el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 39
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Capítulo 39: # Capítulo 39 ## Gabriel y Nico *Las Armas Gravitacionales / La Katana de luna
La noche había llegado.
No era una noche normal.
Desde que el mundo cambió, la oscuridad parecía más profunda, más pesada. Como si el cielo mismo estuviera observando la tierra en silencio.
Las calles estaban vacías.
Las luces de algunos postes aún parpadeaban débilmente, iluminando pedazos de concreto roto, autos abandonados y edificios dañados.
Gabriel caminaba lentamente por la avenida.
Su mochila colgaba de un hombro y sus zapatos estaban llenos de polvo.
—Esto… no puede ser real —murmuró.
Había pasado horas caminando desde que escapó del caos de la ciudad.
Había visto cosas que no podía explicar.
Criaturas deformadas.
Personas huyendo.
Explosiones.
Gabriel se detuvo en medio de la calle.
El viento movía un pedazo de papel viejo por el suelo.
—Espero que alguien más siga vivo…
Entonces escuchó pasos.
Gabriel se tensó inmediatamente.
—¿Hola?
El sonido se detuvo.
Después de unos segundos, una figura apareció detrás de un coche volcado.
Era un chico de su misma edad.
El chico también parecía sorprendido.
—¿Gabriel?
Gabriel parpadeó.
—¿Nico?
Los dos se miraron durante unos segundos.
Luego soltaron un suspiro de alivio al mismo tiempo.
—Pensé que me había quedado solo —dijo Nico.
Gabriel negó con la cabeza.
—Yo también.
Nico caminó hacia él.
—¿Has visto a los demás?
Gabriel suspiró.
—No.
Los dos se quedaron en silencio un momento.
La noche hacía que todo se sintiera aún más inquietante.
Nico miró los edificios.
—Este lugar me da mala espina.
Gabriel asintió.
—A mí también.
Pero justo cuando iba a decir algo más…
Un coche cercano se movió.
El metal crujió.
Los dos giraron inmediatamente.
Algo salió de debajo del vehículo.
Una criatura.
Su cuerpo estaba torcido, como si hubiera sido deformado por una fuerza invisible.
Sus brazos eran largos y sus movimientos eran rápidos.
Nico retrocedió.
—No…
Otra criatura apareció en la acera.
Y luego otra más.
Gabriel apretó los puños.
—Genial…
Nico miró alrededor.
—No tenemos armas.
Las criaturas comenzaron a avanzar.
Gabriel tomó un pedazo de metal del suelo.
—Esto tendrá que servir.
La primera criatura saltó.
Gabriel golpeó con el metal.
El impacto apenas la detuvo.
La criatura empujó a Gabriel contra un coche.
El metal del vehículo se dobló con el impacto.
Nico intentó ayudarlo, pero otra criatura lo obligó a retroceder.
—¡Gabriel!
Gabriel cayó al suelo.
La criatura se acercaba lentamente.
No tenía fuerza para levantarse.
—Perfecto… —murmuró.
Su mano golpeó algo metálico en el suelo.
Gabriel miró.
Entre los escombros había **dos guanteletes metálicos extraños**.
Parecían pesados.
Con símbolos extraños grabados en la superficie.
La criatura saltó.
Gabriel agarró uno de los guanteletes por instinto.
En el momento en que lo tocó…
El aire vibró.
Una presión invisible recorrió el suelo.
Los **Guanteletes Gravitacionales** despertaron.
El cuerpo de la criatura fue empujado violentamente contra el pavimento.
El suelo se agrietó.
Gabriel abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué…?
La criatura intentó levantarse.
Gabriel levantó la mano.
El aire volvió a vibrar.
La criatura fue aplastada contra el suelo por una fuerza invisible.
Nico miraba todo con incredulidad.
—Gabriel… ¿qué hiciste?
Gabriel tampoco lo entendía.
—No lo sé…
Pero entonces Nico vio algo.
Apoyada contra una farola rota había una **katana plateada**.
La hoja reflejaba la luz de la luna.
Era hermosa.
Pero también parecía antigua.
Nico se acercó lentamente.
—Esto…
Gabriel gritó.
—¡Nico, cuidado!
Otra criatura saltó desde un techo.
Nico tomó la katana por reflejo.
En el momento en que la empuñó…
La hoja brilló con una luz blanca suave.
La **Katana de la Luna** había despertado.
El ataque de la criatura se detuvo en el aire.
Nico movió la espada sin pensar.
Un destello blanco cruzó la oscuridad.
La criatura cayó al suelo.
El silencio volvió por un momento.
Gabriel respiraba con dificultad.
Nico miraba la espada en sus manos.
—Creo que… encontramos algo importante.
Gabriel miró sus guanteletes.
La energía gravitacional aún vibraba en el aire.
—Sí…
Las criaturas restantes comenzaron a avanzar otra vez.
Pero ahora las cosas eran diferentes.
Nico levantó la katana.
La luz de la luna recorría la hoja.
Gabriel apretó sus guanteletes.
La gravedad del aire parecía moverse alrededor de él.
Los dos se miraron.
Gabriel sonrió un poco.
—Supongo que ahora sí tenemos una oportunidad.
Nico asintió.
—Entonces… sobrevivamos.
Las criaturas saltaron hacia ellos.
Y la batalla comenzó.
El sonido del mar era violento.
Las olas golpeaban con fuerza contra las rocas de la costa, levantando espuma blanca que el viento arrastraba por el aire.
El cielo estaba completamente cubierto.
Nubes oscuras se movían lentamente, como si algo enorme estuviera escondido detrás de ellas.
Jesús caminaba por la playa con dificultad.
Su ropa estaba sucia y mojada.
