el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 35
- Inicio
- el fin y el inicio de los reyes
- Capítulo 35 - Capítulo 35: **VOLUMEN 4 - CAPÍTULO 35** **Sebastián** **El Bastón de Yggdrasil**
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 35: **VOLUMEN 4 – CAPÍTULO 35** **Sebastián** **El Bastón de Yggdrasil**
El bosque estaba demasiado quieto.
Sebastián caminaba lentamente entre los árboles altos, apartando ramas con cuidado para no hacer demasiado ruido. El suelo estaba cubierto de hojas secas y tierra húmeda.
Cada paso producía un pequeño crujido.
Eso lo ponía nervioso.
—Esto… no me gusta… —murmuró.
El viento soplaba suavemente entre las copas de los árboles, moviendo las ramas como si el bosque estuviera susurrando algo.
Sebastián ajustó su mochila.
Había terminado allí después de correr durante lo que parecieron horas. Cuando las criaturas aparecieron cerca de la ciudad, mucha gente había intentado escapar hacia las zonas rurales.
Pero incluso allí las cosas se habían vuelto extrañas.
Demasiado silenciosas.
—Genial… —dijo con sarcasmo—. Un bosque enorme… lleno de cosas que probablemente quieren matarme.
Siguió caminando.
Después de varios minutos escuchó algo.
Voces.
Sebastián se detuvo inmediatamente.
—¿Hola?
Las voces también se detuvieron.
Un chico salió lentamente detrás de un árbol.
Parecía tener la misma edad que él.
—¿Eres humano?
Sebastián levantó las manos.
—Sí… bastante seguro.
El chico suspiró con alivio.
—Pensé que eras una de esas criaturas.
Detrás de él aparecieron dos personas más.
Una chica con una mochila grande y otro chico que sostenía una rama gruesa como si fuera un arma.
El primero se presentó.
—Soy Luis.
Señaló a la chica.
—Ella es Carla.
Y luego al otro chico.
—Él es Tomás.
Sebastián asintió.
—Sebastián.
Carla parecía agotada.
—Hemos estado caminando desde la ciudad toda la mañana.
Tomás miró alrededor con preocupación.
—Las criaturas también están llegando al bosque.
Sebastián suspiró.
—Perfecto… justo lo que necesitaba escuchar.
Luis señaló hacia adelante.
—Estamos intentando llegar a una vieja cabaña de guardabosques. Tal vez podamos refugiarnos allí.
Sebastián pensó un momento.
Estar solo en el bosque no parecía una gran idea.
—Voy con ustedes.
El pequeño grupo comenzó a caminar entre los árboles.
El bosque era cada vez más denso.
La luz del sol apenas lograba pasar entre las ramas.
Carla hablaba en voz baja.
—Antes venía aquí con mi familia a acampar.
Sebastián miró alrededor.
—Debe haber sido muy diferente.
Carla asintió.
—Mucho.
Después de unos minutos llegaron a un pequeño claro.
En el centro había un árbol enorme.
Mucho más grande que los demás.
Su tronco era ancho y sus raíces sobresalían del suelo como si abrazaran la tierra.
Luis frunció el ceño.
—No recuerdo este árbol.
Tomás también parecía confundido.
—Yo tampoco.
Sebastián observó el tronco.
Había marcas extrañas en la corteza.
Como símbolos antiguos.
—Esto es raro…
Entonces el viento cambió.
Un sonido extraño llegó desde los árboles cercanos.
Algo se movía entre las ramas.
Carla se tensó.
—¿Escucharon eso?
El sonido volvió.
Más fuerte.
Ramas rompiéndose.
Luis levantó una piedra.
—Tal vez sea un animal…
Entonces la criatura apareció entre los árboles.
Su cuerpo estaba deformado por la corrupción.
Sus extremidades eran largas y torcidas.
Sus movimientos eran rápidos y desordenados.
Tomás retrocedió.
—No…
Otra criatura salió desde el otro lado del claro.
Y luego otra más.
Sebastián sintió cómo su corazón empezaba a latir más rápido.
—Tenemos que correr.
Luis asintió.
—¡Muévanse!
El grupo intentó escapar entre los árboles.
Pero las criaturas se movían más rápido.
Tomás tropezó con una raíz.
Luis intentó ayudarlo a levantarse.
Carla gritó.
Una criatura cayó frente a ellos bloqueando el camino.
Sebastián miró alrededor desesperado.
No había salida.
El grupo retrocedió hasta quedar junto al enorme árbol del claro.
Las criaturas comenzaron a acercarse lentamente.
Carla estaba temblando.
—No quiero morir…
Tomás apretó la rama que llevaba.
—Yo tampoco…
Sebastián respiraba rápido.
—Genial…
Apoyó una mano contra el tronco del árbol.
En ese momento algo extraño ocurrió.
La corteza del árbol comenzó a brillar ligeramente.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Eh?
Las raíces del árbol se movieron lentamente.
Entre ellas apareció un objeto largo de madera.
Un **bastón**.
Parecía antiguo.
Pero también… vivo.
Sebastián lo tomó instintivamente.
En el momento en que sus manos tocaron la madera…
Una luz verde recorrió todo el bastón.
Las hojas del árbol comenzaron a moverse aunque no había viento.
Luis abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué está pasando?
Sebastián sentía una energía cálida recorriendo sus brazos.
Las raíces del árbol se movieron por el suelo.
Como si respondieran al bastón.
Carla susurró.
—El árbol…
Las criaturas se detuvieron por un momento.
Como si dudaran.
Sebastián levantó el bastón.
La energía verde brillaba con más intensidad.
Algo antiguo.
Algo poderoso.
Había despertado.
El **Bastón de Yggdrasil** había encontrado a su portador.
Sebastián respiró profundamente.
Todavía tenía miedo.
Pero ahora tenía algo que podía ayudar.
Miró a sus compañeros.
—Tal vez… todavía tengamos una oportunidad.
Las criaturas comenzaron a avanzar nuevamente.
Sebastián sostuvo el bastón con más fuerza.
—Intentemos sobrevivir.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com