siempre, la pareja en conjunto que sería el apoyo de los otros dos, el Caballero Sagrado y la Santa.
Por lo que el Príncipe fue el responsable de esa creación, en la original era así… pero nunca llegaría a completar nada, ese Príncipe tenía su laboratorio secreto, creía firmemente en la idea de no gastar magia y crear con ciencia a seres obedientes, seres amorfos, peligrosos, obedientes y ahora por esto, esa línea había al menos ser pausada, alguien como él y si era como los demás, significaba que no se iba a rendir, debería tener al menos un laboratorio de repuesto, tenía demasiado dinero y convicción como para no pensarlo.
Por lo que ahora solo debía pensar en el asunto que le fue encomendado…, pero la curiosidad era más fuerte… hasta que fue interrumpida.
—¿Señorita Amarilis? ¿Está ahí?
—Ataraxia, ¿Qué pasa? Entra
La puerta de esa habitación se abrió y un grupo de sirvientes pasó ahí, Ataraxia después cerró la puerta, eran en total doce, bien vestidos, bien acomodados y limpios de ropa y piel, algo que Amarilis no entendía.
»¿Que? ¿Me van a cantar la canción de bienvenida?— preguntó bromeando
—No, el Rey me ha ordenado la elección de tus sirvientes en tu estadía, pero si me permites, deberías elegirlos tu, así te sentirías más cómoda
—… Sirvientes
—Si…, se que en ese país hacen lo mismo
—Bueno, si, pero son trabajadores, ganan salarios, son más… sociales, ¿Que tan personal es esto?
—Obedeceran sin rechistar
—…, me lo imaginé…, ¿Cuántos?
—…
Ataraxia se quedó callado por momentos
—¿Qué?— preguntó ella mirándolos al notar el silencio
—No, es que, pensé que reclamaría, digo, esto es diferente a dónde vives
—Lo has dicho, pero, no me vendría mal unas cuantas guías de qué hacer y qué no hacer, aunque lo advertire de una vez, habrá veces en las que yo haré cosas que no debería, por qué así lo creí correcto
—…, si, el chico Stone me lo dijo, puedes tomar a los que quieras
Ella miró a ese grupo y eligió.
—Empezaremos mañana mismo, necesito un recorrido por toda la ciudad
—Si, hasta mañana
Ataraxia volvió a abrir la puerta y ellos salieron de ahí.
Amarilis no era tan estúpida como para no pensar que la tenían vigilada y esa era una forma más cercana de hacerlo.
—No es como si me gustase saber quién es el que está aquí, solo debería ser más discreta lo que más pueda, serlo hasta donde pueda soportarlo, claro está.
Decidió dormir en esa cama.
Mientras que en esa noche por otros lados de la capital, alguien estaba pensando, pensando demasiado al respecto y suspirando de cansancio.
—La manticora…, esa maldita cosa, no debía haber atacado ese lugar…, solo complicó las cosas
Justo como Amarilis dijo, pero no tanto, lo que pasó incluso a ese sujeto se le escapó, la noticia que el Caballero Sagrado Ataraxia había vencido a esa cosa fue esparcida como pólvora en fuego, también sobre la chica extraña que venía con la caravana, además de la sorpresa de la llegada temprana y el avistamiento de los soldados por todas las calles, lo que decía que estaban buscando las conexiones que el Príncipe uso para la creación de aquella cosa y conociéndolos, no tardarían en lograrlo.
»Desde lo de la narradora no me he podido concentrar— dijo mientras quemaba toda la evidencia en un horno de madera
Después suspiró nuevamente pero un poco menos cansado, recordó el castigo, la mirada de aquel anciano de no creer lo que estaba viendo, y claro, todos los demás sin saber qué hacer.
Sacarse por debajo de la manga a esa chica que fervientemente creía ser la elegida por las Hadas para ser la Reina Hada fue un salvavidas, pues el responsable de que esa parte de la historia fuera correcta ahora no sabía que hacer, su parte se había perdido y con ello las demás historias conectadas, por lo que ahora debían improvisar si o si.
Añade la advertencia de aquellos tipos que los trajeron, y que ahora era el turno del segundo volumen.
Había hecho los arreglos correspondientes, el protagonista estaba vivo, pero todavía había un problema más.
—La Santa sigue catatónica
Una de las conexiones entre el volumen 1 y 2 era justamente ella y el Caballero Sagrado, ahora que él había vuelto, podía avanzarse un poco, pero…, el problema de la Santa persistirá sin importar que hasta que lograran sacar de ese estado y vaya que lo han intentado, más nada podía sacarla, era un asunto más psicológico que físico.
Ya no se podía ocultar más algo como eso.
—Mi señor, informe— dijo un sirviente que apareció por la puerta
—Dime lo que sepas, ya
—Si
Enseguida lo dijo, sobre que Ataraxia derrotó a esa cosa, que el Príncipe fue llevado por policías y más que nada.
—¿¡Amarilis está aquí!? ¿Ella es la extraña?
—Si, justamente hay muchas personas hablando de ella, hemos verificado con los demás soldados y es correcta la afirmación
Lo que hizo que su mente trabajase más.
«¿Que hace la villana del primer volumen aquí? ¿Por qué exactamente está aquí? ¿Es algo sobre lo que pasó antes?» pensó desesperadamente por qué eso para nada, en absoluto debía pasar—, !¿Por qué está aquí?¡
El sirviente se hizo hacia atrás por tanto el miedo como por el grito, sabiendo que eso último era para él.
—N-no lo sé, he preguntado por todos lados y parece que solo es cosa del Rey y la Reina, es todo lo que hemos reunido
—Vete, déjame solo, que nadie te vea salir
Debía saberlo, ahora algo salido de la nada, igual de peor que lo anterior dicho había llegado y con ello, sabía que tenía muchos problemas.
«¿Realmente era una villana rota por las acciones de otros o… es algo más?»
La aparición de ella dejaba aún más en claro eso, así que al menos debería saberlo de una vez.
Mientras tanto, Amarilis estaba durmiendo plácidamente con saliva saliendo de su boca y roncando como si no hubiera un mañana.
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