El Guía X - Capítulo 167
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Capítulo 167: Zona Roja 67 (7)
Ayen, confundido, miró hacia donde estaba Arstem Viktor. Aquel a quien solo había visto en videos estaba de pie frente a él. Aunque ya se habían visto la última vez, solo fue un vistazo, y el otro estaba sentado.
Esta vez, por fin se dio cuenta de lo enorme que era el otro esper. Aunque parecía tener la misma altura que Khal, era más musculoso.
Arstem echó un vistazo en la dirección hacia la que había corrido Luciano y suspiró. Asintió hacia Ayen y se encontró con la mirada de Khal y Devion.
—Has vuelto —dijo con voz de barítono.
La sonrisa de Devion ya se había desvanecido, o al menos, la reprimió. Señaló hacia atrás. —¿No vas a perseguirlo?
Eran conocidos y se habían visto innumerables veces, pero no es que fueran muy cercanos. Por otro lado, Khal era más cercano a Arstem y se podría decir que eran amigos.
Arstem miró hacia atrás. —Debería.
Sin embargo, no podía simplemente irse cuando Khal y Devion estaban frente a él.
Khal no se lo puso difícil. Se acercó y tomó la mano de Ayen. —Ve a perseguirlo.
Devion no dijo nada, en un silencioso acuerdo. Arstem miró a Ayen como si buscara su opinión. Ayen solo se le quedó mirando, sin saber muy bien qué se suponía que debía decir. ¿Debería asentir o decir que estaba de acuerdo?
Arstem interpretó su silencio como un sí y se excusó. Poco después, ya caminaba en la dirección en la que se había ido Luciano. No estaba lejos, solo en el edificio de al lado.
Tenían una dinámica muy rara. Ayen ya se había dado cuenta, pero esta vez lo confirmó.
Los tres intercambiaron una mirada y pronto dejaron de darle importancia.
Las relaciones de los demás no eran algo por lo que debieran preocuparse.
Los tres entraron en el edificio. A diferencia del exterior, había bastante gente en el vestíbulo. Ayen se acercó a la recepción y explicó el motivo de su visita.
La recepcionista fue rápida, como si ya supiera quién era Ayen. Ayen la observó y vio que ella tampoco parecía sorprendida por la presencia de Devion y Khal.
Ayen entrecerró los ojos ligeramente.
—Este es su lugar oficial. —Le dio una tarjeta y sonrió.
Ayen la tomó, la miró y esperó. Volvió a levantar la vista y se quedó mirando a la recepcionista. La recepcionista le sostuvo la mirada.
—¿Hay algo más? —preguntó la recepcionista.
Ayen tenía la intención de preguntar si eso era todo y si tenía algo más que añadir, pero hizo una pausa y miró a los dos espers que lo acompañaban.
—No…, nada.
Las cosas, desde luego, no eran sencillas. Ayen mantuvo la boca cerrada y nadie le preguntó nada. Con la tarjeta y las sencillas instrucciones del papel que le habían dado, encontraron el lugar que la recepcionista le había asignado…, lo que, en esta situación, también podría incluir a los dos espers.
En su última conversación habían decidido permanecer juntos, lo que difería del plan inicial, según el cual Ayen podía quedarse en esta zona roja mientras ellos regresaban a la zona prohibida.
Después de todo, este lugar ya estaba muy cerca de la zona prohibida. Y el trabajo aquí era… casi inexistente.
Ayen se encontraba en el último piso de la Asociación de Guías; los ventanales daban a todo el complejo e incluso a las ruinas que había detrás.
No era una vista bonita, ni mucho menos, pero transmitía una sensación de realidad.
—¿Qué está pasando aquí exactamente? —Ayen se giró hacia Khal, que estaba a su lado, también mirando por la ventana.
Devion había ido un momento a la cocina. A Ayen no le sorprendió lo más mínimo ver lo bien equipado que estaba el piso. Era como si hubieran renovado todo el piso según sus necesidades.
Ahora se había convertido en un lugar exclusivamente para ellos.
Khal sonrió levemente. —Pensé que querías descubrirlo por ti mismo.
A Ayen ni siquiera le molestó el tono burlón.
—No creo que baste con observar. —Una vez que se despertaba la curiosidad de Ayen, era difícil volver a apagarla. Del mismo modo, si algo no le interesaba, era difícil captar su atención.
—Este es un lugar en el que viviremos… Necesito familiarizarme.
Eso era mucho decir, viniendo de Ayen. Por lo general, no le importaba la situación de la zona a la que lo asignaban.
La razón era que no tenía motivos para encariñarse con esos lugares.
En su mente, todo era temporal. Lo asignarían a otro lugar en un año o, incluso, en solo unos meses.
Este lugar era diferente. Ayen quería familiarizarse con él porque estaba intentando abrirse a la idea de quedarse allí a largo plazo.
No de forma temporal ni como alguien que solo está de paso.
Este lugar podría ser una extensión de aquel de la zona prohibida. Tenía el presentimiento de que todo aquí tenía algo que ver con Devion y Khal.
Ayen empezaba a verse de verdad como parte de ellos.
Khal se colocó detrás de Ayen y lo abrazó. Ayen se movió, pero no para apartarse, sino para apoyar su peso en el esper.
A Ayen le encantaba el contacto físico, y ellos dos eran tan apegados como él. Eso también era un avance; al principio, ambos se sorprendieron. Había que decir que Khal había sido más escéptico con respecto a esta relación que Ayen y Devion.
Y ahora, caían en este tipo de ritmo con facilidad, sin que nadie los forzara.
—Esta ciudad no tenía nada que ver con nosotros —empezó Khal, y Ayen lo escuchó, aunque no estaba convencido—. Al principio.
Khal sonrió al sentir que Ayen le pellizcaba el brazo. Le gustaba que Ayen intentara integrarse en su mundo tanto como ellos querían integrarse en el de él.
Empezó a explicar cómo surgió la ciudad.
—Los primeros residentes vinieron a este lugar por nosotros. Pero no tienen ninguna conexión ni con Devion ni conmigo. —Khal tuvo que volver a dejarlo claro.
Básicamente, se quedaron en las cercanías de la zona prohibida porque se sentían seguros aquí. Al principio resultaba irónico, pero si te enterabas de que quienes vivían en ese peligroso lugar eran los dos espers de Clase SS de la humanidad, la cosa cambiaba.
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