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el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 36

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Capítulo 36: *VOLUMEN 4 – CAPÍTULO 36**Mau y Uriel**La Katana de las Mil Dagas / las guadañas del aire

El sonido del mar era constante.

Las olas golpeaban la arena una y otra vez, dejando espuma blanca que desaparecía lentamente antes de que la siguiente ola llegara.

El cielo seguía cubierto por las mismas nubes grises que parecían haber cubierto todo el mundo.

Mau caminaba por la playa con pasos lentos.

La arena húmeda se hundía un poco bajo sus zapatos.

Miró el horizonte.

El océano parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

—Esto es raro… —murmuró.

No esperaba terminar en la costa.

Después de escapar de la ciudad había corrido sin una dirección clara, solo tratando de alejarse de las criaturas que aparecían en todas partes.

Pero al final había llegado allí.

Al menos el lugar estaba silencioso.

Aunque ese silencio también daba miedo.

Mau pateó una pequeña piedra en la arena.

—Genial… una playa vacía en medio del fin del mundo.

Siguió caminando unos metros más.

Entonces escuchó algo.

Pasos.

Mau giró rápidamente.

Un chico venía caminando por la playa desde la dirección opuesta.

El chico también se detuvo cuando lo vio.

Ambos se quedaron quietos unos segundos.

El chico levantó una mano.

—¿Eres humano?

Mau levantó una ceja.

—Hasta donde sé.

El chico soltó una pequeña risa de alivio.

—Pensé que estaba solo.

Se acercó un poco más.

—Me llamo Uriel.

Mau asintió.

—Mau.

Uriel miró alrededor de la playa.

—No he visto a nadie más desde que llegué aquí.

Mau señaló el océano.

—Yo tampoco.

Los dos comenzaron a caminar juntos por la arena.

Aunque ninguno lo decía en voz alta, era mucho mejor no estar completamente solo.

Uriel rompió el silencio después de unos minutos.

—¿También viste esas criaturas?

Mau asintió.

—Sí.

Uriel suspiró.

—El mundo se volvió loco en un solo día.

El viento sopló más fuerte por un momento.

Las olas comenzaron a romper con más fuerza.

Mau miró hacia el agua.

Algo se movía cerca de la orilla.

—¿Viste eso?

Uriel entrecerró los ojos.

—Sí…

Una figura apareció saliendo lentamente del agua.

Su cuerpo estaba deformado por la corrupción.

Sus movimientos eran extraños, como si todavía no estuviera acostumbrada a caminar sobre la arena.

Uriel retrocedió.

—Eso no es bueno.

Otra criatura salió del agua.

Y luego otra más.

Mau frunció el ceño.

—Creo que deberíamos correr.

Uriel asintió inmediatamente.

—Estoy de acuerdo.

Ambos comenzaron a correr por la playa.

Pero las criaturas eran rápidas.

Sus movimientos sobre la arena eran torpes, pero aun así avanzaban.

Uriel miró hacia atrás.

—¡Vienen!

Mau respiraba con dificultad.

—¡Lo sé!

La playa era larga y abierta.

No había muchos lugares donde esconderse.

Después de unos minutos de carrera llegaron a una zona donde la arena estaba cubierta por restos arrastrados por el mar.

Madera.

Redes de pesca.

Y algunas cajas viejas.

Mau tropezó con algo metálico enterrado en la arena.

—¡Espera!

Uriel frenó.

—¿Qué pasa?

Mau apartó un poco la arena con el pie.

Una **katana** estaba parcialmente enterrada.

Su empuñadura era negra.

Y a lo largo de la hoja había pequeñas marcas que parecían símbolos.

Mau frunció el ceño.

—Esto es raro…

Una de las criaturas se acercaba rápidamente.

Uriel miró alrededor desesperado.

—¡Date prisa!

Mau tomó la katana por instinto.

En el momento en que sus manos tocaron la empuñadura…

La hoja vibró.

Un sonido metálico suave recorrió el aire.

Pequeñas luces aparecieron alrededor del filo.

Como si muchas hojas invisibles estuvieran moviéndose junto a la espada.

Uriel abrió los ojos sorprendido.

—¿Qué fue eso?

Mau levantó la katana.

Las pequeñas luces giraban alrededor del arma.

La **Katana de las Mil Dagas** había despertado.

Uriel retrocedió un paso.

—Eso… definitivamente no es una espada normal.

Pero entonces Uriel vio algo más.

Entre los restos de madera cerca de la orilla había **dos guadañas** apoyadas contra una caja rota.

Sus hojas eran plateadas y ligeras.

Como si estuvieran hechas de aire.

Uriel se acercó y las tomó.

En cuanto tocó las empuñaduras…

Una ráfaga de viento recorrió la playa.

La arena se levantó ligeramente.

Las hojas brillaron con una luz suave.

Las **Guadañas del Viento** habían encontrado a su portador.

Uriel giró una de ellas con sorpresa.

—Esto… es increíble…

Las criaturas seguían acercándose.

Pero ahora las cosas eran diferentes.

Mau miró su katana.

Uriel levantó las guadañas.

Ambos se miraron.

Mau sonrió un poco.

—Bueno…

Uriel giró las guadañas con cuidado.

—Supongo que ahora sí tenemos una oportunidad.

Las criaturas comenzaron a avanzar nuevamente.

El viento sopló con más fuerza.

Y ambos dieron un paso adelante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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