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El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano - Capítulo 33

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  3. Capítulo 33 - 33 Treinta y siete intentos
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33: Treinta y siete intentos 33: Treinta y siete intentos La arena volvió a tomar forma con una precisión inquietante.

El espacio blanco se extendía en todas direcciones, sin límites visibles, como si el mundo hubiese sido reducido únicamente a ese escenario de combate.

Chen Xuan apareció en el centro con una postura firme, los pies bien plantados y el cuerpo relajado en apariencia, aunque su mente estaba completamente concentrada.

Frente a él, su oponente ya lo esperaba.

Guile permanecía inmóvil, con los brazos en guardia y una postura sólida que transmitía disciplina y control absoluto.

No había arrogancia en su expresión, ni provocación.

Solo calma.

Una calma peligrosa.

Chen Xuan exhaló lentamente.

Había enfrentado a ese oponente suficientes veces como para comprender algo esencial: Guile no era alguien a quien se pudiera vencer con impulso o agresividad.

Su estilo se basaba en la lectura del adversario, en la adaptación constante.

Cada movimiento era una respuesta.

La voz del sistema anunció el inicio del combate con la misma neutralidad de siempre.

El primer movimiento lo hizo Chen Xuan.

Avanzó con rapidez, buscando romper el equilibrio inicial.

Su puño se proyectó hacia adelante con precisión, pero Guile bloqueó sin dificultad.

El impacto resonó en el aire, seco, controlado.

Chen Xuan retrocedió medio paso.

Había esperado eso.

El problema no era el bloqueo.

El problema era lo que venía después.

Guile respondió con un contraataque inmediato, limpio y sin desperdicio de energía.

Chen Xuan apenas logró levantar la guardia a tiempo, pero el impacto lo obligó a retroceder.

Su ceño se frunció.

Ese era el verdadero desafío.

Guile no se limitaba a defender.

Observaba.

Ajustaba.

Castigaba cualquier error, por pequeño que fuera.

El combate terminó poco después.

Derrota.

El segundo intento duró más, pero el resultado fue el mismo.

Derrota.

Para el décimo intento, Chen Xuan ya no reaccionaba con sorpresa.

Había dejado de frustrarse con cada fallo.

Su respiración se volvió más controlada, y su mirada, más fría.

Esta vez cambió su enfoque.

No avanzó de inmediato.

Esperó.

Guile respondió de la misma forma.

Ambos permanecieron inmóviles durante unos segundos que parecieron alargarse en el vacío.

Finalmente, Guile dio el primer paso.

Chen Xuan reaccionó con precisión, bloqueando el ataque y respondiendo con un golpe directo que logró conectar.

El impacto fue leve, pero suficiente para obligar a su oponente a retroceder ligeramente.

Sus ojos brillaron.

Había progreso.

Sin embargo, esa pequeña ventaja no duró.

Guile ajustó su ritmo con una naturalidad inquietante, cerró la distancia y terminó el combate con un golpe perfectamente ejecutado.

Derrota.

Los intentos continuaron acumulándose.

Para el vigésimo, Chen Xuan ya estaba completamente enfocado.

Cada movimiento suyo era más eficiente, más medido.

Había dejado de desperdiciar energía en ataques innecesarios.

Aun así, Guile seguía estando un paso adelante.

Siempre un paso adelante.

En el intento número veintisiete, Chen Xuan logró esquivar un contraataque completo.

Su cuerpo se movió con fluidez, giró sobre su eje y conectó un golpe limpio que obligó a Guile a retroceder más de lo habitual.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Pero ese instante de satisfacción fue suficiente para romper su concentración.

El contraataque de Guile fue inmediato.

Derrota.

Para el intento treinta, el combate alcanzó un nivel completamente distinto.

Chen Xuan ya no pensaba en ganar.

Pensaba en comprender.

Cada intercambio era una lección.

Cada golpe, una advertencia.

El combate se extendió más que nunca.

Durante unos instantes, ambos parecían iguales.

Pero al final, Guile encontró una abertura.

Derrota.

Chen Xuan reapareció en la arena una vez más.

Respiró profundamente.

Treinta intentos.

Y ninguno había sido suficiente.

El intento número treinta y siete comenzó de forma distinta.

Esta vez, Chen Xuan no avanzó.

No atacó.

Se limitó a observar.

Guile hizo lo mismo.

El silencio se extendió entre ambos.

Finalmente, el oponente se movió.

Chen Xuan reaccionó con precisión absoluta.

El bloqueo fue limpio.

El contraataque, inmediato.

El impacto, real.

Por primera vez, el combate fluyó de forma natural.

No había tensión innecesaria.

No había movimientos desperdiciados.

Todo era directo.

Preciso.

Eficiente.

Los intercambios se sucedieron con rapidez.

Golpe tras golpe.

Bloqueo tras bloqueo.

Ambos retrocedieron al mismo tiempo.

Chen Xuan podía sentirlo.

La diferencia se había reducido.

Un solo golpe decidiría el resultado.

Su respiración se volvió más intensa.

Su cuerpo se tensó.

Y ese fue el error.

Guile no dudó.

Su movimiento fue directo.

Sin vacilación.

El golpe llegó antes.

La pantalla se llenó de blanco.

Derrota.

Chen Xuan reapareció en su habitación.

El silencio era absoluto.

Se sentó en el borde de la cama, mirando al suelo.

Su mente repetía el último instante una y otra vez.

Solo había necesitado un movimiento más.

Uno solo.

Se dejó caer hacia atrás.

Miró el techo.

Por primera vez desde que había comenzado a usar la consola, no había una sonrisa en su rostro.

Solo frustración contenida.

Después de unos minutos, se levantó.

Necesitaba despejar la mente.

Salió de la habitación y caminó sin rumbo fijo por el pico hasta detenerse cerca del lago.

Se sentó sobre una roca.

El viento era suave.

El agua permanecía inmóvil.

Pasaron varios minutos en silencio.

Hasta que sintió una presencia acercarse.

No necesitó girarse.

Lian Ruyu se sentó a su lado.

No dijo nada.

El silencio entre ambos se prolongó.

Chen Xuan suspiró.

—Tu silencio no ayuda mucho, ¿sabes?

Ruyu lo miró brevemente.

Y sin previo aviso, lo pateó.

El impacto fue directo.

Chen Xuan rodó por el suelo antes de detenerse.

Se incorporó con cierta dificultad y la miró, sorprendido.

—¿Era necesario?

Ruyu lo observó con total calma.

—Te veías patético.

Chen Xuan guardó silencio.

No discutió.

Ruyu se levantó.

—Arregla eso.

Se dio la vuelta y caminó hacia la residencia.

Chen Xuan permaneció en el suelo unos segundos más.

Luego suspiró.

Se levantó.

Se sacudió la ropa.

Y esta vez, una leve sonrisa apareció en su rostro.

No porque estuviera satisfecho.

Sino porque entendía algo importante.

Tenía razón.

Regresó a su habitación.

Al entrar, vio a Ruyu nuevamente.

Ya estaba frente a la consola.

Colocándose el visor.

Chen Xuan cruzó los brazos.

—Ese era mi turno.

Ruyu no respondió.

La luz del dispositivo se activó.

La simulación comenzó.

Chen Xuan suspiró y se dejó caer en la cama.

Miró el techo.

Esperó.

Pero esta vez, su mente estaba clara.

La próxima vez no cometería el mismo error.

Y cuando volviera a entrar en esa arena… no perdería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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