El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano - Capítulo 39
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Capítulo 39: Flores heladas bajo el cielo gris
Chen Xuan avanzó rápidamente entre los árboles del Reino Secreto, moviéndose con cautela mientras utilizaba el denso entorno espiritual para ocultar su presencia. El bosque era mucho más silencioso de lo normal, como si incluso las bestias del lugar entendieran que aquel reino escondía peligros muy por encima de ellas.
Aun así, él no parecía demasiado preocupado.
Su mente estaba ocupada en otra cosa.
Lian Ruyu.
En la historia original, ella había terminado rodeada por aquellos cultivadores demoníacos durante el tercer día dentro del reino. Él había llegado demasiado tarde y, aun sabiendo que no tenía posibilidades reales de ganar, decidió quedarse para cubrir su retirada.
Y murió.
Chen Xuan todavía recordaba claramente aquel momento, pero mientras avanzaba hacia las montañas ocultas donde se encontraba la cueva que planeaba usar como refugio, comenzó a darse cuenta de algo importante.
Las cosas ya no eran iguales.
Ruyu tampoco era la misma.
Ahora había alcanzado el Reino de la Condensación del Qi Inicial y, además, poseía una comprensión del combate muy superior gracias a la consola. Había aprendido técnicas de Chun-Li y Cammy, y aunque todavía no las utilizaba abiertamente, su movilidad y capacidad de reacción habían mejorado muchísimo.
Además, Lin Zhen también estaba presente.
Y con él cerca, aquella absurda suerte de protagonista probablemente terminaría resolviendo cualquier situación crítica.
Chen Xuan frunció ligeramente el ceño mientras avanzaba.
Entonces…
¿cómo había podido fallar todo en aquella línea temporal?
Mientras más lo pensaba, menos sentido tenía. Con el conocimiento que poseía ahora, comenzaba a sospechar que aquella situación había sido mucho más compleja de lo que la novela mostraba originalmente.
Quizás existía algo oculto.
Algo que ni siquiera el protagonista había llegado a comprender completamente.
Después de varios minutos, finalmente llegó a la zona montañosa que recordaba. Entre enormes rocas cubiertas de vegetación y corrientes de qi natural extremadamente densas, se ocultaba una pequeña entrada apenas visible.
La cueva.
Tal como la recordaba.
Chen Xuan ingresó lentamente y revisó el interior antes de relajarse ligeramente. El lugar era estrecho, pero suficiente para ocultarse y descansar durante bastante tiempo. Además, el qi natural de la zona interfería con la percepción espiritual externa, convirtiéndolo en un escondite perfecto.
Se dejó caer sobre el suelo de piedra mientras observaba el techo con tranquilidad.
A diferencia de los demás discípulos, él no sentía demasiado interés por las herencias o recursos del Reino Secreto. Las técnicas de cultivo de ese mundo no podían ser aprendidas por él debido a las restricciones del sistema, y aunque algunos tesoros espirituales podían ser útiles, su verdadera fuerza seguía dependiendo de otra cosa.
El sistema.
La consola.
Las experiencias que obtenía de ella.
Ese era su verdadero camino.
Mientras otros cultivadores arriesgaban la vida por técnicas antiguas y manuales espirituales, él avanzaba mediante algo completamente distinto. Y eso lo convertía en una anomalía incluso dentro de un mundo lleno de genios.
Mientras Chen Xuan descansaba oculto en las montañas, en otra parte del Reino Secreto, Lin Zhen avanzaba a través de un valle cubierto de ruinas antiguas. A su alrededor podían verse cadáveres de bestias espirituales derrotadas recientemente, mientras fragmentos de qi aún flotaban en el aire.
El joven limpiaba tranquilamente la sangre de su espada mientras una voz anciana resonaba dentro de su mente.
—Nada mal. Tu control mejoró bastante desde el último combate.
Lin Zhen sonrió ligeramente mientras observaba los recursos espirituales obtenidos.
—Todavía fue más difícil de lo que esperaba.
El anciano dentro del anillo soltó una pequeña risa.
—Eso es normal. Las bestias espirituales de este reino poseen un qi mucho más puro que las del exterior. Pero también significa que los recursos aquí son mejores.
Lin Zhen asintió ligeramente mientras guardaba las hierbas espirituales y núcleos internos dentro de su bolsa de almacenamiento. Su recorrido dentro del Reino Secreto apenas comenzaba, pero las oportunidades ya empezaban a aparecer una tras otra.
En otra zona del reino, el ambiente era completamente distinto.
