el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 38
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Capítulo 38: ## Capítulo 38 ## Alan y Camila **Las Hachas de la Tierra / Los Kunais de Lava
El cielo estaba cubierto por nubes oscuras.
No era una tormenta normal.
Desde que el mundo comenzó a cambiar, el cielo siempre parecía pesado… como si algo enorme estuviera observando desde arriba.
Alan caminaba lentamente por una calle llena de escombros.
Las ventanas de los edificios estaban rotas.
Los autos abandonados.
El silencio del lugar era inquietante.
Cada paso que daba levantaba polvo del pavimento.
—Genial… —murmuró—. Otro lugar completamente vacío.
Alan nunca había sido una persona especialmente valiente.
Era fuerte físicamente, sí. Siempre lo fue.
Pero eso no significaba que no tuviera miedo.
Y ahora tenía mucho.
Desde la explosión en el laboratorio, todo se había vuelto un desastre.
Las bestias.
La corrupción.
Las personas desapareciendo.
Alan apretó los dientes.
—Espero que los demás estén vivos…
Siguió caminando por la calle hasta que escuchó algo.
Un sonido metálico.
Se detuvo.
Miró alrededor.
—¿Hola?
Nadie respondió.
Pero el sonido volvió.
Algo se movía entre los restos de un edificio derrumbado.
Alan agarró un tubo de metal que estaba tirado cerca.
—No me obligues a usar esto… —murmuró.
Entonces una figura salió de entre los escombros.
Era una chica.
Tenía la ropa sucia y estaba respirando con dificultad.
Alan bajó el tubo inmediatamente.
—¡Espera! ¡No soy una bestia!
La chica también parecía sorprendida.
—¿Alan?
Él entrecerró los ojos.
—…Camila?
Los dos se miraron durante unos segundos.
Luego ambos soltaron un suspiro de alivio.
Camila caminó hacia él.
—Pensé que me había quedado sola.
Alan negó con la cabeza.
—Yo también.
Por un momento ninguno habló.
El silencio del lugar volvió a sentirse pesado.
Camila miró alrededor.
—Este lugar se ve horrible.
Alan soltó una pequeña risa.
—Todo se ve horrible ahora.
Camila se apoyó en una pared rota.
—Después de la explosión corrí… y corrí… pero no encontré a nadie.
Alan asintió.
—Creo que todos terminamos separados.
Camila miró el cielo.
—¿Crees que estén vivos?
Alan dudó.
Luego respondió con sinceridad.
—No lo sé.
El viento sopló entre los edificios destruidos.
Entonces algo cayó del techo de un coche cercano.
El metal se dobló con un ruido fuerte.
Alan y Camila se giraron inmediatamente.
Una criatura estaba encima del coche.
Su cuerpo estaba deformado por la corrupción.
Sus brazos eran demasiado largos.
Su piel parecía estar agrietada.
Camila retrocedió un paso.
—No…
La criatura emitió un sonido extraño.
Luego saltó hacia ellos.
Alan reaccionó primero.
Golpeó con el tubo de metal.
El impacto hizo que la criatura retrocediera un poco.
—¡Corre!
Camila corrió hacia un callejón cercano.
Alan la siguió.
Pero el problema era que no estaban solos.
Dos criaturas más aparecieron al final del callejón.
Camila se detuvo de golpe.
—Esto es malo…
Alan miró detrás.
La primera criatura ya venía corriendo hacia ellos.
Estaban atrapados.
Alan respiraba rápido.
—Genial…
Camila buscó algo alrededor.
Piedras.
Escombros.
Nada útil.
—No tenemos armas…
Una de las criaturas saltó.
Alan empujó a Camila hacia un lado.
Los dos cayeron al suelo.
El tubo de metal salió volando.
La criatura volvió a levantarse.
Camila retrocedió arrastrándose por el suelo.
—No…
Alan intentó levantarse, pero su pierna le dolía.
Las criaturas comenzaron a acercarse lentamente.
Camila miró alrededor desesperada.
Entonces vio algo.
Entre los escombros había una caja de madera rota.
Dentro… había dos objetos.
Dos **hachas grandes de piedra oscura**.
Alan también las vio.
—¿Qué hacen esas cosas aquí…?
La criatura saltó otra vez.
Alan extendió la mano por instinto.
Sus dedos tocaron el mango de una de las hachas.
En ese instante…
El suelo tembló ligeramente.
Una energía profunda recorrió el arma.
Las grietas del pavimento comenzaron a brillar.
Alan abrió los ojos sorprendido.
—¿Eh…?
Las **Hachas de la Tierra** habían despertado.
El mango vibraba con una fuerza increíble.
Como si el arma estuviera viva.
La criatura atacó.
Alan levantó el hacha por reflejo.
El golpe chocó contra el arma.
Un sonido profundo recorrió el callejón.
La criatura fue empujada hacia atrás violentamente.
Camila miraba todo con incredulidad.
—¿Qué… fue eso?
Alan tampoco lo sabía.
Pero el arma se sentía… correcta.
Como si hubiera sido hecha para él.
—No tengo idea…
Las otras criaturas comenzaron a avanzar.
Camila se levantó rápidamente.
—¡Alan, detrás!
Una de las criaturas estaba a punto de atacarlo por la espalda.
Camila buscó algo para defenderse.
Entonces vio algo más dentro de la caja rota.
Pequeñas armas.
Cuatro **kunais negros con grietas rojas brillantes**.
Camila tomó uno.
En el momento en que sus dedos tocaron el metal…
El kunai se calentó.
Una luz roja apareció en las grietas.
El aire alrededor comenzó a vibrar.
Los **Kunais de Lava** habían despertado.
Camila abrió los ojos sorprendida.
—Esto…
La criatura atacó.
Camila lanzó el kunai por reflejo.
El arma atravesó el aire dejando una estela roja.
Cuando golpeó el suelo frente a la criatura…
Una explosión de roca caliente la empujó hacia atrás.
Alan se giró.
—¡¿Qué hiciste?!
Camila también estaba sorprendida.
—¡No lo sé!
La criatura intentó levantarse otra vez.
Alan levantó ambas hachas.
La energía de la tierra recorrió el suelo bajo sus pies.
—Bueno…
Camila tomó otro kunai.
Las grietas rojas brillaban intensamente.
—Supongo que ahora sí tenemos armas.
Las criaturas volvieron a atacar.
Pero ahora todo era diferente.
Alan dio un paso adelante.
El pavimento se agrietó bajo sus pies.
Camila giró el kunai entre sus dedos.
Una pequeña chispa roja apareció en el aire.
Los dos se miraron.
Alan sonrió.
—Intentemos no morir.
Camila asintió.
—Suena como un buen plan.
Las criaturas saltaron.
Y la batalla comenzó.
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