Cada paso sobre la arena era pesado.
—Genial… —murmuró con cansancio—. Ahora también terminé en el océano.
Había pasado horas caminando desde que escapó de la ciudad.
No sabía dónde estaban los demás.
Ni siquiera sabía si seguían vivos.
El mundo se había vuelto irreconocible.
Bestias.
Ciudades destruidas.
Personas desaparecidas.
Jesús suspiró.
—Solo quiero encontrar a alguien más…
Entonces escuchó pasos detrás de él.
Jesús se giró rápidamente.
Una figura apareció entre las rocas.
Una chica.
Jesús frunció el ceño.
—¿Alejandra?
La chica también se sorprendió.
—¿Jesús?
Los dos se quedaron quietos unos segundos.
Luego ambos soltaron un suspiro de alivio.
Alejandra caminó hacia él.
—Pensé que me había quedado sola.
Jesús negó con la cabeza.
—Yo también.
El viento sopló con fuerza entre ellos.
Alejandra miró el mar.
—Este lugar se siente extraño.
Jesús asintió.
—Todo se siente extraño ahora.
Caminaron unos metros por la playa.
El sonido del océano llenaba el silencio.
Alejandra rompió el silencio.
—¿Has visto a los demás?
Jesús negó lentamente.
—No.
Entonces el agua del mar se movió.
Las olas comenzaron a agitarse de forma extraña.
Jesús entrecerró los ojos.
—Eso no es normal…
Una figura salió del agua.
Una criatura.
Su cuerpo estaba deformado por la corrupción del mundo.
Partes de su piel parecían piedra oscura.
Sus movimientos eran pesados, pero poderosos.
Alejandra retrocedió.
—No…
Otra criatura emergió del mar.
Y luego otra más.
Jesús apretó los puños.
—Perfecto…
Las criaturas comenzaron a avanzar por la playa.
Jesús buscó algo para defenderse.
Pero no había nada.
Alejandra también miraba alrededor.
—No tenemos armas…
La primera criatura saltó hacia ellos.
Jesús empujó a Alejandra hacia un lado.
Ambos cayeron en la arena.
La criatura golpeó el suelo con fuerza.
Jesús rodó por la arena.
Su mano chocó contra algo enterrado.
Metal.
Jesús apartó la arena rápidamente.
Un **tridente enorme** estaba enterrado en la playa.
Su metal era azul oscuro.
Y símbolos antiguos recorrían su superficie.
La criatura volvió a atacar.
Jesús tomó el tridente por instinto.
En el momento en que sus manos tocaron el arma…
El océano reaccionó.
Las olas se elevaron violentamente.
El **Tridente del Océano** había despertado.
El agua del mar se levantó como una muralla.
La criatura fue empujada hacia atrás por una ola enorme.
Jesús abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué… fue eso?
Pero Alejandra también había encontrado algo.
Entre las rocas cercanas había dos pequeñas armas.
**Dos dagas brillantes.**
Su metal parecía hecho de pura luz.
Alejandra las tomó.
En cuanto sus dedos tocaron las empuñaduras…
Las dagas comenzaron a brillar intensamente.
Las **Dagas de la Luz** habían despertado.
La luz iluminó toda la playa.
Las criaturas retrocedieron.
Jesús miró a Alejandra.
—Creo que… encontramos algo importante.
Alejandra observó las dagas.
La luz se reflejaba en sus ojos.
—Sí…
Las criaturas volvieron a atacar.
Jesús levantó el tridente.
El océano respondió inmediatamente.
Una ola gigantesca golpeó a las criaturas.
Alejandra avanzó.
Las dagas dejaron estelas de luz en el aire.
Las criaturas fueron obligadas a retroceder.
Pero entonces…
El cielo cambió.
Las nubes comenzaron a girar.
El aire se volvió pesado.
Alejandra miró hacia arriba.
—¿Qué está pasando?
Jesús también levantó la mirada.
Una energía enorme recorría el cielo.
Lejos de ahí…
En otros lugares del mundo…
Otras armas brillaban al mismo tiempo.
La **Katana de Amaterasu**.
Las **Katanas de Ragnarök**.
La **Guadaña de la Parca**.
Las **Espadas del Caos**.
Las **Hachas de la Tierra**.
Las **Armas Gravitacionales**.
Todas las armas reaccionaban.
La energía corrupta del mundo comenzó a agitarse.
Pero otra energía apareció.
Una energía diferente.
Más pura.
Más antigua.
Las dos fuerzas chocaron.
El suelo tembló en todo el planeta.
En el cielo aparecieron grietas.
Portales.
Puertas hacia otros lugares.
Jesús apretó el tridente.
—Esto no es bueno…
Alejandra miró uno de los portales abrirse frente a ellos.
Una luz intensa salió de su interior.
—Jesús…
El portal comenzó a absorber todo a su alrededor.
La arena.
El viento.
La energía de las armas.
Jesús intentó resistir.
Pero la fuerza era demasiado grande.
Alejandra también estaba siendo arrastrada.
—¡Jesús!
Jesús gritó.
—¡No te sueltes!
Pero era imposible.
La fuerza del portal era demasiado poderosa.
La luz los envolvió.
Y desaparecieron.
—
### Epílogo del Volumen 4
En todo el mundo…
Los portadores de las armas desaparecieron.
Cada uno fue enviado a un lugar diferente.
A una dimensión diferente.
Nuevos mundos.
Nuevos peligros.
Y en lo más profundo del planeta…
Algo antiguo despertó.
Una criatura primordial abrió lentamente sus ojos.
Algo mucho más peligroso que cualquier bestia.
Y su despertar…
apenas comenzaba.
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