Un enorme pantano se extendía bajo un cielo gris, cubierto por neblina fría y aguas oscuras donde ocasionalmente podían verse enormes sombras moviéndose bajo la superficie. Sobre uno de los árboles muertos del lugar, Lian Ruyu permanecía de pie con la espada aún cubierta de sangre fresca.
Debajo de ella yacía el cuerpo de una bestia espiritual semejante a un lagarto gigantesco, atravesado por múltiples cortes precisos.
El qi frío que rodeaba a Ruyu hacía que incluso el aire cercano pareciera congelarse ligeramente.
Durante las últimas horas había derrotado varias bestias de la zona, obteniendo recursos espirituales valiosos mientras perfeccionaba aún más sus técnicas de espada. En más de una ocasión consideró utilizar las habilidades cuerpo a cuerpo que había aprendido mediante Chun-Li y Cammy, pero al final decidió contenerse.
Todavía no deseaba mostrar ese tipo de cartas frente a otros cultivadores.
Especialmente dentro del Reino Secreto.
Ruyu descendió lentamente del árbol mientras limpiaba la espada con calma.
Y entonces…
la sintió.
Una presencia familiar.
El qi frío que se aproximaba desde el otro extremo del pantano era imposible de confundir.
Lian Ruyu levantó lentamente la mirada.
Y allí estaba ella.
Bai Yuexin.
La joven discípula de la Secta de la Nube Helada avanzaba lentamente sobre las aguas oscuras del pantano sin hundirse ni un centímetro. Su túnica azul pálido se movía suavemente con el viento mientras pequeños cristales de hielo comenzaban a formarse alrededor de sus pasos.
Cuando ambas se observaron directamente, el ambiente cambió de inmediato.
La temperatura descendió abruptamente.
No había nadie alrededor.
Ningún anciano.
Ningún discípulo.
Y lo más importante…
ningún Lin Zhen para detenerlas.
Bai Yuexin habló primero mientras sostenía lentamente la empuñadura de su espada.
—Así que realmente lograste avanzar.
Ruyu respondió sin cambiar su expresión.
—Tú también.
Las dos permanecieron inmóviles durante varios segundos. La tensión entre ambas era evidente, porque aquello nunca había sido una simple rivalidad entre discípulas talentosas.
Ambas poseían afinidad con técnicas frías.
Ambas eran consideradas genios.
Y ambas se negaban a aceptar quedar por debajo de la otra.
El viento comenzó a volverse más intenso mientras el qi helado de ambas se expandía alrededor. Incluso el pantano comenzó a congelarse lentamente bajo la presión de sus energías espirituales.
Y entonces…
desaparecieron.
El choque de sus espadas resonó violentamente en toda la zona. Las dos reaparecieron en el centro del pantano mientras una onda de energía barría el agua y destruía varios árboles cercanos.
Bai Yuexin atacó primero.
Su espada liberó un corte horizontal cubierto de qi helado que dejó una línea congelada suspendida sobre el aire. Ruyu bloqueó el ataque y respondió inmediatamente con una estocada directa al cuello.
El combate se volvió intenso casi al instante.
Las dos jóvenes se movían con una velocidad absurda para cultivadoras de su nivel. Sus túnicas giraban elegantemente mientras las espadas chocaban una y otra vez, liberando fragmentos de hielo y qi frío por todo el pantano.
Bai Yuexin ejecutó una técnica mucho más agresiva, liberando múltiples cortes consecutivos que parecían formar una red helada imposible de esquivar. Cada ataque buscaba cerrar el espacio y limitar los movimientos de Ruyu.
Pero Ruyu respondió con calma absoluta.
Retrocedía apenas lo necesario mientras desviaba cada golpe con movimientos precisos y elegantes. Sus ojos permanecían completamente tranquilos incluso bajo aquella presión.
Entonces contraatacó.
Su espada giró elegantemente antes de liberar un corte diagonal cubierto de qi frío que atravesó directamente la neblina del pantano.
Bai Yuexin logró bloquearlo, pero la fuerza del impacto la obligó a retroceder varios metros sobre el agua.
Por primera vez, una pequeña sorpresa apareció en sus ojos.
Ruyu había cambiado mucho más de lo que esperaba.
Las dos volvieron a desaparecer al mismo tiempo.
El agua explotaba.
Los árboles se congelaban.
El cielo gris parecía hundirse bajo el choque constante de sus qi helados.
Dos hermosas flores.
Elegantes.
Frías.
Y peligrosamente letales.
Mientras sus espadas continuaban chocando bajo el cielo oscuro del pantano, ninguna de las dos estaba dispuesta a retroceder.
Porque para ambas… aquella pelea jamás había sido solo una rivalidad.
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