el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 40
- Inicio
- el fin y el inicio de los reyes
- Capítulo 40 - Capítulo 40: # Capítulo 40 # Jesús y Alejandra *El Tridente del Océano / Las Dagas de la luz
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 40: # Capítulo 40 # Jesús y Alejandra *El Tridente del Océano / Las Dagas de la luz
El sonido del mar era violento.
Las olas golpeaban con fuerza contra las rocas de la costa, levantando espuma blanca que el viento arrastraba por el aire.
El cielo estaba completamente cubierto.
Nubes oscuras se movían lentamente, como si algo enorme estuviera escondido detrás de ellas.
Jesús caminaba por la playa con dificultad.
Su ropa estaba sucia y mojada.
Cada paso sobre la arena era pesado.
—Genial… —murmuró con cansancio—. Ahora también terminé en el océano.
Había pasado horas caminando desde que escapó de la ciudad.
No sabía dónde estaban los demás.
Ni siquiera sabía si seguían vivos.
El mundo se había vuelto irreconocible.
Bestias.
Ciudades destruidas.
Personas desaparecidas.
Jesús suspiró.
—Solo quiero encontrar a alguien más…
Entonces escuchó pasos detrás de él.
Jesús se giró rápidamente.
Una figura apareció entre las rocas.
Una chica.
Jesús frunció el ceño.
—¿Alejandra?
La chica también se sorprendió.
—¿Jesús?
Los dos se quedaron quietos unos segundos.
Luego ambos soltaron un suspiro de alivio.
Alejandra caminó hacia él.
—Pensé que me había quedado sola.
Jesús negó con la cabeza.
—Yo también.
El viento sopló con fuerza entre ellos.
Alejandra miró el mar.
—Este lugar se siente extraño.
Jesús asintió.
—Todo se siente extraño ahora.
Caminaron unos metros por la playa.
El sonido del océano llenaba el silencio.
Alejandra rompió el silencio.
—¿Has visto a los demás?
Jesús negó lentamente.
—No.
Entonces el agua del mar se movió.
Las olas comenzaron a agitarse de forma extraña.
Jesús entrecerró los ojos.
—Eso no es normal…
Una figura salió del agua.
Una criatura.
Su cuerpo estaba deformado por la corrupción del mundo.
Partes de su piel parecían piedra oscura.
Sus movimientos eran pesados, pero poderosos.
Alejandra retrocedió.
—No…
Otra criatura emergió del mar.
Y luego otra más.
Jesús apretó los puños.
—Perfecto…
Las criaturas comenzaron a avanzar por la playa.
Jesús buscó algo para defenderse.
Pero no había nada.
Alejandra también miraba alrededor.
—No tenemos armas…
La primera criatura saltó hacia ellos.
Jesús empujó a Alejandra hacia un lado.
Ambos cayeron en la arena.
La criatura golpeó el suelo con fuerza.
Jesús rodó por la arena.
Su mano chocó contra algo enterrado.
Metal.
Jesús apartó la arena rápidamente.
Un **tridente enorme** estaba enterrado en la playa.
Su metal era azul oscuro.
Y símbolos antiguos recorrían su superficie.
La criatura volvió a atacar.
Jesús tomó el tridente por instinto.
En el momento en que sus manos tocaron el arma…
El océano reaccionó.
Las olas se elevaron violentamente.
El **Tridente del Océano** había despertado.
El agua del mar se levantó como una muralla.
La criatura fue empujada hacia atrás por una ola enorme.
Jesús abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué… fue eso?
Pero Alejandra también había encontrado algo.
Entre las rocas cercanas había dos pequeñas armas.
**Dos dagas brillantes.**
Su metal parecía hecho de pura luz.
Alejandra las tomó.
En cuanto sus dedos tocaron las empuñaduras…
Las dagas comenzaron a brillar intensamente.
Las **Dagas de la Luz** habían despertado.
La luz iluminó toda la playa.
Las criaturas retrocedieron.
Jesús miró a Alejandra.
—Creo que… encontramos algo importante.
Alejandra observó las dagas.
La luz se reflejaba en sus ojos.
—Sí…
Las criaturas volvieron a atacar.
Jesús levantó el tridente.
El océano respondió inmediatamente.
Una ola gigantesca golpeó a las criaturas.
Alejandra avanzó.
Las dagas dejaron estelas de luz en el aire.
Las criaturas fueron obligadas a retroceder.
Pero entonces…
El cielo cambió.
Las nubes comenzaron a girar.
El aire se volvió pesado.
Alejandra miró hacia arriba.
—¿Qué está pasando?
Jesús también levantó la mirada.
Una energía enorme recorría el cielo.
Lejos de ahí…
En otros lugares del mundo…
Otras armas brillaban al mismo tiempo.
La **Katana de Amaterasu**.
Las **Katanas de Ragnarök**.
La **Guadaña de la Parca**.
Las **Espadas del Caos**.
Las **Hachas de la Tierra**.
Las **Armas Gravitacionales**.
Todas las armas reaccionaban.
La energía corrupta del mundo comenzó a agitarse.
Pero otra energía apareció.
Una energía diferente.
Más pura.
Más antigua.
Las dos fuerzas chocaron.
El suelo tembló en todo el planeta.
En el cielo aparecieron grietas.
Portales.
Puertas hacia otros lugares.
Jesús apretó el tridente.
—Esto no es bueno…
Alejandra miró uno de los portales abrirse frente a ellos.
Una luz intensa salió de su interior.
—Jesús…
El portal comenzó a absorber todo a su alrededor.
La arena.
El viento.
La energía de las armas.
Jesús intentó resistir.
Pero la fuerza era demasiado grande.
Alejandra también estaba siendo arrastrada.
—¡Jesús!
Jesús gritó.
—¡No te sueltes!
Pero era imposible.
La fuerza del portal era demasiado poderosa.
La luz los envolvió.
Y desaparecieron.
—
### Epílogo del Volumen 4
En todo el mundo…
Los portadores de las armas desaparecieron.
Cada uno fue enviado a un lugar diferente.
A una dimensión diferente.
Nuevos mundos.
Nuevos peligros.
Y en lo más profundo del planeta…
Algo antiguo despertó.
Una criatura primordial abrió lentamente sus ojos.
Algo mucho más peligroso que cualquier bestia.
Y su despertar…
apenas comenzaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com