El Guía X - Capítulo 165
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Capítulo 165: Zona Roja 67 (5)
El pacífico viaje por mar, a excepción de la aparición de una mazmorra de clase SS que no había hecho ningún ruido, había llegado a su fin. Atracaron en una zona más profunda y usaron una barca para llegar a la orilla.
En cuanto al submarino, alguien se encargaría de él, según Khal. Las carreteras estaban relativamente intactas por esta zona; Ayen solo se dio cuenta entonces.
No estaba seguro. Parecían estar mejor mantenidas que las carreteras con las que se habían topado durante este viaje.
También consiguieron un coche con facilidad. Y en buen estado, además.
—¿Sientes curiosidad por saber por qué parece estar tan bien cuidado? —preguntó Devion. Su humor era el de siempre, tal como en la primera impresión que Ayen tuvo de él. Su expresión también era la misma.
Parecía que el viaje no solo había cambiado algo en el interior de Ayen, sino que también había estabilizado sus ánimos.
Ayen estaba a punto de asentir y preguntar cuando Devion sonrió con picardía, lo que le hizo detenerse. Ya tenía un presentimiento de lo que el otro iba a decir.
Y, como era de esperar.
—Ya lo verás —dijo Devion en un tono misterioso que en realidad no le pegaba.
Si hubiera sido Khal, la curiosidad de Ayen podría haberse despertado, pero Devion siempre tenía ese aire que hacía que a veces no pudieras tomarte sus palabras en serio.
¿Quizá por su sonrisita petulante en ese rostro angelical?
Ayen desvió la mirada y miró hacia afuera.
—La verdad es que no. No tengo curiosidad.
Devion apoyó la barbilla en el hombro de Ayen. —¿De verdad?
En realidad, sí que sentía curiosidad. Solo que no quería dejar que Devion ganara.
Ayen hizo un ruidito. Devion soltó una risita y le dio un rápido beso en la mejilla. Tampoco le insistió. Solo lo abrazó, y Ayen se relajó entre sus brazos.
Mientras tanto, Khal estaba concentrado en la conducción, con el codo apoyado en la ventanilla bajada del coche, inusualmente en paz. Un atisbo de sonrisa se dibujó en sus labios al escuchar la conversación detrás de él.
Nunca pensó que este tipo de vida fuera aburrida. Khal sabía que no duraría mientras el caos persistiera, pero esa era una razón de más para atesorar tan escasos momentos de paz.
Esta vez no tomaron ningún desvío y siguieron la ruta habitual hacia la Zona Roja 67. Ayen se dio cuenta de que, cuanto más se acercaban, el pavimento parecía estar mejor cuidado.
Y no había muchos monstruos merodeando por los alrededores, como si se hicieran limpiezas constantes para garantizar que la situación siguiera así.
Esta no era la ruta que habían tomado cuando viajó con los otros guías. Aunque no había tenido tiempo de observar los alrededores, pues se había pasado el viaje durmiendo dentro del camión blindado.
Los ojos de Ayen siguieron el rastro y se sorprendió al ver que los asentamientos parecían haberse concentrado en esta área. No debía de ser una zona oficial, al menos, desde la perspectiva de Ayen.
Eran como pequeñas ciudades construidas por la gente. La actividad de las personas también aumentó. Ayen no pudo evitar observar todo ante lo que pasaban.
Era extraño. Le recordó a Ayen aquel puerto, que por alguna razón parecía animado. Estaban llenos de vida, algo que no se solía ver en una zona oficial normal.
¿Había una zona verde establecida por aquí? Sin embargo, no debería ser el caso. Después de todo, esta área ya estaba cerca de la periferia de la zona prohibida. Las zonas verdes, o las zonas que manejan poblaciones masivas, no deberían establecerse en esta ubicación.
Las Zonas Prohibidas se llamaban así por una razón. Incluso aquella zona amarilla en la que se alojaron por primera vez tras salir de la zona prohibida estaba a kilómetros de su periferia.
Nadie miraba su coche, fue otra de las cosas que notó. Parecían estar acostumbrados. ¿Había un tráfico inmenso en este lugar?
Ahora, Ayen sentía una curiosidad de verdad. Aun así, se contuvo de preguntar a Devion o a Khal; quería descubrir por sí mismo qué tenía de diferente esta zona y en qué consistía esta situación anómala.
Era como si gran parte de su visión del mundo se hubiera puesto patas arriba desde el momento en que conoció a los dos espers. También tenía sentido, ya que la mayoría de sus vivencias eran algo que ninguna persona normal podría experimentar.
No había ningún muro alrededor, pero a la gente no parecía importarle. Sus expresiones tampoco reflejaban ninguna urgencia. Ayen miró hacia el asiento del conductor cuando Khal detuvo el coche.
¿Habían llegado ya?
—A partir de aquí, solo podemos ir a pie —le explicó Devion. Su mirada esperaba que Ayen preguntara, pero Ayen se mantuvo firme en su decisión de no preguntar nada.
La sonrisa de Devion se ensanchó. El testarudo de Ayen también era bastante adorable. Le hizo pensar en la escapada de Ayen cuando se emborrachó. ¿Deberían ir a tomar algo otra vez?
Ayen ignoró a Devion y salió del coche. Lo recibió una multitud. Sus ojos recorrieron el lugar y vio coches y vehículos aparcando en la zona. La mayoría de los coches estaban aparcados allí y parecía ser, en efecto, la zona donde todo el mundo se veía obligado a detenerse.
Al mirar a su alrededor, no vio a ningún personal de seguridad controlando a la multitud. Era como si la mayoría ya supiera cómo comportarse en esta zona.
¿Cómo era eso posible? Cabía señalar que, incluso en las zonas verdes, era inevitable que hubiera algo de caos en las puertas. Este era un mundo donde los espers ostentaban el poder supremo.
Dado que el lugar no estaba cercado por un muro, algunos monstruos también podrían colarse si no se andaban con cuidado. La curiosidad de Ayen crecía a cada segundo.
Ninguno de los dos espers le arruinó la sorpresa, pues se notaba que Ayen quería descubrir por sí mismo qué tenía de diferente aquel lugar.
Ayen intentó escuchar alguna conversación a escondidas, pero no oyó nada sobre el lugar. La mayoría parecían ser recién llegados, y los que estaban al tanto tampoco hablaban de ello.
Era como si aquel lugar hubiera consolidado una imagen de misterio a los ojos de Ayen.
Ellos también echaron a andar. Ayen los tomó a ambos de la mano. Quería observar con tranquilidad. Sería un desastre que la multitud lo arrastrara solo por haberse distraído.
Que a Ayen le importara tanto algo así significaba que, definitivamente, algo extraño pasaba en ese lugar. Pues, por lo general, no le importaba en absoluto el sitio en el que estuviera. Sobre todo si solo estaba de paso.
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